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| Friedrich Hayek |
En un mundo de mentirosos, la mentira no es rentable. En un mundo de ladrones, el robo no es rentable. Mentirosos y ladrones necesitan que, a grandes números, la transmisión de la verdad y de la distribución de los bienes funcione más o menos. Estos dos ejemplos ilustran algunos de los dilemas de la nueva gran coalición mundial de los neoliberales clásicos y de los neofascistas. Tienen que poner el ventilador de la mentira, pero solo hasta un punto en que ya ni siquiera se crean sus propias palabras. Tienen que mantener y aumentar la tasa de desigualdad sin provocar que sus propias bases se rebelen. De ahí sus propios problemas y dilemas.
Friedrich Hayek descubrió muy pronto esos problemas (nadie ha sido tan inteligente en la derecha como él, es fascinante leerle. Ni
Carl Schmitt, como político, ni
Popper como filósofo, llegan a su altura). Hayek sabía de la centralidad del conocimiento en la sociedad. Sabía también de la importancia de la ignorancia y el autoengaño. Su tesis era que cada agente debería conocer solo un poco de la realidad, lo suficiente para ejercer como agente económico. Un agente con racionalidad y conocimiento dañados. El mercado, como gran procesador de la información, se encargaría de maximizar el beneficio social a grandes rasgos, incluida la necesaria desigualdad. Conocimiento limitado EN la sociedad. Pero lo que Hayek prohibía y le asustaba era el
conocimiento SOBRE la sociedad, que él igualaba al cálculo socialista de posibilidades.
La nueva generación de
neoliberales-ultras, la nueva fusión, ha definido cuál es esa barrera, de ahí su insistencia en la
guerra cultural. Hay que evitar que el conocimiento (parcial, limitado) de las diferencias y desigualdades se articule. Hay que evitar, mucho más, que las políticas sean ciegas a las diferencias en la gente. Hay que levantar vallas y barreras por todas partes, que vayan indicando los límites de las políticas públicas. De ahí las medidas sobre natalidad, sobre inmigración, sobre medio ambiente (generaciones futuras) y otras muchas que ahora no voy a citar pero están en la mente de todos. La primera fase fue ironizar sobre lo "woke" que, justamente, trataba de producir ese conocimiento articulado SOBRE la sociedad. La segunda fase ya no es epistemológica sino política: llamar "comunista" a cualquier intento de articulación. Esa capacidad de generalización es lo que construye el imaginario de la nueva, no tan nueva, propuesta sociopolítica.
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