dimarts, 30 de novembre de 2010

Educació, família i economia als Estats Units.


... ara que la globalització i la tecnologia fan que els estudis superiors siguin més valuosos que mai i que el preu per no tenir-los sigui més car que mai, els Estats Units han començat a perdre posicions respecte a altres països pel que fa a l´índex d´alumnes que acaben la secundària i els estudis universitaris, i als resultats obtinguts en matemàtiques i pensament crític en proves internacionals.

Com em va dir en una entrevista el secretari d´Educació, Arne Duncan, fa cinquanta anys, si deixaves els estudis trobaves una feina en un escorxador o en una planta siderúrgica i "podies comprar-te una casa i mantenir una família". Avui dia no hi ha feines així per als que deixen els estudis. "Això s´ha acabat -em deia Duncan- i no ens hi hem adaptat." Ara l´abandonament escolar "condemna els joves a la pobresa i el fracàs social". Queden molt pocs llocs de treball que només tenen el títol de secundària, que avui només és útil si prepara de debò per accedir a l´educació superior: l´únic camí per obtenir una feina decent. 

Més enllà de la recessió, aquests tres cops de malasort són una de les principals raons per les quals s´han estancat els sous de les classes mitjanes. Per superar-ho, hem d´obtenir la col.laboració del govern dels EUA i les associacions de pares i mares d´alumnes. Necessitem uns professors i directors de centres que estiguin més ben pagats perquè rendeixin més, però també que siguin valorats per les moltes hores que dediquen als alumnes i a l´ensenyament. Necessitem uns pares millors, disposats a exigir als seus fills uns nivells més alts de rendiment acadèmic. Necessitem uns alumnes millors, disposats a anar a l´escola per aprendre i no per enviar SMS. I per aconseguir tot això necessitem la implicació de tota la societat -des de la Casa Blanca fins a l´aula i la sala d´estar de casa- per promoure una cultura de rendiment i excel.lència.

Si voleu saber quins pares ho fan bé, comenceu pels immigrants, que saben que els estudis són l´ascensor social.

La setmana passada es van fer públics els guanyadors de les beques Rhodes del 2011 per als llicenciats més brillants dels EUA. Vet aquí la meitat dels noms de la llista: Mark Jia, Aakash Shah, Zujaja Tauqeer, Tracy Yang, William Zeng, Daniel lage, Ye Jing Kang, Baltazar Zavala, Esther Uduehi, Prerna Nadathur, Priya Surry, Anna Alekeyeva, Fatima Sabar, Renugan Raidoo, Jennifer Lai i Varum Sivaram.

Veieu què tenen en comú?

Thomas Friedman, Els pares han d´ajudar a tirar endavant l´economia, Ara, 28/11/2010

Canvi climàtic, política i mercat.

En virtud del cambio climático hemos perdido a la meteorología como tema neutral de conversación, una referencia objetiva independiente de nuestro comportamiento, gracias a la cual era posible hablar de algo que nos afectaba pero de lo que nadie era culpable, tan interesante como políticamente aséptico. Todo lo que situamos en el espacio neutro de la fatalidad es un tema formidable para las conversaciones intrascendentes, en las que buscamos un espacio de interés común y, sobre todo, no molestar.

Pero el clima ya no es lo que era. Con el cambio climático la meteorología ha dejado de ser algo inevitable; se puede estar más o menos en contra de él, maldecir a los culpables, lamentar nuestra incapacidad para hacer algo e incluso provocar negando las evidencias, por lo que no sirve para generar un consenso banal. Esto no quiere decir que el clima sea una mera construcción humana ni que podamos hacer con él absolutamente lo que queramos; significa que a partir de ahora se constituye como un ámbito de responsabilidad (y, por tanto, inevitablemente controvertido). Uno está tentado de sentenciar que el avance de la civilización consiste precisamente en que cada vez hay menos cosas fatales e indiscutibles y aumentan las que caen bajo nuestra responsabilidad.

Si el tema no vale ya para generar consensos triviales es debido a su gravedad y complejidad. Hoy el clima es pura política, tal vez el asunto más grave y apasionadamente político de nuestra agenda. De aquí al 2020 -un breve periodo de tiempo, apenas dos o tres legislaturas- pueden decidirse las condiciones de vida de las próximas generaciones. El cambio climático es sin ningún género de dudas el mayor problema de acción colectiva al que el mundo se ha tenido que enfrentar. Por eso se ha podido hablar de una "tragedy of commons" (Garret) y el informe Stern calificaba el cambio climático como "el mayor fracaso del mercado".

El núcleo de la dificultad se podría resumir en la idea de que hemos confiado las soluciones a los mercados y hemos avanzado muy poco en la construcción de acuerdos políticos. ¿Por qué resulta tan necesario avanzar en acuerdos de naturaleza política para enfrentarse a la cuestión del cambio climático? ¿No tenemos ya una serie de procedimientos que han permitido realizar ciertos avances? Efectivamente, hay soluciones de mercado como el comercio de emisiones o la implementación conjunta gracias a las cuales se han obtenido resultados parciales y también es cierto que no se avanzará si se adoptan decisiones contra el mercado. Pero el problema es que hay una dimensión del asunto que el mercado no puede resolver. Los instrumentos del mercado no son apropiados para anticipar los costes medioambientales en el largo plazo. Los costes económicos del cambio climático solo son predecibles en una valoración muy aproximada. Especialmente, los acontecimientos futuros inciertos no se pueden traducir en valoraciones de costes precisas. Esto desmotiva a los actores económicos a tomar encuenta esas previsiones y dificulta el trabajo de las instituciones políticas a la hora de establecer una regulación que pueda ser aceptada por todos.

Es difícil que las negociaciones culminen con un acuerdo a la altura de los desafíos actuales porque somos tributarios de una idea del cambio de los comportamientos mediante la incitación económica. Pero el problema es que el razonamiento económico favorece las actitudes de los llamados "pasajeros clandestinos": se supone que todos comparten los esfuerzos pero el ganador será quien haga menos. Los bienes públicos globales, más que cualquier otro, sufren de lo que se ha venido en llamar free riding. El fracaso de los permisos de emisión negociables es una prueba inquietante de ello. La buena voluntad de los Estados no basta para poner en marcha un sistema de coacciones que se imponga a todos.

Una de las consecuencias de la ideología neoliberal ha sido la de limitar el campo de las opciones políticas posibles, reduciendo la economía del medio ambiente casi exclusivamente a "soluciones de acuerdo con el mercado", a la innovación tecnológica y a la eficiencia energética.

Los límites de este procedimiento tienen que ver con la idea de que los derechos de emisión confieran al emisor precisamente eso, un "derecho" de seguir con sus prácticas dañinas para el medio ambiente, en lugar de promover acuerdos políticos más exigentes, impulsar la transformación del estilo de vida y los hábitos de consumo. No deja de resultar paradójico que se le encargue resolver el problema a las mismas fuerzas del mercado que son responsables de él.

Cuestiones como la del cambio climático deben ser analizadas a la luz de otro marco conceptual y gestionadas con una lógica diferente. Se trata de un bien público de los que calificamos como externos al mercado. Se habla de bienes externos cuando el consumo o la producción de un bien afecta a otro sin que esto sea percibido por el mercado. En tanto que bien público, el clima tiene la propiedad de la no rivalidad (todo el mundo se beneficia de un clima estable), pero no es tan evidente su no exclusividad (se pueden beneficiar quienes no hacen nada por él) y en esa medida no hay ningún aliciente en el mercado para perseguirlo. Todo lo más que tenemos es la débil garantía de que el cambio climático es percibido como un peligro real para el equilibrio a largo plazo de las economías y las sociedades.

Ahora bien, esta advertencia solo se puede realizar y gestionar con una lógica política, concretamente desde una política en la que se ha introducido la perspectiva del largo plazo. Por eso el clima es un bien que no se puede abandonar al mercado y que requiere gobernanza global.
Con la crisis económica este requisito es más evidente. Hace falta más política que mercado y una política menos soberanista. El mundo en el que podían tener algún sentido las prácticas de la soberanía ha cambiado radicalmente en unas pocas décadas. Enfrentarse eficazmente al cambio climático nos exige ir hacia un mundo más cooperativo. Necesitamos una solución cooperativa, que sea científicamente sólida, económicamente racional y políticamente pragmática.

Quién sabe si la política del cambio climático, además de enriquecer nuestras conversaciones cotidianas, puede contribuir a que llevemos a cabo una renovación de la política que sabíamos necesaria pero que ninguna fuerza irresistible nos obligaba a acometer.

Daniel Innerarity, El clima ya no es lo que era, El País, 30/11/2010

La història d´una estafa 2.



En mirar la foto d´en Youssef i sentir algun dels altres afectats que han sortit per la televisió, he recordat una altra imatge, una fotografia de l´any 1995, també a Badia -em sembla que el fotògraf que la va fer és en Carles Ribas-, en què es veuen el senyor Josep Medina i la seva dona, Maria Dolores, davant el seu pis embargat.

Hi apareixen agafats del bracet i tenen la mateixa expressió d´astorament que en Youssef. (...)

El cas és que aquest matrimoni, tant ell com ella illetrats, incapaços de llegir, van estar a punt de ser desnonats per no haver pogut afrontar el pagament de les vint mil pessetes d´un televisor que havien comprat. La financera que els havia deixat els quartos va posar el pis a subhasta, i un tal Miñana va atendre el pagament de les vint mil pessetes i va a passar a ser el nou propietari del pis, mentre el jutge no tenia cap mena de problema a dictar una ordre de desnonament.

Al barri, esclar, hi va haver un sarau de mil dimonis i una reacció del que avui sona a música d´altres temps i que abans rebia el nom de mobilització popular i solidaritat. Gràcies als veïns, en M´ñana va haver de renunciar al pis, el jutge va frenar el desnonament i els veïns ho van celebrar com una victòria popular amb una gran manifestació de goig.

Bru Rovira, Abans que en Youssef arribés a Badia, Ara, 28/11/2010

dilluns, 29 de novembre de 2010

Història d´una estafa 1.


Aquests dies es comença a destapar una història que portarà cua. És la història de l´estafa que significa vendre pisos protegits, pisos fets amb subvencions, amb diners públics, per un valor molt superior al preu a què està permet vendre´ls. La història ha saltat a Badia del Vallès i, com diu la seva alcaldessa, si els propietaris haguessin pogut pagar la hipoteca, aquí no hauria passat res.

El cas, però, és que els propietaris no han pogut pagar i, quan han començat a fer-se efectius els embargaments, s´ha descobert que el tinglado era un assumpte col·lectiu, un assumpte de la nova modernitat en què els diners, el negoci, l´interès pecuniari públic i privat, té una gran facilitat per aconseguir arribar a l´acord, a l´encaixada de mans. I que ho fa completament al marge de les consideracions morals que comporta.

Evidentment, perquè pugui passar el que està passant ha d´haver-hi consentiment de totes les parts: el venedor, que guanya més del que li toca -i una bona quantitat d´aquest benefici és en diner negre-; els notaris, que haurien de vetllar per la netedat i legalitat de la venda; els bancs, que concedeixen les hipoteques per un valor molt superior a l´escriptura; els taxadors, que saben que aquests pisos no tindran al mercat un preu lliure fins a l´any 2023: les agències immobiliàries, que remenen les cireres fent les presentacions entre uns i altres, i finalment, la Generalitat que es tapava les orelles per no sentir el terrabastall que provoca tanta quantitat de diners sumant i restant.

També hauríem de parlar, esclar, dels compradors. Algunes de les vuitanta famílies afectades, la majoria de les quals són marroquines, han manifestat la seva perplexitat. "A veure si algú és capaç d´explicar-me tot aquest embolic", ha dit Youssef Ajnif, un dels pares de família que s´ha quedat sense poder atendre els pagaments de la hipoteca.

Bru Rovira, Abans que en Youssef arribés a Badia, Ara, 28/11/2010

El valor de la intuïció.

Lo dijo Einstein: “La única cosa realmente valiosa es la intuición”. No se trata de decidir todo a golpe de corazonadas, pero tampoco de ignorar totalmente las ideas ‘sentidas’ más que ‘pensadas’.

Supongamos que sufrimos una serie de síntomas para los cuales los médicos no encuentran un diagnóstico. Decidimos acudir a un prestigioso centro médico y allí nos plantean dos alternativas para diagnosticarnos. La primera consiste en introducir los signos de nuestra enfermedad en un potente ordenador cuyo software se basa en los últimos avances científicos. En el segundo caso, el diagnóstico deberemos dejarlo en manos de un reconocido especialista con muchos años de experiencia. ¿Qué camino elegimos? Probablemente, la mayoría de nosotros preferiremos confiar en el médico. Aunque no dudamos de que el ordenador utilizará una lógica implacable, sabemos que el experto, como humano que es, posee una potente herramienta de la que la computadora carece: la intuición. Si nos examina un especialista de carne y hueso, su cerebro puede captar, aunque él no sea consciente de ello, signos sutiles que sean la clave para conducir a un diagnóstico correcto, lo cual es tarea imposible para el ordenador.

Cuando intuimos parece como si nuestro cerebro nos regalara una idea que no sabemos de dónde ha salido. La intuición es una especie de trabajo subterráneo, procesamos la información inconscientemente. Este es uno de los aspectos que más lo diferencian del pensamiento lógico-racional, para el cual tenemos que hincar los codos. Al intuir, nuestras neuronas se ocupan ellas solas del tema.

A diferencia del pensamiento deliberativo, la intuición solemos relacionarla con las emociones. Y es que cuando intuimos notamos que sentimos esa idea y no que la pensamos.

(…) Si intentamos diseccionar el proceso de la intuición vemos claramente tres fases. En primer lugar, el cerebro recopila datos de la experiencia; seguidamente los procesa de forma inconsciente y automática, y en tercer lugar aparece repentinamente el resultado o la conclusión de este procesamiento en nuestra consciencia. Por tanto, si queremos mejorar nuestra intuición debemos optimizar estas tres fases.

Einstein afirmaba que intuyó la teoría de la relatividad, pero su cerebro no le regaló esta magnífica intuición de forma gratuita. Antes, él tuvo que dedicarse a estudiar noche y día sobre el tema. No paraba de alimentar su cerebro con datos. Su genialidad brotaba de muchos lugares diferentes, uno de ellos era su mirada. Observaba el mundo sin dejar que las teorías anteriores le obligaran a verlo de una determinada manera. Intentemos emular a Einstein, observemos mucho y sin prejuicios. Así nuestro cerebro tendrá el material que necesita para intuir.

(…) Una vez hemos recogido información, debemos limitarnos simplemente a darle tiempo a nuestro inconsciente para que trabaje por nosotros. Ap Dijksterhuis y su equipo de la Universidad de Ámsterdam lo confirmaron experimentalmente. A los sujetos se les ofrecía una compleja información acerca de cuatro posibles apartamentos. De cada uno de los cuatro se les daban 12 datos (localización, número de habitaciones, precio, etcétera). Su misión era escoger el mejor. A un grupo de participantes se les dio poco tiempo para pensar y, como es esperable, erraron más que los sujetos a los que se había dejado más tiempo. Pero lo más sorprendente es que había un tercer grupo a los que, después de darles la información, los distrajeron. Transcurrido el rato de distracción se les preguntó su preferencia. Este tercer grupo fue el que mostró decisiones más acertadas. Ellos no habían pensado conscientemente, puesto que se estaban distrayendo, pero su cerebro no había parado de combinar las ventajas e inconvenientes de los apartamentos, llevándoles a la decisión más conveniente.

(…) Nuestra conciencia es como una enorme pantalla blanca. Nuestro inconsciente después de un duro trabajo proyecta sus conclusiones en esa macropantalla. Y es entonces cuando vemos la deducción de sus cábalas. Pero si tenemos la pantalla ocupada ¡no podemos ver nada! Una forma de poder despejarla consiste en meditar. De hecho, muchas personas que meditan habitualmente explican que muchas ideas originales les han venido mientras practicaban. Es también habitual que pensamientos brillantes surjan justo cuando estamos relajados en la cama, antes de dormirnos. En ese momento nuestra pantalla se encuentra más limpia.

Es posible que cuando el inconsciente llegue a su deducción nos encuentre durmiendo. ¿Qué hace entonces? No se espera a que nos despertemos, deja su mensaje dentro del sueño de manera más o menos simbólica. Son muchos los científicos o los literatos que han desenterrado sus descubrimientos de los sueños o los literatos que han construido el argumento de sus novelas en los brazos de Morfeo.

Y no olvidemos que las intuiciones se sienten más que se piensan. Debemos escuchar nuestro cuerpo, parar y notar cómo nos sentimos. Las bonitas palabras de Jean Shinoda envuelven esta idea: “Saber cómo elegir el camino del corazón es aprender a seguir la intuición. La lógica puede decirte adónde podría conducirte un camino, pero no puede juzgar si tu corazón estará en él”.

Jenny Moix, ¿Podemos fiarnos de la intuición?, El País semanal, 14/11/2010
http://www.elpais.com/articulo/portada/Podemos/fiarnos/Intuicion/elpepusoceps/20101114elpepspor_7/Tes?print=1

Política i cirurgia estètica.

Vi el otro día en EL PAÍS una foto de Berlusconi y Fini, el presidente del Congreso italiano. Berlusconi estaba al fondo, serio, de frente, y mostraba un asombroso e inquietante parecido con una figura de cera. Quiero decir que su rostro no era de naturaleza carnal, sino de materia inerte, puro plástico. Sin duda su aspecto es un resultado de la transfiguración quirúrgica, de los implantes y los recosidos, de los muchos trabajitos de cirugía estética. Parece haberse puesto de moda últimamente entre los dirigentes políticos mundiales el rehacerse la cara en el quirófano. Ahí está la argentina Cristina Fernández, por ejemplo, brutalmente siliconada (probablemente sería guapa sin todo eso), o la presidenta de Brasil, la recién elegida Dilma Rousseff, que ha admitido haberse hecho dos operaciones estéticas, aunque en este caso deben de ser menores, porque hay que reconocer que a Dilma se le nota menos la carnicería. Por no hablar de Vladímir Putin, que hace poco apareció con unos sospechosos moretones en la cara que mismamente parecían las secuelas de un lifting, y de quien además se diría que es un vigoréxico, o sea, una de esas personas excesivamente obsesionadas por la musculatura.

En realidad, no sé por qué me extraño de esta predisposición de los mandatarios a remendarse el físico: la cirugía plástica se está convirtiendo en algo habitual en la gente de la farándula, es decir, en todos aquellos que viven de la cara, y por desgracia la clase política cada día se queda más en la superficie de las cosas, más en la forma de las cejas que en la calidad de las ideas que supuestamente se agolpan detrás. Nuestros políticos son vendedores de apariencias, y las apariencias que hoy se venden mejor son las recauchutadas. Aun así, no deja de sorprenderme que los ciudadanos puedan creer y confiar en un dirigente que engaña hasta en el grosor y la forma de sus labios. Si el pellejo, que es algo tan visible, ya es una mentira, ¿no es de temer que las palabras, que son mucho menos verificables, resulten aún más falsas?

Rosa Montero, De héroes y birrias, El País semanal, 28/11/2010
http://www.elpais.com/articulo/portada/heroes/birrias/elpepusoceps/20101128elpepspor_17/Tes?print=1

diumenge, 28 de novembre de 2010

Desconfiança contra indiferència.



Si la democràcia és un enginy pensat per evitar l´abús de poder, la desconfiança, ben administrada, hauria de ser sana. Mantenir viva la sospita sobre els que governen, no perdre mai el sentit crític davant de les seves actuacions, dubtar de les seves promeses, són actituds molt adequades si es vol evitar que els governants sucumbeixin a les temptacions del poder. Vist així, la desconfiança hauria de ser una virtut democràtica.

(...) ¿Per què la gent es resisteix a anar a votar? ¿Per desconfiança amb els polítics? No ho crec, jo més aviat diria que hi ha massa confiança. Perquè la confiança generaria una actitud crítica activa i, en canvi, el que ens demostra l´abstenció és l´expansió de la cultura de la indiferència. "Tant em fa l´un com l´altre", "Tots són iguals", no són expressions de desconfiança sinó d´indiferència. Els desconfiats són els del vot en blanc, que volen expressar públicament el desacord amb la manera com els partits fan les coses i, al mateix temps, reafirmar la seva defensa del sistema democràtic; els desconfiats són els que voten aplicant el principi del mal menor. Per tant, disposats a no desanimar-se quan se sentin defraudats.

La desconfiança és activa. Quan es demana confiança un té la sensació que li estan demanant un xec en blanc, una adhesió incondicional. ¿Per què hauríem de tenir confiança en els polítics si no en tenim entre nosaltres? Per molta confiança que tinguem amb una persona, si li comprem una casa signarem un contracte. Cada cop més, sobretot entre la gent de diners, es fan capítols matrimonials abans de casar-se, perquè ningú té prou confiança per no delimitar la trencadissa quan arribi el desamor. I així successivament. ¿Per què, doncs, hem de tenir confiança en els polítics si no la tenim ni en la família? La desconfiança és la virtut democràtica que s´oposa a la indiferència. La insistència en la confiança no deixa de formar`part de l´herència que la religió ha incrustat en la política: qüestió de fe. (...) Mai sabem amb certesa què se´n farà de la nostra confiança. Per això, en política, més que confiança el que caldria és establir contractes de desconfiança.

Josep Ramoneda, Desconfiança, Ara, 28/11/2010

dissabte, 27 de novembre de 2010

exclusió de l´altre


L´exclusió que alguns éssers humans. més poderosos o simplement més nombrosos, imposen als altres, no és un fenomen nou. Tanmateix, les relacions entre els diversos conjunts socials han estat sovint marcades per la convicció que alguns d´aquests conjunts era intrínsecament indesitjable i mereixia una desqualificació global, i això, moltes vegades, n´ha implicat la marginació, l´empaitament, la inhabilitació, la persecució i, en els casos més extrems, l´extermini físic. Al llarg de diversos segles, un nombre incalculable d´individus han estat prejutjats, estigmatitzats, encalçats o castigats no pel que havien fet, sinó pel que eren.

Fundació Baruch SpinozaLa ciutat de la diferència, Catàleg Exposició. Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, 1996.
http://sites.google.com/site/conviccionslesminimes/babel 

Dret a la "vida privada" i convivència.


Durante milenios, la vida humana fue asunto de Estado, un instrumento político al servicio del bien común. Pero, en determinado momento, el hombre tomó conciencia de sí mismo y de su condición de fin y nunca de medio, ni siquiera medio del interés general del Estado, y promovió un proceso de privatización de la vida personal frente a esa permanente pretensión estatal de politizarla. Se sintió como uno de esos territorios colonizados que reclama para sí la soberanía de las riquezas naturales que produce. Tras una larga guerra contra los ilegítimos ejércitos ocupantes -las metafísicas y teologías políticas que codician el tesoro de fuerza, talento, tiempo y energía que acumula cada ciudadano- , finalmente las fuerzas de liberación proclamaron la independencia del nuevo país, que recibió el nombre de "Vida Privada".

Por respeto a la vida privada, la ley no debería multar el incumplimiento del deber de abrocharse el cinturón de seguridad, como se razonó en el artículo anterior; sin embargo, ahora hay que añadir: una mala interpretación de la naturaleza de este concepto está conduciendo a la anomia moral que caracteriza nuestro tiempo. ¿Dónde reside el malentendido?

Procedería ahora aducir textos filosóficos de pensadores egregios que han excogitado admirablemente sobre la vida privada, como Locke, Voltaire, Kant, Mill o Isaiah Berlin. Pero la vida privada es un mito fundacional -el de ese país gozosamente descolonizado: el mundo de la conciencia libre y la intimidad personal- y ese tipo de verdades no se comprenden cabalmente cuando se leen, sino sólo cuando se cantan y se bailan. Y, por esa razón, y por mis puntas de orgullo patrio -y por concederme una tierna complicidad hacia mi febril adolescencia-, prefiero echar mano de la molto cantabile y ballabile verdad de una conocida y todavía coreada canción de Alaska y Dinarama, cuyo estribillo dice así: "Mi destino es el que yo decido / el que yo elijo para mí / ¿A quién le importa lo que yo haga? / ¿A quién le importa lo que yo diga? / Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré".

A continuación, glosaré estos influyentes enunciados morales.

"Mi destino es el que yo decido, el que yo elijo para mí". Hubo un tiempo en que este aserto era un electrizante y movilizador grito revolucionario, porque expresaba un ideal de la autenticidad -"sé tú mismo", "vive a tu manera", etcétera- que daba aliento a la desinhibición de la espontaneidad instintiva del yo largamente anhelada y enterrada bajo una sucia costra social que la reprimía. Pero hoy la vida privada es un país soberano, reconocido internacionalmente, y si alguien dijera el verso del estribillo, la respuesta sería un encogimiento de hombros: "Tu vida es tuya, por supuesto, ¿quién lo duda?". La cuestión es ahora otra: no hagamos como esos veteranos de Vietnam que, de vuelta a casa tras licenciarse, siguen vistiendo uniforme mimetizado y pasan el día disparando a una lata en un descampado, incapaces de integrarse en la vida civil. Como las sociedades avanzadas ya se componen de millones y millones de personalidades liberadas, las prioridades han cambiado. Ahora la pregunta no es "¿cómo ser yo mismo?", sino "¿cómo vivir juntos?".

¿A quién le importa lo que yo haga o diga? Importa, y mucho. No al Estado. Se puede estar inequívocamente a favor de la vida privada como derecho fundamental que protege frente a las coacciones estatales -el caso del cinturón obligatorio- y al mismo tiempo señalar el hecho incuestionable de que el dogma de la vida privada ha sido el abrigo para la vulgaridad ética y la anómica ausencia de reglas en el ámbito personal. Pareciera que hoy la ética es exigible sólo en la esfera pública y no en la privada, donde todo valdría lo mismo, si no perjudica a tercero. Por eso conviene distinguir entre lo que, desde una perspectiva jurídica, tenemos derecho a hacer como ciudadanos libres, y lo que, desde una perspectiva ética, consideramos formas superiores e inferiores de vida privada. ¿Que a quién le importa, decías? A los demás: lo que tú hagas y digas tiene un impacto, fecundo o desmoralizador, en el círculo de tu influencia, pues habitas en una red de influencias mutuas; y, aunque no le importa al Estado, debería sobre todo importarle a tu conciencia.

Cuando la canción sigue diciendo: "Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré", uno se acuerda de esos japoneses que continúan escondidos en la selva del Pacífico sin haberse enterado de que la guerra mundial terminó hace décadas. Unas vidas privadas son mejores que otras, superiores en nuestra estima moral y más propicias para la convivencia y la amistad cívica. Ya somos libres jurídicamente, ahora hay-que-ser-libres-juntos, y eso exige cambiar algunos hábitos y algunos estilos de vida. Si tú no lo haces, serás tan estrafalario y anacrónico como el Rey del Glam: "Con tu tacón de aguja / los ojos pintados / dos kilos de rímel / muy negros los labios / te has quedado en el 73 / con Bow y T. Rex".

Javier Gomá Lanzón, A quién le importa lo que yo haga, Babelia. El País, 27/11/2010
http://www.elpais.com/articulo/portada/Alaska_y_Dinarama/quien/le/importa/haga/elpepuculbab/20101127elpbabpor_23/Tes?print=1

Llengua, imposició o alliberament?



D'ençà que el Tribunal Constitucional va tombar l'Estatut i va destapar la caixa dels trons, no hi ha dia que els del PP o Ciutadans no escupin foc contra la llei de normalització lin-güística que, ara com ara, garanteix -si més no sobre el paper- l'escolaritat en català. Uns i altres reivindiquen (sobretot aquests darrers dies de campanya electoral) el dret de rebre l'ensenyament en castellà, si així ho desitgen els pares. Amb quins criteris?


Si m'ho pregunto és perquè, no fa gaires dies, parlant d'aquesta qüestió amb uns pares polonesos, amb nens escolaritzats a Catalunya des de fa tres anys, també es mostraven partidaris d'una doble línia amb un raonament com a mínim curiós. Com a pares de dos nens escolaritzats en dos centres escolars ben diversos, havien observat que, allà on l'alumnat era majoritàriament catalanoparlant, dominaven els kumbes, mentre que en l'altre, majoritàriament no catalanoparlant, s'imposaven els quillos. I ells, francament, triar per triar, preferien que els seus fills kumbegessin. 


D'altra banda, no comprenien com, tot i haver passat tots dos fills per l'aula d'acollida, un germà ben aviat s'hagués llançat a parlar en català i en canvi l'altre germà amb prou feines si era capaç, al cap de mig any, de lligar quatre paraules seguides. Com havia de parlar en català si fora de l'aula no tenia amb qui parlar-lo i quan ho intentava es trobava amb comentaris tan poc afalagadors com: "encima de polaco, lo habla"?

Sé que això que dic i diré no és políticament correcte, i menys en dia de reflexió. Però precisament perquè de tant en tant val la pena aturar-se a reflexionar, potser no fóra tan mala cosa permetre de triar als pares si volen dur els seus fills en centres de kumbes o de quillos. No sé què em fa intuir que, per poc que els pares coneguin la realitat de les aules, la llengua pot no ser una imposició sinó un alliberament. 


Jordi Estrada, Kumbes i quillos, Regió 7, 27/11/2010

divendres, 26 de novembre de 2010

La diferència entre el pensador i el sectari.

Fernando Savater
Puede ocurrir que el dogma creencial acierte alguna vez contra el pensamiento lógico. Pero hay una diferencia fundamental: el librepensador acierta o se equivoca personalmente; argumenta a los 60 años contra las tesis que defendió a los 20 porque cuatro décadas de trabajo han dado sus frutos. El creyente se limita a cambiar de rebaño: la misma certeza clarividente con que a los 20 defendía uno el maoísmo, la pone a los 60 en la defensa del neoconservadurismo. El pensador reconoce sus errores y endereza el rumbo gracias a ello; el dogmático siempre encuentra un argumento para justificarlos y un competidor al que culpar por ellos.

Por eso la diferencia entre el librepensador y el sectario no solo está en la probabilidad de acertar, sino en la actitud de hacerlo por cuenta propia o por fidelidad a la banda de turno. Savater lo ejemplificaba al escribir en 1984: "En cuanto adopto con cierta determinación un punto de vista, comienza a tentarme con fuerza la opción opuesta y soy más sensible que nunca a sus encantos persuasivos. Esta propensión a encarnar la quinta columna de mí mismo no me evita los furores de la toma de partido, pero, en cambio, me priva del dócil nirvana de la afiliación...".

L´absurd polític, l´absurd teològic.


El Papa representa un poder sobre el que no ejerce ningún control. La Iglesia, ha dicho, carece de capacidad de ordenar a las mujeres (aunque sí de darles órdenes, añadimos nosotros), porque se trata de una decisión del mismísimo Dios que él, aunque no comparta ("no se trata de que no queremos"), debe acatar. Zapatero podría copiar literalmente el discurso de Ratzinger para justificar su política económica. No se trata de que queramos bajar las pensiones, es que el Mercado, a quien servimos, nos obliga. El Papa y Zapatero dependen de instancias superiores cuyos designios son inapelables. Cuando Dios dice que el condón es bueno para el burdel, pero malo para la cama de matrimonio, es como cuando el Mercado asegura que cierto grado de socialismo tiene gracia (como juego infantil) cuando los poderes financieros deciden fabricar productos basura con los que hacer caja, aunque se debe perseguir a la hora de pagar la factura.

La política ha devenido en una disciplina tan absurda como la teología. Nadie ha visto a Dios, tampoco al Mercado, pero el sentido profundo del sexo, dice Dios por boca del Papa, es la reproducción como el sentido profundo de la economía, dice el Mercado por boca de Zapatero, es el enriquecimiento personal de unos pocos. De ahí la condena a los homosexuales y la prohibición de una fiscalidad justa. Ello hace que Ratzinger y Zapatero se digan y se desdigan todo el rato. Si fueran juiciosos, dimitirían alegando que no entienden nada. La curia romana está llena de cardenales dispuestos a aceptar el absurdo divino y la política española, de políticos encantados de llevar la injusticia social a los extremos por los que nos despeñamos. Si dimitieran, devendrían en héroes, incluso en santos. Paradójicamente, lograrían que mucha gente volviera a creer en el socialismo y en Dios. Ánimo, colegas.

Juan José Millás, Ánimo, colegas, El País, 26/11/2010

Diurètics culturals.

Las marcas, pensábamos, son una cosa y la cultura otra. Por mucho que se empeñaran los mejores profesionales del marketing en hacer ver que las marcas contenían una historia, una storytelling, semejante a las que contienen campañas políticas, los filmes de Cannes y los premios Goncourt no han logrado que las máximas autoridades del saber aceptaran esta deriva que va, metafóricamente, desde el libro al eslogan y desde la película al spot.

Ahora, sin embargo, esas mismas autoridades del saber y su parentela, tendrían que cerrar los ojos, taponarse los oídos, volverse de espaldas y despotricar sin intervalos para eludir la evidencia de que los productos de la cultura han ido evolucionando hacia la máxima brevedad, la mínima talla física y, finalmente, desde la prolongada presencia hacia el segundero.

Dondequiera que se busque un ejemplo vivo se encuentra un menos de un más, un micro de un maxi. No solo se difunden incontables micronovelas en los móviles hasta lograr un éxito formidable en países como Japón y otros más de su influencia, sino que también se multiplican las músicas sucintas o comprimidas, se exponen en las pantallas del ordenador vídeos que no llegan al minuto y flases que hasta cuesta atender bien.
Con el auge de la tapa para todo, el trato efímero en la Red, el mensaje corto, el mail lacónico o el videoclip de todo tipo, se ha trenzado una cultura general de las pequeñas e innumerables dosis.

No se despliega la amplitud de un lienzo, ni se celebra una película que permita degustar los silencios y los esmerados gestos de su composición. El estilo sincopado de muchas otras actividades diarias, en las compras, las comidas, los ligues, los secuestros exprés o, en conjunto, los servicios solicitados y recibidos a través de un simple clic del ratón, corresponde una cultura típicamente ratonera, rauda, leve y exigua. Por esta misma razón, marcas como McDonald's, Google, Facebook, YouTube, Nespresso, TomTom, Viagra, Swatch, Zara, ING Direct o Red Bull, ingresan sin dificultad en el mismo mundo que la cultura. Poseen tanto en su impacto simbólico como en su talante el factor de la velocidad, el efecto directo e inmediato de la narración o el trago corto. Todo ello, para conformar el incuestionable sistema dominante en el, supuestamente, mundo diferencial de la cultura.

¿Y qué sistema es este? Fundamentalmente el sistema compulsivo o bipolar donde domina el relámpago, el puntillismo, el collage de todo signo y significado. La facultad de concentración exigible para el aprendizaje a través del libro, antiguo depósito de casi todo el saber, se sustituye por la conveniente capacidad de dispersión que, pareciendo distracción, no es sino la manera propicia para atender la cultura del fragmento.
Mil fragmentos descamados de otros tantos elementos, de aquí a de allá, de un sabor y otro que hacen pasar de un trago a otro trago, la cultura se nos presenta con el estilo de un desnudo dispensario donde las visitas se acortan, el escrutinio se abrevia y apenas la experiencia del paladar pasa de la cata.

Acaso pronto no será nadie realmente culto de la actualidad si pretende defender la despaciosa liturgia de la antigua iglesia. De hecho, hasta los mismos responsos se acortan. La religión, la cultura, el amor, se esparcen ahora como una metralla superficial, un inocuo petardo que estalla, un snack que entretiene el hambre. Un soplo, en fin, que se siente y se desvanece.

Casi cualquier artículo asimilable a esta cultura presente entra y sale del receptor como diurético, se bebe y no embebe. La obra de arte se crea, se distribuye y se vende (o se subasta en Ebay) al compás de un fast food corto que, precisamente, desde hace tiempo anticipó significativamente, con las cosas de comer, el rápido tránsito intestinal que finalmente ha caracterizado la ligera digestión de no importa qué input.

Vicente Verdú, Ligero tránsito intestinal, El País, 25/11/2010

homogeneïtat com a condició de la diferenciació


No percebem coses diferenciades entre si, sinó que percebem la relació entre les coses, després de sotmetre-les a una diferenciació prèvia. Sense diferencia no hi ha informació. Les coses indiferenciades no poden ser objecte de percepció sensorial, i, per tant tampoc no poden ser processades per l´enteniment, pensades. El funcionament de la natura, de les societats i de l’intel·lecte humà només pot ser holístic, és a dir, fonamentat en la interacció entre les parts i les fases prèvies prèviament diferenciades. Necessitem la diferencia per relacionar-nos entre nosaltres, però també amb el món.

Ara bé, la diferencia no nega una certa homogeneïtat: n´és la condició. El món adopta una multitud de formes, però sempre és el món. És cert que no pot existir percepció ni pensament sense diferencia, però la diferencia tampoc podria existir si no es retallés sobre una unitat, una totalitat que integra la globalitat de maneres d´existir, que generalment anomenem natura, univers, o, simplement, vida.


Fundació Baruch SpinozaLa ciutat de la diferència, Catàleg Exposició. Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, 1996.
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dijous, 25 de novembre de 2010

El triomf de la societat de la imatge.

Gilles Lipovetsky
Cuando se acaba de leer La cultura-mundo, de Gilles Lipovetsky y Jean Serroy (Anagrama 2010, traducción de Promoteo-Moya), la desazón es terrible. Y lo es no por lo que se cuenta, ya sabido, sino por la constatación documental y fehaciente de los males que acucian hoy a la cultura. No a la cultura de uno u otro país, sino a la cultura universal invadida por la industria y el consumismo y cada vez más ajena a su función secular de explicar y entender el mundo. Una cultura sometida a los gustos del público y destinada al éxito inmediato, al consumo como una mercancía más. El lector transformado en consumidor mientras, el creador, el escritor o el artista, en simple productor de servicios.

El desencanto de la vida intelectual es cada vez mayor, se nos dice. El valor de la cultura ha sufrido en las últimas décadas una depreciación irrecuperable, los grandes maestros han desaparecido (Foucault ya lo avisó), las grandes obras están solo en el pasado y un amplio sector de la vida intelectual se ha entregado al funcionariado universitario y a la comercialización. Hoy en día, la pérdida del peso que tenían las obras literarias, artísticas o filosóficas en la esfera pública es una triste realidad.

El poder de la inteligencia ha sido sustituido por el poder de los medios de comunicación que fabrican más celebridades que los círculos de eruditos e intelectuales. Celebridades que opinan desde su incultura como si fueran sabios. Hoy se escucha más a un cantante, a un deportista, o a una estrella del star-system que a un intelectual. Así lo explican los autores, Lipovetsky y Serroy: "Desacralización del mundo de las ideas, eclipse de los guías del espíritu humano, desaparición del poder intelectual". El consumidor no ha gozado jamás de tanta libertad y tanta oferta para consumir productos efímeros, y si antes la cultura proporcionaba conocimientos imperecederos, hoy día la "incertidumbre" y la "desorientación" son los sentimientos que invaden nuestro mundo democrático en una transformación de dimensiones jamás sospechadas: familia, identidad sexual, educación, moda, tecnologías, alimentación.

La cultura humanista está hoy abandonada por jóvenes entregados al becerro de oro de las redes de comunicación. Cualquier respuesta la obtienen -o creen obtenerla- allí, en el poder cada vez mayor de la información sobre el conocimiento. O, si se prefiere, en el poder cada vez mayor de la economía sobre la cultura. Las industrias de lo imaginario, del entretenimiento, se alzan sobre los valores del espíritu, la meditación, la reflexión. Lo útil sobre lo inútil. La cultura se convierte en industria, en la forma de un complejo mediático-comercial que es el motor del crecimiento de las naciones desarrolladas.

Las exportaciones de la industria cinematográfica, audiovisual, editorial, los beneficios derivados de la enseñanza de las grandes lenguas, producen hoy tantos ingresos como cualquier otra industria. Y esos beneficios también conllevan mutaciones en la cultura. Al prestigio se le opone la rentabilidad; a la reflexión, la facilidad. El peso económico en la cultura la distorsiona, la infantiliza, la empobrece. El mundo hipermoderno, tal como lo estudian estos dos autores, está organizado alrededor de cuatro polos estructuradores que configuran la fisonomía de los nuevos tiempos: hipercapitalismo, hipertecnificación, hiperindividualismo y el hiperconsumo. Es decir, la fuerza motriz de la globalización económica, la universalización técnica, la respuesta del individuo frente a la masificación y universalización y, finalmente, el hedonismo comercial como felicidad.

En medio de esta cultura sin fronteras se alza la sociedad universal de consumidores, cada vez más anónimos, más satisfechos, más alienados. La cultura va perdiendo batallas y también la política. De ello se deriva el escepticismo y desconfianza hacia los políticos, el descenso de la militancia y la confusión de las identidades ideológicas. Internet es un peligro para el vínculo social, añaden los autores de La cultura-mundo, en la medida en que, en el ciberespacio, los individuos se comunican continuamente, pero se ven cada vez menos. En esta era digital los individuos llevan una vida abstracta e informatizada, en vez de tener experiencias juntos quedan enclaustrados por las nuevas tecnologías.

Al mismo tiempo, mientras el cuerpo deja de ser el asidero real de la vida, se forma un universo descorporeizado, desensualizado, desrealizado: el de las pantallas y los contactos informáticos. Lipovetsky y Serroy, por cierto, con dos años de anticipación, resumían perfectamente la espeluznante película de David Fincher La red social, basada en la invención de Facebook, un fenómeno social tan revolucionario como inquietante.

Fue la Escuela de Fráncfort la primera que habló, hace más de medio siglo, de industria cultural, refiriéndose a la reproducibilidad de las obras de arte destinadas a un mercado de mayor consumo. Adorno y Horkheimer ya nos previnieron de los males de la cultura masificada, aunque no se imaginaron los extremos sin retorno a los que llegaríamos. Aquella alarma se ha convertido hoy en una gran amenaza y, cada vez más, la cultura revolucionaria de creación que desprecia el mercado está siendo devorada inmisericorde por la cultura industrial, menos exigente, más accesible, menos elitista, más divertida, evasiva y conformista.

En una civilización así, ¿qué queda de los ideales humanistas sobre los que se levantó la cultura occidental? ¿Qué clase de ser humano producirá esta nueva civilización? El homo sapiens se ha transformado en pantalicus, absorbido por la televisión, por las pantallas de los ordenadores. El mundo existe por las imágenes que aparecen en la pantalla y los individuos lo conocen tal como se deja ver. La televisión cambia el mundo: el mundo político, la publicidad, el ocio, el mundo de la cultura. Hoy no existe más que lo que se ve en televisión, lo que ve la masa, lo que todos comparten. Es el triunfo de la sociedad de la imagen y sus poderes.

César Antonio Molina, La cultura sin cultura, El País, 25/11/2010
http://www.elpais.com/articulo/opinion/cultura/cultura/elpepiopi/20101125elpepiopi_12/Tes?print=1

Descartes i el cogito

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mecanismes de diferenciació


Els ciutadans no només tenen la diversitat cultural al seu voltant, sinó també dins d´ells mateixos. Viuen submergits en la diferencia, alhora que es deixen posseir per aquesta diferencia. Ara per ara, hi ha uns principis d´adscripció que, per molts, tenen un valor superior a l´estrictament étnica. La inclusió en un gènere sexual, en una generació o en una classe social en poden ser exemples. Els cognoms fan que cadascú sigui parent; el lloc de naixement, el fan paisà, el barri n viu, veí; l´edat, coetani. Els gustos musicals o literaris, l´estil vestimentari, les aficions esportives …, cadascun d´aquest elements instal·la cada individu en el si d´un conglomerat , es poden reconèixer i sentir lligats per sentiments, orígens, orientacions o experiències comunes. (…)

Gràcies a tots aquests mecanismes de diferenciació, si apliquéssim una plantilla sobre la massa dels ciutadans de qualsevol ciutat, que els classifiqués amb els criteris per establir qualsevol nosaltres –gènere, classe social, edat, gustos, interessos, etnicitat, ideologia, credo, signe zodiacal, aficions, lligams familiars, barri on viu, lloc de naixement, inclinacions sexuals- el resultat oferiria un seguit de configuracions polimòrfiques que, dibuixades com els mapes polítics, produirien, en funció de cada opció identitària triada, una extensa gamma de coloracions i de contorns no coincidents.


Fundació Baruch SpinozaLa ciutat de la diferència, Catàleg Exposició. Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, 1996.
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dimecres, 24 de novembre de 2010

La necessària superació de la cultura consensual.

Desde la Transición, se ha impuesto en España una cultura consensual esencialmente desproblematizadora y despolitizadora.
Esa cultura consensual gobernó (aunque nunca sin réplicas) en España durante los años 80 y 90 mediante un sistema de información centralizado y unidireccional en el que sólo las voces mediáticas tenían acceso, mientras que el público jugaba el papel de audiencia pasiva y existían temas intocables.
Como cantaban los Housemartins, “nos dicen que hay diferentes puntos de vista, pero sólo son los diferentes tonos de una misma tristeza”. Esa tristeza es el consenso básico en política (sistema de partidos) y en economía (el mercado).
La reproducción de la cultura consensual pasa porque
1) aceptemos identificarnos con el papel que nos reserva a cada uno: la política es cosa de los políticos; la comunicación es la materia de los media; la palabra autorizada es un privilegio de intelectuales y expertos, etc.
2) aceptemos identificarnos con los temas que nos prescriben pensar y las alternativas que nos dan “ready-made” para hacerlo. Ayer, Gürtel, hoy Estatut, mañana lo que sea. Da igual que uno esté a favor o en contra del tema, lo importante es que se hable de él y no de otra cosa. Si aceptas el tema, si comentas el tema, si el tema te parece tema, entonces eres reconocido como interlocutor. Si el tema no te interesa, le das la vuelta a la manera de pensarlo o propones otro tema, enseguida se te llama al orden: “no tiene derecho a hablar”, “no tiene un título para opinar”, “antisistema”, etc.
La crisis de la representación atraviesa hoy todos los órdenes: cultural, político, mediático, intelectual, educativo, etc. Por todos lados surgen nuevos “colectivos de enunciación”: voces inesperadas. Y “enunciados imposibles”: miradas imprevistas y subversivas sobre el mundo. Son voces “fuera de lugar” que rebosan por fuera de los límites de las instituciones tradicionales: partido, media, sindicato, museo, universidad.
El “mundo de la cultura” ha formado parte de esos nuevos colectivos de enunciación que emiten enunciados imposibles (subversivos dentro de la cultura consensual). Pienso por ejemplo en el “no a la guerra”. Pero también ha formado y forma parte de la cultura consensual. Pienso en los debates sobre propiedad intelectual (salvo contadas excepciones). Es decir, que un “enunciado imposible” puede surgir del mundo de la cultura, pero no tiene porqué.
Lo importante es el desplazamiento por medio del cual quien no tenía una voz pública de pronto la conquista, la emplea y se hace escuchar. Puede ser “cualquiera”. Porque la política (la elaboración de la vida en común) nos afecta a todos y por tanto es asunto de cualquiera. No sólo de los políticos, ni muchos menos. Como tampoco la creación es patrimonio del mundo de la cultura, ni mucho menos. Ni el pensamiento es cosa de “intelectuales”, etc.
Y lo importante también es la cualidad de los enunciados que rompen el sentido común de lo que puede y no puede decirse, atravesando el “ruido” consensual y abriendo así lo que es posible ver, hablar y pensar sobre el mundo compartido en que vivimos.
Amador Fernández-Savater, Cultura consensual y enunciados imposibles, Público, 22/11/2010

Crisi econòmica, humanitats i futur de la democràcia.

Martha C. Nussbaum
Estem enmig d'una crisi de proporcions gegantines i d'enorme gravetat a nivell mundial. No, no em refereixo a la crisi econòmica global que va començar a principis de l'any 2008. Que si fos aquest moment, tothom sabia el que es produiria i diversos líders mundials van reaccionar immediatament, desesperats per trobar solucions. En efecte, el desenllaç per als seus governs seria difícil si no les trobaven, i a la llarga molts s d'ells van ser reemplaçats per causa de la crisi. No, en realitat em refereixo a una crisi que passa pràcticament desapercebuda, com un càncer. Em refereixo a una crisi que, amb el temps, pot arribar a ser molt més perjudicial per al futur de la democràcia: la crisi mundial en matèria d'educació.

S'estan produint canvis dràstics en allò que les societats democràtiques ensenyen als seus joves, però es tracta de canvis que encara no s´han sotmès a una anàlisi profunda. Assedegats de diners, els estats nacionals i els seus sistemes d'educació estan descartant sense advertir certes aptituds que són necessàries per mantenir viva la democràcia. Si aquesta tendència es prolonga, les nacions de tot el món en breu produiran generacions senceres de màquines utilitàries, en lloc de ciutadans cabals amb la capacitat de pensar per si mateixos, tenir una mirada crítica sobre les tradicions i comprendre la importància dels èxits i els patiments aliens. El futur de la democràcia a escala mundial penja d'un fil.

Ara bé, quins són aquests canvis tan dràstics? En gairebé totes les nacions del món s'estan eradicant les matèries i les carreres relacionades amb les arts i les humanitats, tant a nivell primari i secundari com a nivell terciari i universitari. Concebudes com ornaments inútils pels que defineixen les polítiques estatals en un moment en què les nacions han d'eliminar tot el que no tingui cap utilitat per a ser competitives en el mercat global, aquestes carreres i matèries perden terreny a gran velocitat, tant en els programes curriculars com en la ment i el cor de pares i fills. És més, allò que podríem descriure com l'aspecte humanístic de les ciències, és a dir, l'aspecte relacionat amb la imaginació, la creativitat i el rigor en el pensament crític, també està perdent terreny en la mesura que els països opten per fomentar la rendibilitat a curt termini mitjançant el cultiu de capacitats utilitàries i pràctiques, aptes per generar renda.

La crisi ens mira de front, però encara no l'hem enfrontat. Continuem com si tot seguís com sempre, quan en realitat és evident a tot arreu que ja no es posa l'accent en el mateix que abans. En cap moment hem deliberat sobre aquests canvis ni els hem elegit a consciència, però tot i així, cada vegada limiten més el nostre futur.

Martha C. Nussbaum, Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades, Katz Editores, Madrid 2010

Descartes i el dubte metòdic

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E. M. Cioran: sil.logismes.

E. M. Cioran


Un hombre que practica toda su vida la lucidez, se convierte en un clásico de la desesperanza.

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De los hombres me separan todos los hombres.

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Siempre que pienso en la muerte me parece que moriré menos ...

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Las creaciones del espíritu son un indicador de lo insoportable de la vida.

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Si no existiera un placer secreto en la desdicha, llevaríamos a las mujeres a parir a un matadero.

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En un mundo sin melancolía los ruiseñores se pondrían a escupir y los lirios abrirían un burdel.

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Sufrir es la manera de estar activo sin hacer nada.

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El hombre es el camino más corto entre la vida y la muerte.

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El conocimiento mata el error vital del amor, mientras la razón construye la vida sobre la ruina del corazón.

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Sólo una cosa dolorosa hay en la tristeza: la imposibilidad de ser superficial.


E. M. Cioran, El ocaso del pensamiento, Tusquets Editores, Barna 1995

Futbol i política en la lliga de les estrelles.



¿Politización del fútbol o futbolización de la política? Ambas cosas se dan en este país. Sin ir más lejos, el ex presidente del Barça, Joan Laporta, que hizo de la política su bandera como presidente, es ahora candidato a la presidencia de Cataluña, con sus éxitos en el fútbol como factor de legitimación. Venimos de un año en que la relación entre fútbol y política ha alcanzado cotas inauditas. La victoria de España en el campeonato del mundo ha sido vista como base de lanzamiento de un nuevo nacionalismo español. E incluso se utilizó la celebración en Barcelona de la victoria de La Roja como argumento para desvalorizar la manifestación soberanista contra la sentencia del Constitucional. Es más, tanto los éxitos de La Roja en España, como los del Barça en Cataluña han sido puestos como modelos de buen hacer que deberían ser la referencia para nuestras propias sociedades. Es decir, una veintena de jóvenes deportistas millonarios, que intentan cobrar las primas en Sudáfrica para ahorrarse impuestos, como nuevo paradigma social. Así funciona la sociedad de la indiferencia, con el aliento de los responsables políticos.

Y, sin embargo, la relación entre política y fútbol está en el origen de este publicitado espectáculo que es la Liga de las Estrellas, que en el fondo es una de las herencias que nos quedan del franquismo. Fue en aquel régimen, que buscó en el fútbol un escape que le diera tranquilidad interior y reconocimiento exterior, donde surgió la rivalidad entre estos dos monstruos -Barcelona y Madrid-, a cuya sombra nadie más puede crecer, como se ve ahora más que nunca en una liga en que todos los demás son comparsas. Y esta anomalía que hace que la estructura del fútbol español sea tan distinta de la de países como Inglaterra, Francia, Alemania o Italia, no ha podido rectificarla la democracia. Y, sin embargo, el clásico será visto por muchos como la segunda vuelta de las elecciones. Con Guardiola como celoso guardián del patrimonio intangible del sentido común y Mourinho como símbolo del poder y la furia.

nòmades urbans



L´urbanita no es pot limitar, en la seva vida diària, a una única xarxa de fidelitats, o a una adscripció personal exclusiva. Com a resultat d´aquesta pluridentitat, obligat a moure´s constantment entre els diversos termes de la seva existència social, l´individu urbà és una mena de nòmada en moviment perpetu, que ha de passar el temps fent transbords i correspondències entre els components d´un mosaic d´universos petits que es toquen o es penetren mútuament.

Fundació Baruch Spinoza, La ciutat de la diferència, Catàleg Exposició. Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, 1996.
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dimarts, 23 de novembre de 2010

La teoria de la justícia de John Rawls.

John Rawls
Si individus racionals hagessin de decidir com organitzar la societat, les institucions i la distribució dels resultats de la cooperació social, sense atendre la seva particular biografia o els interessos dels "seus", ¿com ho farien? En 1971.en Una teoria de la justícia, obra cridada a esdevenir el llibre més influent de la filosofia política del segle XX, John Rawls donà una resposta de les bones, de les que es resumeixen en poques línies, a aquella vella qüestió del pensament polític modern.Segons la seva opinió, aquells individus acabarien per fer servir dos principis, un d´arrel liberal, l´altre d´inspiració igualitària. Segons el primer, cada persona té un dret igual al més ampli sistema de llibertats bàsiques compatible amb les llibertats dels altres. Segons els segon, només estan justificades aquelles desigualtats que, a més de no atemptar contra la tradicional idea d´igualtat d´oportunitats, això és, d´estar relacionades amb posicions obertes a tots, es fan en benefici dels "pitjors situats": les violacions de la igualtat estricta només estan justificades mentre permetin millorar la situació dels més pobres. Rawls no només precisà els principis, també els jerarquitzà mitjançant dues regles. Segons la primera, només quan el primer principi, "liberal", està assegurat podem començar a preocupar-nos pel segon, "igualitari": en cap cas, la llibertat podrà "intercanviar-se" per -o subordinar-se a- la igualtat. La segona regla, no sempre recordada pels seus comentaristes, estableix altra prelació referida al segon principi: la justícia en la distribució mai no es pot subordinar a l´eficiència.

Félix Ovejero, Las dudas de la justicia liberal, Babelia. El País, 30/06/2001

calidoscopi (la ciutat com a)

La condició intranquil.la dels segments ètnics i corporatius que la composen és el que converteix la ciutat en un teixit immens de camps identitaris poc o malament definits, ambigus, que s´interseccionen amb altres i que, al final, acaben per fer literalment impossible qualsevol mena de majoria cultural clara. Cal percebre la urbs com un calidoscopi, on cada moviment de l´observador suscita una configuració inèdita dels fragments existents. En efecte, un dels aspectes que caracteritzen la diversificació cultural actuals és que no està constituïda`per compartiments estancs, on un grup humà pot sobreviure aïllat de tots els altres. És cert que això mai no havia estat així, i un intercanvi a diferents graus havia fet que, en tot moment i a tot arreu, els grups humans diferenciats sempre mantinguessin unes relacions d´intersecció que feien impossible parlar de les cultures humanes com a entitats incomunicades entre si. Però mai no s´havia produït una acceleració de les interrelacions culturals com la que viuen les ciutats actuals, on les fronteres es multipliquen, però són tan làbils i bellugadisses que és completament impossible no traspassar-les contínuament.

Fundació Baruch SpinozaLa ciutat de la diferència, Catàleg Exposició. Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, 1996.
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Els dèficits de les democràcies liberals.

Victoria Camps
Les circumstàncies que envolten la política democràtica en l'actualitat, entre elles l'existència d'un model econòmic que ha convertit el consum en l'únic télos de l'existència humana, no ajuden a formar un tipus de persona que se senti partícip i compromesa de veritat amb els valors i principis ètics i democràtics. Etimològicament, democràcia significa sobirania del démos, paraula que avui podem traduir per «poble», «societat» o «comunitat». Però les democràcies actuals no tenen com a escenari una àgora en què els ciutadans es congreguen per a decidir sobre les qüestions que els afecten a tots. La democràcia que coneixem i que és possible en les nostres societats complexes i plurals és una democràcia representativa en la qual els ciutadans deleguen en els seus representants l'ofici de governar i es desentenen del mateix o es refereixen a ell només per criticar-lo. És a més una democràcia de partits, on els grups polítics solen estar més pendents dels interessos del partit a què pertanyen que l 'interès general. És així mateix una democràcia mediatitzada per uns mitjans de comunicació que, alhora que proporcionen informació immediata sobre tot el que passa i té rellevància política, ho fan amb excessiva pressa i poca cura, atenent a fins més comercials que de servei als interessos ciutadans . Les democràcies es troben en estats de dret que es confessen laics, però vénen tots ells de tradicions religioses que segueixen interferint en moltes decisions de caràcter estrictament polític. Al seu torn, els estats de dret són estats vinculats a nacions que es van construir sobre unes estructures i uns interessos avui periclitats. En l'època de la globalització, pocs aspectes de la justícia tenen una dimensió estrictament nacional, de manera que exigeixen plantejaments que transcendeixin les prerrogatives d'un Estat. El pensament que ha servit de base a les democràcies actuals ha estat el liberalisme en el sentit més ampli, més positiu i també més pejoratiu del terme. Democràcies liberals són les democràcies que han anat fent seus els drets civils, polítics i fins i tot socials -no sempre en la mateixa mesura- , i que, en qualsevol cas, s'han construït al voltant del valor inalienable de l'individu i les seves llibertats. Aquesta primacia de la llibertat és, alhora, un pressupost i un inconvenient per a construir ciutadania. És un pressupost i una condició perquè la llibertat és sinònim de sobirania i el ciutadà ha de ser, per definició, un ésser capaç de decidir per si mateix i amb possibilitats per a fer-ho. Al mateix temps, viure en societat vol dir compartir interessos comuns i també estar al servei d'ells. Aquest equilibri entre el gaudi d'unes cotes de llibertat cada vegada més grans i el deure de fer-se càrrec del manteniment i la provisió de certs béns bàsics als quals tothom té dret és un dels objectius més difícils d'aconseguir. Les crítiques que el pensament liberal ha anat rebent al llarg dels darrers decennis tenen totes elles un denominador comú: les democràcies liberals pateixen de capital social, els ciutadans no viuen cohesionats i no se senten motivats per fer-se càrrec d'unes obligacions que concerneixen tots. De totes les teories polítiques actuals, el republicanisme, amb la seva crítica a la concepció purament negativa de llibertat i la seva insistència en la necessitat de fer individus virtuosos, és la teoria que millor recull les deficiències de la ciutadania en el nostre temps.

Victoria Camps, Presentación de Democracia sin ciudadanos, Editorial Trotta, Madrid 2010

República. Llibre IV

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dilluns, 22 de novembre de 2010

La realitat irreal de la televisió.


Dentro del proceso de espectacularización que padece la cultura mediática, la televisión, hoy, ha dejado de ser "ventana al mundo", fiel reproducción de la realidad objetiva, para convertirse en espacio de proyección, espejo del sujeto. Se privilegia lo inmediato, la relación afectiva, proyectada en relatos, lúdicos unos, ficticios otros. Éstos se desenvuelven a la vez en lo verbal (importancia de la oralidad, de la confesión en este nuevo dispositivo) y al mismo tiempo en lo no-verbal, el mundo de lo emotivo en el que el sentido es secundario en relación con el sentir, privilegiando un régimen conversacional (Bettetini).

Con la postelevisión, como la he llamado, la que emerge en la década de los 90, se da un paso más. Vinculada a la aparición de la telerrealidad, se plasma en la creación de "mundos posibles", pero ya no regidos por la imaginación como en la ficción, sino por la invención de universos imaginarios engendrados por y desde el medio, que ya no escenifican contenidos narrativos estructurados sino, simplemente (y eso constituye una nueva forma de narratividad), la relación misma, el contacto entre protagonistas de estos nuevos juegos televisivos. Han nacido los reality shows.

Después de la espectacularización del mundo, viene la espectacularización del individuo, de lo vivencial en sus aspectos positivos y negativos. Los realities de segunda generación, tipo Gran Hermano, instauran lo relacional como nueva categoría referencial: lo que interesa no es lo que pasa -en términos de acción narrativa- sino las relaciones internas que establecen los concursantes, sus constantes estrategias de interacción y negociación, la permanente construcción / deconstrucción de su identidad.

La neo-televisión se recreaba en un juego con la realidad: la creación de una realidad sui generis, ni auténticamente documental ni del todo ficticia, pero simulando, mediante el directo, la realidad vivencial. Se sacralizaba así una nueva forma de cotidianidad (al margen de las comunidades existentes) donde el principal envite era revelar su identidad "verdadera", realizarse como sujeto, en este caso sujeto televisivo, y desvelar su intimidad.

Representarse a sí mismo, "jugar a ser sí mismo" -es decir, en términos semióticos, construirse un personaje-, jugar a estar juntos, tal podría ser la finalidad de estos programas, dentro de una total redundancia identitaria. Este proceso no es ajeno a la carencia comunicativa de la sociedad moderna, a la ausencia o difuminación del otro, a los propios déficit de identidad del sujeto.

Hoy, la televisión ha dado un paso más; con la renovación de los juegos-concursos y programas de entretenimiento se acentúa el cariz lúdico de la comunicación televisiva: después de latelerrealidad viene la tele-identidad, del juego con la realidad al juego con la identidad. Es patente en programas como Black / White, un programa de Estados Unidos de 2006, en el que los participantes negros se "disfrazan" de blancos y viceversa, para ver qué pasa; Le château de mes rêves, en Francia, donde jóvenes de las barriadas conflictivas se inician a los buenos modales aristocráticos; Préstame tu vida, con su intercambio de papeles (un gay vive la vida de un bombero, y viceversa; una soltera se hace con el mando de una familia numerosa, etcétera) o Cambio radical, donde la cirugía plástica permite cambiar de personalidad, amén de diversos programas de coaching (asesoría) que cambian la vida de los participantes.

Con esto la televisión cumple cada vez menos una función referencial y crea mundos virtuales (en los juegos, en los realities, en las series), deviene cámara de eco del imaginario colectivo. Esta evolución no es baladí, entronca con las mutaciones que se están operando en los imaginarios y en la relación con la realidad, la tendencia a jugar con la realidad y con la identidad, la maleabilidad mayor del concepto mismo de realidad, erosionado por los avances de la ciencia y el desgaste del discurso público y de las prácticas políticas.
Parece como si en la postelevisión ya no interese tanto la realidad. Al "cambiemos el mundo" del 68 sucede el "juguemos con su representación" de la posmodernidad.

La televisión de hoy fomenta todas las transformaciones posibles. Por eso he calificado la postelevisión, jugando con las palabras, de transformista. Transformista en el sentido cabaretero del término: el gusto por el disfraz, la parodia, los dobles, el juego con el rol (incluso el sexual). Transformista, también, por esa capacidad que tiene el medio de deformar la realidad hasta llegar a lo grotesco y llevarla hacia los límites de lo fantástico.

¿Es ésta una nueva versión de "lo real maravilloso", una visión que, partiendo de la realidad, la amplifica, manipula, transforma en su doble? Con ello se diluyen las fronteras entre lo informativo y lo ficcional. Más que nunca, la televisión está dividida entre la necesidad de informar y el deseo de espectáculo fomentado por la cultura de masas.

Si todo es posible, nada es real. Todo es posible en televisión -en cuanto construcción de la realidad- porque, en el fondo, nada es real, porque lo que ahí se representa no deja huella, no tiene pregnancia. El imperialismo del directo funda una realidad que se legitima por su propia enunciación.

Sin huella no hay ética de la responsabilidad, porque si la acción no trae consecuencia, invalida cualquier idea de compromiso de cara al futuro. Lo que hago en televisión es del orden de la exhibición: sólo vale en el marco del medio, se sitúa al margen del mercado social del valor. Entonces ya no operan los valores sociales. No compromete, me exime de responsabilidad y me saca de toda lógica de la acción. No imperan los valores al uso y ya no choca el escándalo (lo que es de cariz accidental): ya no hay ni valores estéticos (bello versus feo, desbancados por lo freak) ni éticos (bueno versus malo, suplantados por lo performativo, la capacidad de crearse una imagen por los medios que sea), ni siquiera morales (dignidad, recato, honor, integridad se borran y dejan paso a códigos de sustitución: la competencia práctica, el valor de uso del medio, la capacidad de desenvolverse en él), ni tampoco valores simbólicos (en cuanto al estatus de veracidad de la realidad), lo que rompe con el pacto de verosimilitud que une espectador y realidad representada.

El simulacro impera y también lo que podríamos llamar lo increíble. ¿La televisión como nueva expresión de lo virtual? La televisión, en todo caso, como huida hacia adelante, que a menudo deja la realidad atrás...
La televisión ha llegado a ser un mundo de relaciones "líquidas" (Bauman) donde se diluyen las categorías, en particular las que fundan la representación moderna -realidad versus ficción- con inquietantes derivas hacia lo grotesco. De ahí la moda de lo friki como estética de la deformación, atracción hacia lo cutre, lo estrafalario, fascinación por lo monstruoso (freak en inglés).

¿Habrá que concluir que se ha salido de la realidad? Y que, frente a la carencia de lo real, a su dilución, fabrica su propio antídoto, una realidad ex profeso, que se complace en lo especular y lo hiperrreal y procede mediante una licuefacción de las identidades.

"Bienvenido al desierto de lo real", decía Morfeo en Matrix, frase premonitoria que podríamos adaptar así a la postelevisión: Bienvenido al desierto de lo hiperreal...

Gérard Imbert, Bienvenidos al desierto de lo hiperreal, El País, 01/11/2008