dimecres, 5 d’abril de 2017

Vulnerabilitat i fraternitat polítiques (Alicia García Ruiz).



En relación con la vulnerabilidad, subrayar las dimensiones y consecuencias contenidas en la noción de cuidado pude ser una ayuda fundamental para dotar a la fraternidad de un contenido político. Afirmar que somos "vulnerables" como una condición universal implica reconocer una fragilidad fundamental en todos nosotros, radicada en nuestra dependencia mutua y que se verifica tanto intra como intergeneracionalmente. Implica reconocer, en pocas palabras, que ningún ser humano se basta a sí mismo. Todos sin excepción, y no solo los afectados por algún tipo de dolencia incapacitante, hemos sido y volveremos a ser dependientes, desde la infancia hasta la vejez. Y, sin embargo, el enfoque estándar de los derechos y el reparto de la riqueza social continúa concibiéndose solo desde las situaciones de plenitud física de sujetos en edad productiva. (...) Todos somos o seremos sujetos, potenciales o efectivos, de las situaciones relacionadas con la perspectiva de la vulnerabilidad.

En esta perspectiva es donde se inscriben las prácticas del cuidado, cuya creciente atención surge históricamente como reacción contra el trasfondo neoliberal de los ochenta, caracterizado por el triunfo de la figura del emprendedor y la absoluta desregulación de los mercados. Se trata, como es sabido, de un periodo de glorificación de la ley del más fuerte y del más adaptado. (...)

Las prácticas del cuidado serán cada vez más relevantes, dada la vulnerabilidad potencial generalizada en todos nosotros y los formidables retos que plantean la demografía y la extensión de la desigualdad. Sin embargo, la respuesta institucional más común frente a su papel crucial en las dinámicas profundas de la reproducción social ha sido el menosprecio, la falta de remuneración y de organización social de estas actividades. Lo que viene podría ser aún peor: tradicionalmente confinadas al ámbito invisible de lo familiar, de su feminización y de su justificación en términos de afectividad o benevolencia, ahora serán además sometidas a un darwinismo social, al sálvese quien pueda y/o tenga medios para pagar el cuidado que precisan sus seres cercanos o él mismo. 

Alicia García Ruiz, Impedir que el mundo se deshaga, Los libros de la catarata, Madrid 2016