Suicidi homeopàtic.




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“¡Eso del suicidio homeopático que haces es una payasada!”. Algo parecido a esto me soltó la homeópata y pediatra vizcaína María Ángeles Municio  al término del debate sobre esa pseudomedicina celebrado como parte de los coloquios organizados por la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco (UPV), en colaboración con el Círculo Escéptico y EITB, en torno a los temas de la serie de televisión Escépticos, dirigida por José A. Pérez y conducida por mí. La frase igual no es literal, pero ése era el espíritu e incluía -de eso estoy seguro- suicidio homeopático y payasada. Era el 23 de noviembre de 2011. Jose se rio y yo ofrecí a la homeópata 6.000 euros de mi bolsillo si demostraba que su pseudoterapia funciona más allá del placebo. Han pasado dos años largos y sigo sin haber tenido que soltar el dinero.

Una semana después, el 1 de diciembre de 2011, volví a encontrarme con Municio. Formaba parte de una delegación de Laboratorios Boiron que visitó la redacción de El Correo para pedirnos a Fermín Apezteguia, periodista especializado en información sanitaria, y a mí una mayor sensibilidad hacia la homeopatía. La encabezaba Cristina Mendizábal, portavoz de la multinacional francesa, y su tercer integrante era Guillermo Basauri, médico y profesor del Centro de Enseñanza y Desarrollo de la Homeopatía (CEDH). Fue un encuentro  muy interesante, aunque no nos convencieron de las bondades de la homeopatía, cuyos principios -que lo similar cura lo similar y que, cuanto más pequeña es la dosis de una sustancia, mayores son sus efectos- van contra el sentido común, la experiencia cotidiana y el conocimiento científico, y, por supuesto, nunca han sido demostrados. Y Municio volvió a quejarse de mi payasada, aunque no recuerdo si esta vez la calificó así o de simple tontería.

Desde febrero de 2011, cada vez que he ingerido una caja de Sedatif PC, supuesto sedante de Boiron compuesto de nada más que azúcar, o he hecho alarde de ello, me he encontrado con reacciones de homeópatas más airadas que cuando digo que su pseudoterapia no funciona. Así que, cuando el 7 de enero pasado se pusieron en contacto conmigo desde el programa Equipo de Investigación de La Sexta para hacerme una entrevista para el reportaje “El milagro de la homeopatía”, les ofrecí la posibilidad de suicidarme homeopáticamente ante las cámaras. Aceptaron y, además de grabar una larga entrevista, me tomé una caja entera de Sedatif PC con los efectos por todos conocidos y previsibles: ninguno.


Objetivo: llegar al público
¿Por qué lo hice? Porque tomar una caja de cualquier producto homeopático es la mejor manera de demostrar que no son nada, que carecen de efectos secundarios porque tampoco los tienen primarios, a no ser que creas en esa pseudoterapia. Y a eso se le llama placebo. De niños, por la cuenta que nos tiene, aprendemos a tener cuidado con los medicamentos y que, si ingieres demasiadas pastillas por accidente o intencionadamente, las consecuencias pueden llegar a ser fatales. Es algo grabado en nuestra memoria y que lleva a que, cuando un niño te ve tomar 40 pastillas como si nada, concluya que no son medicamentos de verdad y que, por tanto, la homeopatía es un timo. Es algo automático. Por eso, a los homeópatas les molesta tanto que se dé cancha al imposible suicidio con sobredosis de sus inútiles pastillas. Por eso, voy a suicidarme homeopáticamente cuantas veces haga falta… y más.

“Una carcajada vale por diez mil silogismos. No sólo es más eficaz, sino también mucho más inteligente”, escribió el periodista Henry Louis Mencken en The American Mercury en 1924. Un suicidio homeopático es mucho más efectivo a la hora de inmunizar al lego contra esa pseudomedicina que diez mil alusiones al número de Avogadro. El objetivo es llegar al público; no parecer más listos que nadie. A la hora de denunciar el engaño de la homeopatía, huya del número de Avogrado como de la peste y ponga ejemplos que pueda entender su abuela o el más pequeño de la casa. No es tan difícil y, acompañado de un buen suicidio, este cóctel resulta letal para los intereses homeópatas.

Luis Alfonso Gámez, Por qué voy a suicidearme homeopáticamente cuantas veces haga falta... y más, magonia, 13/03/2014

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