divendres, 31 de desembre de 2010

"la ferida només pot curar-se amb la llança que la va fer".



Los grandes desastres ecológicos del 2010 coinciden con el antiguo modelo cosmológico, donde el universo está compuesto por cuatro elementos básicos: aire (nubes de ceniza volcánica de Islandia inmovilizando el tráfico aéreo sobre Europa), tierra (avalanchas de lodo y terremotos en China), fuego (convirtiendo a Moscú en un sitio casi inhabitable) y agua (el tsunami en Indonesia, inundaciones desplazando a millones de personas en Pakistán).

Sin embargo, este recurrir a la sabiduría tradicional no permite ninguna comprensión real de los misterios de los caprichos de nuestra salvaje Madre Naturaleza. Es una forma de consuelo, realmente, que nos permite evitar la cuestión que todos queremos preguntar: ¿la agenda de la naturaleza para el 2011 incluirá más sucesos de esta magnitud?

En nuestra desencantada era posreligiosa y ultratecnológica, las catástrofes ya no se pueden considerar significativas de un ciclo natural o la expresión de la furia divina. Las catástrofes ecológicas - que podemos ver continuamente y de cerca gracias a nuestro mundo conectado las 24 horas, los siete días de la semana-se convierten en las insensatas intrusiones de una ira ciega y destructiva. Es como si estuviéramos atestiguando el fin de la naturaleza.

Actualmente buscamos que los expertos científicos lo sepan todo. Pero no es así, y ahí radica el problema. La ciencia se ha autotransformado en un conocimiento especializado que ofrece una inconsistente gama de explicaciones contradictorias llamadas "opiniones expertas". Pero si culpamos a la civilización científico-tecnológica de muchas de nuestras dificultades, en ausencia de esa misma ciencia no podemos solucionar el daño - sólo los científicos, después de todo, pueden ver el agujero de ozono-.O, como dice un párrafo de Parsifal, de Wagner, "la herida únicamente puede curarse con la lanza que la hizo". No hay regreso a la sabiduría holística precientífica, al mundo de tierra, viento, aire y fuego.

Aunque la ciencia puede ayudarnos, no puede hacer todo el trabajo. En lugar de recurrir a la ciencia para impedir que el mundo se acabe, necesitamos mirar hacia nosotros mismos y aprender a imaginarnos y a crear un nuevo mundo. Es difícil pertenecer a los observadores pasivos que deben permanecer inmóviles mientras se revela nuestro destino, al menos para los que vivimos en Occidente.

Entren al perverso placer del martirio prematuro: "¡Ofendimos a la Madre Naturaleza, así que recibimos lo que merecemos!". Estar dispuesto a asumir la culpa de las amenazas a nuestro medio ambiente es algo engañosamente tranquilizador. Si somos culpables, entonces todo depende de nosotros; podemos salvarnos simplemente cambiando nuestro estilo de vida. Desesperada y obsesivamente reciclamos papel viejo, compramos comida orgánica, lo que sea para asegurarnos de que hacemos algo, que contribuimos. Pero igual que el universo antropomórfico, mágicamente diseñado para la comodidad del hombre, el así llamado equilibrio de la naturaleza - que la humanidad destruye brutalmente con su arrogancia-es un mito. Las catástrofes son parte de la historia natural. El hecho de que las cenizas del modesto estallido volcánico en Islandia hicieran aterrizar a la mayoría de los aviones en Europa es un muy necesitado recordatorio del grado en que nosotros, los humanos, con nuestro tremendo poder sobre la naturaleza, no somos nada más que otra de las especies vivientes sobre la Tierra, y dependemos del delicado equilibrio de sus elementos.

dimarts, 28 de desembre de 2010

El subterfugi de l´apolític.

Dice la Real Academia de la Lengua Española que la política es cualquier actividad que el ciudadano desarrolle para intervenir en los asuntos públicos; política es también la lucha por determinar qué es un asunto público y qué no, como bien nos demostró el movimiento feminista con su lema “lo privado es política” o como nos demuestran muchos movimientos sociales de hoy cuando intentar introducir en la agenda pública sus reivindicaciones. Política es establecer marcos de lenguaje, campos de juego donde discutir.

Política significa controversia, crítica y discusión. Aunque opinión y política sean hoy términos denostados y mal vistos, significan la ordenación de lo común. Por esta y otras razones, ciertas tendencias económicas que pretenden ser dominantes hoy se nos presentan como apolíticas, como científicas, como espacios pseudo religiosos, libres de toda controversia; y ciertas interpretaciones de la religión se presentan, a sí mismas, como únicas, doctrinales y apolíticas.

Pero ni la ciencia está libre de política, ni la economía puede entenderse sin la política que se juega en su interior y en su interacción con el espacio de lo público, con el terreno de lo político. Tampoco la religión, cuando trata de influir en el terreno de lo común está libre de política, ni puede, ni debe estarlo, y haríamos bien en reconocerlo. Tampoco están fuera de este campo de juego las formas en que se organizan las propias religiones –las iglesias– que, por sólo dar algún ejemplo, pese a compartir el cristianismo no comparten el mismo rol para la mujer en su seno o el papel del celibato, ni ahora ni en tiempos pasados.

Las creencias religiosas son individuales y respetables; no puede discutirse con ellas desde la razón. Pero, cuando la religión se utiliza para tratar de influir en las reglas comunes, se está haciendo política y hay, por tanto, que someterse a las reglas de la política que hoy nos damos en sociedades democráticas. Hay que someterse al debate, a la crítica, y no se pueden hacer trampas, como lamentablemente se hace con demasiada frecuencia planteando por ejemplo que, quien no comparte su opinión, su interpretación parcial del hecho religioso, está destruyendo la religión, la familia y persiguiendo el hecho religioso. Se pretende hacer política sin decirlo, sin reconocerlo, sin parecerlo, desde principios adulterados, con trampa, introduciendo principios morales, de autoridad, para tratar de imponer la propia opinión, la propia interpretación de la realidad y de cómo regularla.

Hay leyes sobre las que se puede opinar, por supuesto, pero en igualdad de trato que cualquier agente de la arena pública. Se deben respetar los principios básicos de la política en democracia, someterse a la crítica, estar bajo el paraguas de la ley sin esconder delitos tan deleznables o condenables como la pederastia en conductas meramente amorales o, como en tiempos pasados, desfalcos y desmanes económicos de la banca católica como meros pecados.

No es lo mismo, sin duda, la interpretación y aportación que hacen a la vida pública las comunidades religiosas de base o la teología de la liberación que la curia romana. No viven, además, con la misma coherencia y en las mismas condiciones. Unos están más cerca de los mercaderes del templo a los que echó Jesús en su momento como falsos adoradores y especuladores; los otros se comprometen con la pobreza y luchan por construir otro mundo posible y necesario. Que la alta jerarquía católica desde su boato y riqueza haga valoraciones y aportaciones fuera de lugar en estos momentos –como la condena del uso del preservativo– o retrógradas –como el intento de defender un único modelo de familia válido y real (y, al tiempo, según los datos, casi inexistente en nuestras sociedades de múltiples y muy ricos modelos familiares)– no puede servir para plantear supuestas persecuciones.

Nadie es independiente de la política, nadie es apolítico. Incluso el que pretende definirse como tal, no está más que dejando que otros decidan por él, es un idiotes en términos griegos. No se puede, por ejemplo, decir que uno pertenece a una organización apolítica si esta organización es religiosa. Este es un falso debate tremendamente maniqueo y erróneo, porque la religión, y sobre todo su interpretación mediada por las iglesias, trata de defender en el terreno público su modelo de sociedad, su forma de ordenar la vida pública, sus propuestas, todas respetables, todas discutibles, todas, como otras que vienen de otros terrenos, necesariamente debatidas y elegidas o no bajo el principio único y supremo de que cada hombre valga un voto.

Tratar de cuestionar leyes y principios legítimos como las del aborto, el matrimonio, la igualdad o la libertad sexual desde parámetros que pretenden escapar a la lógica política, presentándose como superiores, como apolíticos, como supremos, no es más que tratar de ejercer un gobierno de lo público dictatorial, autoritario, adulterado en sus términos, tramposo en sus principios. Tratar de defender por encima de cualquier evidencia científica que el aborto es, por ejemplo, un asesinato, o defender el creacionismo supone intentar imponer nuevamente criterios desde ópticas diferentes. La religión es política, lo fue siempre en la historia, la usaron los políticos y se posicionó políticamente con unos o con otros, las iglesias hicieron política y la hacen hoy, pero, con frecuencia, tratan de hacernos creer que lo suyo es otra cosa, otro terreno, otra temática. Ni siquiera en una misma religión, en una misma Iglesia, las interpretaciones de algo tan respetable y tan individualmente incontrovertible como la fe, como la creencia, son iguales, ni se llega a las mismas conclusiones para la gestión de lo público.

Guillermo Fouce, La religión es política, Público, 27/12/2010

L´enfocament dualista de la ment.

L´enfocament dualista de la ment abasta diferents teories molt diferents, però totes coincideixen en què l´essència de la intel.ligència conscient rau en quelcom no físic, que mai no podrà entrar en l´esfera d´acció de ciències com la física, la neurofisiologia i la informàtica. El dualisme no és la concepció més difosa dins de la comunitat filosòfica i científica actual, però és la teoria més popular sobre la ment, té un profund arrelament en la major part de les religions universals i ha estat la hipòtesi dominant al llarg de la història d´Occident. (...)

L´afirmació característica d´aquest enfocament és que cada ment és una cosa no física distinta, un "paquet" individual de substància no física, quelcom que té una identitat independent de qualsevol cos físic a qui pogués estar temporalment "unida". Els estats i activitats mentals assolirien els seu caràcter específic pel fet de ser estats i activitats d´aquesta substància no física única en el seu gènere.

Paul M. Churchland, Materia y conciencia, Gedisa, Barna, segona edició 1999
http://www.slideshare.net/mvillarpujol/mentcervell-dualisme

dilluns, 27 de desembre de 2010

L´ús polític de les imatges.

Hay una saturación de imágenes, una sobreexposición de imágenes que nos impiden ver, y que además oculta la subexposición de la censura. Ante eso hay quien dice: “las imágenes no son otra cosa que un reflejo del poder y de la sociedad del espectáculo”. Es por ejemplo el caso de Guy Debord, que paradójicamente componía luego en sus películas asombrosos atlas de imágenes. Esta no es desde luego mi posición. Imaginemos que en lugar de imágenes hablamos de palabras: estamos completamente rodeados del lenguaje del poder, el lenguaje televisivo, el lenguaje del mercado, etc. ¿Acaso entonces no podemos hablar? ¿Acaso porque desde Goebbels hasta Sarkozy el lenguaje se emplee para mentir debemos dejar de usar el lenguaje? En absoluto, hay que usar el lenguaje de manera correcta, eso es todo. Devolver al lenguaje su fuerza, devolver a las palabras su sentido. Con las imágenes ocurre lo mismo: son un espacio de lucha. En la polémica entre Godard y Lanzmann, yo estoy evidentemente al lado de Godard, porque Godard piensa que debemos hacer un uso de las imágenes como arma, con un sentido político. (…)

Brecht tomaba imágenes de contextos que detestaba (por ejemplo, la revista Life) recortando la imagen y la leyenda. Por ejemplo, una foto de la guerra cuyo pie decía: “un soldado americano mata a un soldado japonés”. Pegaba todo eso sobre un fondo negro y añadía un segundo texto, el suyo. Su texto dialectizaba la relación entre el texto y la imagen, es decir, criticaba tanto al uno como a la otra. Mostrando por ejemplo que no se trataba sólo de un soldado americano que había matado a uno japonés, sino que ambos eran soldados de imperialismos en guerra y que la verdadera víctima del enfrentamiento era el pueblo. Para mí, el buen uso de la imagen es el buen montaje.

(…) Mediante el montaje, dos imágenes que no estaban relacionadas asumen una posición diferente y así se propicia una mirada crítica. Es la diferencia que hago entre las imágenes que toman partido y las imágenes que toman posición: las primeras tienen un sentido obvio, las segundas son críticas. Desde Godard hasta Farocki, todo pasa por montar bien las imágenes, aunque sean imágenes detestables.

(…) Nadie sabe mirar, no es algo dado. Mirar es un trabajo, largo y duro. Cada imagen nueva requiere un trabajo nuevo, reaprender a ver y a hablar. Hay que respetar que las cosas aparecen siempre de manera diferente y verlas de manera cada vez diferente. Para describir cada nuevas imagen hay que tener cada vez un estilo diferente. Si tienes el mismo estilo para describir imágenes distintas, ves de la misma manera cosas diferentes. Es la cuestión de la escritura: no sé si se aprecia en castellano, pero yo siempre escribo cada libro de manera muy diferente.

(…) La relación entre imagen y realidad es un debate filosófico que se remonta a la discusión entre Platón y Aristóteles. Platón pensaba que las imágenes forman parte del mundo sensible y por tanto no pueden decirnos la verdad sobre las cosas, porque la verdad pasa por el mundo de las ideas. Suya es la distinción entre apariencia (imagen) y esencia (verdad). La verdad de la taza es la idea de taza, no lo que tu miras, ni lo que tu tocas. Hoy muchos platónicos (antes citaba a Debord) piensan que la imagen sólo es un simulacro, una pantalla, una mentira.

Por el contrario, Aristóteles dice que nadie puede pasarse de las imágenes para pensar. El pensamiento también hace imágenes, no se puede pensar sin imágenes. Yo soy aristotélico. Pienso que una imagen, incluida una fotografía, es un “medium”, no exactamente la realidad. Cuando veo una imagen de Auschwitz no estoy en un campo, evidentemente. Pero lo que digo es que las imágenes tocan lo real: hay un punto en el que la imagen me indica algo que no es sólo apariencia. Distingo entre apariencia y aparición: cuando la mariposa aparece, no es una ilusión. Es justamente lo real. Si tu consigues que la imagen sea una aparición, que capte una aparición, en ese momento la imagen toca lo real. En la polémica en torno a las imágenes de los campos, la cuestión era si la foto nos enseña algo de Auschwitz o no. Para Lanzmann no nos enseña nada. Para mi tocan lo real, sin ser lo real.

Georges Didi-Huberman, “Las imágenes son un espacio de lucha”, en una entrevista realizada por Amador Fernández-Savater, Público, 18/12/2010
http://blogs.publico.es/fueradelugar/183/las-imagenes-son-un-espacio-de-lucha

El nou mapa del poder mundial.

En la primera década del siglo XXI se ha empezado a enterrar el orden establecido tras la II Guerra Mundial. ¿Una prueba de ello? Las escalas del último viaje oficial de Barack Obama.

En noviembre, el presidente de la primera potencia del mundo visitó India buscando ampliar los mercados de EE UU y ofreció al Gobierno de Nueva Delhi su apoyo para conseguir un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, una de las aspiraciones de las naciones emergentes, invisibles tras 1945. Otra de las citas le llevó a Corea del Sur para participar en la cumbre del G20, un grupo de naciones que se creó en los noventa y que hasta la crisis financiera de 2008 no carecía de relevancia. Es un grupo heterogéneo que une a Sudáfrica y Argentina con India, China, EE UU y Alemania.

Obama salió de Seúl oyendo críticas a la política monetaria de su país y sin conseguir singularizar a China como manipulador de su divisa.

La foto de 2010 presenta a Washington, el triunfador de la Guerra Fría, la gran potencia militar, económica y financiera a principios de década topándose con China y Brasil al final de esta y ponderando el potencial de otros países en una nueva y emergente arquitectura de las relaciones internacionales. Mientras, Europa, su gran aliado, descubre las primeras y graves heridas de su unión y se examina en el diván.

¿Qué ha pasado en estos 10 años?

Por motivos geopolíticos, estratégicos y sobre todo económicos, la estructura creada por la posguerra y la guerra fría se ha revelado anacrónica y cede ante sus grietas. El nuevo mapa del poder se rediseña en un momento de fuerte debilidad para las potencias que protagonizaron la posguerra y cuando países emergentes como Brasil, India, China, Indonesia y Turquía, ganan músculo.

Parte de la debilidad geopolítica empieza a hacerse evidente en la respuesta a los atentados del 11-S de 2001. En la década en la que EE UU sufrió su mayor ataque tras Pearl Habour, el profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Boston, Andrew Bacevich, explica que uno de los cambios fundamentales es la caída del gran pilar de la seguridad provisto por EE UU. "En los noventa no se discutía que América era el único superpoder, lo demostró en Kosovo en 1999", explica. "Existía el consenso de que los militares americanos garantizarían la estabilidad internacional permitiendo estabilidad económica. Pero al final de este periodo queda claro que este poder no es lo que se imaginaba", lamenta Bacevich quien afirma que en los últimos 10 años "Washington ha mostrado que sabe empezar guerras pero no cómo acabarlas".

Para el autor de Los límites del poder, el final del excepcionalismo americano, Irak y Afganistán invitan a cuestionar cómo se garantizará la estabilidad y la seguridad porque EE UU no va a ejercer ese papel ahora que sus enemigos saben explotar sus debilidades. "Ese es uno de los mayores cambios de la década", dice Bacevich.

El otro es, sin duda, económico. Según Domenico Lombardi, economista del think tank Brookings, el gran cambio ha llegado con la crisis financiera global de 2007 "que ha mostrado el cada vez mayor momento y papel de las economías emergentes en el marco global y el menor peso de las desarrolladas".

La era del gran apalancamiento, público y privado, en los países desarrollados y la financialización de la economía convirtió en barro los pies de las grandes potencias, EE UU y la UE que ahora se adaptan a la austeridad.

En América, la revolución puntocom se convirtió en burbuja al cruzar el umbral del 2000. Y no solo explotó. Peor aún, se curó con otra burbuja más dañina, la del crédito. Con ella se enmascaró que la prosperidad, basada en una sociedad que desde el New Deal mimó a su clase media, hacía aguas. Las desigualdades sociales crecieron pero el crédito permitió que con salarios estancados o a la baja la vivienda fuera el centro de la economía. Los préstamos alimentaron unas arriesgadas prácticas financieras, rentables a corto plazo, que atrajeron el dinero de todo el planeta reforzando un apalancamiento insostenible.

Ni siquiera tuvieron que pasar 10 años para ver el daño. En 2006 llegaron los primeros avisos. En 2007 empezó a ser muy tarde. En 2008 el logro fue evitar caer en un abismo económico que recorrió el mundo debido a los riesgos sistémicos de la globalización financiera. EE UU fue la zona cero de la explosión de la crisis por ser la gran potencia y la sede de una gran banca y el sistema financiero. Este sector ha precisado masivas ayudas de Estado para seguir con vida y el capitalismo global se ha convertido en un curioso híbrido en el que el libre mercado ha coqueteado, y sigue haciéndolo, con la garantía (o apoyo directo si es preciso) del Estado.

En Europa, el daño llegó sacando a la luz las insuficientes costuras políticas y económicas con las que se tejió la Unión Monetaria. Lombardi, cree que Europa "no se siente segura en este nuevo orden".

A estas dificultades, los analistas de la consultora de relaciones internacionales Stratfor añaden el progresivo envejecimiento de la población en los países desarrollados. Un problema que se refleja en los continuos debates sobre pensiones y ensombrecen retos igualmente importantes como el educativo.

El informe PISA de evaluación global de educación ha dado sus mejores notas a los estudiantes de Shanghai, China. El país, no solo es la gran fábrica del mundo (restando la competitividad que ofrece la innovación estadounidense), el gran ahorrador y financiero de soberanías, sino que además su educación permite pensar en un futuro más sofisticado.

Este informe educativo es la última evidencia del poderío de un país que en los noventa era "el gigante dormido". Ya no duerme. De hecho, animado por un fuerte crecimiento económico ha irrumpido en la escena internacional con una carrera cuya meta es encontrar su posición en el futuro nuevo orden mientras mantiene una estructura política del siglo pasado con más sombras que luces. Su presencia empresarial en África y su papel de prestamista de EE UU no hacen más que aumentar su influencia.

Su crecimiento es solo comparable al de Brasil e India, quienes también buscan su nueva voz en el contexto mundial aupados por unas economías que han crecido, sobre todo, al calor de la demanda global de materias primas, en el primer caso, y de una clase trabajadora bien formada con menos costes que la occidental en el segundo. Ese fue el trampolín. El salto ya lo han dado.

Eso sí, puede que no sea un salto radical como parece a corto plazo y que tome más décadas en asentarse, como cree Peter Zeihan, vicepresidente de Stratfor. Este analista tiene dudas de que sea inmediato porque, para empezar, cree que China transita sobre arenas movedizas y "terminará siendo un fracaso por su deficiente sistema financiero, del que se sabe poco desde 2003". "En Brasil, dos tercios de las exportaciones están denominadas en dólares", explica para concluir, "no son mercados modernos". "Estos países necesitan 30 años más de crecimiento al mismo ritmo que los últimos 10 para parecerse a las potencias actuales", afirma. Tomará más o menos tiempo, más o menos tiranteces, pero el diseño del nuevo mapa del poder ya ha empezado.

Resumen de la década 200-2010, Nuevo diseño del mapa del poder en el mundo, Cinco Días, 24/12/2010

Per què sobreviuen idees zombis?

Cuando los historiadores contemplen retrospectivamente el bienio de 2008 a 2010, creo que lo que más les desconcertará será el extraño triunfo de las ideas fallidas. Los fundamentalistas del libre mercado se han equivocado en todo, pero ahora dominan la escena política más aplastantemente que nunca.

¿Cómo ha ocurrido esto? ¿Cómo es que, después de que los bancos descontrolados llevaran la economía al borde del desastre, hemos terminado con Ron Paul, que dice que "no cree que necesitemos reguladores", a punto de asumir el mando de una comisión clave de la Cámara de Representantes que supervisa a la Reserva Federal? ¿Cómo es que, después de las experiencias de los Gobiernos de Clinton y Bush (el primero subió los impuestos y presidió durante un periodo de crecimiento espectacular del empleo; el segundo bajó los impuestos y presidió durante una época de un crecimiento flojísimo incluso antes de la crisis), hemos terminado con un acuerdo bipartidista para adoptar aún más recortes de impuestos?

La respuesta que da la derecha es que los fracasos económicos de la Administración de Obama demuestran que las políticas de un Estado grande no funcionan. Pero la respuesta debería ser: ¿qué políticas de Estado grande?

Porque el hecho es que el estímulo económico de Obama -que en sí mismo supuso casi un 40% de recortes fiscales- fue demasiado prudente para cambiar el rumbo de la economía. Y esto no es juzgar a posteriori: muchos economistas, entre ellos un servidor, advertimos desde el principio de que el plan se quedaba muy corto. En otras palabras: una política en virtud de la cual el empleo público realmente se redujo, por la que el gasto gubernamental en bienes y servicios creció más despacio que durante los años de Bush, difícilmente puede constituir una prueba del funcionamiento de la economía keynesiana.

Ahora bien, puede que el presidente Obama no pudiera conseguir más teniendo en cuenta el escepticismo del Congreso respecto al Estado. Pero aunque eso fuera cierto, solo demuestra el control permanente que tiene una doctrina fallida sobre nuestra política.

También merece la pena señalar que todo lo que la derecha dijo sobre por qué la política económica de Obama fracasaría era erróneo. Durante dos años, nos han advertido de que los préstamos gubernamentales dispararían los tipos de interés; en realidad, los tipos han fluctuado en función del optimismo o el pesimismo respecto a la recuperación, pero se han mantenido sistemáticamente bajos según criterios históricos. Durante dos años, nos han advertido de que la inflación, incluso la hiperinflación, estaba a la vuelta de la esquina; en vez de eso, la desinflación ha continuado, y la inflación básica -de la que están excluidos los precios inestables de los alimentos y la energía- se encuentra ahora en su nivel más bajo en 50 años.

Los fundamentalistas del libre mercado se han equivocado sobre los acontecimientos del extranjero tanto como sobre los de Estados Unidos (y han sufrido unas consecuencias igual de escasas). "Irlanda", afirmaba George Osborne en 2006, "constituye un magnífico ejemplo del arte de lo posible en la elaboración de políticas económicas a largo plazo". ¡Ja! Pero Osborne es ahora el responsable de la economía de Reino Unido.

Y en su nuevo cargo se ha propuesto emular las políticas de austeridad que Irlanda puso en práctica después de que su burbuja estallase. Después de todo, los conservadores de ambos lados del Atlántico se han pasado buena parte del último año aclamando la austeridad irlandesa como un éxito rotundo. "El enfoque irlandés funcionó entre 1987 y 1989; y está funcionando ahora", declaraba el pasado junio Alan Reynolds, del Instituto Cato. ¡Ja!, otra vez.

Pero esos fracasos no parecen tener importancia. Tomando prestado el título de un libro reciente del economista australiano John Quiggin sobre esas doctrinas que no deberían haber sobrevivido a la crisis pero que lo han hecho, seguimos -quizás más que nunca- gobernados por una "doctrina económica zombi". ¿Por qué?

Seguramente, parte de la respuesta resida en que la gente que debería haber tratado de dar muerte a las ideas zombis ha intentado transigir con ellas en vez de matarlas. Y esto es especialmente cierto en el caso del presidente, aunque no sea el único.

La gente tiende a olvidar que Ronald Reagan solía dar su brazo a torcer en materia política (lo más curioso es que terminó aprobando varias subidas de impuestos), pero nunca titubeaba sobre las ideas, nunca daba marcha atrás respecto a la postura de que su ideología era acertada y de que sus adversarios estaban equivocados.

En cambio, el presidente Obama ha tratado sistemáticamente de acercar posturas dando pábulo a mitos de derechas. Ha elogiado a Reagan por restaurar el dinamismo estadounidense (¿cuándo fue la última vez que oyeron a un republicano elogiando a Roosevelt?), ha adoptado la retórica del Partido Republicano sobre la necesidad de que el Gobierno federal se apriete el cinturón aun en una época de recesión, y ha ofrecido congelaciones simbólicas del gasto y los salarios federales.

Nada de esto ha impedido que la derecha lo tache de socialista. Pero ha contribuido a dar alas a las ideas malas, de maneras que pueden causar un daño bastante inmediato. Ahora mismo, Obama está aclamando el pacto de los recortes de impuestos como un impulso para la economía, pero los republicanos ya están hablando de recortes del gasto que contrarrestarían cualquier posible efecto positivo del acuerdo. ¿Y cómo puede oponerse convincentemente a esas exigencias, cuando él mismo ha adoptado la retórica de apretarse el cinturón?

Sí, la política es el arte de lo posible. Todos comprendemos la necesidad de negociar con nuestros enemigos políticos. Pero una cosa es alcanzar acuerdos para acercarnos a nuestros objetivos, y otra es abrirles la puerta a las ideas zombis. Cuando uno hace eso, los zombis acaban comiéndose su cerebro y, muy posiblemente, también su economía.

Paul Krugman, Cuando los zombis ganan, Negocios. El País, 26/12/2010

Balanç 2010

La utilitat de Wikileaks.





La revelació dels cables a Washington transforma el contingut de la premsa, que a més d'incloure informacions (news) i opinions (views), ara passa a publicar també filtracions (leaks), amb l'evident perill que aquestes es confonguin amb aquelles. Però gràcies a això, els ciutadans disposem per fi de proves fefaents sobre l'agenda oculta dels nostres representants, que vénen a desmentir les seves declaracions públiques. I si no se'ls cau la cara de vergonya és perquè la tenen molt dura.

L´enrenou ciència versus religió.


Fa quatre anys, quan es va presentar el primer mapa del genoma humà, l'aleshores president nord-americà Bill Clinton va afirmar: "Hem descobert el llenguatge amb el qual Déu va crear la vida". Molts van veure al darrere aquestes paraules el biòleg Francis Collins, aleshores director del projecte genoma humà, avui director dels instituts de salut americans (NIH). Unir Déu i ciència és barrejar oli amb aigua? N'hi ha que defensen la figura de Déu com a explicacio última de grans incògnites de la vida com ara qui som i d'on venim. I d'altres que veuen incompatible fer ciència i tenir fe i només creuen en la veritat del mètode científic.

En els darrers anys ha sorgit un moviment de científics que reivindiquen que Déu té un espai en la ciència. El mateix Collins i altres científics han llançat una fundació per donar suport a l'estudi de temes en què ciència i religió s'interrelacionen. El principal conflicte és l'origen de la vida i de l'univers. Fins i tot el Vaticà s'ha apropiat de l'argumentació dels científics i ha impulsat un observatori, exposicions sobre l'univers i el llançament d'un portal! En biologia, els creacionistes s'han vestit de professors per difondre l'anomenat "disseny intel•ligent", que als EUA ha entrat en moltes escoles.

El posicionament religiós també es pot traduir en polítiques com l'oposició a la recerca amb cèl•lules mare fins que Barak Obama va arribar a la Casa Blanca. I incideix en l'opinió pública. Avui, segons la National Science Foundation, el 45% dels americans creu que és "certa" la frase: "Els éssers humans, com els coneixem avui, es van desenvolupar a partir d'altres espècies animals". A Europa, ho creu un 70% de la població. Només el 33% dels americans està d'acord amb l'afirmació següent: "L'univers va començar amb una gran explosió".

També hi ha un moviment escèptic que argumenta científicament la inexistència de Dèu. Aquest any l'astrofísic Stephen Hawkins va aixecar polseguera en manifestar al seu nou llibre que les evidències que avui reuneix la física moderna fan que Déu no sigui necessari per explicar l'origen de l'univers. Abans, el desaparegut Carl Sagan plantejava els seus dubtes en un llibre seu: "Si Déu va crear l'univers, per què en va deixar tan poques evidències?" Un dels escèptics més cèlebres, conegut com a divulgador amb llibres com El gen egoista , és l'etòleg Richard Dawkins. Ha criticat els que intenten "jugar a les dues bandes" i busquen en la ciència la justificació de les conviccions religioses, mentre eviten respondre qüestions claus sobre Déu: Com va començar a existir un ens d'aquesta magnitud? Com es comunica? On viu?

Mònica López Ferrado, Els científics creuen en Déu?, Ara, 25/12/2010

Nelson Mandela i els perills de la idolatria.

Nelson Mandela
... cuando visité Sudáfrica por primera vez en 1997, me inquietó que Mandela fuera la única figura simbólica en torno a la cual podían comulgar todos los sectores, ricos y pobres, gente de derecha y de izquierda, blancos y negros y un arcoíris de otras tonalidades de piel. Retornando este año para dar una conferencia en su honor, descubrí que esta reverencia se había convertido en algo aún más exaltado: se lo trata hoy como un santo. Aunque es cierto que Mandela fue indispensable para instaurar un Gobierno más justo en su país y cierto también que sigue siendo el pegalotodo que aglutina y hermana las facciones de una nación turbulenta y dividida, consideré que tal culto era peligroso, colocando sobre sus hombros una carga de responsabilidad imposible de sobrellevar e impidiendo a su pueblo discutir seriamente cómo vivir en un mundo donde ya no contaremos con su presencia.

Resulta que nada menos que Mandela mismo comparte mi recelo. En la página final de su nuevo libro, Conversaciones conmigo mismo -sin duda el último que este anciano de 92 años publicará bajo su nombre- ese viene a ser su mensaje postrero: "Algo que me preocupaba profundamente en la prisión era la falsa imagen que involuntariamente proyectaba al mundo exterior: que se me viera como un santo". Y concluye: "Nunca fui nada parecido, aun sobre la base de la definición terráquea de que un santo es un pecador que siempre sigue tratando de superarse". (...)

Hay un aspecto aún más notable de estas cartas desde el presidio. Mientras las hojeamos, podemos adivinar de qué modo astuto Mandela tomó en cuenta la vigilancia de los censores que escudriñaron y obstruyeron su correo. También le está escribiendo subrepticiamente a ellos: casi se puede discernir su certeza de que él es capaz de turbar a esos guardianes con palabras que evidencian la crueldad absurda con que tratan a los reclusos, la confianza de que esos centinelas pueden ser educados. Aunque, de hecho, también se está educando a sí mismo, preparándose para la tarea de sobrepasar el abismo racial y la división de clases sociales que amenazaba con destruir a Sudáfrica.

Tal vez por eso encuentra tan alienante y desacertado que se lo considere un santo. No fue debido a su separación de sus semejantes, su lejanía de la maldad, su distancia de los desalientos de una humanidad vulnerable, que pudo prevalecer. Por el contrario, fue zambulléndose en lo que era negativo en su propio interior y en el doliente mundo que lo rodeaba, fue así que pudo transformarse en el hombre que terminó siendo Nelson Mandela. ¿Cómo llevar a cabo esta hazaña? Hay una palabra suya que retorna una y otra vez: integridad. Su propia integridad y su convicción de que esa entereza existe en todos los seres humanos, por mucho que esté escondida bajo una costra de miedo e intolerancia. La fe de Mandela de que si se apela a los mejores instintos de hombres y mujeres, ellos sabrán, en definitiva, responder. Pero solo lo podrán hacer si comprenden que quien les exige una mejor humanidad compartida no ha traicionado los valores más generosos de la especie, el deseo de un mundo más justo y compasivo.

diumenge, 26 de desembre de 2010

"Lo emblemático"



Las personas fantasiosas e indolentes que nos dedicamos a oficios poco prácticos tendemos a mirar con un respeto atemorizado a cualquier experto en manejar números, a cualquiera que hable con aplomo sobre economía o al que veamos desenvolverse enérgicamente en el mundo real. Nos amedrentan, pero en el fondo los consideramos nuestros reality instructors, por usar una expresión muy querida a Saul Bellow. En estos años pasados que ahora vamos viendo como un extraño delirio del que no sabemos bien cómo despertar tuve ocasión de tratar brevemente a unos cuantos de ellos. En Nueva York un ejecutivo de Merrill Lynch que era responsable de los negocios con América Latina y España me invitó una vez a comer en uno de los pisos más altos del rascacielos donde estaba su sede. Después de un vestíbulo de muros de cristal y extensiones de mármoles en las que se perdían a lo lejos las figuras humanas fui conducido hasta el ascensor exclusivo de los altos cargos, una especie de cohete silencioso que tardaba unos segundos en llegar a las últimas plantas y dejaba el estómago revuelto y los oídos zumbando. Se abrieron las puertas y todo era quietud e inmensidad, alfombras, señoritas con tacones altos y trajes ceñidos de chaqueta, una vista que cortaba el aliento de la desembocadura del Hudson, Ellis Island, la estatua de la Libertad.

Yo me decía, con apocamiento español, comprobando nerviosamente en los espejos el nudo de mi corbata, mirando mis zapatos sin brillo y mucho más usados que los de cualquiera de aquellos financieros enigmáticos: "Esto es el mundo real. Esta gente se ha hecho dueña de él porque sabe manejarlo". Menos de dos años después aquel directivo que hablaba tan ponderadamente ahuecando la voz había desaparecido y Merrill Lynch había dejado de existir. Cada día uno tiene que acordarse de las palabras de Marx casi al principio del Manifiesto Comunista: "Todo lo que era sólido se desvanece en el aire". Nadie parecía más sólido, aunque de cerca fuera menudo y lleno de tics nerviosos, que aquel magnate de la construcción al que me presentó por entonces la directora de un museo, asegurándome que no nos costaría nada convencerlo para que nos patrocinara algunas exposiciones. Adelantaba mucho la mano cuando iba a estrecharla y la apretaba muy fuerte, pero apartaba enseguida los ojos, como urgido por el instinto de revisar a cada momento todo lo que sucedía a su alrededor. Me fijé en que decía mucho las palabras "temita" y "emblemático": acababa de concluir un temita de chalets en Levante: "Mil chalets, con un beneficio mínimo, en limpio, de un millón de pesetas cada uno, mil millones"; aspiraba a construir algunos rascacielos emblemáticos: "Ya tenemos apalabrado el proyecto de un rascacielos emblemático en Nueva York", "Queremos construir rascacielos emblemáticos en Los Ángeles y en Shanghái". Me dijo que acababa de comprar un palacete emblemático en la Castellana, que sería la sede de su fundación cultural en Madrid; todo estaba pendiente de un temita de permisos municipales.

El valor en Bolsa de su constructora era de no sé cuántos miles de millones de euros: no mucho tiempo después reconocí en el periódico la cara de aquel magnate ilustrando la noticia de que la constructora había quebrado. A los que escribimos nos inquieta siempre la sospecha de que hay algo de espejismo o de falta de sustancia en un trabajo que consiste tan solo en tratar con seres más o menos imaginarios y en levantar edificios hechos solamente de palabras. Pero quizás sea esa dimensión quimérica del oficio la que puede ayudarnos a comprender o explicar este tiempo en el que ya no puede confiarse en la firmeza de nada, en el que todo lo que parecía sólido ha resultado ser mucho más fantasmal que nuestros mundos inventados.

Antonio Muñoz Molina, Todo lo que era sólido, Babelia. El País, 25/12/2010
http://www.elpais.com/articulo/portada/Todo/era/solido/elpepuculbab/20101225elpbabpor_5/Tes?print=1

divendres, 24 de desembre de 2010

nadal 2010

La necessitat de recuperar Dickens.

Falta una Canción de Navidad escrita por un Charles Dickens de hoy. Si juntáramos blogs y artículos y facebookeos y los imprimiéramos, acumularíamos toneladas de papel acerca del tema, pero lo que de verdad necesitamos es un estilete literario y popular para mostrarle al señor Moody's los Tres Fantasmas que, por estas fechas, deberían conmover su alma.

Primer inconveniente: Moody's no es un caballero. Ni un prestamista. Ni un negociante. Ni un acreedor. Ni un ricachón. Ni un chupasangres. Observación: las frases que acabo de escribir podrían conducir a engaño, deduciendo de ellas quienes me leen que Moody's no es todo eso que he mencionado. Es eso, y más. Pero no es -palabra clave de la frase, el artículo que parece indefinido y que define mucho- "un". Es decir, no existe un señor Moody's a quien restregarle por la cara su infecto proceder. Son muchos, son corporaciones, son nebulosas de despachos, de ordenadores, de comportamientos infumables.

Moody's es una agencia calificadora supuestamente al servicio de los inversores y, no menos supuestamente, inversora ella misma (quien quiera que sean quienes participen en el asunto). Su vozarrón agorero señala qué países están a punto de caer (con lo que indica a quienes se forran en dónde y qué pueden comprar barato) y qué países se salvan (ídem de ídem en dónde y qué pueden vender para su beneficio). Nada avisó, en su día, de las hipotecas subprime. Recordémoslo cada vez que abra la boca.

Recordemos que el Monstruo de nuestra Navidad es, pues, el No Señor Moody's. Ah, con qué ansia espero la Canción de Navidad capaz de ponerle los pelos de punta a la Corporación, y de conseguir que le crezca un corazón, o bien de convencerla para que se arroje al Támesis con todas las de su calaña.

Mientras eso ocurre, hagan ustedes lo imposible para ser felices.

Maruja Torres, El Monstruo, El País, 23/12/2010

rotura nadalenca.

Revolta i moderació.

Milan Kundera
Diez años después de que se publicara en Francia La broma, Kundera quiso remachar el clavo con el prefacio que escribió para la novela de su viejo amigo Josef Skvorecky, Mirákl (El milagro):«Mayo del 68 fue una revuelta de jóvenes. La iniciativa de la Primavera de Praga estuvo en manos de adultos, que basaban su acción en su experiencia y su decepción históricas. […] El Mayo francés fue una explosión del lirismo revolucionario. La Primavera de Praga fue la explosión de un escepticismo posrevolucionario. […] El Mayo francés fue radical. Lo que durante muchos años estuvo preparando la explosión de la Primavera de Praga era una revolución popular de los moderados».

Revuelta y moderación: dos palabras que, para los del 68 y para quienes cada diez años festejan y festejarán hasta el fin de los tiempos el aniversario de aquella gran efervescencia inaugural, casan mal. Dos palabras enemigas. Dos palabras que incluso se entregan a una guerra inexpiable. La revuelta es la transgresión, el exceso, la aventura, el riesgo, la ruptura con las costumbres, el desarreglo de todos los sentidos, la voladura de las viejas estructuras, el levantamiento de la vida contra ese gobierno de muertos al que se llama tradición, el impulso prometeico del hombre moderno liberado del yugo celestial, refractario a lo que existe tanto como a la nostalgia por las nieves de antaño y que sólo abre la boca para decir, con André Breton: «Habrá una vez». La moderación, por el contrario, evoca el puchero, las zapatillas junto a la chimenea, el conformismo timorato, el aburguesamiento, el abotargamiento, el allanamiento de la vida, la elección sin gloria del justo medio, el lamentable regreso del hijo pródigo, ya adulto, a las sendas allanadas de la cordura rutinaria y hogareña.

Existe también, no obstante, otro modo de levantar acta de la situación creada por el hecho de abandonar Dios el sitio desde el que había dirigido el mundo, y decir con Montaigne:«Quemar vivo a un hombre es poner un precio muy alto a nuestras conjeturas». La revuelta de los moderados de la que habla Kundera se inscribe en la tradición nacida del traumatismo de las guerras civiles religiosas. Mientras que a la revuelta prometeica le encanta franquear fronteras y proclama que la imaginación no tiene por qué humillarse ante la prosa de los días, la revuelta de los moderados reivindica la finitud. Mientras que la revuelta prometeica combate lo que considera la seria pusilanimidad de la circunspección y de la medida, la revuelta de los moderados le abre un sitio a la imperfección, a lo inacabado, a la incertidumbre, a la falibilidad, en resumen: a lo poco serio e irremediable de todas las convicciones, de todas las conjeturas humanas. La primera, enfática, pretende apresurar el advenimiento del reino humano, es decir, la transferencia al Hombre de los atributos divinos de la omnisciencia y de la omnipotencia. La segunda, irónica, pretende reventar los pellejos denunciando los estragos causados por la pretensión humana de ocupar el lugar que Dios ha dejado vacante. En 1965, en Praga, cuando se publica La broma, está teniendo lugar la revuelta de los moderados. En 1968, Prometeo levanta barricadas en París y, casi medio siglo más tarde, seguimos admirándonos ante la extrema modernidad de sus máximas: «La emancipación del hombre será total o no será»; «No estamos en contra de los viejos sino en contra de lo que los hace viejos»; «Seamos realistas, pidamos lo imposible»; o esta otra, de un laconismo fulgurante: «¡Sobre todo, nada de remordimientos!».

Alain Finkielkraut, Un corazón inteligente, Alianza Editorial, Madrid 2010

dijous, 23 de desembre de 2010

Dues maneres de combatre l´oposició en un règim despòtic:

Los asfixiantes poderes autocráticos que se suceden a lo largo de la historia de las diversas civilizaciones del planeta, fundados siempre en el miedo y la humillación de los seres humanos, inspiraron al gran escritor egipcio Gamal El Guitani las figuras contrapuestas, pero complementarias, de Zayni Barakat, el personaje que da el título a la novela (1), y de Zacarías Ibn Radi, servidores ambos del sultán El Guri. Mientras la "filosofía" de Ibn Radi, regidor de un averno de suplicios y ejecuciones de los sospechosos de desafección al déspota, se resume en su reflexión de cancerbero:

"El cruce del umbral de nuestras puertas debe ser para el prisionero un límite entre dos periodos. Su vida se ha de dividir en dos partes, de tal manera que cuando un individuo salga de aquí, no habrá cambiado de nombre sino de alma"

su colega Zayni preconiza métodos más sutiles que el tormento, como el de la utopía del mundo virtual en el que hoy habitamos:

"Yo ya veo el día en el que el gran jefe de los espías podrá examinar la vida entera de una persona (...) Y, no sólo lo que es visible, sino también sus deseos, sus sueños, sus inclinaciones (...) De manera que podríamos predecir lo que va a hacer un individuo al llegar a la edad adulta (...) ¡Obremos juntos para alcanzar la conversión de la humanidad al espionaje!"

Los archivos del Santo Oficio y de la policía soviética (...) responden a la vez a la brutalidad sin límites de Ibn Radi y al sistema de delación y escrutinio de Zayni. "Si alguien suspiraba de diferente manera que el resto de los vecinos", dice este último, él "se enteraba inmediatamente". En resumen, un ojo omnividente y un oído que todo registra y capta.

(1) Zayni Barakat, Ediciones Libertarias/Prodhuli, Madrid 1993

Quina és la utilitat d´una obra d´art?





L´obra d´art , deia en essència Alain, no figura en la categoria d´allò útil. Si es pertén jutjar el seu valor, hem de preguntar-nos, per tant, no perquè ens pot servir sinó de quins automatismes de pensament ens allibera.

Alain Finkielkraut, Un corazón inteligente, Alianza Editorial, Madrid 2010

"Les civilitzacions són il.lusòries".



Recientemente estaba paseando por los canales de Amsterdam con un par de amigos, inmigrados de Pakistán. Estaban preocupados. El líder del tercer partido más representado en el Parlamento holandés había hecho un llamamiento a prohibir el Corán. La actitud hacia los musulmanes se estaba volviendo tóxica. Una extraña idea pesaba sobre mí al vagar por las cafeterías donde venden marihuana y los escaparates con prostitutas legales: la idea de que Anna Frank, como recordatorio permanente de la intolerancia hecha locura, podría ser el ángel guardián de los musulmanes en Amsterdam. ¡Qué triste que en esta ciudad una minoría religiosa pueda sentir una vez más la necesidad de un ángel guardián!

La desconfianza hacia los musulmanes no tiene lugar sólo en Europa. Este mismo año, en un viaje de Pakistán a Nueva York con mi esposa y mi hija pequeña, tuve mi acostumbrado y prolongado encuentro en el aeropuerto JFK con la versión estadounidense del mismo tema. Enviado a inspección secundaria, rodeado de otras personas con nombres que sonaban a musulmanes, esperé mi turno de ser interrogado. Finalmente llegó y el funcionario que me preguntó cosas como si había estado en México alguna vez o había recibido entrenamiento de combate, escribía lentamente en mi archivo electrónico, en continua expansión. Debido a ello fuimos los últimos pasajeros de nuestro vuelo que recogieron el equipaje, un solitario juego de maletas y un cochecito plegable en la cinta de la zona de llegadas, para entonces parada. Y hasta que salimos de la terminal aérea a la luz del sol, no me dejó de latir el corazón de una manera incongruente con mi condición de visitante con documentos en regla.

Cuando regresamos a Pakistán, la onda de choque de un hombre bomba suicida –el más reciente ataque mortal lanzado por los militantes empeñados en desestabilizar al país– había pasado por la oficina de mi hermana en Lahore. La explosión mató a varias personas en un edificio del Gobierno, pero estuvo bastante lejos de la universidad donde ella da clases como para lastimar a alguien o romper sus ventanas. Empero, sí logró abatir la puerta de su oficina, abriéndola de par en par, como fantasma que saliera al pasillo.

No faltará quien argumente que episodios como estos son indicios del choque de civilizaciones. Pero yo creo que no. Los individuos tienen cosas en común que pasan a través de los países, las religiones y las lenguas; y hay diferencias que dividen a quienes comparten un país, una religión y una lengua. La idea de que nos clasificamos en civilizaciones, en plural, es meramente un mito políticamente conveniente. Tomemos dos civilizaciones hipotéticas, concretamente las de “musulmanes” y “occidentales”. ¿A cuál de ellas pertenecen mis amigos pakistaníes en Amsterdam, o yo mismo? Por ejemplo, ellos son seculares y creen en la igualdad de derechos, sin importar el sexo ni la orientación sexual. Yo, como ciudadano y residente de Pakistán, he pasado 17 años en Estados Unidos, un periodo más largo que la vida de los más de 70 millones de estadounidenses nacidos después del año 1983. (...)

Las civilizaciones son ilusorias. Pero son ilusiones útiles. Nos permiten negar nuestra humanidad común y asignar poder, recursos y derechos de una manera repugnantemente discriminatoria.

Moshsid Hamid, Las civilizaciones de choques, La Vanguardia, 22/12/2010
http://www.lavanguardia.es/20101222/54092295510/las-civilizaciones-de-choques.html

dimecres, 22 de desembre de 2010

Comparar raó i passió ...



Comparar raó i passió és una actitud generalitzada. La primera es considera conscient, reflexiva, deliberada, calculadora i prudent, la segona, inconscient, immediata, capritxosa i cega. La raó és inherentment sociable, encara que només sigui per l'interès propi, s'orienta als altres i és sensible als seus interessos. La passió és insociable, hipnotitzada pel seu propi desig, no només es despreocupa, sinó que ignora els desitjos dels altres. La passió és el principal motor de l'acció humana, reclama implacablement satisfacció darrere de totes les coses, mentre que la raó és el poder modelador i controlador que els éssers humans poden exercir sobre ells mateixos. La vida social es basa en un equilibri precari i en les concessions mútues.

Aquesta opinió ja no ofereix una explicació convincent de l'experiència contemporània diària. I això és així no només perquè avui és necessària una visió més realista, una que inclogui tant el factor positiu, constructiu, de la passió, com els efectes perjudicials de l´arrelada sobrevaloració de la raó en la tradició occidental . Tampoc es tracta exactament de desenvolupar definicions més matisades dels termes clau. I per descomptat, ja no és possible mantenir el relat de la raó o la passió com a formes de ser internament coherents i mútuament exclusives. A principis del segle XX, la raó, en la seva forma aparentment més pura i més sistemàtica dins de les ciències naturals, va posar en evidència contradiccions i paradoxes irresolubles. I per la mateixa època, la passió va adoptar el desconegut disfressa de la letargia i la fatiga. La raó es va tornar irracional, la passió, serena. És més, el persuasiu poder de la raó era en si sempre apassionat, i així ho reconeixien els filòsofs moderns, des de Descartes fins a Husserl. La mateixa noció de la certesa manifesta racional depèn tant de la impenetrable foscor d'un subjecte viu com de la transparència dels conceptes abstractes. Com afirma eloqüentment Pascal, "el cor té raons que la raó no entén". I de la mateixa manera, com Freud va demostrar meravellosament, les passions raonen en nom i s'orienten en l'experiència amb astúcia hermenèutica en comptes d'amb força mecànica. És a dir, la raó i la passió, allunyades en el moment de l'alta modernitat, recuperen la seva fluïdesa barroca, es fusionen i barregen. El resultat és que la raó deixa de ser fidedigna i la passió adquireix dignitat.

Harvie Ferguson, La pasíón agotada. Estilos de vida contemporánea, Katz Editores-CCCB, Madrid-Barna 2010

Control social

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dimarts, 21 de desembre de 2010

L´actualitat de La Boétie.


La Boétie
Cómo es que ha mudado en sumisión esa rebelión de las masas que dio título al libro más famoso de Ortega y Gasset, publicado hace 80 años? Lo ocurrido en los últimos tiempos parece confirmarlo otorgando actualidad a otro libro bastante más antiguo: Discurso sobre la servidumbre voluntaria, de La Boétie.

En contra de lo que preveía nuestro insigne filósofo, no es esa “casta de hombres-masa-rebeldes” la que pone hoy en peligro los logros de la civilización. Como tampoco es el “advenimiento de las masas al pleno poderío social” la que acarrea la degradación cultural en curso. Frente al elitismo culturalista que asociaba la regresión a los fenómenos de masificación y empoderamiento de las masas, esta regresión viene asociada hoy al comportamiento de las propias elites político-empresariales y de las relaciones de dominación imperantes. Son estas elites, que deciden y hacen los grandes negocios de espaldas a la mayoría, las que orientan el panem circensis de la llamada sociedad de consumo y la selección social de las ideas acorde con sus intereses. Con la ventaja de que los productos culturales y de ocio, unidos a los artefactos de la sociedad de consumo, no sólo entretienen y adormecen a la gente, sino que espolean sus deseos y afanes de lucro y, con ello, ese individualismo insolidario asociado a una ideología económica servil al ciego instinto de promoción competitiva.

El predominio sobre lo político del actual discurso económico reduccionista, que aniquila la posibilidad de reconsiderar las metas de la sociedad y, por ende, de cambiarla, remata el desarme ideológico orientado a perpetuar el statu quo capitalista. En suma, que el gran engaño de nuestro tiempo estriba en hacer creer que las democracias de hoy día trabajan en favor de una sociedad de individuos libres e iguales, cuando de hecho promueven valores y relaciones sociales que arrojan el resultado contrario. Son precisamente los valores mezquinos y las relaciones desiguales y opresivas que imperan los que hacen que el comportamiento servil y el trabajo alienado sean la norma. Es el miedo a perder el empleo, el estatus o a verse discriminado lo que induce normalmente a las personas a someterse y censurarse “por su propio bien”, sin necesidad de represiones explícitas. Estas sólo aparecen cuando las excepciones rompen la regla, cuando los controladores aéreos se rebelan o cuando Wikileaks ilumina las vergüenzas del poder.

José Manuel Naredo, La sumisión de las masas, Público, 21/12/2010

Futbol i els fonaments del goig intel•lectual

El goig intel•lectual per veure jugar a futbol també té el seu punt delicat entre dos extrems distants. El cervell és un òrgan que emergeix en l'evolució per participar en la vital estratègia de supervivència. La seva raó de ser és anticipar la incertesa. De la mateixa manera que el cor necessita sang per funcionar, el cervell necessita una dosi mínima d'incertesa. Si no hi ha prou incertesa de dur a les neurones, si tot és previsible, llavors el cervell s'ofèn per inanició. És com una simfonia d'una sola nota. El cervell no té raó de ser en aquest extrem. Però si la incertesa és excessiva, si res és previsible, llavors el cervell es frustra per incapacitat de resoldre. És com una música totalment aleatòria. Res en ella és anticipar. El cervell tampoc té raó de ser en aquest altre extrem. El goig intel•lectual per la música està en algun punt entre l'ofensa i la frustració del cervell. El goig intel•lectual per veure jugar a aquest Barça s'assembla molt al goig intel•lectual musical. En un bon partit ha d'haver indicis per l'anticipació i episodis per a la sorpresa. Individualment. Col•lectivament. Veure un partit per la televisió retalla en part aquest goig perquè la càmera sol seguir obsessivament la pilota i l'aficionat no té la llibertat per veure, mirar i observar el que la ment li demana en cada moment segons siguin les dosis d'anticipació i sorpresa que li vagi arribant. No obstant això, una bona gravació pot fer visible el que al camp és invisible per ràpid, invisible per lent, invisible per complex, invisible per llunyà, invisible per proper, invisible per opac, invisible per distracció ... És el goig intel•lectual de la segona lectura.

Un club de futbol és una empresa humana i, com tota empresa humana, la seva grandesa depèn dels éssers humans que la integren. Ni més ni menys. Hi ha molt per aprendre, i no només futbol, d'aquest gran Barça. Llarga vida per a ell.

Jorge Wagensberg, Barça: lo trivial y lo fundamental, El País, 16/12/2010
http://www.elpais.com/articulo/deportes/Barca/trivial/fundamental/elpepudep/20101216elpepudep_5/Tes?print=1

Què són els mercats?

Decimos, dicen: los enemigos son los mercados. ¿Qué mercados? ¿Dónde están? ¿Por qué son nuestros enemigos y nos atacan? ¿Qué podría detenerlos o disuadirlos? Preguntas todas carentes de toda pertinencia.

Lo característico del mercado es su abstracción. Pero además, lo capital del mercado, es su abstracción central y gradualmente global. Los mercados pueden ser nuestros enemigos pero o también pueden transformarse en amigos y permitirnos prosperar. La naturaleza del mercado, siendo en apariencia tan abstracta, pertenece al orden de lo inefable y a lo inasible y a lo fatal. También, efectivamente, forma parte de lo inexplicable de este mundo porque de otro modo, siendo parte del pensamiento lógico, podría establecerse negociaciones, diálogos para hacerle entrar en razón.

Sin embargo, la razón que nos hiere o nos mata a través de su conducta bárbara forma parte de su organismo excéntrico. Los mercados enloquecen y los mercados nos hacen libres. Nos esclavizan en sentido moral pero nos hacen libres en sentido político, nos destruyen en sentido humano pero nos construyen en sentido económico. O nos destruyen en todos los aspectos igualmente que nos edifican sin pausa.

Lo característico, en fin, del mercado es su aparente independencia, su dura autonomía su implacable sinrazón. Gracias precisamente a esta sinrazón de primer grado, inflexible, creemos en ellos. Los odiamos o los amamos sin saber qué amamos o no pero siendo su efecto tan terrible como la mano de Dios los tememos. Los tememos y contiguamente los respetamos. Son nuestros enemigos pero no conocemos dónde se encuentran con exactitud y para neutralizarlos no podemos hacerlos parar. Operan, de hecho, como si no existieran puesto que nadie conoce la fórmula para delimitarlos y, a continuación, desintegrarlos. Nadie conoce su paradero mortal que como un ser inmortal se halla por todas partes y en ninguna. Pero no conocer su paradero les permite seguir funcionando con la mayor libertad y dentro de ella hacernos sentir libres. Moribundo pero liberados. Esclavos pero manumitidos, pervertidos moralmente pero inducidos a compartir el pan y la sal.

La paradoja de los mercados, buenos y malos al mismo tiempo, explotadores y liberadores, verdaderos y falsos, productores y especuladores, es que convierten su neta identidad en transparencia y su presencia en una ausencia. Actúan desde lo invisible para hacerse sentir y desaparecen en lo invisible tal y como si no necesitaran lugar alguno donde asentarse. La ausencia del mercado sería nuestra perdición y, paradójicamente su crónica ausencia garantiza su perduración.

Vicente Verdú, Los mercados, El boomeran(g), 21/12/2010
http://www.elboomeran.com/blog/11/blog-de-vicente-verdu/

Conseqüències de pensar al costat d´una estufa.


A l´hivern del 1619, mentre es trobava a Alemanya, al costat d´una estufa, sense ningú amb qui conversar i amb molt temps per pensar, se li va ocórrer el mètode que el trauria del dubte. Fruit d´aquest mètode és la frase famosa. De manera sintètica el procés mental de Descartes va anar més o menys així: molt bé, suposem que dubto de tot, fins i tot que jo existeixi i també que existeixi aquesta estufa que m´escalfa o aquest paper sobre el qual estic escrivint. Dubto perquè els sentits m´enganyen, perquè els savis i els filòsofs no es posen d´acord en el que diuen, dubto i no tinc cap certesa. però hi ha un fet del qual no puc dubtar: que ara penso que dubto de tot. O sigui no puc dubtar que penso que dubto. Un joc de paraules elegant però coherent. Si no pensés no podria dubtar de si penso o no. O sigui, si penso vol dir que ja tinc una certesa: el meu pensament existeix. I aquesta certesa, la del meu pensament, és una veritat que, diu Descartes, "ni les més extravagants suposicions dels escèptics poden contradir". Aquest és el sentit del "cogito, ergo sum": el meu pensament existeix i jo sóc pensament. Descartes amb la sentència dóna prioritat al pensament enfront del món exterior, la realitat. La persona humana és, fonamentalment una "substància que pensa". I la realitat serà allò que el meu pensament decideixi. Aquesta última frase ens pot fer caure en un solipsisme absolut. Si dubtem que existeix el món exterior i necessitem la confirmació racional per saber-ho, podria passar que el món no existís?

Manuel Güell i Josep Muñoz, Només sé que no sé res, Ariel, Barna 1996
https://sites.google.com/site/cavernicoles/el-dubte-i-el-cogito

Identitat individual i col•lectiva en el futbol.

En qualsevol col•lectiu, com el blaugrana, coexisteixen dues identitats diferents: la individual dels individus i la col•lectiva de l'equip. En el fons es tracta d'una profunda qüestió de la psicologia, l'etologia i la sociologia: aconseguir l'harmonia entre les identitats individuals (cadascú amb la seva) i una identitat col•lectiva (una comuna per a tots). És tan tràgic que la identitat col•lectiva sigui feble per defecte de cohesió entre els individus (en aquest cas l'individu es diu asocial i va perdut i indefens per la incertesa) com tràgic és que la identitat col•lectiva aixafeu la identitat individual per una excessiva cohesió social que l'individu no pot suportar. La qüestió és delicadíssima per una raó: només hi ha una situació d'harmonia entre infinites que no ho són. Localitzar i tenir cura és punt fràgil i màgic, crucial per a la convivència de jugadors dins d'un equip. Aquesta qüestió podria anomenar la qüestió de sobreconvivència. És la qüestió fonamental en un superorganisme d'organismes. Brillants jugadors com Ronaldinho, Eto'o i Ibrahimovic no assimilar del tot bé aquest detall essencial. La història de la humanitat també es comprèn en aquesta clau: individus anul•lats per col•lectius massa rígids o desorientats per col•lectius massa fluixos. La bona harmonia entre els individus i les seves lectius en la sobreconvivència política està en algun punt fràgil i delicat entre l'anarquia i el totalitarisme.

Com aconsegueix aquest Barça la seva harmonia entre la identitat de cada jugador i la identitat de l'equip? Això s'aconsegueix ¡amb un líder! Un líder no és qui redueix les hores de conversa o qui parla abans d'escoltar. No és qui té habilitat per dosificar el premi i el càstig. No és qui malbarata lleialtat que ningú li exigeix (cap amunt) i que exigeix lleialtat que ningú dóna de per si (cap avall). Un líder no és qui espanta (preferentment cap avall) i qui adula (preferentment cap amunt). No és qui amenaça i racionalització informació privilegiada. Un líder ho és segons sigui la seva saviesa. Un líder és el que aconsegueix que les persones actuen amb la convicció del que ha comprès. Un líder és, senzillament, de qui s'aprèn. Qui és un líder? Per exemple, Pep Guardiola.

Hi ha una altra identitat col•lectiva: la de l'afició. Comprendre és buscar i trobar el comú entre el que és diferent. Comprendre a l'afició del Barça comença per preguntar què tenen en comú els aficionats del Barça? A punt la més important: el goig intel•lectual per veure'l jugar.

Jorge Wagensberg, Barça: lo trivial y lo fundamental, El País, 16/12/2010

http://www.elpais.com/articulo/deportes/Barca/trivial/fundamental/elpepudep/20101216elpepudep_5/Tes?print=1

Deriva decisionista.


El empeño del Gobierno de Zapatero por utilizar fórmulas jurídicas excepcionales de forma prolongada comienza a preocupar. Al menos a quienes defendemos una aproximación liberal kelseniana a los problemas políticos y seguimos pensado que el poder debe estar siempre limitado y reglado, controlado escrupulosamente por la legalidad que emana del legislativo de la nación. Por eso, son cada vez más las voces que expresan su malestar ante una deriva arbitraria que degrada la vigencia institucional de los principios formales nacidos de la deliberación legal para potenciar aquello que Carl Schmitt definía como la "decisión pura, que no razona, ni discute, ni se justifica". Una decisión basada en el argumento inapelable de la seguridad y que invoca un Gobierno que no duda en erigirse en el único y supremo guardián del orden, pues, como decía su portavoz al justificar la prórroga del estado de alarma: "No son tiempos de palabras, señorías, sino de seguridades".

José María Lassalle, El guardián de la normalidad, El País, 20/12/2010
http://www.elpais.com/articulo/opinion/guardian/normalidad/elpepiopi/20101220elpepiopi_4/Tes?print=1

dilluns, 20 de desembre de 2010

Confidencialitat amenaçada.

Mark Zurckerberg
Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, ha sido nombrado Persona del Año por la revista Time. Mientras, Julian Assange, el jefe de Wikileaks, encabezó la encuesta asociada de los lectores. Una cierta arrogancia y elevadas dotes para la codificación no son los únicos paralelismos entre los dos. Ambos también lideran el ataque tecnológico a la privacidad. Sus organizaciones tienen diferencias evidentes en magnitud y propósitos. Facebook tiene más de 500 millones de usuarios y es rentable. Su objetivo es dar a la gente "el poder de compartir". Wikileaks es una pequeña organización sin ánimo de lucro que cree en "revelar las injusticias ocultas y censuradas". Pero las dos organizaciones comparten la devoción por la idea de que cuantas más cosas se hagan públicas, más se beneficia la sociedad.

El intercambio de información personal que permite Facebook facilita mantener el contacto con amigos que viven en el extranjero o encontrar colegas apicultores en Brooklyn. Wikileaks, por el contrario, fomenta explícitamente las "filtraciones" de importancia ética, política e histórica y, como se ha podido apreciar, incluso los secretos de Estado, con la esperanza de reducir la corrupción y aumentar la responsabilidad política.

Saber si tanto Facebook como Wikileaks estarán a la altura de las esperanzas divergentes pero similarmente idealistas de sus líderes es cuestionable. Las actualizaciones de estatus adicionales pueden acercar a los amigos o puede que solo les irrite y el intercambio de datos personales en Internet puede revelar más de lo que es recomendable. Asimismo, el hecho de hacer públicos los informes de las Embajadas puede arrojar una luz desinfectante sobre el papel de un Gobierno en los acuerdos turbios o puede minar los esfuerzos para prevenir conflictos perjudiciales y poner en peligro a los agentes secretos.

Julian Assange
Ambas organizaciones están adquiriendo categoría y por eso son líderes, como ponen de manifiesto las elecciones de Time. Sin embargo, esta puede ser su época dorada. La tecnología hace que sea mucho más difícil mantener las cosas ocultas o silenciarlas una vez que se han hecho públicas. Pero es probable que el coste de sacar a la luz cuestiones antes privadas sea cada vez más evidente. Es probable que incluso Zuckerberg, que parece relativamente inofensivo y que controla ahora una enorme cantidad de información personal, se enfrente a las exigencias de una mayor responsabilidad por parte de los usuarios de Facebook. Assange, por su parte, ha optado por provocar a los Gobiernos y a las grandes empresas.

Pero tanto Facebook como Wikileaks están a la vanguardia de la explotación del poder de Internet para recopilar y difundir información que antes era confidencial. Cualesquiera que sean las restricciones que se impongan a cada modelo, el genio está fuera de la lámpara. La privacidad ya es la Persona del Año Pasado.

Robert Cyran, No es un acontecimiento aislado, Negocios. El País, 19/12/2010

Tècnica, complexitat i incertesa.


                                      Chacona de Bach interpretada per Jascha Heifetz

La tècnica és el conjunt d'automatismes capaços d'alliberar l'esperit creador. Els peus, les cames, el pit i altres apèndixs del cos han de pensar per si sols per no robar espai ni temps al cervell. Una cosa molt semblant passa amb un virtuós del violí. Els seus dits han de saber per si sols com han de moure's i on i com han de pressionar les cordes. Els dits de Jascha Heifetz no esperaven ordres detallades del cervell, només una declaració d'intencions. Un violinista no pot sublimar la interpretació de la Chacona de Bach (Partita n º 2 per a violí sol) si ha de concentrar-se en la precisa afinació de cada nota o en el rigor de la freqüència de cada vibrato. Per dir bé aquesta una frase de la Chacona la ment ha de independitzar-se de les mans. En aquest Barça hi ha automatismes individuals i automatismes col•lectius, però el primer no implica el segon. Els automatismes resolts donen pas al coneixement, a la creació d'una jugada amb possibilitat de culminar en gol. És la continuació de la tècnica per altres mitjans.

En un equip hi ha tres conceptes relacionats amb la creació d'una jugada amb pretensions de culminar en gol i els tres tenen el seu significat individual i col•lectiu. El primer és la complexitat, és a dir, la riquesa d'alternatives disponibles per a un jugador o un equip com a solució davant d'una situació determinada. Un jugador amb un sol regat es fa massa previsible per molt que domini la pilota. El mateix passa amb un equip poc complex. El segon concepte és la incertesa que no és altra cosa que la complexitat del rival. I el tercer concepte és un concepte mixt: la capacitat d'anticipació (d'un individu o d'un equip) respecte del joc contrari. (...)

Aquest Barça té una complexitat col•lectiva que procedeix d'anys d'història compartida pels seus jugadors a La Masia. La història comuna es forja aprenent els uns dels altres, els deixebles dels mestres i d'altres deixebles i els mestres d'altres mestres i dels deixebles. Johan Cruyff evoluciona des Rinus Michels i revoluciona; Frank Rijkaard evoluciona des de Cruyff i revoluciona; Josep Guardiola evoluciona des de Cruyff i Rijkaard i revoluciona ... Un jugador del planter debuta al primer equip amb la intel•ligència col•lectiva prèviament adquirida i forn a foc lent. Per això, un equip del filial pot saltar a la gespa, desplegar el joc marca de la casa i dedicar-se a provar innovacions com davant el Rubin.

No val copiar el resultat sense copiar el mètode. No es pot copiar el Barça sense copiar la seva història. No es pot copiar el joc del Barça comprimint dècades en mesos. Anys de ullada, de beques, d'educació i de mim no es reemplacen per fitxatges apressats entre l'onatge del mercat. No hi ha bons museus madurats en menys de 20 anys. Com tot bon coneixement, aquest Barça s'aixeca sobre una escola i una acadèmia que vetllen per la seva identitat i la actualitzen.

Jorge Wagensberg, Barça: lo trivial y lo fundamental, El País, 16/12/2010