La fantasia tecnològica.
Existe una fantasía tecnológica particularmente resistente, una de esas ideas que sobreviven a todas las refutaciones porque en realidad no pertenecen al territorio de las ideas sino al de la teología: que si construimos una inteligencia artificial lo bastante poderosa (no un GPT-17 ni una granja de GPUs del tamaño de Islandia, sino una inteligencia de magnitud genuinamente cósmica, una especie de HAL 9000 sin neurosis homicida y con acceso administrativo a la realidad) podremos finalmente sentarla delante de los problemas humanos y preguntarle qué hay que hacer. Cómo acabar con la pobreza. Cómo detener el calentamiento global. Cómo conseguir viviendas asequibles. Cómo construir una democracia justa. Cómo hacer felices a ocho mil millones de personas que no se ponen de acuerdo ni sobre la temperatura correcta del aire acondicionado. La máquina procesaría los datos, emitiría un zumbido que probablemente los ingenieros decidirían eliminar en la versión 2.1 y, después de unos cuantos pet...