divendres, 28 d’abril de 2017

Cervell, perill i errors.





Estamos hablando de una exitosa estrategia de supervivencia en la naturaleza. Eso no evita, sin embargo, que para el humano moderno pueda tener consecuencias muy perjudiciales. La respuesta de lucha o huida implica numerosos procesos físicos reales y muy exigentes para nuestro organismo, cuyos efectos no se disipan de inmediato en el momento que la percepción de amenaza desaparece. La adrenalina tarda un rato en retirarse del torrente sanguíneo hasta recuperar sus niveles normales, por ejemplo. (…) Podemos soportar toda la tensión y la preparación previa requerida para una respuesta de lucha y huida para, acto seguido, darnos cuenta de que no hacía falta. Pero eso no impide que continuemos teniendo durante un buen rato los músculos tensos, el ritmo cardíaco acelerado, etcétera, y el hecho de que no demos salida a esa tensión arrancando a correr como desesperados o forcejeando enérgicamente con un intruso puede provocarnos calambres, agarrotamientos musculares, temblores y otras muchas consecuencias desagradables de una acumulación excesiva de tensión.

Y no podemos olvidar el acrecentamiento de la sensación emocional. Alguien que ha sido preparado por su propio organismo para estar aterrado o irritado no puede desactivar ese estado al instante, por lo que, a menudo, termina descargándolo en destinatarios mucho menos merecedores de semejante reacción. Dígale, si no, a una persona que esté sumamente tensa que se “relaje” y verá qué pasa. (49)

El hecho de que el cerebro esté tan adaptado a detectar peligros y amenazas y a centrar la atención en ellos entraña problemas potencialmente crecientes para nosotros. Para empezar, el cerebro puede tomar nota de la situación presente y volverse más atento al peligro. Así, si nos encontramos en un dormitorio a oscuras, el cerebro adquiere conciencia de que no podemos ver y se adapta para percibir cualquier ruido sospechoso, Y como sabemos que, de noche, normalmente reina el silencio, cualquier sonido que oigamos en ese momento recibe mucha atención y tiene muchas más probabilidades de activar nuestros sistemas de alarma. Además, la complejidad de nuestro cerebro hace que los humanos actuales dispongamos de la capacidad de prever, racionalizar e imaginar, lo que nos permite asustarnos de cosas que no han sucedido aún o que ni siquiera están ahí, como la bata de estar por casa transformada en asesino del hacha.

El cerebro cuando no se dedica a supervisar (y, a menudo, a perturbar) el funcionamiento de los procesos fundamentales que necesitamos para mantenernos con vida, nuestros cerebros conscientes son excepcionalmente buenos imaginando fuentes potenciales de daño para nosotros. Y ni siquiera tiene por qué ser un daño físico: puede tratarse de perjuicios intangibles como la vergüenza o la tristeza, es decir, cosas que son inocuas desde el punto de vista físico, pero que realmente preferiríamos ahorrarnos, por lo que la mera posibilidad de que las sintamos es suficiente para disparar en nosotros una respuesta de lucha o huida. (50)

Dean Burnett, El cerebro idiota, Editorial Planeta 2016

Cybermedecina.




Imaginemos un paciente amnésico. Una lesión o una enfermedad impiden a su cerebro recuperar los recuerdos del pasado (amnesia retrógrada) o incluso formar nuevas memorias del presente (amnesia anterógrada). Una interfaz mente/máquina lo bastante avanzada podría conectar su malogrado cerebro a un dispositivo de memoria externo. La máquina formaría las nuevas memorias y las dejaría a su disposición en el futuro, como está haciendo mi ordenador mientras escribo esto. Y si esto funciona en pacientes, ¿por qué no los vamos a usar los demás para insertarnos la Wikipedia dentro del cráneo?

Javier Sampedro, Neuralink, El País 27/04/2017
http://linkis.com/elpais.com/elpais/20/Aa9QO

Drets per a les AI?




Si en el afán de que los robots entiendan y aprendan, de pronto adquieren consciencia (la famosa singularidad), ¿les reconoceremos algún derecho? ¿Tener derechos le haría sentido a una inteligencia artificial? Los detractores afirman que no, porque un derecho se refiere al goce de algo (la vida o la salud, por ejemplo) cuya privación causa sufrimiento o tensión. Dado que una A.I. no tiene la capacidad de sufrir ni disfrutar, no tiene sentido reconocerles derecho alguno. También están quienes exploran la posibilidad de los derechos post-humanos para las A.I. ¿Será posible programar el goce o el sufrimiento, o esperamos que surjan espontáneamente, con la tan esperada y a la vez temida consciencia robótica? Si eso pudiera programarse, ¿qué hay de la dignidad, elemento toral de los derechos humanos? ¿También la vamos a programar?

Ana Paula Rumualdo, ¿Quién se hará responsable de los errores de nuestros robots?, Letras Libres 26/04/2017

dijous, 27 d’abril de 2017

Àngels i robots (Jordi Pigem).


by Picasso
Jo utilitzo àngels en sentit metafòric. Totes les tradicions diuen que l'ésser humà pot ser àngel o bèstia. I, avui en dia, el que associem a la brutalitat són els robots. Robots militars, robots que desplacen els humans... Pel que fa als àngels, tot i que vinc del món de la ciència, cada vegada més constato que hi ha fenòmens de la vida personal i col·lectiva que no es poden reduir a la noció de suma d'individu, més individu, més individu. I, per tant, jo deixaria la porta oberta a reconèixer l'existència de realitats intangibles que, d'altra banda, totes les tradicions de la humanitat han inclòs en la seva visió del món.

Hem passat a tenir menys capacitat d'atenció que un peixet de peixera: vuit segons contra nou. Sí, crec que pot passar que els humans acabem sent més ximples que els robots. Cada vegada estem més tancats en la nostra pantalla. I a vegades hi ha coses enriquidores, però em sembla que la major part de cops el que hi ha és una fugida de l'avorriment i del buit existencial.

Àlex Gutiérrez, entrevista a Jordi Pigem: "Algunes qualitats que s'atribuïen a Déu estan representades ara als mòbils", Ara 27/0472017

intolerància (diccionari Bauman).


El Roto
La heterogeneidad cultural se está convirtiendo a marchas forzadas en rasgo inamovible y ciertamente endémico del modo urbano de cohabitación humana, pero la toma de conciencia de esta perspectiva no resulta fácil, y la primera respuesta siempre es de negación, o bien de rechazo firme, enfático y belicoso.

La intolerancia, sugiere Eco, precede a cualquier doctrina. En este sentido la intolerancia tiene raíces biológicas, se manifiesta entre los animales en forma de territorialidad y se basa en reacciones emocionales que son a menudo superficiales: no podemos soportar a quienes son distintos de nosotros, porque tienen la piel de un color distinto; porque hablan un idioma que no entendemos; porque comen ranas, perros, monos, cerdos o ajo; porque se tatúan... (...) 

Seguimos contando con unos instrumentos diseñados en el pasado para promover la autonomía, la independencia y la soberanía, cuando lo que necesitamos es hacer frente (¡una tarea imposible en sí misma!) a los dolores de cabeza surgidos de la situación ya presente de interdependencia, erosión y disolución de la autonomía y la soberanía territoriales. (...)

Se pueden concebir muchas formas legítimas, aunque condensadas y simplificadas, de recapitular la historia de la humanidad; una de ellas es la crónica de la extensión a veces gradual y a veces abrupta del «nosotros», empezando por las hordas de cazadores-recolectores (que, de acuerdo con los paleontólogos, no pudieron haber incluido a más de 150 miembros), pasando por las «totalidades imaginadas» de las tribus y los imperios, y hasta llegar a las naciones-Estado o «súper-Estados» contemporáneos, con sus federaciones o coaliciones. Ninguna de las formaciones políticas existentes, sin embargo, alcanza un estándar genuinamente «cosmopolita»; todas ellas ponen un «nosotros» frente a un «ellos». Cada miembro de esa oposición combina una función unificadora o integrante con otra divisoria o separadora; ciertamente, cada uno puede llevar a cabo una de esas dos funciones asignadas, a base y por medio de desentenderse del otro.

Esta división de los humanos entre «nosotros» y «ellos» —su yuxtaposición y antagonismo— ha sido un rasgo inseparable del modo humano de estar-en-el-mundo durante toda la historia de la especie. El «nosotros» y el «ellos» se relacionan entre sí igual que la cara y la cruz, las dos caras de la misma moneda, y una moneda con una sola cara es un oxímoron, una contradicción en sí misma.

Zygmunt Bauman, Síntomas en busca de objeto y nombre, 
El País 26/0472017

Què és el populisme?



El término populismo ha calado en la jerga política con unas connotaciones que quizás compartan, en el fondo, muchos más elementos del sistema.

Miguel Ángel Ortega Lucas, Todos populistas, ctxt 27/04/2017

Gramsci segons Podemos.

Gramsci
Gramsci ha vuelto a la actualidad política española. Más pretextos que buenas razones explican ese retorno. A mitad de los años ochenta del siglo pasado, el filósofo argentino Ernesto Laclau, junto a la politóloga Chantal Mouffe, compusieron una versión “posmoderna” de las categorías de Gramsci. Les sirvió más tarde para remozar el populismo peronista y dar una apariencia teórica al tosco “socialismo bolivariano”. Esa versión la importó Podemos de la mano de Íñigo Errejón, quien no solo consiguió hacer inteligible esa chocante versión, sino convertirla en soporte doctrinal de su formación política y uno de sus recursos de seducción. Una vez más la ingente personalidad de Gramsci estimula una enésima resurrección del interés por el político italiano al precio de hacer decir a Gramsci lo que no dice y aparecer como lo que no es.

Ramón Vargas-Machuca Ortega, El Gramsci de todos, El País 27/04/2017

vegeu més del mateix autor en:

Gramsci según Gramsci, y Gramsci según Podemos, Revista de Libros 14/12/2016

dimecres, 26 d’abril de 2017

Evolució, cervell i emocions.







El sistema nervioso simpático es muy excitable. Sería el agitado amigo paranoico que siempre anda envolviéndose en papel de aluminio y despotricando contra la CIA ante cualquiera que quiera escuchar sus historias. El sistema nervioso simpático es también denominado a menudo “sistema de lucha o huida” porque es el que causa las diversas respuestas que emplea el cuerpo para lidiar con las amenazas. Es el sistema nervioso simpático el que nos dilata las pupilas para que nos entre más luz en los ojos a fin de que podamos divisar mejor los peligros. Es también el que incrementa nuestro ritmo cardiaco y manda la sangre desde las áreas periféricas y los órganos y sistemas no esenciales (incluidos los de la digestión y los de salivación; de ahí que sintamos la boca seca cuando estamos asustados) hacia los músculos para procurar que dispongamos de la máxima energía posible para correr o para combatir (y nos sintamos bastante tensos como consecuencia de ello). (47)

En situaciones de emergencia el sistema nervioso simpático asume el mando y adapta nuestro cuerpo para la lucha o para la huida (literales o metafóricas). La respuesta de lucha o huida dispara también la médula adrenal (situada justo por encima de cada riñón) y riega así nuestro organismo de adrenalina, que propicia a su vez muchas de las reacciones conocidas ante una amenaza: tensión, mariposas en el estómago, respiración agitada para una mayor oxigenación, incluso relajación de los intestinos (porque no nos interesará llevar “peso” innecesario encima cuando arranquemos a correr para salvar la vida).

También aumenta nuestra consciencia, lo que nos vuelve extremadamente sensibles a los peligros potenciales y reduce nuestra capacidad para concentrarnos en todos aquellos temas menores que ocupaban nuestra atención antes de que acaeciera el hecho temible. He ahí la consecuencia tanto del hecho de que el cerebro esté siempre alerta ante el peligro como de que la adrenalina comience a afectarlo de pronto y potencie ciertas formas de actividad limitando otras al mismo tiempo.

El procesamiento cerebral de emociones también pisa entonces el acelerador, sobre todo, porque interviene la amígdala. En el momento de tratar con una amenaza, tenemos que estar motivados para hacerle frente o huir de ella lo antes posible, así que nuestro miedo o nuestra ira crecen muy rápido y muy intensamente, lo que hace que centremos aún más nuestra atención en la amenaza y no perdamos el tiempo con tediosos “razonamientos”.

Cuando nos enfrentamos a una amenaza potencial, tanto el cerebro como el cuerpo entran casi instantáneamente en un estado de conciencia aumentada y de más favorable disposición física para lidiar con ella. Pero el problema de toda esta reacción es su carácter “potencial”. La respuesta de lucha o huida se presenta en nosotros antes de que sepamos con certeza si es realmente necesaria.


Tiene lógica: el humano primitivo que huía de algo que podría ser un tigre tenía más probabilidades de sobrevivir y reproducirse que el que se decía a sí mismo “voy a esperar hasta estar seguro de que lo sea”. El primero de esos dos humanos volvía con la tribu sano y salvo, mientras que el segundo terminaba convertido en desayuno para el gran felino de turno. (47-49)

Dean Burnett, El cerebro idiota, Editorial Planeta, Barcelona 2016

L'Estat i la teoria del contracte social.



El individuo se quiere a sí mismo, quiere ser libre, es ambicioso y teme a la muerte. La combinación de todas estas pulsiones, y la racionalización de las mismas, le obliga a pactar con sus semejantes y a delegar algunos poderes en un poder central que es el poder político. (...)

La justificación del estado, que limita las libertades individuales, pero, al mismo tiempo, las garantiza, es obra de la razón. En efecto, es la razón la que mueve al individuo a salir de un estado, hipotético pero posible, de "guerra de todos contra todos". El estado de guerra -el estado de naturaleza- es una ficción, pero una ficción que se haría real si no existiera la ley de la espada, que obliga a cumplir la ley. (...) Cierto que existen unas leyes naturales, pero son insuficientes para garantizar la seguridad de todos y cada uno. De ahí la necesidad de transferir el poder al estado y "reducir todas las voluntades a una sola". (...)

La teoría del contrato social fue, de hecho, la filosofía que inspiró la constitución de la democracia en América. En especial, el pensamiento de Locke, más optimista y confiado en las capacidades de la naturaleza humana que Hobbes (...). No es ya el peligro y la amenaza latente en los conflictos sociales de regresar a un estado de guerra originario y terrible, sino la convicción racional de que vivimos en un mundo de recursos escasos, en el que es difícil que todos tengan lo imprescindible si no existe el propósito explícito de asegurar los derechos naturales básicos. éstos son el derecho a la vida y el derecho a la propiedad, fruto del trabajo de cada uno. Las leyes protegen esos derechos. El pacto de la sociedad civil tiene como fin garantizarlos. (...)

El contrato social es pura teoría, Hume no se equivoca. Pero ha sido la forma más convincente -más racional, ¿por qué no?- de justificar el poder del estado. Tres siglos después de las primeras teorías del contrato, se vuelve a ellas para legitimar no sólo el poder de un estado, sino un cierto modelo de estado: el estado de bienestar. (...) En definitiva, la idea de un pacto tácito entre los humanos -un pacto que todos subscribirían si fueran capaces de pensar racional y sosegadamente qué ocurriría en el caso de que no lo hicieran- ha sido la única demostración filosófica de que no hay más remedio que ordenar la convivencia porque la vida en solitario no es ni posible, ni saludable, ni buena. (28-3)

Victoria Camps, Introducción a la filosofía política, Crítica, Barcelona 2001

Sobre l'avortament.



Covandoga.- Espe, ¿puedo hablar contigo?
Espelunca.- ¡Claro! ¿Oye, Cova, qué te pasa? No tienes buena cara.
Cova.- Tía, no me viene la regla…
Espe.- ¿Qué? Y… ¿puedes…?
Cova.- Sí… puede que sí, he estado con un chico…
Espe.- Bueno… no te preocupes, es muy difícil… ¿lo has hecho varias veces, sin condón?
Cova.- Sí. Y ahora estoy cagada de miedo.
Espe.- Te entiendo. 
Cova.- ¿¡Qué hago!?
Espe.- Puf, no sé, no tengo ni idea, tendría que pensarlo. ¿Por qué no se lo cuentas a tus padres?
Cova.- ¡No! ¡No!
Espe.- Pero si parecen comprensivos…
Cova.- Sí, pero son muy creyentes. Además, nunca he hablado con ellos de esto… bueno, una vez con mi madre, pero me dio mucho corte, y a ella más. ¿Y si estoy embarazada?
Espe.- No te preocupes, todo tiene alguna solución. En el peor de los casos siempre puedes abortar. Creo que ni tienes que contárselo a tus padres, si crees que puede ser muy chungo.
Cova.- No, no… yo sí que se lo contaría...
Espe.- ¡Claro!: aunque al principio se mosquéen, luego te ayudaríanaena.
Cova.- A lo mejor, pero les hago una buena faena...
Espe.- Sí, bueno, pero estamos hablando de ti, no de ellos. Además, a algunos creyentes no les importa decir una cosa y hacer otra llegado el caso…
Cova.- Lo que pasa es que… yo también he dicho siempre que el aborto es un crimen.
Espe.- Ya…
Cova.- ¿Tú qué crees?
Espe.- Uf, no lo tengo nada claro. Lo que está claro es que para ti, ahora, tener un hijo es el peor negocio, ¿no?
Cova.- ¡Hombre, claro! Pero ¿y si el resto de mi vida me la paso pensando que maté a mi hijo?
Espe.- Te entiendo. Un amigo mío dice que un embrión no es una persona, igual que una bellota no es una encina. Un embrión no piensa, no tiene conciencia. Así que te lo puedes quitar como te quitas una espinilla.
Cova.- ¡Pero es un ser vivo!
Espe.- ¿Y qué? También es un ser vivo el pollo que te vas a comer hoy. Lo importante es si es una persona o no…
Cova.- Y eso ¿quién lo dice? ¡tampoco las personas que están en coma piensan, y siguen siendo personas! Leí una vez que algunas civilizaciones creían que uno no es persona hasta que no se le aceptaba en la sociedad, y se cargaban a los niños bastardos, por ejemplo. ¿Eso no es una barbaridad?
Espe.- Desde luego, por lo menos para mí. Pero yo creo que un feto de unos días o semanas no se parece en nada a un niño, bueno, en muy poco. Se parece más a un ratón.
Cova.- ¿Qué dices? ¡Tiene todos los órganos, aunque poco desarrollados! Además, si le dejas, desde el primer día, se convertirá en un ser humano. ¡Imagínate que te hubiesen abortado a ti, cuando tenías un día en el vientre!
Espe.- Cova, pero también me puedo imaginar que no hubiese nacido porque mis padres hubiesen hecho lo que debías haber hecho tú, o sea, tomar precauciones, cuando te acostaste con…
Cova.- Ha sido… con… Rama, mi amigo indio, el que estuvo en mi casa.
Espe.- Tienes buen gusto. Oye ¿le has dicho a él algo?
Cova.- No, tía, hasta que no lo tenga claro… ¡está en su país! Pero es un chico muy responsable, no sé qué diría… Creo que en su religión son contrarios al aborto, también.
Espe.- Pues eso, lo que te decía, que si se hubiesen puesto condón mis padres, yo no estaría aquí, ¿eso quiere decir que ponerse un condón es asesinar a millones de personas, los espermatozoides y el óvulo?
Cova.- No, claro. ¡Menudo lío! Felisa dice que ella no lo dudaría: abortaría y punto. Yo no sé…
Espe.- No te preocupes, que seguro que es que no estás.
Cova.- Pues tengo otros síntomas, porque llevo dos días o tres que me dan mareos, y me noto… distinta.
Espe.- ¡Jo! La verdad es que estás en un buen lío. Cuenta con mi ayuda en todo lo que necesites. ¿Por qué no vamos al médico? ¿Por qué no se lo dices a tu madre?
Cova.- Sí, creo que voy a hacer eso… a ver si tengo valor. ¡Ahora es una de esas veces que me gustaría oír buenos consejos!




El aborto es uno de los problemas prácticos más debatidos en la ética y la política moderna. La lucha por su despenalización es vista por la mayoría de sus defensores como un factor esencial en la liberación de la mujer mediante el control de su propio cuerpo y de su maternidad, que le ha venido impuesta a lo largo de la tradición. En todos los países occidentales se ha ido caminando progresivamente hacia una cada vez mayor despenalización.


Los contrarios al aborto, a menudo inspirados en religiones (pero no siempre ni necesariamente), argumentan que el aborto no involucra solo a la madre, sino también al hijo. El problema que habría que resolver, dicen, es el de si un feto (o un embrión incluso) es un ser humano o no. Si lo es, parece que su derecho a la vida tendría que ser protegido. Frente a esto, los partidarios de la despenalización del aborto pueden argumentar dos cosas: primero, que es irrazonable considerar persona a un conjunto de células, por más que alguna vez puedan llegar a constituir un auténtico ser humano; segundo, que en cualquier caso no puede ser responsabilidad de la madre gestar a un individuo que ella no desea.


¿Qué pensáis de este polémico tema?

Diálogos en la caverna, El aborto

Guión: Juan Antonio Negrete. Actores: Eva Romero, Laura Casado. Voces: Chus García, Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.



Como si te transformaras en un mutante de la saga X-men, un nuevo dispositivo te permite ver colores que antes no eras capaz de distinguir.

Para ello, el dispositivo es como si te hubiera otorgado un cuarto cono para poseer visión tetracromática: naturalmente, los seres humanos tenemos tres conos que reaccionan a longitudes de onda cortas (azul), medianas (verde) y largas (rojo).

Desarrolladas por un equipo de investigadores de la universidad de Wisconsin-Madison, estas gafas engañan a nuestro ojo para que actúe como si tuviera un cuarto cono.

Sergio Parra, Estas gafas te permiten ser un x-men que percibe colores que no veías, xatakaciencia 25/04/2017

dimarts, 25 d’abril de 2017

El problema del treball (Kathi Weeks).



Hay muchos elementos que nos obligan a trabajar: la necesidad de pagar el alquiler y la comida son las más importantes. Esos argumentos se ven reforzados por todo un acervo cultural e ideológico que presentan el trabajo como la principal obligación del ser humano y como un inapelable requerimiento moral.

Tenemos que cambiar el espacio que ocupa el trabajo asalariado en nuestras vidas y en nuestro imaginario colectivo. No queremos sólo trabajar mejor; queremos trabajar menos. 

El trabajo puede ser importante, la familia también, pero son parte del mismo sistema, y deberíamos pensar en la posibilidad de generar alternativas a estos dos tipos de instituciones. 

Muchos tenemos problemas con el trabajo, bien porque trabajamos mucho o bien porque no podemos encontrar trabajo. Es una oportunidad para hacerse más preguntas sobre el sistema de trabajo asalariado como modelo social de inclusión y de distribución de renta. Porque no solo no funciona para los desempleados, tampoco funciona para mucha gente. 

No creo que el trabajo sea ni el todo ni la esencia de lo que significa ser humano. Podemos entender otras maneras de estar en el mundo y relacionarnos con otros y con el medioambiente, más allá de lo laboral.

Álvaro Guzmán Bastida, entrevista a Kathi Weeks: "El trabajo no es la esencia de los que significa ser humano", ctxt 19/04/2016

La raó dels conflictes interns de l'esquerra (Ignacio Sánchez-Cuenca).



by Mrzyk Moriceau
El mayor idealismo moral de la izquierda explica la frecuencia de sus conflictos internos, de sus rupturas y escisiones.

Ignacio-Sánchez Cuenca, La izquierda 'fisípara' (La "superioridad" de la izquierda), ctxt 25/04/2017

dilluns, 24 d’abril de 2017

Plató i la política.




Platón, a diferencia del escepticismo de los sofistas, quiso atribuir a los hombres la omniscencia y, así, ideó la politeia, la ciudad perfecta. Una organización intachable  donde cada cual tenía su función y todos eran gobernados por los sabios, los aristos, los mejores. La aristocracia siempre ha tenido mejor prensa que la democracia. En teoría, claro: en diseños como la República platónica. Pero el mismo autor del diseño reconoce pronto con tristeza que su república es improbable, un estado "que se halla sólo en las palabras", que no existe en ningún lugar de la Tierra. Si hubiera sabios capaces de llevar a los estados hacia el bien de todos, tal vez sería justo confiárselos a ellos. Pero el desconocimiento es propio de la naturaleza humana y es fácil que la aristocracia, en lugar de ser el gobierno de "los mejores", degenere en la oligarquía o, lo que es peor, en la tiranía: la corrupción de los supuestamente mejores. Cuando escribe su último diálogo, Las leyes, Platón es otro hombre. Al político lo sitúa entre el sofista y el filósofo: no es el sofista que domina el arte de la elocuencia y la utiliza para sus propios fines, convengan o no a la comunidad, ni el filósofo que ama la sabiduría; el político posee un saber que cuenta con el recurso de la ley porque es un saber insuficiente. La legalidad es, en definitiva, lo que de hecho gobierna y procura estabilidad de los estados. Tras la experiencia de varios fracasos políticos, Platón ya no busca un rey ilustrado. Su proyecto político ya no es utópico.

Victoria Camps, Introducción a la filosofía política, Crítica, Barcelona 2001

Sobre la bellesa.



La belleza puede ser consoladora, turbadora, sagrada, profana; puede ser estimulante, atractiva, interesante, escalofriante. Puede afectarnos de un sinfín de formas distintas; sin embargo, nunca nos deja indiferentes: la belleza exige el reconocimiento; nos interpela directamente como la voz de un amigo íntimo. Si hay personas indiferentes a la belleza, sin duda es porque no la perciben.

No obstante, juzgar la belleza es una cuestión de gustos, y puede que el gusto carezca de base racional. Si es así, ¿cómo explicar el lugar de honor que ocupa la belleza en nuestras vidas y por qué nos lamentamos de la desaparición progresiva de la belleza en nuestro mundo, suponiendo que realmente se produzca? ¿Y es cierto, como mantienen tantos escritores y artistas, desde Baudelaire y Nietzsche, que la belleza y el bien son independientes, de modo que una cosa puede ser bella precisamente en cuanto que inmoral?

Además, puesto que la discrepancia es algo propio de los gustos, ¿cómo puede utilizarse el criterio del gusto de una persona para emitir un juicio sobre el gusto de otra? Por ejemplo, ¿cómo podemos afirmar que un tipo de música e superior o inferior a otro cuando los juicios comparativos no son más que un reflejo del gusto de quienes los formulan?

Este relativismo habitual ha llevado a algunas personas a desdeñar los juicios de belleza como algo puramente subjetivo", con el argumento de que no pueden criticarse los gustos porque criticar un gusto no es más que dar expresión a otro; por lo tanto, no cabe aprender ni enseñar nada a lo que se pueda llamar "crítica". (...)

Creo que este escepticismo sobre la belleza no está justificado. Argumento que la belleza es un valor real y universal, arraigado a nuestra naturaleza racional, y que el sentido de la belleza desempeña un papel indispensable en la configuración del mundo de los humanos. No adopto una perspectiva histórica sobre el tema, ni tampoco pretendo dar una explicación psicológica y aún menos evolutiva del sentido de la belleza. Mi punto de vista es filosófico, y las fuentes principales de las que beben mis argumentos son las obras de filósofos. 

Roger Scruton, La belleza, Editorial Elba, Barcelona 2017

Per què la bellesa importa? (Roger Scruton, documental)


¿Por qué la belleza importa? from Mtro. Francisco Soriano on Vimeo.

Justícia i escepticisme (els sofistes).




Definir en qué consiste ese bien que todos los humanos deberían perseguir para vivir correctamente en comunidad ha sido, desde los griegos, el objetivo de la filosofía política. Unos -los sofistas- lo vieron con escepticismo. Era imposible dictaminar un bien común -una justicia- imparcialmente. No hay, en realidad, una esencia de la justicia, y si la hay, la desconocemos. Las leyes, necesarias para el gobierno de la comunidad, descansan en la autoridad de quien las promulga: ésa es su verdad. Así lo proclaman Trasímaco y Gorgias, en disputa con Sócrates en La República platónica. (16)

Victoria Camps, Introducción a la filosofía política, Crítica, Barcelona 2001

Classe obrera i denigració cultural.



La ilustración que he elegido, un poco al azar entre los miles que uno encuentra en la red sobre las figuras y gestos corporales de jóvenes de clase obrera, habla mejor que yo sobre el fenómeno persistente de demonización de la clase obrera que tan inteligentemente ha estudiado Owen Jones. El proceso ha sido doble: por un lado, se ha ido imponiendo la persistente creencia de que las clases han desaparecido bajo un espectro continuo de situaciones económicas; por otro lado, se generaliza la discriminación en forma (poco sutil) de denigración cultural.

Fernando Broncano, Chonis, canis y cultura popular, El laberinto de la identidad 23/04/2017

Memòria olfactiva.




Los olores enriquecen nuestra percepción del mundo. Pero, a pesar de su ubicuidad, conocemos menos la memoria olfativa que la visual y la auditiva.

Andrew Johnson/Andrew Moss, La magdalena de Proust, o por qué somos capaces de recordar los olores de la infancia, El País 23/04/2017
http://elpais.com/elpais/2017/04/12/ciencia/1492013791_451324.html

dissabte, 22 d’abril de 2017

Per què hem dedico a escriure?



... la escritura neutral suele ser mala escritura. La neutralidad no es necesariamente el objetivo que tendría que tener el periodismo. Cuando no me he volcado en un tema, cuando no he sentido casi nada, cuando he hecho solo un encargo, las palabras han muerto en la página. La neutralidad no es lo mismo que la independencia, la imparcialidad, la honestidad. Esas son las cualidades a las que todo escritor debería aspirar. ¿Puedes ser un periodista y coger una pistola y luchar con una milicia? Creo que sí.

George Parker, Lecciones de Orwell, Letras Libres 17/04/2017

Contra la democràcia.



Herodoto, en sus "Historias", condenaba la democracia y sus palabras retumban hasta hoy: "cuando nos insta a poner el poder supremo en manos del pueblo, se aleja del buen camino. Nada más tonto e insolente que una multitud imprudente. Buscando evitar la insolencia de un tirano, se cae bajo la tiranía del pueblo sin frenos. ¿Habrá cosa más insoportable? Cuando el soberano toma una medida, sabe porque lo hace; el pueblo, por el contrario, no utiliza la inteligencia o la razón". Y concluía con modestia: "En cuanto a nosotros, elijamos hombres virtuosos y pongamos el poder en sus manos. Creo que podemos incluirnos a nosotros mismos en ese grupo y, de acuerdo con la lógica, los hombres sensatos e ilustrados sólo pueden dar buenos consejos".

¿Tonterías? No tanto. James Buchanan, Premio Nobel de Economía, explicó en una reunión de la Sociedad del Monte Peregrino, el Olimpo de nuestros neoliberales, que "el mantenimiento de una sociedad libre puede depender de que ciertas decisiones se excluyan del voto de la mayoría", y el gobernador del Banco de Alemania, Hans Tietmeyer, ha asegurado que prefiere el "plebiscito de los mercados" al de las urnas.

Fancisco Louça, El pensamiento mágico, sin permiso 12/04/2017

La retòrica és l'art d'escoltar.




... oír es una parte tan importante de la retórica como hablar, y escuchar no solo es algo que afecte al público sino también al que habla. El filósofo definió la retórica como “el arte de escuchar”. (...)

... ¿qué nos hará falta para redirigir nuestra política hacia el camino de la reconciliación? La humildad para tratar a todos, incluso a los oponentes políticos, como si valiera la pena escucharlos.

El reconocimiento de que el único tipo de lenguaje público que puede unir a una sociedad es uno que combine el respeto por la evidencia y la argumentación racional con la empatía genuina.

La determinación, no para llegar a un acuerdo mutuo sino para interactuar con aquellos que no están de acuerdo con uno y para seguir desarrollando la argumentación sin importar cuánto cueste hasta convencer a tu interlocutor.

La resistencia implacable ante toda forma de censura, oficial o no, y un compromiso para no alentar la intolerancia y el odio de manera clandestina sino confrontarlos y argumentar en su contra en público.

Y, finalmente, el valor para asegurarnos de que los hechos sean escuchados. En gran parte del mundo, los gobiernos y otros poderes fácticos ocultan los hechos reales y promueven su versión alternativa de la realidad. Ahora hay fuerzas poderosas en nuestros propios países que quieren hacer lo mismo.

Pero no se puede reconstruir nada, mucho menos un lenguaje público sano, basándonos en mentiras, medias verdades y teorías de la conspiración. Ha llegado la hora de que todos nosotros defendamos los hechos. Eso incluye a The New York Times y al resto de los medios responsables, pero también a los lectores.

El periodismo que se toma en serio la búsqueda de hechos es caro. Si lo valora, ayude a pagarlo suscribiéndose a un diario o revista, impresos o digitales. Pida a los políticos que ha elegido que consideren y apoyen a los diarios en los que usted confía para conocer la verdad.

Y tenga en cuenta las lecciones de Carlomagno. Enseñe a sus hijos a escuchar, a saber cuándo alguien está tratando de manipularlos, a distinguir los buenos argumentos de los malos, a pelear desde su trinchera con claridad y honestidad. En otras palabras, enséñeles retórica. 

Mark Thompson, El lenguaje de la política, Letras Libres 17/04/2017

El llenguatge importa.




El lenguaje importa. Las palabras no cuestan nada, y cualquier político, periodista o ciudadano de a pie posee una reserva ilimitada de ellas. Sin embargo, hay días en que unas pocas palabras bien elegidas adquieren una importancia crucial, y el orador que las halla decide el curso de los acontecimientos. Con tiempo, los líderes, comentaristas y activistas dotados de empatía y elocuencia pueden emplear las palabras para no solo explotar la opinión pública, sino moldearla. ¿El resultado? Paz, prosperidad, progreso, desigualdad, prejuicios, persecuciones, guerra. El lenguaje importa. 

No se trata de ninguna novedad; por algo hace miles de años que se estudia, enseña y debate el lenguaje y la oratoria. Pero nunca antes se habían distribuido las palabras con tal alcance y con tanta inmediatez. Surcan el espacio virtual con un retraso infinitesimal. Un político puede sembrar una idea en diez millones de mentes antes de bajar del estrado. Una imagen con un autor y un significado compuesto de forma meditada —un avión que se estrella contra un rascacielos, sin ir más lejos— puede llegar a espectadores de todo el mundo con una instantaneidad que ya no conoce límites mecánicos o geográficos. Hubo un tiempo, no demasiado lejano en la historia de la humanidad, en que solo habríamos oído un rumor, o leído una noticia al respecto, días o incluso semanas después. Hoy en día todos somos testigos, parte de un público que observa y escucha en tiempo real. 

Ahora. Está pasando ahora. Lo está diciendo ahora. Estás colgando tu comentario ahora. Estoy respondiendo ahora. Escúchame. Mírame. Ahora.

Vemos nuestra época como la era de la información digital, y lo es, pero a veces olvidamos cuánta de esa información se transmite en un lenguaje humano que realiza la misma función que ha llevado a cabo en todas las sociedades humanas: avisar, asustar, explicar, engañar, enfurecer, inspirar y, sobre todo, convencer. 

Así pues, esta es también la era del lenguaje. Aún más: estamos viviendo una transformación del lenguaje sin precedentes, que todavía no está terminada ni decidida. Y aun así, cuando reflexionamos y debatimos sobre el estado actual de la política y los medios de comunicación —sobre cómo se estudian las políticas y los valores y se toman decisiones -tendemos a mencionarlo solo de pasada, como si nos interesara solo en la medida en que puede ayudarnos a entender otro tema, algo más fundamental. Sostengo que el lenguaje público -el lenguaje que usamos al hablar de política, al argumentar en un tribunal o al intentar convencer a alguien de cualquier tema en un contexto público- merece un estudio detenido en si mismo. La retórica, el estudio de la teoría y la práctica del lenguaje público, antaño se consideraba la reina de las humanidades. En la actualidad languidece en un digno anonimato. Pienso defender su derecho al trono.

Tenemos una ventaja sobre las generaciones anteriores de estudiosos de la retórica. Que se pueden hacer búsquedas electrónicas en los medios de comunicación modernos y que sean indelebles significa que nunca ha sido tan fácil seguir el rastro de la evolución de las palabras y declaraciones concretas con las que se constituye una oratoria particular. Cual epidemólogos tras la pista de un nuevo virus, podemos retroceder en el tiempo y remontar el recorrido de una muestra influyente de lenguaje público empezando por su fase pandémica, cuando está en todas las bocas y pantallas, pasando por su desarrollo, primero tardío y luego temprano, hasta llegar por fin a la singularidad: el momento y lugar precisos en los que fue alumbrada. 

Mark Thompson, Sin palabras. ¿Qué ha pasado con el lenguaje de la política?, Debate, Madrid 2017

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