dilluns, 29 de febrer de 2016

La raó humana no és monològica, és dialògica.

Hölderlin

Uno de los obstáculos para crear sociedades justas y convivencia pacífica es la intolerancia que se expresa en las palabras, y no sólo en las acciones. Algunos grupos se sienten autorizados para desacreditar a otros, porque estos últimos cuentan con una característica que los intolerantes consideran especialmente despreciable, digna del repudio generalizado y la exclusión. La actitud del intolerante suele reconocerse con el sufijo “fobia”, y es tan vieja como la humanidad.

La xenofobia, la aversión al extranjero, es, por desgracia, bien conocida, pero también la homofobia, el odio a las personas homosexuales, la fobia hacia gentes que practican una religión, como judíos, musulmanes o cristianos; y la gran desconocida, aunque universalmente practicada, es la aporofobia, el odio al pobre, y más si es indigente y vulnerable.

Este cúmulo de aversiones, y tantas más que deben existir, se basan en un déficit de humanidad, porque al intolerante le falta una capacidad humana básica, que es la voluntad de dialogar. Desde el pódium de su situación, que considera la correcta, contempla con desprecio a los que le parecen desviados y les niega el pan y la sal.

Craso error, por supuesto. En principio, porque toda persona es igualmente digna, ésa es la divisa de la Ilustración, y sus opciones personales merecen respeto, siempre que no dañen a otros. No sólo tolerancia pasiva, que ya es algo, sino también positivamente respeto activo.

Pero es preciso ir más allá, porque para curar el mal de la intolerancia suele recomendarse intentar ponerse en el lugar del otro, imaginar qué debe sentir, cómo debe sufrir con el desprecio, practicar la empatía. Sin embargo, eso no basta, sino que es preciso entablar un diálogo, entrar en una conversación que es la que puede llevar a cambiar de mentalidad y que es además lo propiamente humano.

Afortunadamente, la razón humana no es monológica, sino dialógica, incluso los monólogos que vamos rumiando por la calle son diálogos internalizados. Sabemos de nosotros mismos preguntándonos y contestándonos, y también hablando con otros, porque, como bien decía Hölderlin, “somos un diálogo”. Negarse a hablar con otros, condenándolos a la exclusión, sin preocupación por conocer ni sus razones ni sus sentimientos, es enfermar de inhumanidad. Que es una enfermedad grave, si las hay.

En nuestro tiempo las fobias sociales han llegado a tener un tratamiento jurídico frente a lo que se ha venido a llamar “el discurso del odio”, el discurso de los intolerantes que estigmatizan a otros. Y está muy bien que el derecho haga su trabajo para defender a los humillados y ofendidos. Pero una convivencia pacífica exige mucho más que eso, exige que la ética haga su tarea de humanizar las relaciones entre las personas en la vida cotidiana, cultivando entre ellas el diálogo. Quienes han entrado en una conversación auténtica difícilmente tendrán tentaciones de dañarse.

El hombre –decía Aristóteles- se caracteriza por tener “lógos”, que quiere decir “razón” y “palabra”, y es el que le sirve para hablar sobre lo justo y lo injusto, construyendo con ello la casa y la ciudad. Una casa y una ciudad que hoy serían ya locales y globales.

Adela Cortina, Somos un diálogo, El País 26/02/2016

Aforismes: la brevetat contra la cultura de la immediatesa.


Cada día son más los pensadores que defienden que internet nos está transformando en seres superficiales y mediocres. Creen que nuestra forma de leer se está modificando y empobreciendo a pasos agigantados. No hay nada nuevo bajo el sol, como afirma la sabiduría biblíca. Cualquier progreso tecnológico ha sido confrontado con virulencia desde hace siglos por quienes se sienten amenazados por las novedades técnicas. Hace un década el reconocido politólogo Giovanni Sartori lanzaba una tesis profética similar que tenía como protagonista a la televisión, a la que responsabilizaba de la demolición radical de nuestro aparato cognoscitivo. Frente a estas hipótesis se levantan quienes niegan estas apocalípticas constataciones. Crítican el alarmismo de estas afirmaciones y defienden que no existe una demostración palpable para sostener que los avances digitales son los culpables de esos supuestos efectos perniciosos denunciados. Sin embargo, estos enconados debates suelen olvidar lo esencial: desgraciadamente aún no sabemos valorar cómo ha cambiado la Red nuestra forma de pensar y cuál será su indudable impacto en nuestro horizonte de sentido.
Establecido todo ello, no podemos caer en la defensa sorda ni del posicionamiento optimista ni del pesimista, más si tenemos en cuenta que nuestras previsiones en la gran mayoría de las anteriores ocasiones han sido desbaratadas por lo imprevisto. Con todo, hay aspectos de la realidad digital, con todos los claroscuros que se quieran, que invitan a replantearse algunas posibles objeciones demasiado críticas porque, sin ir muy lejos, la rápida evolución de las tan denostadas redes sociales está redescubriendo la necesidad de recuperar el antiguo género literario del aforismo. El sistema de microblogging Twitter y su limitación de caracteres (140 para ser exactos) impone un esfuerzo máximo en lo mínimo y está facilitando un poderoso renacimiento de este género desdeñado. Eso sí, de los millones de usuarios de estas redes solo un número reducido consigue elaborar sentencias de la suficiente calidad y profundidad. Porque el aforista intenta, entre la ironía lacónica y la certeza lúcida, ser un pensador sugerente, centelleante e inteligente con la menor cantidad de palabras. El aforismo pretende desvelar el mundo a la vez que consigue señalar lo velado y golpear nuestra conciencia. Su territorio literario es amplio y difuso por su esencia híbrida. Hay tipos de aforismos para todos los gustos: poéticos, paradójicos, cínicos, inspiradores, oscuros e, incluso, sagrados. Y si no, que se lo pregunten a los fieles lectores de las máximas de Marco Aurelio, el Eclesiastés, los pensamientos de Juan Ramón Jiménez, las sentencias de Elias Canetti, los escolios del colombiano Nicolás Gómez Dávila, los apuntes de Wittgenstein o las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. 
Desde sus orígenes en la Grecia clásica con las reglas médicas de Hipócrates, los aforismos han sido defendido como una invitación a la reflexión, que contagia la pasión por el pensamiento y el cuidado de las palabras. Por ello, el estoico Epícteto aseguró que filosofar servía para afinar los criterios, lo que debía terminar repercutiendo convincentemente en la escritura. Y no hay que olvidar que el lenguaje es una herramienta indispensable para comunicar y para pensar. Los moralistas franceses de los siglos XVII y XVIII (Pascal, La Rochefoucauld, La Bruyère o Chamfort) fueron también conscientes de la importancia de expresar sus opiniones de forma concisa, clara y directa. Como notables herederos de la antigüedad clásica, utilizaron estas formas breves para reflexionar sobre la naturaleza humana, las dificultades de las relaciones entre las personas, sus sentimientos y su moral. Porque los aforismos, además de dirigirse como certeros dardos hacia nuestro intelecto, incitan de alguna forma a la transformación personal y a la acción. 
La producción aforística pervivirá también a lo largo del siglo XXI. En una sociedad donde se ha establecido como mandamiento sagrado el “no perderás ni un minuto”, este tipo de frases seguirán obligándonos a leer lentamente, incluso a releer con suma atención cada palabra, y se convertirán en el estímulo necesario para romper con la ansiedad generada por la cultura de la inmediatez en la que estamos sumergidos. Podrán ser piezas breves, pero nunca serán nimias. En definitiva, los aforismos mantienen el ímpetu de la provocación y no esquivan las preguntas de sentido que nos acompañan desde el nacimiento. Forman parte de la mejor tradición literaria como fragmentos de una conversación continua entre sabios de todos los tiempos, que han procurado alumbrar algunas de las cuestiones centrales de nuestra vida. El aforista se enfrenta en la actualidad a la líquidez de nuestro tiempo tomando conciencia de la existencia humana porque en su horizonte se encuentran la razón y la belleza. Franz Kafka ya lo destacó hace un siglo en uno de sus más conocidos aforismos: la literatura es siempre una expedición a la verdad.
Joseba Louzao, La fuerza del aforismo, fronteraD 28/02/2016
(Este artículo se publicó en La Gaceta, el 15 de septiembre de 2011).

Carlos Fraenkel: "A la gent no li agrada la possibilitat d'estar equivocada".

carlos fraenkel
Carlos Fraenkel

La filosofía no es sólo una materia que hay que aprobar en Secundaria. Es más, ahí es donde se inocula apenas el virus maravilloso en los ciudadanos y, al madurar, se hace grande, complejo y útil. Sin embargo, pesa aún la visión academicista, de señores con chaqueta de tweed y mirada severa que enuncian el autor del día con voz monótona.

La filosofía no es eso. No sólo. Es lo que trata de gritar Carlos Fraenkel, profesor en las universidades de Oxford y McGill (Montreal), con su obra Enseñar Platón en Palestina. Filosofía en un mundo dividido (Ariel), un ensayo que saca la materia a la calle y pone a los ciudadanos de zonas en conflicto (bélico, político, religioso, personal) ante la disyuntiva, la duda, el debate; que enseña que la filosofía es, sobre todo, una caja de herramientas para afrontar la vida.

Palestina, Indonesia, las favelas de Brasil, los judíos hasídicos de Nueva York, los indios nativos de Canadá... ¿Cómo se le ocurrió la idea de trabajar en estos terrenos minados teorías clásicas como las de PlatónSpinoza?

En parte la filosofía empezó como un proyecto público, Sócrates no daba clase en una academia al uso, sino que la sacaba fuera, a un espacio abierto, a la calle, implicaba a la gente de Atenas que nunca había sido expuesta a la filosofía. Para él era un experimento de campo, quería recuperar la dimensión pública y la tradición de lo oral y lo popular, no por desprecio a lo académico, donde el saber tiene un lugar muy importante, esencial, sino por no mantener ese saber confinado entre cuatro paredes y para unos elegidos. Hay mucho valor en utilizar todas estas herramientas fuera de lo establecido, está bien tener un entrenamiento riguroso al uso pero a la vez también es interesante poder poner estas herramientas al servicio de la gente que no tiene tanta formación.

¿Y con qué propósito?

Yo tengo dos hijos y cuando ellos llegan a tu vida empiezas a preguntarte cómo perciben tu profesión. Tengo que hacer que, para ellos, tenga sentido lo que hago. Me planteo cómo hacer que lo que explico en las clases les llegue a ellos también. Y de ahí surge la opción de que todos puedan participar de la filosofía. Este libro no es un proyecto exhaustivo pero sí da ejemplos de cómo se puede hacer que la filosofía sea útil para todos, en sitios que me parecían representativos por sufrir conflictos contemporáneos muy diferentes con la religión, las fronteras, la división social, el colonialismo... En todos hay posibilidad de plantear grandes cuestiones existenciales, desde si la piedad es algo que merezca la pena, o la aplicación de la justicia social o cómo reconstruir una sociedad demolida por la ocupación... La filosofía puede ayudar a articular el mundo, aunque en realidad eso no es nuevo, sino que yo refino algo que a veces dejamos pasar por alto.

¿Y qué conclusión ha sacado? ¿Puede el razonamiento llevar al entendimiento mundial?

Mi objetivo no es crear un consenso universal, el mundo sería entonces muy aburrido. No quiero vivir en un planeta donde todas las personas estén de acuerdo con todo el mundo. En cierto modo, yo apoyo el choque de culturas y civilizaciones. Lo que quiero es que se genere debate.

Es clave en su libro esa "cultura de debate" que quiere instaurar. ¿Al menos eso ha sido posible en estos escenarios?

Es posible en cualquier escenario, siempre que se dé el compromiso adecuado con la verdad. Cuando hablo de filosofía lo hago con un modesto concepto, no ambicioso, en el que la trato como una caja de herramientas, lógicas y semánticas, que nos permiten clarificar nuestras visiones, responder a un momento determinado. La clave está en amar la verdad por encima de la victoria de los argumentos. Lo importante es entrar en la discusión, no ganarla forzosamente, sino tratar de alcanzar la verdad. No he querido imponer visiones, ni siquiera cuando pienso que otros están equivocados, sino que sólo anhelaba proporcionar herramientas para reflexionar inteligentemente sobre las ideas. Y eso es más complicado, es cierto, cuando en algunas zonas se imponen visiones fundamentalistas.

Insiste en la idea de que una cosa es saber que el de enfrente está equivocado y otra muy distinta es culpar al otro por ese error, hacer sangre de esa diferencia. Es nuestro pan de cada día, el que trata de imponerse al otro y afear lo que piensa el diferente...

Es evidente: a la gente no le gusta la posibilidad de estar equivocado, eso genera un sentimiento de inseguridad, la gente podría estar equivocada y a la sociedad no le gusta escucharlo. La cultura de debate que defiendo requiere de una buena preparación para integrar esa visión en la base, en el sistema educativo, en los ciudadanos. Hay que hacer atractiva esta dialéctica a los jóvenes, que se acostumbren a la idea de que se pueden equivocar. No es algo que nos venga de forma automática, hay que trabajarlo, cultivarlo, es una actitud. Igual que nacemos sin saber álgebra o sin tocar el violín, tenemos que aprender estas habilidades intelectuales. La dialéctica requiere de práctica.

Eso entra por la educación y sólo por la educación...

Básicamente. Aprender eso de un manual no sirve. Si invertimos en educación de la forma adecuada, sin duda es el mejor medio. Creo que el lugar para aplicar esta visión es el instituto, a esa edad hay ya una madurez adecuada para entender ciertas cosas y todo el mundo tiene que cursar esos estudios, son obligatorios, no es algo que debas dejar para la universidad, a la que llega mucha menos gente. Tenemos que hacer esa dialéctica accesible, hay que apostar, proporcionar esta apertura que es fundamental para la cultura de debate. No es tratar de convencer a la gente de que están equivocados y es tu visión la buena, sino convencerlos de que no es terrible ni hay que avergonzarse a la hora de admitir la posibilidad de que se equivoquen. No es sólo un reto intelectual sino emocional, psicológico.

Pues dice usted eso en un país que quiere eliminar la asignatura de Filosofía de los planes de estudio.

Mire, le hablaré de Brasil para contestarle. Una de las cosas que me atrajo de ese país es que ellos están yendo en la dirección contraria a la de España. En 2008, tras años de olvido, se hizo una ley por la que la filosofía se convierte en una asignatura obligatoria en todos los niveles de Secundaria, durante tres años. Así que todos los brasileños estudian filosofía en el instituto. Todos. No son los campeones mundiales de la enseñanza de la filosofía pero el argumento para dicha ley fue que esta materia es necesaria para formar una buena ciudadanía. Hay una motivación política detrás, clara. Creo que sin esas herramientas filosóficas no puedes ser un buen ciudadano, democrático, no puedes participar plenamente en los debates o ayudar a la toma de decisiones políticas. Es algo absolutamente transformador.

La filosofía al menos para formar ciudadanos, aunque no se sepan de carrerilla lo que decía Aristóteles.

Sí. A veces mi concepto de filosofía es muy modesto. Como académico, he estudiado a Platón y Aristóteles y Spinoza, que mantienen un concepto de la filosofía que califico de heroico. Ellos creen que no sólo ofrece herramientas para que la gente decida, sino que también ayuda a formar una sociedad, a crear ciudades, a enseñar qué es el bien, como un aprendizaje. Es diferente al mío. Aunque he dedicado mucho tiempo a estudiar esa vertiente de la filosofía, no se presta, creo, al tipo de filosofía que necesita hoy la sociedad. Enseñar la filosofía sólo como algo erudito no sirve. ¡Claro que hay que saberse a los grande autores! Pero es como conocer las obras de VoltaireShakespeare, es necesario para ser una persona erudita, formada. Pero yo apuesto por algo mucho más importante, por la importancia de la filosofía por sí misma como valor. Los filósofos, quizá, no hemos hecho un esfuerzo suficientemente grande para que la sociedad lo comprenda, para persuadir al público de su necesidad.

Quizá la culpa no es sólo de los filósofos, sino de los políticos a los que no interesa esa ciudadanía crítica y lúcida, ¿no cree?

Si tienes políticos líderes que no apoyan la soberanía popular entonces tienes un problema. Grave. El concepto de filosofía que yo defiendo trata de empoderar al ciudadano y ofrecerle diferentes herramientas para que puedan serle útiles para conseguir sus objetivos en la vida. Necesitas un marco democrático para que esto funcione, para que puedas convertir tus ideas en acciones. Si no tienes ese marco o apenas tienes una democracia de mentirijillas, de apariencias, que no permite a la gente implementar sus visiones, tenemos un problema, insisto. Si el sistema político tiene este tipo de lagunas en sus apuestas educativas, todo este mundo no podrá construirse. Ése es el diagnóstico, pero le confieso que no le veo una buena solución a ese tema.

Usted defiende la discrepancia como valor. Eso tampoco casa con el mensaje de uniformidad y complacencia del mundo actual.

Depende de qué mundo. Creo que hay una diferencia notable entre Norteamérica y Europa. La sociedad europea suele ser más homogénea y uniforme, tiene más presión de la cultura de la mayoría. Canadá por ejemplo tiene una larga historia de ideología de bienvenida de los otros, de escuchar su discurso, de revisar su cultura y de dar la bienvenida a sus religiones o comidas... Y funciona. En EEUU también ocurre, en otra medida pero también. Ambas son sociedades inmigrantes, unos llegaron antes y otros después, pero vinieron de fuera, las condiciones del nuevo mundo fueron más favorables. Hay mucho sembrado, y volvemos al sistema educativo, el lugar donde la actitud social puede cambiarse, donde se puede hacer ingeniería social esencial por parte del estado, reciclar y mezclar, juntar a personas con diferentes trasfondos y de diferentes poblaciones, un intercambio en un mismo espacio.

Sincretismo para convivir.

Y conocimiento y respeto y apertura de mente. Mi hija, que va a escuela francesa secular, es de familia judía y a veces invitamos a nuestras fiestas a otros. Ella está muy orgullosa de esa raíz judía, pero a veces quiere un huevo de pascua, una tradición cristiana. La escuela es el lugar donde ella y cualquiera puede modelarse, donde se puede cambiar las cosas, si es que quieres cambiar algo. El problema con la política es que no se siente atraída por invertir en esto si no le es rentable para las siguientes elecciones. Deben pensar a largo plazo y no con ese límite temporal. La transformación social no es imposible pero no es necesariamente atractiva para un gobierno que tiene que mostrar algo tangible para poder ser votado.

En Europa ahora tenemos ese debate muy abierto, con el fenómeno de los refugiados. ¿Brazos abiertos o puertas cerradas?

Yo, como cualquiera, me quedé muy impresionado de lo que pasó en Colonia, los ataques organizados contra mujeres en Nochevieja. No creo que los inmigrantes se hicieran un favor a sí mismos con este comportamiento de algunos de ellos, pero voy más allá: existen diferencias culturales que se puede entender que motiven estos casos. Y que se pueden resolver con esta cultura de diálogo que propongo. Veamos: una de las cosas que he podido aprender con mis amigos musulmanes y piadosos de Egipto, es la relación tan especial que se establece entre hombres y mujeres en el Islam y en especial respecto al código sexual que se maneja. Gran parte de esta gente militante piensa que los seculares, por no tener limitaciones religiosas, no tienen ningún código de conducta, se dan al libertinaje, sin reservas. Esas son para mí las cosas que hay que explicar bien en Europa y en cualquier lado: la ética, la educación, valores humanos. Parece evidente pero hay gente para la que no lo es. No es relativismo total. Es un malentendido que está desarrollando la sociedad, y más cuando hay miedo y desconocimiento; por eso es algo de lo que hablar y pensar y no podemos desecharlo sin más. Es un gran reto para Europa, hay que empezar a pensar en establecer instituciones que promocionen ese debate, tienen que entenderse los unos con los otros o cerrar sus fronteras y dejar que tenga lugar una catástrofe humana, que tampoco es la solución. Hay una línea muy fina entre adoptar una actitud paternalista o ser demasiado abierto y permisivo.

¿Ha encontrado valores universales que se repiten allá donde va?

Intento apelar lo menos posible a esa idea de valores compartidos, pero para mí sí que hay algo indispensable y no negociable, que es el compromiso con la verdad. No es que haya detectado esos valores, pero espero que existan, porque sin ellos la cultura de debate no puede existir. Hace falta compromiso con la verdad y, por otro lado, el contrario casi, hace falta falibilidad, la posibilidad de entender que uno se puede equivocar. Tengo que tomarme en serio y estar convencido de que tengo razón, estupendo, pero a la vez tengo que estar dispuesto a entrar en un diálogo en el que ambos admitamos la posibilidad de que podemos estar equivocados. Más allá de eso, trato de mantener la mente lo más abierta que puedo. Lo que se considera válido en una cultura no se considera bueno en otra. Puede que haya algo en común en todo el planeta, pero para mi proyecto no es lo que más me interesa, sino hacer que la gente venga a la mesa a hablar.

Oiga... Al final... ¿sirve Platón en Palestina?

Todo debate es útil, también allí. Con los alumnos de Jerusalén Este analizamos La República, uno de cuyos conceptos claves es el autocontrol. Si quieres una vida guiada por la sabiduría necesitas autocontrol; si no, no vas a saber que hacer, es una virtud la clave, y eso allí lo conectamos con el concepto de resistencia no violenta. Es la manera más eficaz de pelear, porque al final el ocupante israelí es un ocupante iluminado, los propios israelíes podrían darse cuenta de que su ocupación no está reconocida, no es legítima. Además, todo el mundo apoyaría la causa palestina si opta por esa vía. ¿Cómo haces que la gente se enrole en esta no violencia cuando si te pegan quieres devolver el golpe? Si logras inculcar a la gente el autocontrol, se rompería el círculo vicioso de la violencia. Platón podría aportar una manera racional de luchar que sea útil para el conflicto actual.

Carmen Rengel, entrevista a Carlos Fraenkel: "Sin filosofía no se puede ser un buen ciudadano", El Huffington Post 27/02/2016

Contra la necropolítica neoliberal (Clara Valverde).


Clara Valverde introduce su nuevo libro con la alusión al texto de una pintada en la pared: “Con la dictadura nos mataban. Ahora nos dejan morir”. En De la necropolítica neoliberal a la empatía radical (‘Icaria/Más madera’) esta activista política y social y escritora sostiene que el sistema neoliberal es incompatible con la lucha contra la desigualdad. Para ella, este sistema divide la sociedad en excluidos e incluidos. Se desentiende de los primeros y atemoriza a los segundos para perpetuar y aumentar el poder y la riqueza de los privilegiados.

¿Qué tenemos que entender por “necropolítica neoliberal”?

‘Necro’ es la palabra griega para ‘muerte’. Las políticas neoliberales son unas políticas de muerte. No tanto porque los gobiernos nos maten con su policía, sino porque dejan morir a la gente con sus políticas de austeridad y exclusión. Se deja morir a los dependientes, a los sin techo, a los enfermos crónicos, a las personas en listas de espera, a los refugiados que se ahogan en el mar, a los emigrantes en los CIEs…

A los cuerpos que no son rentables para el capitalismo neoliberal, que no producen ni consumen, se les deja morir.

¿Cómo se consigue convencer a los ciudadanos de que esa “necropolítica neoliberal” les beneficia? ¿Porqué no hay una rebelión masiva contra ella?

Los que aún no están excluidos, los que aún se creen el mito de que en esta sociedad somos libres aceptan y hacen suyo lo que dicen los poderosos y su prensa: que los excluidos no son como ellos, que son una gente zarrapastrosa, sucia, rara, diferente, con mala suerte y malos hábitos. El mito que ha calado es que los excluidos se han buscado la situación que sufren.

No hay una rebeldía masiva contra las necropolíticas de los gobiernos, contra la exclusión, porque la gente que aún no está excluida no se identifica con los excluidos. Piensan “ese no soy yo”, “eso no me pasará a mí”. No se dejan identificar con el que sufre, no hay empatía radical. Y en realidad las necropolíticas nos afectan a todos. En cuanto esa persona incluida enferme será posiblemente excluida sin ingresos y sin ayuda.

En este diseño social hay ciudadanos excluidos y ciudadanos incluidos. ¿Nadie defiende a los excluidos?

Muy poca gente defiende a los excluidos. ¿Cuánta gente se organiza para apoyar a los sin hogar? ¿Cuánta gente ayuda a los ancianos o enfermos crónicos y a sus asociaciones? En la PAH hay apoyo mutuo y empatía radical pero casi todos los que están activos en la PAH son afectados ellos también por los desahucios.

Los incluidos creen estar a salvo de su expulsión del sistema pero les adviertes que en cualquier momento pueden caer en la exclusión. El temor a la exclusión ¿fomenta la insolidaridad en nuestra sociedad?

Los que ahora tienen la suerte de no estar enfermos, desahuciados, en paro, deberían pensar que la mayoría, a menos que tengan mucho capital económico, podrían llegar a ser excluidos. Pongamos que eres conductor de autobús. Si enfermas, aunque lleves cotizando años, es muy posible que el Instituto Catalán de Evaluaciones Médicas (ICAM) te dé el alta aunque estés demasiado enfermo para trabajar. Entonces, ¿qué harás? Sin poder trabajar, sin ingresos y con los gastos que una enfermedad conlleva y que no cubre la Seguridad Social…

El poder neoliberal se asegura de que los incluidos no se fíen de los excluidos, que los vean como extraños, diferentes, desagradables y no se solidaricen con ellos.

El neoliberalismo impone su necropolítica mediante la violencia. Pero ésa violencia no siempre es explícita. Dice que la más eficaz para los intereses del neoliberalismo es la ‘violencia discreta’. ¿A qué se refiere?

Por ejemplo, los recortes, la mercantilización y la privatización de la sanidad pública son una violencia discreta. No matan a tiros a los enfermos en listas de espera. Pero ¿cuántos mueren por esas listas interminables? Esas listas son tan largas porque los administradores de la sanidad pública y los políticos la han organizado de modo que la sanidad privada “chupe” de ella. Y eso tiene, como una de sus consecuencias, el sufrimiento y la muerte lenta de los enfermos que esperan.

Asegura que nos han cambiado el sentido de las palabras y que para combatir la necropolítica neoliberal hay que volver a llamar a las cosas por su nombre ¿Qué trampas del lenguaje destacaría?

Hay que llamar a las cosas por su nombre. Los políticos de derechas neoliberales, los que van de “centristas”, todos esos nos maltratan. No hay otra palabra. Es maltrato. Las condiciones laborales son malos tratos. Los recortes son malos tratos. Las leyes mordaza son malos tratos.

Hay muchas trampas lingüísticas. El que la gente haga suyas las frases-trampa de los poderosos es preocupante. Frases como “es lo que hay”, “no me puedo quejar”, “no va a ir a peor”, “no pasa nada”, etc. Y el ‘pensamiento positivo’ que hace que la gente se sienta culpable de estar enfadados con los políticos y de la situación actual.

La tolerancia es otra gran trampa. La tolerancia es muy violenta. Se intenta decir que es buena, que sí, que hay que tolerar al que es diferente. ‘Tolerar’ quiere decir ‘aguantar’ y es una posición de poder sobre el otro. “Yo te aguanto aunque seas pobre, trans, negro, autista, etc.” No, las diferencias no son para ser toleradas. Las diferencias hay que mirarlas, entender el por qué hay desigualdades entre grupos diferentes y cambiar la situación. Es necesario nombrar las desigualdades y luchar contra ellas al mismo tiempo que celebramos la diversidad.

Choca que hable de la contratación de discapacitados o del papel de las ONGs como instrumento manipulado por el neoliberalismo en interés propio.

Aquí no se habla de esto pero en muchos países, sí. Hay numerosos autores que hablan del “ONGismo” y del “Inspiración Porn”.

El ONGismo es la utilización de la comunidad para hacer el trabajo que debería hacer el gobierno con nuestro dinero. El ONGismo es un tema complejo porque la buena gente que se implica en una ONG lo hace con buenas intenciones. Pero luego son ellos los que tiene que recortar y hacer que sus empleados acepten sueldos míseros para hacer tareas que corresponden al Estado de Bienestar.

Cita algunos ejemplos de esta manipulación en la publicidad.

Hace unos años la Fundación La Caixa utilizaba personas con síndrome de Down no muy severo como ejemplos de cómo deberían ser los trabajadores. Ahora hay un anuncio de la compañía que hace lavadoras, Balay, en la que un sordomudo dice: “¡Mirad! Si un trabajador discapacitado es el mejor trabajador, sonríe y no se queja, tú, que no eres discapacitado, deberías callar, trabajar y no protestar”. Esto es un ejemplo de “Inspiración Porn”, una suerte de pornografía con los discapacitados.

Pero la realidad es que la mayoría de los discapacitados no tienen ingresos y sufren mucho. Y si consiguen un trabajo, su empresa no tiene que pagar su Seguridad Social. Es un ahorro para el jefe.

¿La necropolítica es especialmente evidente en España? Destaca que en este país se ha enterrado la memoria histórica de lo que supusieron la guerra y el franquismo, que sólo en Camboya hay más fosas comunes por abrir.

En realidad, la necropolítica se puede ver por todo el mundo. Mira la situación de violencia en México.

Pero sí, una sociedad como la nuestra que destaca a nivel mundial por la cantidad de personas desaparecidas y sin enterrar desde hace 80 años, no es una sociedad que pueda funcionar de forma humana. Tenemos a más de 100.000 abuelos y abuelas sin enterrar aún. ¿A cuántas personas de nuestra generación afecta éso directamente? ¿E indirectamente?

Andamos por los campos y las cunetas, y debajo de nuestros pies están miles y miles de personas que el gobierno, ningún gobierno, cree que merezcan ser encontrados y devueltos a sus familias. Eso produce una sociedad muy enferma. 

El sistema sanitario le sirve como ejemplo perfecto de la forma de actuar de esa necropolítica neoliberal. ¿Es donde se hace más evidente su forma de actuar?

Es una de las áreas en la que más vemos el sufrimiento causado por la necropolítica, porque en el sistema sanitario se trabaja con las vidas y los cuerpos de las personas, con el sufrimiento inevitable que es parte del ser humano.

Te doy un pequeño ejemplo. Los profesionales de enfermería en hospitales en los que se ha implantado el método “Lean”, método inventado para las cadenas de montaje de coches Toyota. Dan más importancia a estar “ on time” (puntuales con la velocidad que les imponen en sus tareas, velocidad nada humana ni para el profesional ni, sobre todo, para el paciente) que a la calidad del trabajo y al bienestar de los pacientes. Dicen estar contentos si están “on time”, ¡como si fueran conductores de la Renfe!

El método Lean se ha conseguido implantar sin que hayan protestas entre los profesionales sanitarios. De la misma manera que tantos profesionales no cuestionan Lean, tampoco cuestionan el autoritarismo y el paternalismo que ellos mismos utilizan con los enfermos.

Lo grave es que estos profesionales sanitarios son ellos también víctimas del autoritarismo y paternalismo de las administraciones sanitarias. A ellos les maltratan y se les exige que también maltraten. Finalmente, sin darse cuenta, acaban haciendo lo que llaman muchos autores “gobernar por terceros”; o sea, haciendo el trabajo sucio de los neoliberales.

Y simboliza en las enfermas de Síndromes de Sensibilización Central esa acción. ¿Por qué?

Porque los enfermos, o enfermas porque la mayoría son mujeres, adolescentes y niños, de SSC son por lo menos el 3,5% de la población -aunque los investigadores internacionales dicen que el porcentaje es mucho más alto- y cada año pierden parte de los pocos derechos que tenían. Con Boi Ruiz, los enfermos de SSC en Catalunya, dejaron de tener derecho a acceder a sus médicos. Y si el nuevo consejero sigue el acuerdo Junts Pel Sí-CUP, seguirán sin poder ver a su médico y los que enfermen ahora no podrán ser diagnosticados.

El 80% de estos enfermos viven encerrados en sus casas, en sus camas, sin ninguna ayuda sanitaria ni social. Y están demasiado enfermos para protestar, participar en movimientos sociales, etc. La mayoría enferman entre los 10 y los 30 años de edad. No han cotizado. Les espera una larga vida de pobreza y sufrimiento en la cama. Y los que han conseguido trabajar unos años y cotizar, el ICAM hace todo lo posible para que no tengan una ayuda económica. Hasta a los que han conseguido una pensión a través de los juzgados el ICAM les quita la pensión.

El antídoto contra esa necropolítica está en la voluntad de compartir. “Para sobrevivir y vivir hay que compartir”, dice. ¿Funcionará?

Las iniciativas, ideas y grupos implicados en lo común son el antídoto contra la necropolítica. Lo que el poder absoluto quiere dividir, nosotros lo tenemos que juntar. Nos tenemos que juntar enfermos, sanos, trans y todos los géneros, razas varias, ancianos, niños… Pero para hacerlo tenemos que desarrollar una empatía radical y empezar desde los espacios excluidos. No funciona que los “incluidos” inviten a los excluidos a sus movimientos. Tiene que ser al revés. Los que aún se creen incluidos necesitan ir a esos espacios intersticiales en los que habita la exclusión y empezar desde ahí.

En ese sentido quería dar las gracias a Catalunya Plural por entender que para poder tener esta conversación conmigo, que vivo en la cama el 90% del tiempo con Encefalomielitis Miálgica, lo hemos tenido que hacer a mí manera. Unos necesitan una rampa para su silla de ruedas. Otros necesitamos Skype y email.

Sisco Baiges, entrevista a Clara Valverde: "El neoliberalismo aplica la necropolítica, deja morir a los que no son rentables", el diario.es 28/02/2016

American Blackout (documental 2013)

Nuccio Ordine: "S'hauria d'aspirar que la intel.ligent fos la ciutadania, no la ciutat".

Nuccio Ordine
Segons un conte zen, l'home primitiu es va elevar per sobre de la bèstia a l'oferir a la seva estimada la primera garlanda de flors. Aquell acte gratuït el va humanitzar. Sense marxa enrere. En aquest calador fondeja el filòsof i professor italià Nuccio Ordine, autor de La utilitat de l'inútil (Quaderns Crema). Segons el seu parer, l'art, la literatura, la filosofia, la música i la poesia -prescindibles per a la societat utilitarista- són la saba de la humanitat.

-¿Mals temps per a la bellesa?

-Els pitjors. El capitalisme és tan agressiu i voraç que, a risc de l'autodestrucció, persevera en la lògica del benefici. Un exemple és Volks­wagen. El que la companyia havia guanyat no té comparació amb els milers de milions que gastarà en judicis. És la mateixa lògica que està a punt de destruir l'educació.

-¿En quin sentit?

-L'escola i la universitat s'han transformat en empreses. El seu objectiu és vendre diplomes a estudiants-clients. Maquiavel deia que el món es divideix entre qui sap i qui no. El que sap té el poder i el que no, és manipulat. Saber significa trencar les cadenes de la dependència.

-Aquest assumpte ja preocupava Demòcrit al segle V abans de Crist.

-És una antiga preocupació, sí. Però amb el coneixement que la humanitat ha acumulat durant 25 segles, hauríem d'haver posat un fre, preservar la nostra vida de l'excés d'utilitarisme, perquè el conflicte ha arribat a un punt terrible. ¿En vol un exemple?

-Si és tan amable.

-L'agost passat, el ministre japonès d'Educació, Hakubun Shimomura, va enviar una carta a 20 facultats de lletres per comunicar-los que no hi havia diners per permetre's «el luxe» de mantenir-les. ¡Això és gravíssim! Si consideres inútils la música, la literatura, l'art o l'arqueologia, la humanitat caurà en la barbàrie.

-La barbàrie ja ensenya els ullals.

-Estem a punt de veure la bèstia sencera. El fonamentalisme troba les seves arrels en la ignorància. Els gihadistes que destrueixen Palmira o roben els manuscrits de Mali, destrueixen béns de la humanitat. I les grans potències envien exèrcits per protegir pous de petroli, però mai per defensar un monument. ¡Un monument és únic i irrepetible, un pou de cru no! ¿Per què els polítics no comprenen la importància de la bellesa?

-¿Té una resposta?

-Perquè la bellesa ens ensenya a estimar el bé comú i a valorar la importància de la gratuïtat. Si una pintura de Picasso commou, no ho fa perquè dóna diners, sinó perquè fa vibrar les cordes del cor.

-¿A vostè quina inutilitat li fa vibrar les cordes del cor?

-Jo no puc viure sense escoltar els quatre últims lieder de Strauss, o el passatge Erbarme dich, mein Gott de La Passió segons sant Mateu de Bach.

-Música en majúscules.

-A El mercader de Venècia, Shakespeare diu que «l'home que no es mou per la concòrdia de dolços sons està inclinat a traïcions, estratagemes i robatoris».

-Quan no hi ha pa ni feina és difícil moure's per «dolços sons».

-La dignitat de l'home que no té sostre, un lloc de treball ni cobertura sanitària és una dignitat ferida. Però jo vaig néixer en una casa on no hi havia cap llibre. Al meu municipi, Diamante, no hi havia llibreries, ni un cine, ni un teatre. No obstant, vaig tenir un professor de Literatura italiana i Llatí que em va encomanar la seva passió.

-Els nens de l'èxode sirià no van a l'escola.

-I Europa ha començat a expressar un bri de solidaritat després que n'hagin mort milers al Mediterrani. ¡És esgarrifós! Cada vegada viurem més situacions difícils. Així que la idea és per on començar a construir una societat millor.

-¿Per on?

-El Tribunal de Comptes d'Itàlia ha declarat que l'Estat perd 70 milions per casos de corrupció, i 120 milions per evasió fiscal. Aquests 200 milions podrien resoldre problemes dels que pateixen. Però estem construint un ésser humà que només pensa en el seu petit perímetre.

-Doncs ja dirà.

-El poeta John Donne, del segle XVII, va dir: «Ningú és una illa en si mateix [...]; per això la mort de qualsevol home em disminueix, perquè estic lligat a la humanitat». És una visió en què tu saps que l'altre et pertany. La lògica de la multinacional, no obstant, és anar a una nació, explotar i deixar enrere terra cremada.

-¿Llavors?

-S'ha de començar per l'educació. Formar gent capaç d'apreciar valors com la solidaritat, el respecte a l'altre, la tolerància, la consideració de la pluralitat de llengües i cultures. ¿Com pot l'escola fer això? Quan a un nen de 13 anys se li pregunta «¿què vols fer de gran?», «¿quants diners vols guanyar?», estàs corrompent la seva puresa i li ensenyes que la seva finalitat és el mercat. ¿On és l'educació pura?

-¿Ja no existeix?

-Cal nodrir el sistema de valors. Li vaig sentir explicar a Andrea Camilleri una història que reprodueixo: es va declarar un incendi voraç a la selva i els animals van sortir-ne corrent. En un moment donat, el lleó, el rei, va veure un petit colibrí volar en direcció a les flames i li va dir: «¿Què fas, boig?». I el colibrí li va respondre: «Porto una goteta de rosada i intentaré sufocar el foc». Tots hem d'aportar la nostra gota de rosada.

-Com aquell estudiant que es va plantar davant del tanc a Tiananmen.

-Això mateix.

-Allò va ser el 1989. ¿Ja no queden gestos 'inútils' com aquell?

-Sí. Fa un parell de setmanes, ens van convidar a Zygmunt Bauman i a mi a la firma d'un conveni d'associacions que s'ocupen de discapacitats psíquics, considerats «inútils» per la nostra societat. És crucial donar-los importància. Crec que cadascú ha de fer el que ha de fer. Si jo, que sóc professor, no m'ocupo dels meus alumnes, sóc un criminal perquè mato la seva potencial passió.

-Els seus alumnes tenen sort.

-Els acostumo a llegir una carta que Albert Camus va escriure al seu mestre de primària a Algèria després de guanyar el Nobel. Li deia que sense ell mai hauria sigut el que era ni tindria el Nobel.

-Segurament va ser així.

-Un bon professor, un llibre, un concert poden fer-nos millors. La cultura és una forma de resistència a l'utilitarisme. Ho podem comprar tot amb diners, excepte el saber. La meravella de la cultura és que demana esforç, i és l'esforç el que ens fa millors. És una cosa que la moderna pedagogia no ha comprès. Cada vegada els fa més fàcil la vida als alumnes. I Rilke deia que «el que és fàcil ens porta a la foscor».

-Rilke no tenia internet.

-Avui es considera que per crear escoles modernes cal comprar ordinadors i tauletes. ¡És una estupidesa! A Anglaterra, on han fet una despesa enorme en tecnologia, només han pogut confirmar que els que hi han sortit guanyant són les empreses tecnològiques. Un professor apassionat transmet passió. Ensenyar és seduir.

-No parli alt, que estem enmig del Mobile World Congress.

-Barcelona té vocació de ser una ciutat intel·ligent. Però l'aspiració d'una smart city passa per grans inversions en tecnologia per poder saber amb rapidesa si hi ha un pàrquing a prop o per reservar entrades a museus. S'hauria d'aspirar que la intel·ligent fos la ciutadania. Els últims casos de terrorisme mostren que els que han perpetrat atemptats van sortir d'escoles de la perifèria de França i Bèlgica. Si l'únic valor que els proposem són els diners, se senten automàticament exclosos.

-El nom d'Al·là també és un concepte no utilitari.

-Giordano Bruno va dir que la religió és una cosa que serveix a la gent que no té una verdadera cultura. Els filòsofs no tenen necessitat de religió. Els terroristes viuen en un món on no hi ha valors i la religió és una forma de trobar una raó per viure. Si engrandim la bretxa entre cultivats i desesperats estem creant una bomba atòmica que, en un moment o altre, explotarà.

-¿Alguna drecera per evitar el devastador esclat?

-De moment, sóc pessimista, perquè veig una classe política incapaç. Són ignorants. Veuen la cosa pública com un camp a explotar. No aprecio en ells l'amor al bé comú. Però l'única resposta que podem donar és la del colibrí. Aportar la nostra goteta de rosada.

Núria Navarro, entrevista a Nuccio Ordine: "Els polítics no veuen la importància de la bellesa", el periodico.cat 28/02/2016

La crítica de l'amor romàntic (Marina Garcés).


Diu la Marina Espasa, a la seva darrera novel·la El dia del cérvol, que només el temps de l’amor és circular. La vida avança o no, es mou en línia recta o es queda estancada en una quotidianitat sense temps. Però quan irromp l’amor, una presència nova desvetlla el sentit d’un sempre. Ja et coneixia, pensem. Sempre hi has sigut. El present s’amplia a un passat que no és cronològic i a un futur del qual poc se sap. És el temps del sempre de l’amor. Un sempre que no es compta amb dies sinó amb sentit. Un absolut del temps que res té a veure amb l’eternitat sinó amb l’atzar de la trobada.
A partir d’aquesta “aberració temporal”, com en diu la Marina Espasa, l’amor romàntic ha forjat tota mena d’altres aberracions, molt perilloses: els personatges i les històries del romanticisme converteixen el sempre en una presó de per vida, l’absolut en la dictadura de l’únic i la trobada en la celebració de l’instant. Així, el temps circular de l’amor queda congelat en el petó d’un príncep per a tota la vida. És el petó de la mort.
La crítica de l’amor romàntic, ara que ens assetja una onada neomasclista que s’infiltra a totes les capes i edats de la societat, és més necessària que mai. Contra el que podria semblar, l’amor romàntic és l’aliat perfecte de la misèria afectiva que enfosqueix avui les ments, els cors i les llars. Cal mirar de cara una societat hipòcrita que s’ha cregut lliure sense fer-se lliure. Hem anat molt lluny amb les paraules i ens hem quedat gairebé on érem. Hem simulat la llibertat en un mercat del sexe que, com qualsevol mercat, no té res de lliure. La celebració de l’instant i la resignació al temps lineal i acumulatiu són les dues cares de la mateixa condemna.
El temps del cor és el temps d’un batec. Per això la seva circularitat és la d’un espiral que obre i no la d’un cercle tancat. Quan imaginem l’etern retorn, o el temps cíclic, tendim a quedar-nos atrapats en la imatge del cercle, en el retorn del mateix, en el desert circular del qual no es pot sortir. Però el temps circular és un temps en espiral, el retorn del que mai no és igual, l’obertura d’un moviment que avança i abraça, sense tancar-se mai sobre ell mateix. Per això el seu sempre és també l’intempestiu d’un futur obert.
Tiempo del corazón és el títol amb què es va editar en castellà fa uns anys la correspondència entre els poetes Ingeborg Bachmann i Paul Celan, que es van estimar tota la vida, encara que no sempre van estar junts. És un llibre que cada cop que compro acabo regalant, com si no es deixés posseir. Batega, com el temps del cor. Obre un ritme que, com Bachmann i Celan van demostrar, la mort pot interrompre però no aturar.
Marina Garcés, Temps del cor, Ara 28/02/2016

diumenge, 28 de febrer de 2016

"Ens cal una filosofia de la cultura digital" (Byung-Chul Han).


Para mí, la filosofía es el intento de bosquejar una forma de vida distinta, de experimentar oros proyectos vitales, al menos para el pensamiento. Aristóteles nos dio el ejemplo de lo que eso significa. Fue él quien inventó la vita contemplativa. En la actualidad, la filosofía está muy alejada de eso. Se ha convertido en parte del infierno del Uno Mismo. Existe una carta en la que Heidegger compara el pensamiento y el eros; habla del aleteo del eros, que lleva a su pensamiento por caminos que nadie ha transitado. Es posible que la filosofía sea la caricia que dibuja sobre la piel del otro, desprovisto de lengauje, la formas y los modelos lingüísticos. 

¡Hoy en día existen tantas cosas y acontecimientos que necesitarían una explicación filosófica! La depresión, la transparencia ... Necesitamos una nueva antropología, mejor, una antropología digital del conocimiento y la percepción. Nos hace falta una filosofía social y una filosofía de la cultura digital. Deberíamos haber actualizado, después de tanto tiempo, El ser y el tiempo de Heidegger a la época digital. 

Heidegger sustituyó al sujeto por el Dasein. Hoy tendríamos que sustituir el sujeto por el proyecto. Ya no estamos "lanzados", ya no tenemos "destino". Somos proyectos proyectantes. La digitalización ha hecho desaparecer definitivamente la "cosa" de Heidegger y ha creado un nuevo Otro y un nuevo tiempo. Tenemos que atrevernos a plantear más teorías y eso genera demasiada ansiedad en la filosofía académica. Yo le pido más coraje y audacia. En su origen, la palabra "espíritu" significaba intranquilidad o sobrecogimiento.

Ronald Düker y Wolfran Eilenberger, entrevista a Byung-Chul Han: "El deseo se alimenta de imposibles", La maleta de Port Bou, nº 12, julio-agosto 2015

Entrevista publicada en la edición francesa de Philosophie Magazine nº 88 (marzo de 2015)
Traducción del francés: Begoña Prat Rojo

Societat de la transparència i pornografia (Byung-Chul Han).


La sociedad de la transparencia es una sociedad pornográfica en la medida en que la visibilidad es totalizada y absolutizada, y el secreto desaparece por completo. El capitalismo fomenta la pornografización de la sociedad en la medida en que lo expone todo como una mercancía y lo entrega a la visibilidad. Los esfuerzos se centran en la maximización del valor expositivo. El capitalismo no conoce otro uso de la sexualidad. La tensión erótica no consiste en la exposición permanente de la desnudez, sino en la puesta en escena de una apertura y un cierre del diafragma. Es la negatividad de la interrupción lo que confiere a la desnudez un resplandor erótico. 

Sólo hay que pensar en ese maravilloso momento de Madame Bovary, de Flaubert: la calesa que lleva a León y a Emma: un paseo por Rouen y el lector no sabe nada, absolutamente nada, de lo que ocurre dentro del vehículo. Flaubert se limita a enumerar los nombres de las plazas y las calles. Y, al final, Emma saca la mano por la ventana y deja que pequeños fragmentos de papel vuelen por los aires como mariposas sobre un campo de tréboles. Su mano constituye la única desnudez de la escena, y es el momento más erótico que existe. Porque nosotros no vemos nada. En la hipervisibilidad que nos envuelve, algo así no es concebible.

Ronald Düker y Wolfran Eilenberger, entrevista a Byung-Chul Han: "El deseo se alimenta de imposibles", La maleta de Port Bou, nº 12, julio-agosto 2015

Entrevista publicada en la edición francesa de Philosophie Magazine nº 88 (marzo de 2015)
Traducción del francés: Begoña Prat Rojo

Observació i veritat en el coneixement científic.



La observación de la realidad es diversa, existen tantas lecturas como el número de observadores, la realidad está compuesta de un entretejido de símbolos, el significado o descodificación dependerá de la formación académica, pre conocimiento de esa realidad en particular, formación cultural y social, extracción de clase, teoría de enfoque, etc.

El observador entre más conocimiento y experiencia tiene en relación con el objeto observable, tiene más posibilidades de dar una mejor descripción, explicación o interpretación del mismo, en otras palabras, no todos ven lo mismo, depende del conocimiento.

La realidad es una construcción del sujeto que la observa, asimismo la realidad es producto de la corriente de las ciencias sociales con la que se observe, es decir, cada teoría viene a ser una especie de lupa, en donde, se observará la realidad con parámetros definidos, que convierten en los traductores de los significados de los símbolos observados.

La observación científica trata de abordar la realidad con instrumentos, técnicas, métodos, corrientes del pensamiento humano o filosófico, para dar una interpretación lo más amplia posible sobre algo sumamente particular y concreto. Lo cual no se interpreta como una posición aséptica, imparcial y neutral.

El investigador a dar a conocer el resultados de sus hallazgos, la importancia o trascendencia de los mismos no radica en la cantidad y la tipología realizada, porque los pares científicos para tratar de falsar el conocimiento logrado se basarán en desvirtuar los postulados observacionales, porque estos son precisamente el fundamento de la ciencia, y se parte del hecho que son falibles, es decir, que en un futuro serán reemplazados por otros, porque no existen postulados observacionales eternos ni inmutables.

Es aquí, donde radica la diferencia entre la crítica científica y la vulgar, aunque en la historia se pueden mencionar casos emblemáticos en los cuales la comunidad científica inició desde lo vulgar, por ejemplo la teoría de la relatividad de Albert Einstein y la teoría de la evolución de Charles Darwin.

La validez de los enunciados observacionales se realiza desde la teoría, en la medida que son corroborados a través de ésta, se consolida y amplía su valor teórico, ese conocimiento irrumpe con vigor, porque se abre paso entre el conocimiento vigente, que comienza a envejecer por la obsolescencia que puede producir la irrupción del nuevo conocimiento, en algunos casos, incluso puede erigirse como un nuevo paradigma.

El conocimiento científico es producto de una época, obviamente al igual que las teorías, a cada contexto histórico de la humanidad corresponde un determinado nivel científico y de innovación tecnológica, por ejemplo el contexto histórico de Arquímedes de Siracusa, Galileo Galilei, Albert Einstein, Stephen Hawking, etc.

En este mismo orden, las teorías especulativas perduran hasta que son verificadas, mientras pasan las diferentes pruebas a través de los procesos minuciosos de la observación y la inexorable experimentación, las teorías que aprueban el proceso de verificación se mantienen y no logran ser reemplazadas.

Sin caer, en el empirismo del positivismo, las teorías científicas se mantienen en la medida que su coherencia y lo sistemático de sus planteamientos son verificados por sus pares, y es mediante este proceso que deviene adjudicación de credibilidad.

En cuanto a la elaboración de la hipótesis, no desde el punto de vista formal, sino desde el enfoque epistemológico y ontológico, no es una cuestión simplemente de redacción de acuerdo con determinada estructura gramatical y, tipologías de planteamiento que realizan algunos autores de manuales de libros de metodología de investigación científica.

La hipótesis además de utilizarse de brújula para guiar al investigador por la travesía de la hoja de ruta que establece el proceso de investigación, se convierte en el talón de Aquiles, porque al finalizar la investigación se establece en el blanco, en donde apuntarán los científicos para saber si realmente es consistente con el planteamiento y, debe de superar todos los intentos que se harán para desvirtuarla, es decir, falsarla.

En la medida que la hipótesis sea falsable la mayor cantidad de veces posible, y no sea falsada, la hipótesis se mantiene incólume y consistente.

La historia del conocimiento científico es la historia de la falsabilidad de las teorías científicas, observamos en la evolución del pensamiento científico, que el nuevo conocimiento por lo general tiene su origen en el interior de la teoría que reemplazará.

A sabiendas de requerimiento del entorno científico, de la exigencia del falsacionismo de las hipótesis, el científico en la elaboración de la investigación debe de abordar las diferentes formas de falsación que presumiblemente realizarán otros investigadores, para garantizar así la eliminación de las posibilidades presentes de falsar el nuevo conocimiento presentado a la comunidad científica.

El hecho de falsar continuamente las hipótesis y las teorías científicas es una de las características fundamentales de la ciencia, en términos modernistas la podríamos calificar como la crítica o la duda metódica, aunque no signifiquen lo mismo, pero persiguen similares resultados.

La crítica y la duda sobre una teoría científica nos conducen a iniciar un nuevo proceso de investigación sobre lo que se pretende poner en evidencia, es decir, corroborar la cientificidad del conocimiento que se desea falsar, lo que significa que la falsabilidad no es una posición de desprestigiar o ningunear al otro, desde lo emotivo, sino que es una posición objetiva y contiene fundamentos de rigurosidad científica.

Este proceso nos puede conducir a lograr falsar la teoría, pero en el mejor de los escenarios puede conducir a dar origen a una nueva teoría.

El falsacionismo es un proceso científico que sirve de acicate que empuja el avance científico y a la innovación tecnológica, se parte del hecho, que el conocimiento es temporal, porque está en constante mutación, desde el instrumental metodológico que cada vez se especializa y moderniza más, incluso las condiciones se complejizan y contribuyen a producir mejores resultados.

Óscar Martínez Peñate, Las preguntas y la observación en la investigación científica, Ssociólogos 25/02/2016
http://ssociologos.com/2016/02/25/las-preguntas-y-la-observacion-en-la-investigacion-cientifica/

Què és el temps? (redes).

És tan còmode no defensar la veritat.

forges

De algún modo sabemos la respuesta a la pregunta, pero eso no quita que con frecuencia nos la hagamos. Es decir, en principio, sin duda, queremos saber la verdad, evidentemente porque sin saber la verdad difícilmente podremos relacionarnos con el mundo en el que vivimos ni podremos gestionar nuestra propia vida. No obstante, sabemos también que en algunas circunstancias mantenemos nuestras ideas o convicciones, incluso aunque la sospecha de que sean falsas sea muy fuerte. O preferimos no enterarnos, permanecer ignorantes porque tememos que, si llegáramos a saber, desvelaríamos algo que realmente nos perjudica o nos veríamos obligados a tomar decisiones que muy probablemente alterarían la tranquilidad de nuestras vidas.

Consciente soy de que la discusión filosófica sobre la verdad es compleja y son diversas las teorías que se han propuesto, algunas de ellas contradictorias y otras compatibles o complementarias. Sin ánimo de zanjar el asunto, en estas reflexiones manejo la verdad en tres sentidos básicos:
1. Correspondencia entre lo que afirmamos y la realidad.
2. Afirmación bien argumentada y empíricamente fundamentada.
3. Coherencia a lo largo del tiempo y entre las diferentes partes o elementos que conforman lo que estamos afirmando.
Las dos primeras tienen mucho que ver con la verdad, tal y como se entiende en la investigación científica (en todas las ciencias, no solo en las llamadas «duras») e incluye la posibilidad de verificación y falsación, y también la comprobación de que nuestras afirmaciones funcionan y se cumplen en la práctica.

La tercera tiene más que ver con lo que algunos filósofos llaman verdad testimonial, es decir, con el hecho de que nosotros mismos intentamos ser coherentes y veraces.

Pues bien, está claro que somos seres que buscan y necesitan la verdad como condición necesaria para la supervivencia, y también para lograr una vida plena y dotada de sentido, pero también está bastante claro que la búsqueda de la verdad no es tarea fácil.

Superados ciertos límites y llegados a ciertas situaciones, ocurre con frecuencia que la verdad queda relegada a un segundo plano e incluso es simplemente sacrificada y solo se termina imponiendo, cuando lo logra, tras largos y denodados esfuerzos por hacerla salir a la luz. Esto es, sabemos que no es tan sencillo ser coherente y tampoco lo es exponer la verdad cuando todo lo que nos rodea dificulta su búsqueda y languidece el interés por encontrarla.



Cuando se habla de la democracia aparecida en la Atenas clásica, en tiempos de Pericles, se suele mencionar dos rasgos fundamentales: la isegoría y la isonomía.

La primera consiste en reconocer que todos los ciudadanos tienen igual derecho a hablar en público para defender sus opiniones políticas. La segunda es la igualdad ante la ley. Pero se olvida un tercer rasgo fundamental, la parresia, a la que Foucault dedica un muy interesante análisis.

La parresia es la voluntad de decirlo todo, lo que exige, por tanto, la libertad de expresión antes mencionada, sin cortapisas ni coacciones de ningún tipo. Pero, siguiendo a Foucault, requiere igualmente dejar claro y en público cuál es la relación personal que uno mismo mantiene con esa verdad: exige franqueza al hablar y capacidad de argumentación, no de persuasión; e implica también coraje para no permanecer callado cuando es necesario hablar, arrostrando si es necesario el riesgo de la propia seguridad profesional y personal, incluso de la propia vida.

Dos personajes simbolizan bien el valor de la veracidad que han cimentado la cultura occidental: Sócrates, representante de nuestras raíces greco-latinas, y Jesús, continuador de la tradición judía e iniciador de la tradición cristiana. Muertes muy diferentes, sin duda, pero ambas estrechamente relacionadas con decir la verdad y dar testimonio de ella.


Afortunadamente la libertad de expresión, al menos en nuestro contexto cultural, no afronta, salvo circunstancias muy excepcionales, riesgos de muerte, pero sí se enfrenta a otros riesgos, sobre todo de tipo profesional. Ese es el tema que aborda el libro de Alice Dreger, Galileo’s Middle Finger. The Search for Justice in Science, que ya ha comentado con acierto Roberto en este blog. Justo en el mundo de la ciencia, en el que siguiendo el ideal ético planteado por Robert Merton hace años, debe imperar ese afán por buscar la verdad, encontrarla y compartirla con la comunidad, en ese mundo asistimos a reiteradas persecuciones contra quienes osan contravenir los «dogmas» que determinan el paradigma dominante.

Este es, en estos momentos, uno de los problemas más graves, en gran parte porque pasa desapercibido al estar presente en todos los ámbitos en los que se fragua y expresa la opinión pública. No deja de ser una variante de los ídolos del teatro de los que habló Francis Bacon justo en el período inicial del nacimiento de la ciencia moderna. Luis M. Linde, actual gobernador del Banco de España, escribía una buena reseña de varias obras que exploraban esta nociva plaga de lo políticamente correcto, que cercenaba la libertad de investigación y la creatividad científica. El título, sugerente, era Animal grotesco, pero feroz

Estas sutiles, pero tenaces, imposiciones debilitan el coraje que es necesario para defender argumentativamente, apoyados en sólidas evidencias, aquello que pensamos que es verdad. Hacemos concesiones a esos ídolos del teatro porque terminamos por darles plena validez. En otros momentos, cedemos debido a esas pequeñas miserias de la vida cotidiana que nos atenazan a todos los seres humanos: las presiones ambientales, en general implícitas, son fuertes y en algunos casos peligra el puesto de trabajo, la carrera profesional o simplemente el acceso y disfrute de pequeñas prebendas que logramos, pero también necesitamos, para desempeñar nuestro trabajo. La excusa del mal menor siempre nos viene bien para justificar por qué callamos en algunos momentos o por qué perdemos filo crítico en nuestro pensamiento dando por supuesto. O por qué defendemos ideas que en el fondo sabemos que no son verdaderas.

Peor todavía es que, cuando alguien expresa en público algo políticamente incorrecto, con cierta facilidad de renuncia al debate argumentativo y se pasa a la confrontación directa. El disidente es el enemigo y, siguiendo la visión de la política de Carl Smith, está claro que al enemigo ni agua y que frente a él solo cabe la descalificación inicial para lograr su derrota total. Es decir, se está incumpliendo un principio básico de la lógica conversacional: conceder al otro la máxima credibilidad como punto de partida y no incurrir de entrada en la falacia ad homimem (quienes denuncian el impacto negativo de lo políticamente incorrecto son de derechas, por no decir unos fascistas o unos leninistas bolivarianos). Y desde luego se está renunciando al ejercicio de la razón sine ira ac studio, como exigía Tácito.


Se trata, por tanto de desarrollar una escucha inteligente que incluye no solo hacer un esfuerzo por entender realmente lo que la otra persona quiere decir, sino en pensar que puede tener realmente razón y que eso dependerá de los argumentos y evidencias que aporte. Lo contrario es reproducir la patética e infructuosa discusión provocada por el célebre libro de Sokal sobre las imposturas intelectuales.

Nada más lejos del relativismo epistemológico, otra de las grandes epidemias que generan un clima de abandono en la búsqueda de la verdad. La investigación científica parte del supuesto de que la verdad existe, de que podemos encontrarla y de que merece la pena hacerlo, pues se nos va en ello alcanzar una vida digna de ser vivida. Las afirmaciones que hacemos no son puros constructos, cuyo valor no va más allá del contexto desde el que se habla. Asumido un simplificado constructivismo relativista, se repite con machacona insistencia que todas las opiniones son respetables.

Esta posición tiene dos ventajas importantes: blindamos nuestras propias opiniones frente a críticas ajenas y nos ahorramos la ardua tarea de demostrar la veracidad o falsedad de las opiniones.

Eso sí, olvidamos que hay opiniones inaceptables y que el valor de una opinión está vinculado única y exclusivamente a la argumentación que la sustenta. Hay que respetar siempre el derecho de una persona a expresar lo que opina, pero sus opiniones solo podrán ser tenidas en cuenta en la medida en que estén avaladas por sólidas evidencias y argumentos.

No voy a ser tan pesimista como para decir que el mundo de la academia y de los intelectuales está alejado del compromiso con la verdad, pero desde luego hay señales inequívocas de que los ciudadanos de la sociedad actual, en especial la sociedad de los países del ámbito occidental, no somos tan exigentes en la defensa de la verdad como deberíamos serlo.

Debe ser que sabemos mucho de derechos y poco de parresia.

O quizá es algo más pedestre: nos da pereza ponernos a pensar en serio.

Félix García Moriyón, ¿En serio queremos saber la verdad?, blog de Roberto Colom 28/02/2016

Capitalisme de la informació.

El Roto

No creo ser alguien a quien le resulte indiferente la persistente decadencia de las humanidades en la educación en todos los niveles, y especialmente en el universitario. Se ha dicho múltiples veces, y con mucha razón, que las humanidades portan la tendencia al pensamiento crítico y que nuestros sistemas educativos no son muy proclives a esta forma de pensamiento. Quizá es que la propia universidad, creada en la edad contemporánea a imitación de la Universidad de Berlín que diseñó Wilhelm Humbolt, una universidad fundada sobre la creatividad y el pensamiento conceptual, en la que el lenguaje y las humanidades ocupaban un lugar central en la formación, y articulada a partes iguales sobre la educación y la investigación, sea ya una institución poco funcional o claramente obsoleta. Los nuevos diseñadores, economistas y protocolizadores de la educación, consideran suficientes unas breves habilidades de expresión y pensamiento que no hubiesen alcanzado ni de lejos lo que el sistema de educación secundaria humboldtiano exigía. En fin, no continuaré por esta senda en la que siempre me tropiezo con mis peores sentimientos y rencores.

Ahora bien, una vez dicho lo anterior, que no tiene por intención retórica ser captatio benevolentiae sino expresión del marco conceptual desde el que hablo, no es menos cierto que la decadencia de la universidad humboldtiana está produciendo igualmente una decreciente atención hacia el conocimiento científico por parte de los humanistas. Me hubiera gustado hacer una breve encuesta entre el profesorado de humanidades preguntando, primero, si atendieron a las noticias de las observaciones experimentales del Bosón de Higgs y de las ondas gravitacionales, y si podrían explicarme en unas breves frases por qué consideraban que podrían ser importantes estas dos observaciones. No me atrevo a anticipar la estadística, pero sí he hecho esta pregunta en algún curso superior de humanidades y la respuesta ha sido suficientemente expresiva del estado de las cosas. La educación integral en la que creía la universidad humboldtiana tenía dos direcciones, y lamentablemente aquí volvemos a comprobar su lenta obsolescencia.

Viene esto a cuento porque, como el sabueso de los Baskerwille, cuyo silencio era el dato fundamental para Holmes, la ausencia de un concepto en el pensamiento de una gran parte de los ensayistas y humanistas del momento es también el signo de lo que ha ocurrido. Y no me refiero a la palabra. El uso de las palabras, e incluso el uso repetido no implica el dominio del concepto. Estoy pensando en un concepto que debería estar en el horizonte de cualquier interpretación humanística, no necesariamente para tratar sobre él, pues no es necesaria la superación de la división del trabajo cognitivo, y cada uno debe ocuparse de lo que mejor sabe, sino porque, como digo, forma parte del horizonte conceptual sin el que es muy difícil entender nuestro mundo. Este concepto no es otro que el de información

Si uno atiende a los grandes autores que prepararon desde el siglo XIX el pensamiento contemporáneo, Marx, Nietzsche, Freud, observará que el concepto de energía es central en la configuración de sus teorías. No se puede leer El Capital o los Grundisse sin conocer la importancia que tenía para Marx la máquina como objeto y como figura, y él entendía bien que una máquina es un dispositivo de transformación de la energía. Su concepto de trabajo como origen del valor está fundado sobre el gran descubrimiento de la ciencia decimonónica, que fue el concepto de energía, como el gran cemento de la naturaleza. Del mismo modo, el concepto de impulso, que tan central lugar ocupan en Freud y Nietzsche son formas orgánicas que expresan la energía.

El concepto de información, que nace en 1949 como concepto técnico de la mano de Claude E. Shannon y Warren Weaver, en su teoría matemática de la información, ha transformado revolucionariamente el marco conceptual de todas las ciencias: la física cuántica (Stephen Hawking), la genética (desde el descubrimiento del ADN), la biología evolucionista (a través de la idea de los memes), la lógica (en mis años de formación pude asistir a la transformación radical de la lógica desde la computabilidad), la economía,... Y, por descontado, la información es el sustrato fundamental de todo ese complejo de artefactos y procesos que llamamos nuevas tecnologías y que han transformado radicalmente nuestro mundo.

En los años setenta, los años del sueño de la semiótica, todavía se repetía una y otra vez aquello de fuente, canal y receptor, ahora ya ni eso (me parece que solo en periodismo les castigan con ese rollo). Lo sorprendente es que se haya hecho tan poco por transformar el marco ontológico desde el que se construyen las demás intuiciones metafísicas, epistemológicas, éticas y estéticas. Excluyo, claro, a quienes tienen formación en lógica y en ciencias cognitivas, pero todos sabemos que son/somos una minoría sin influencia real en el mundo del pensamiento actual, al menos en nuestro país y en el mundo latinoamericano (es muy interesante leer las visibilidades e invisibilidades en los trabajos sobre sociología de la filosofía contemporánea). Incluso en quienes han caído en esa creciente adición a las neuroéticas, estéticas,..y cosas parecidas, o sobre todo ellos y ellas, la increíble impericia en el manejo del concepto de información es sorprendente. Me asombra el uso repetido de las palabras "dispositivo", "máquina", "control", por todos los múltiples seguidores de la escuela deleuziana, sin reparar en lo obsoletos científicamente que estaban esos conceptos ya en Deleuze y Guattari (no es necesario estar de acuerdo con Sokal, en sus Imposturas intelectuales, para entender que las figuras retóricas a veces son también muy significativas de las carencias). Si Marx hubiera dispuesto del concepto de información le hubiera sido mucho más fácil pensar y entender lo que llamó el fetichismo de la mercancía. Otras corrientes, como la hermenéutica y la fenomenología se beneficiarían mucho, también, de incluir en su horizonte la extraña forma de ser que es la información. Pero no parece estar en la agenda por el momento.

Casi todo nuestro pensamiento contemporáneo se ha configurado sobre el horizonte de la civilización de las máquinas, es decir, de los dispositivos transformadores de energía. Sin embargo, la extraña relación entre energía e información es el gran territorio en el que se mueven la ciencia y la ingeniería contemporáneas. Las máquinas siguen siendo una parte sustancial de nuestro mundo, pero, como sabemos, son máquinas, cada vez más, organizadas mediante el flujo de información, tan importante como el flujo de energía. Nuestro capitalismo de casino es un capitalismo montado sobre la información (la bolsa ya está controlada por robots informáticos, no por cansados brokers gritones). 

Muchas veces intento inútilmente argumentar que el olvido de la centralidad de la epistemología en nuestra cultura ha sido el gran éxito del capitalismo: un capitalismo de los buenos sentimientos, disfrazados de ética, que acepta casi todos los discursos "humanistas" menos los que ponen en cuestión las cuestiones centrales de distribución de bienes públicos. Y, hoy por hoy, la distribución y el control del conocimiento (información que proviene de una fuente fiable, para decirlo sin entrar en detalles técnicos) es la fuente básica de las desigualdades. Las otras se subordinan fácilmente a ésta. Las desigualdades económicas y políticas se sustentan sobre el control de la información y el conocimiento. Me llevaría mucho tiempo explicar cómo la incomprensión de la información impregna el trasfondo desde el que se elaboran las políticas públicas. Como si el conocimiento no figurase como un elemento tan central como la justicia en el orden de nuestras sociedades. Pero esto es lo que hay. Con la civilización de las máquinas también parece desvanecerse el sueño humboldtiano de una educación integral.

Fernando Broncano, Después de las máquinas, El laberinto de la identidad 28/02/2016