Una nova era: el Muskisme.
![]() |
En La gran transformación, publicado en 1944, el economista húngaro Karl Polanyi describió el mercado mundial como semejante a un «autómata colosal». Los pueblos de la Tierra habían sido arrancados de raíz de sus lugares de origen y convertidos en unidades movibles, arrastrados a través de océanos y desplazados del campo a la ciudad como fuerza de trabajo. Los recursos y los materiales del mundo se extraían del suelo y se recombinaban a distancias muy lejanas: se refinaban, se fundían, se clavaban y se atornillaban creando formas nuevas. Los sistemas de pago empujaban el dinero por las tuberías del autómata, estabilizado por un patrón oro controlado por diales y palancas en las ciudadelas financieras de Londres y Nueva York. La globalización había articulado a la gente, los productos y los lugares en una especie de humanoide misceláneo. En otro texto, Polanyi empleó una metáfora procedente de su tradición, la judía: el mercado era un gólem creado por los humanos, pero se escapaba de su control y amenazaba con destruir la Tierra. La especie humana se había convertido en «un alma torturada» que observaba una «máquina terrible». En el tercer milenio sigue siendo fácil ver el capitalismo global de esa manera: como una especie de cíborg que hemos creado de manera colectiva pero que ahora pone en riesgo nuestra supervivencia con la crisis climática y la amenaza siempre acechante de la guerra termonuclear. Pero el gólem ha evolucionado. A los productos industriales del mundo de Polanyi —automóviles, vigas de acero, barcos de vapor, trenes— hemos añadido ordenadores, cohetes, cables de fibra óptica, satélites, drones y teléfonos inteligentes. En el siglo XXI tenemos un nuevo nombre para el gólem: el mecha. ¿Qué cara podríamos ponerle al mecha de nuestros tiempos? Existe un candidato clarísimo. No hay persona que encarne mejor al hombre máquina del siglo XXI que el objetivo central de este libro: Elon Musk. En 2021, Musk introdujo una modificación que todavía está reflejada en el sitio web de Tesla. Cambió el nombre de su cargo oficial, director ejecutivo, a algo nuevo: tecnorrey. En 1651, Thomas Hobbes publicó Leviatán. En la portada aparecía un soberano con un cetro en una mano y una espada en la otra, y su cuerpo estaba compuesto por sus súbditos. Uno puede imaginarse a Musk con una pinta similar: el tronco hecho de un chasis de Tesla, con un cohete de SpaceX en una mano y un Neuralink en la sien conectado a X. De hecho, uno no tiene por qué limitarse a imaginárselo; puede generar una imagen realista en quince segundos con Grok.
Quinn Slobodian y Ben Tarnoff, Muskismo. Elon Musk y la nueva era posliberal, Madrid, Taurus 2026

Comentaris