dimarts, 31 de maig de 2011

S´han acabat les vacances!

Hace mucho tiempo que he dejado de creer en la racionalidad de la especie humana. Me resisto a considerar como racionales a quienes entregan su vida en un atentado suicida con la esperanza de gozar de otra vida mejor en un paraíso. Ni a los que amargan su existencia sujetándola a los preceptos irracionales de sus iglesias, con la esperanza de que estos sacrificios les serán compensados en otro paraíso. ¿O acaso en el mismo? ¿Van al mismo lugar los cristianos reprimidos por el oscurantismo clerical y los terroristas suicidas musulmanes? ¿O acaso hay más de un paraíso? Y si es así, ¿qué ventajas e inconvenientes tiene cada uno de ellos? Son puntos que convendría aclarar y sobre los cuales, a falta de las informaciones de alguien que haya regresado de ellos, seguimos en la incertidumbre.

De momento, los californianos que esperaban hace pocos días que viniese el propio Jesucristo a aclarárselo se han visto frustrados, y siguen esperando, como algunos millones más de norteamericanos piadosos, que el Mesías venga a abducirlos para contemplar desde arriba cómo los demás nos debatimos en medio de los horrores del fin del mundo. A los impíos, en cambio, no nos queda más que tratar de hacer el mejor uso posible de nuestra única vida, tras la cual tendremos “una noche perpetua para dormir”.

No es menos irracional, sin embargo, la conducta de los votantes que eligen a políticos que van a gobernar contra sus intereses. La marea negra que acaba de entregar más de media España a una derecha cerril, heredera del franquismo que costó 40 años desalojar del poder, es una buena muestra de lo que digo. Admito el derecho de los votantes a descabalgar a los socialistas de sus puestos de mando, donde habían cometido todo género de errores y abusos; merecido lo tienen. Pero que la solución sea entregar el país a los posfranquistas me parece terrible. Nunca hubiera imaginado, por ejemplo, que fuesen tantos los extremeños que han olvidado que sus abuelos fueron oprimidos y explotados –y muchos de ellos asesinados– por esas derechas a las que ahora votan.

Mi viejo maestro don Ramón Carande me decía en una carta de julio de 1970 que lo que necesitábamos era crear “muchos miles de escuelas y maestros”, porque “únicamente cuando lleguen a discurrir los españoles, discurriendo harán que se conmuevan las estructuras más reacias, y barrerán a las que ya están putrefactas”. Está claro que no hemos conseguido enseñarles a discurrir, y que no hemos sido capaces, por ello, de barrer entre todos la herencia putrefacta del franquismo.

Quisiera aclarar, sin embargo, que al calificar a esta derecha de contraria al interés de la mayoría no me baso en el hecho de que entre sus elegidos haya un amplio repertorio de corruptos, algunos imputados por los jueces. Desde que Gibbon dijera que “la corrupción es el síntoma más infalible de la libertad constitucional” nos hemos acostumbrado a aceptar su presencia en la política como algo normal. Personalmente he de reconocer que he conocido a algunos políticos honrados, pero no estoy seguro de que fuesen mayoría.

Lo que resulta más preocupante para el conjunto de los ciudadanos es lo que puede suceder en el futuro, si esta derecha llega, como todo parece anunciar, a adueñarse del aparato del Estado. Algo que ansía hasta tal punto que no dudo de que va a intentar conseguirlo acelerando el hundimiento de nuestro crédito público por el procedimiento de sacar a la luz todo tipo de posibles corruptelas en las haciendas municipales y autonómicas que han caído ahora en sus manos –ellos que suelen ser tan tolerantes con las que cometen los suyos–, con el fin de organizar un escándalo que acabe de hundir la valoración de la deuda española y haga inviable la continuidad del Gobierno actual.

Tras lo cual vendrán a rescatarnos de la quiebra, dispuestos a seguir al pie de la letra las exigencias del “consenso de Berlín”, que es quien dicta ahora las reglas que nos afectan más directamente, recortando nuestros salarios, nuestras pensiones y nuestros derechos sociales (la señora Merkel ya ha comenzado a avisarnos de que tenemos demasiados días de vacaciones). A lo cual se añadirá, naturalmente, la disminución de las cargas fiscales de las grandes empresas, aunque esté más que demostrado que este es un camino que sólo sirve para aumentar los beneficios de estas, pero no sus inversiones ni, en consecuencia, los puestos de trabajo, que podrían crearse, en cambio, con una mayor inversión pública, basada en una presión fiscal más equitativa.

Con lo cual van a acentuar nuestra crisis y nuestra miseria, incapaces de seguir el consejo que Mark Weisbrot nos daba en The Guardian el 29 de enero de este año: “España debería oponerse a aceptar las políticas que prolonguen su crisis y le impidan reducir el paro”. Por ahora nuestra “izquierda realmente existente” ha sido incapaz de hacerlo; pero lo que nos espera a manos de sus previsibles sucesores es mucho peor.

Resulta triste tener que decirles a los jóvenes indignados que se manifiestan en nuestras plazas que no van a conseguir nada, entre otras razones porque sus padres se han encargado de votar a quienes no sólo hacen mofa de sus protestas, sino que han empezado ya a advertirles de lo que les espera con los primeros desalojos policiales.

Va a haber que trabajar mucho, y con mucha seriedad, para librarnos de la marea negra que nos invade.

Josep Fontana, Marea negra, Público, 31/05/2011

Tribalitat solidària.

Los humanos actuales compartimos dos aspectos esenciales del comportamiento con el linaje de los chimpancés: la sociabilidad, que alcanza su grado más sublime con la solidaridad, y la tribalidad, que quiere pero no puede esconderse entre los entresijos de nuestro elevado nivel cultural. Los dos aspectos están íntimamente relacionados.

Los componentes de las tribus del pasado tendrían un alto grado de cooperación para lograr el objetivo fundamental de su supervivencia como grupo. La solidaridad parece estar presente desde la aparición del género Homo, a juzgar por los ejemplos que encontramos en el registro fósil desde hace al menos 1,8 millones de años (yacimiento de Dmanisi, República de Georgia).

La tribalidad solidaria conlleva necesariamente la rivalidad intergrupal, que se conoce muy bien en chimpancés, así como entre los grupos humanos de cazadores y recolectores que aún persisten en el planeta. En unos y otros, la rivalidad sucede únicamente en la pugna por los recursos económicos cuando estos escasean y en el mantenimiento de las áreas territoriales donde se localizan estos recursos.

El registro fósil nos ofrece una imagen muy nítida de la diversidad biológica de las poblaciones que ocuparon buena parte de Europa durante el Pleistoceno Medio y Superior (hace entre 600.000 y 30.000 años) por los neandertales y sus ancestros directos. Esa diversidad estuvo condicionada por la compleja orografía de la península europea, repleta de barreras geográficas y regiones proclives al aislamiento de sus poblaciones. La ocupación de Europa por nuestra especie es demasiado reciente como para haber producido diferencias genéticas significativas. Además, las mínimas diferencias producidas se han borrado gracias a la desaparición de las barreras en la comunicación.

No obstante, los 30.000 años (unas 1.200 generaciones) que los humanos actuales llevamos dando vueltas por el continente han producido diferencias culturales importantes. Las más obvias están relacionadas con la comunicación lingüística y sus innumerables matices dentro de las lenguas principales, aún entre territorios relativamente próximos. La tribalidad europea, y su consecuente rivalidad, tiene pues una larga tradición y se ha alimentado de esas diferencias. Aunque lo sensato parece estar en la unidad de todas las tribus europeas, nuestro comportamiento ancestral basado en un fuerte componente genético se opone con fuerza a la integración de la diversidad. Ni aún los símbolos más potentes han sido capaces de lograr esa integración. Los humanos somos así y así nos va.

José María Bermúdez de Castro, Tribalidad europea, Público, 30/05/2011

dilluns, 30 de maig de 2011

Españistán, de la Burbuja Inmobiliaria a la Crisis (por Aleix Saló)

La doble naturalesa del polític, segons Maquiavel.

Maquiavel
Heu de saber que hi ha dues maneres de combatre: l´una amb les lleis, i l´altra amb la força. La primera és pròpia de l´home, la segona de les bèsties; però, com que sovint no n´hi ha prou amb la primera, convé recórrer a la segona. Per tant, a un príncep li cal saber fer com la bèstia i com l´home. Aquest punt ha estat ensenyat als prínceps d´una manera dissimulada pels escriptors antics, els quals ens conten com Aquil.les i molts d´altres entre els prínceps antics foren portats al centaure Quiró perquè l´encarrilés amb els seus ensenyaments. El fet de tenir per preceptor un ser meitat b`stia meitat home no vol dir altra cosa que al príncep li cal saber utilitzar l´una i l´altra naturalesa, car l´una sense l´altra no pot durar.

Tenint, doncs, un príncep necessitat de saber fer com les bèsties, de totes elles ha de triar la guineu i el lleó: però que si el lleó no sap defensar-se contra les trampes ni la guineu contra els llops, cal ésser guineu per conèixer les trampes i lleó per esporuguir els llops. Els que només saben fer com el lleó s´han quedat a mig camí. Per consegüent, un senyor prudent no pot ni ha de mantenir la paraula donada; quan aquesta observança se li gira en contra o quan han desaparegut els motius que l´obligaren a fer prometences.

Perquè, si tots els homes fossin bons, aquest precepte no seria bo, però com que són dolents i la paraula ells no te la complirien, tu, així mateix, tampoc no els l´has de complir: i a un príncep tampoc no li han mancat mai raons legítimes per dissimular aquesta inobservança. En podríem donar infinits exemples moderns i mostrar quantes paus, quantes promeses han restat sense efecte i buides per la infidelitat dels prínceps. I aquell qui millor ha sabut imitar la guineu, és el que ha sortit més bé. Però cal saber acolorir bé aquesta natura i ser un gran simulador i dissimulador: són tan simples els homes, i se supediten tant a les necessitats presents, que aquell qui enganya sempre trobarà qui es deixi enganyar.

Maquiavel, El Príncep

"Rey de bastos".

En una memorable secuencia de la película Amanece que no es poco, Luis Ciges y Antonio Resines, padre e hijo en la ficción, se ven obligados a pernoctar juntos una noche. Al compartir el colchón y antes de arroparse, el padre pregunta: "Hijo, ¿me respetarás?". A lo que el hijo responde con un "por supuesto" casi escandalizado. Pero el personaje de Ciges se ve obligado a aclarar la razón de sus prevenciones: "Es que un hombre en la cama es un hombre en la cama". Pues esta escena es la primera que nos viene a la cabeza tras la carga policial de la plaza de Catalunya de Barcelona contra los jóvenes allí concentrados desde hace días. Porque todos sabemos que un hombre con porra es un hombre con porra.
Las imágenes que circularon de inmediato presentaban a los manifestantes en resistencia pasiva de brazos en alto frente a los antidisturbios autonómicos. Pese al anonimato que concede el casco, todos comprendemos que el hombre con la porra no puede vencer a sus instintos. Piensa: si me han puesto esta porra en la mano y me han puesto delante a este chavalón con barbas es porque la autoridad espera algo concreto de mí. Y la porra, cuyo inventor tenía un cerebro prodigioso, hace el resto. Tener una porra en la mano y abrirle la cabeza al que tienes enfrente es tan natural como asomar la mano cuando llueve.
El consejero Felip Puig, en sus primeras actuaciones con respecto a la policía local, ya mostró una apuesta por la impunidad frente a la transparencia. Los servidores del Estado han de asumir como obligación de su oficio el control férreo de las acciones. Y más en un mundo en el que la imagen tiene un poder corruptor de cualquier idea angelical. Limpiar la zona para dejar que la ensuciaran a su antojo los celebrantes del triunfo futbolístico resultaba un agravio comparativo. En otras ciudades españolas, la autoridad tuvo claro que generar un problema para resolver otro no es la más sabia decisión. Al ver la retransmisión de esa disciplina deportiva que consiste en golpear con una porra a un hombre arrodillado, uno sencillamente confirma lo que ya sabíamos, que un hombre con porra es un hombre con porra.
David Trueba, Porra, El País, 30/05/2011

Paràlisi socialdemòcrata.


Zapatero dijo la noche electoral que el PSOE sabe ganar y sabe perder. El partido no lo ha demostrado a lo largo de esta semana horrible. Saber perder no es sucumbir a maniobras, zancadillas y conspiraciones. Felipe González, Patxi López, Fernández Vara y otros muchos han defendido la tesis de que la confrontación entre candidatos en unas primarias genera división interna y es un “lío” (palabra que Rajoy utiliza a menudo para descalificar propuestas progresistas). Como si forzar la retirada de una candidata no transmitiera una grave imagen de descomposición y un miedo profundo a los procedimientos democráticos.

Hasta el momento, nadie en ese partido ha ofrecido una explicación de la derrota. Alguno ha salido con la peregrina propuesta de realizar un “giro” a la derecha (¿?). Pero la reacción ante la derrota no puede consistir ahora en dar “giros”, en la dirección que sea, pues los ciudadanos lo entenderán como una respuesta desesperada, oportunista y electoralista.

El conflicto interno del PSOE muestra que la gran mayoría de sus dirigentes no han entendido por qué han perdido las elecciones. Aunque haya influido mucho, la derrota no se explica únicamente por los malos resultados económicos. Es verdad que con tasas de crecimiento raquíticas, un paro del 20%, las cajas en serios apuros, un abultado endeudamiento y el sector de la construcción colapsado, la gente tiene que canalizar de alguna forma su frustración y su ira castigando al Gobierno.

Pero hay algo más. Algo que se ha quebrado en estos últimos dos años. Son muchos quienes tienen la percepción de que la crisis no se está resolviendo adecuadamente, puesto que los actores principales no han rendido cuentas. Ni los bancos centrales, con sus políticas monetarias favorables a las burbujas; ni los grandes inversores, que especularon alocadamente y que siguen recibiendo compensaciones monetarias escandalosas; ni las agencias de calificación, que evaluaron los bonos basura como productos de alta calidad y que ahora castigan con severidad la deuda pública de algunos países; ninguno de ellos, digo, ha visto mermado significativamente su poder. Hay aquí una impunidad generalizada que buena parte de la ciudadanía no entiende.

Los gobiernos no han sido capaces, a pesar de las demandas populares, de romper esa impunidad. Tampoco han sabido resistirse a las presiones dirigidas a hacer de la reducción del déficit la prioridad absoluta. En el caso de España, Zapatero se ha tenido que

reinventar a sí mismo como un presidente reformista que realiza políticas impopulares. Es lógico preguntarse por qué, si tales reformas son tan necesarias, el Gobierno no hizo cambios sustantivos en el mercado de trabajo, en las pensiones y en la negociación colectiva durante sus primeros seis años de mandato. Y si el déficit es tan perjudicial, ¿por qué se permitió entonces que llegara al 11%?

Las reformas se presentan como imprescindibles para acabar con los ataques especulativos contra nuestra deuda, pero el origen de esos ataques no está sólo en nuestro endeudamiento (que en otros países es superior y no provoca tensiones), sino en el diseño institucional de la Unión Monetaria, que genera incentivos perversos para que se den esos ataques, como ha mostrado Paul de Grauwe, el más lúcido analista del euro. La Unión Monetaria ata las manos de los gobiernos y les deja sin otra salida que no sean los ajustes fiscales que estamos contemplando y que, hasta el momento, no han conseguido sanar la economía. El euro se ha transformado en un corsé que amenaza con asfixiar a quien lo use.

El PSOE no tiene que inventar nuevos ideales ni nuevas políticas. Sus objetivos pueden seguir siendo reducir las desigualdades, hacer efectivos los derechos básicos y extenderlos, asegurar a los ciudadanos ante los vaivenes económicos y estimular el empleo mediante inversiones productivas. Sigue siendo necesario construir una red de guarderías públicas, mejorar la ayuda en dependencia e invertir en conocimiento.

El problema no radica en esos objetivos, que por lo demás comparte la gran mayoría de la sociedad española. El problema, en realidad, es que los socialdemócratas se han quedado paralizados en la tela de araña que el euro ha construido en Europa y no pueden llevar a cabo sus políticas. Un gobierno progresista debe impugnar el actual diseño de la Unión Monetaria, no necesariamente para destruirla, pero sí para transformarla y democratizarla.

La única salida, por tanto, consiste en tomarse en serio la necesidad de que las instituciones representativas vuelvan a tener el control sobre las decisiones colectivas. Que los políticos recuperen el mando y hagan políticas de derechas cuando gobierne la derecha y políticas de izquierda cuando gobierne la izquierda. Eso exige revisar en profundidad las limitaciones existentes del poder político, así como regular el poder económico, que desde hace tres décadas, con la complicidad y colaboración de los socialdemócratas, ha ido ganando influencia sobre la política.

Poca esperanza, sin embargo, puede tenerse en un partido que ni siquiera es capaz de afrontar un proceso de primarias entre dos candidatos. ¿Alguien cree que un partido así podrá hacer un diagnóstico acertado de la actual situación que estamos viviendo y conectar con las aspiraciones de tantos ciudadanos insatisfechos con la forma en que se desarrolla la política en nuestro país?

Ignacio Sánchez Cuenca, La deriva socialdemócrata, Público, 28/05/2011

diumenge, 29 de maig de 2011

Més enllà de la democràcia emocional.


La democràcia emocional és necessària per consolidar la democràcia plena. No és, però, més que un dels seus components previs. En calen d'altres. La democràcia és l'ús públic de la raó, la qual cosa significa que és deliberativa, que es desenvolupa segons les regles de la proposició de solucions, avaluades i, si cal, refutades serenament per arguments contraris. Davant d'això cal demanar-se si una manifestació a la plaça pública, per més que duri -i si les inclemències atmosfèriques no s'hi oposen- és suficient per a la natura exigent dels debats. Tot intent recent a Europa de crear una oposició extraparlamentària o un fòrum popular alternatiu ha fracassat perquè aquestes condicions no s'hi donaven. És clar que mai no han fracassat del tot, en el sentit que més d'un cop les institucions oficials i formals de la democràcia s'han hagut de fer eco del neguit públic i de la misèria de la tendència del seu personal -el polítics i els sindicalistes professionals- a degenerar en una oligarquia tan ufana com superba.

Caldria recordar, doncs, als indignats la importància que té el pensament crític i la que té la d'informar-se mínimament sobre l'estat del món. Hem sentit moltes afirmacions, expressades amb la més gran bona fe, sobre l'estat de l'economia capitalista, el funcionament del parlament, la legitimitat de les lleis, que senzillament no corresponien a la realitat. També hem sentit algun manifestant queixar-se que «els nostres intel·lectuals» callen o no s'han pronunciat. Naturalment, d'intel·lectuals n'hi ha una (petita) colla i uns quants d'ells pretenen ser-ho i són reconeguts com a tals amb certa alegria, quan la seva obra és superficial, copiada malament d'altri i bastant buida. Però n'hi ha de molt respectables que fa temps que es pronuncien i que fins i tot diuen coses interessants. Sé del cert que no sempre se'ls escolta ni llegeix, i que la gent, en general, si és que llegeix alguna cosa més enllà de la novel·la, s'estima més comprar un best-seller d'un autor venerable que es ven per un parell d'euros i té una dotzena de pàgines, que no pas fer esforços no gaire grans, però majors.

L'esforç de fer els deures mentals hauria de ser previ al de sortir a la plaça i plantar una tenda contra la manifesta injustícia del món. L'equivalent contrari del brindis al sol és la protesta contra els núvols.

Mentrestant, una població que se sent desencisada amb un govern socialista indecís -i ara dividit- va girant cap a la dreta a les eleccions i preparant el camí per a la triomfal arribada de la reacció al poder d'aquí poc temps. Serà una infausta victòria. I no només perquè sigui de dretes, sinó molt clarament perquè el Partit Popular encara avui no ha estat capaç de presentar-nos un programa de govern, un projecte general que puguem analitzar, criticar i sospesar.

Alguns, a l'esquerra, pensen que els indignats a les places públiques són els seus aliats. Potser sí. Però en la mesura que no aconsegueixen elaborar un programa viable, que superi la democràcia emocional i la transformi en democràcia efectiva dins els paràmetres d'allò que és possible, estan ajudant de retruc aquesta lamentable victòria.

La necessària democràcia deliberativa, racional i cívica només es pot desenvolupar si es creen fòrums de discussió -si pot ser, sota l'aixopluc d'una teulada- i si aquests es multipliquen arreu. Amb independència dels partits, si cal. Al marge de les misèries dels funcionaris partidistes i dels lluitadors d'escons. Qui no estigui contra les llistes electorals tancades, ni a favor d'una participació cívica efectiva i regular no hauria de molestar-se per participar en aquest necessari esforç per al renovellament i rellançament de la democràcia que ens cal.


Salvador Giner, Democràcia emocional, El Periódico de Catalunya, 29/05/2011
http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/democracia-emocional-1023453

15-M: més important el procés que el resultat.

Y de repente el sonsonete hueco del discurso electorero se hizo insoportable. En medio de una crisis incesante, 21% de desempleo, 45% de paro juvenil, recortes de vida para muchos y pingües ganancias para pocos, impunidad para corruptos y privilegios para una casta de intocables políticos, el hartazgo se hizo red. Poco antes de las elecciones municipales del 22 de mayo, nolesvotes.org tenía 700.000 usuarios únicos, 154 blogs y 641.000 resultados en Google. En ese ambiente de indignación, germinaron las ideas del manifiesto de Democracia Real Ya, colectivo creado en Madrid que terminaba diciendo: "Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del ser humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado… Por todo lo anterior, estoy indignado. Creo que puedo cambiarlo. Creo que puedo ayudar. Sé que unidos podemos. Sal con nosotros. Es tu derecho". Y el 15-M salieron, decenas de miles, en Madrid, Barcelona y muchas otras ciudades. Al final, en Madrid unos pocos pernoctaron en la Puerta del Sol, y al día siguiente otros en Barcelona en la plaza Catalunya. Hablaron, soñaron y tuitearon a sus redes de amigos. El día después eran cientos. Luego, miles. Cuando los desalojaron de la Puerta del Sol, vinieron muchos miles más. Tantos, que cuando la Junta Electoral y el Constitucional declararon ilegal "pedir un voto responsable" en la jornada de reflexión, la policía no pudo imponerlo. La dimensión de la acampada lo hacía inviable. Las acampadas proliferaron en España y se extendieron por el mundo. El día 25, tras las elecciones acogidas con total indiferencia en esta sociedad emergente, pese a que señalaban el desplome total del socialismo realmente inexistente, se registraban 706 acampadas en el mapa global (www. thetechnoant. info/ campmap/).

Siguen surgiendo conforme cada localidad añade su protesta reivindicativa, pacífica y festiva a las redes tejidas entre ciberespacio y espacio urbano. La atención mediática contribuyó a difundir un fenómeno que todos se apresuraban a etiquetar, pero que pocos políticos se atrevieron a condenar de momento. No se trataba de los sospechosos habituales. Proceden de todos los rincones, condiciones, edades y grupos sociales. Miren las fotos en Flickr (acampadabcn.org) para percibir la diversidad. Pronto quedó claro que no había líderes. Si alguno pretendía serlo, la acampada lo desautorizaba. Aun agradeciendo los servicios prestados a Democracia Real Ya, los acampados no aceptaron ninguna sigla. En Acampadabcn se decidió que cada persona se representaba a sí misma. Todo se elabora en comisiones temáticas y funcionales, múltiples y autónomas, coordinadadas por una intercomisión cuyos miembros rotan. Las decisiones que afectan a todos pasan por la asamblea al final del día. Se debaten propuestas, organización y táctica. Debates intensos, conducidos con respeto, creando una nueva dinámica gestual para evitar ruidosas expresiones (revolotean en el aire primaveral las manos que dan el sí o se cruzan hoscos los antebrazos de los noes). Prohibidas palabrotas. Desaconsejado botellón, rechazada droga, aunque el tema está en debate. Se controla todo atisbo de violencia: en los primeros diez días no hubo un solo incidente. La no violencia es un principio básico asumido por todos, puesto a prueba cuando las autoridades se han cansado de ser desautorizadas y la han emprendido a porrazos.

Pasadas las elecciones, el movimiento se extendió, concretó y profundizó. Se extendió por otras ciudades y se descentralizó por barrios, esbozando miniacampadas que podrían llegar hasta centros de trabajo. Se concretó con objetivos propios de cada acampada, y se decidió su organización y sus reivindicaciones. Y se profundizó mediante una atención creciente a la elaboración programática de objetivos. El día 25 AcampadaSol difundió un documento sintetizando las propuestas aprobadas por las asambleas desde el día 16: eliminar los privilegios de la clase política; medidas contra el desempleo, incluyendo el reparto de trabajo y el rechazo al aumento de la edad de jubilación mientras haya desempleo juvenil; derecho a la vivienda, incluida la expropiación del stock de viviendas no vendidas para ponerlas en el mercado en régimen de alquiler protegido; servicios públicos de calidad, incluyendo supresión de gastos inútiles de Administración, contratar personal sanitario y enseñante, transporte público barato y ecológico; control de los bancos, constituyendo una banca pública bajo control social con aquellas entidades que quiebren, devolviendo a las arcas públicas del capital público aportado; reforma fiscal, aumentando los impuestos a las grandes fortunas y los bancos, y controlando el fraude fiscal y los movimientos de capitales; libertades ciudadanas y democracia participativa, empezando por la abolición de la ley Sinde, que coarta la libertad en internet; proteger la libertad de información y el periodismo de investigación; modificar la ley electoral para acabar con la discriminación política, incluyendo la representación del voto nulo y blanco; independencia judicial; democracia interna en los partidos políticos; reducir el gasto militar.

Cito estos objetivos para resaltar lo concretos y razonables que son, aunque la utopía inmediata de una vida distinta también está presente en muchas mentes. Pero lo transformador es el proceso más que el producto. Es la elaboración en comisiones abiertas y la decisión en asamblea. Es una nueva política para salir de la crisis hacia un nuevo modo de vida construido colectivamente. Un proceso lento porque, como dice un cartel en Barcelona, "vamos lento porque vamos lejos". De modo que aquellos que minimizan las wikiacampadas no entienden todavía su profundidad. Podrán salir de las plazas, para volver periódicamente a ellas, pero no saldrán de las redes sociales y de las mentes de quienes participan. Ya no están solas y han perdido el miedo. Porque descubrieron nuevas formas de organización, participación y movilización que desbordan los cauces tradicionales de los que una parte de la sociedad, y la mayoría de los jóvenes, desconfían. Partidos e instituciones tendrán que aprender a vivir con esta sociedad civil emergente. Si no, se irán vaciando desde dentro conforme los ciudadanos vayan pasando de las wikiacampadas a esa democracia en red aún por descubrir en una práctica colectiva que tiene su raíz en cada persona.

Manuel Castells,# Wikiacampadas, La Vanguardia, 28/05/2011

Contra l´"ego" fort.



En mis años de estudiante en París era practicamente un lugar común referirse a la subversión de valores a la que, de manera implícita o explícita, invitaría lo autenticamente vivo en el pensamiento contemporáneo. Complementariamente a la crítica de los fundamentos del orden social desarrollada por el marxismo, se ponía de relieve que el concepto mismo de sujeto, debería dejar de ser identificado al de conciencia para concebirse como relacional y transitivo. Hasta en la lectura académica del cartesiano Discurso del Método se reflejaba esta exigencia de puesta en tela de juicio, insistiendo los comentaristas en que el je del cogito nada tiene que ver con el moi, (expresión en lengua francesa del ego que subordina -más que acompaña- todas nuestras representaciones y lazos con el mundo). Significativo es al respecto el hecho de que Descartes se refiera a su propia condición como una cosa que piensa, es decir, según sus propios términos, una entidad que duda, que afirma, que niega, que cree, que se interroga, etcétera, es decir, una entidad tensada, ágil y productiva. Por decirlo sin ambages:

Una conciencia reflejo de la obediencia a prejuicios y el anclaje en representaciones pasivas, una conciencia que no se pone en cuestión, una conciencia meramente expresiva del conjunto de clichés que sirven de base a una situación social dada...tal conciencia forja un fortísimo ego, pero no es una entidad que piensa, repudia ese "ardiente deseo de toda mente pensante", al que se refiere el físico Max Born, no responde a la condición mínima avanzada por Descartes, no es cabalmente un ser humano.

Víctor Gómez Pin, Luchar por "ser una cosa que piensa", El Boomeran(g), 27/05/2011
http://www.elboomeran.com/blog-post/6/10841/victor-gomez-pin/luchar-por-ser-una-cosa-que-piensa/

15-M: contra la Cultura de la Transició.



Stéphane M. Grueso es cineasta y autor de “¡Copiad, malditos!”, un documental sobre los caminos alternativos al copyright y el primero que emite TVE con licencias Creative Commons. Amador Fernández-Savater es co-editor de Acuarela Libros y autor de “La cena del miedo”, el relato sobre la cena con la ministra de Cultura que marcó un hito en la lucha contra la ley Sinde.

Stéphane y yo sabíamos el uno del otro, pero nos hemos conocido ahora en la Puerta del Sol. A lo largo de los días nos hemos ido encontrando, compartiendo nuestro entusiasmo e intercambiando algunas reflexiones (al menos el tiempo que Stéphane levanta los ojos de su Smartphone y deja por un momento de tuitear en @fanetin todo lo que ocurre). Esta conversación es solamente una más de las miles que se dan en la plaza estos días, salvo por el detalle de que podemos compartirla en Público.

S. No soy mucho de manifestaciones, pero la del 15-M me parecía muy necesaria. Como tanta gente, estoy harto de un sistema social, económico y político medio podrido que no tiene ninguna consideración por la gente, ni por el mundo. A pesar de esto, el ambiente de la manifestación no era de pesadumbre, ni bronco. Todo lo contrario: circulaba mucha alegría, como en una fiesta.

A. La convocatoria de la manifestación ya anticipaba los rasgos de Sol: al mismo tiempo radical, abierta e incluyente. Liberó tanta energía que hubo quien no pudo volver a casa sin más y decidió plantarse aquella misma noche en la plaza. Me asombra y emociona mucho ese gesto. Quizá no hubiera salido nunca de la deliberación o el cálculo político de una asamblea más organizada y sólo puede ser el fruto de la improvisación de un grupo de gente que decide hacer lo que quiere hacer y actuar contra todo pronóstico.

S. La acampada creció sobre todo después del desalojo, que todos percibimos como algo intolerable. Ahora es impresionante. A día de hoy hay una guardería para niños, placas solares, una biblioteca, una enfermería, equipos de limpieza que dejan todo impecable, comida en abundancia… Es como una pequeña ciudad. Hay un enorme esfuerzo colectivo por cuidar el espacio para crear al menos por unos días un pequeño mundo habitable donde quepamos todos. Es lo mismo que se leía hace meses sobre la Plaza Tahrir.

A. Hemos pasado de tomar la calle a crear la plaza. La democracia que queremos se parece mucho a la organización misma de esas plazas: igualitaria, activa, cooperativa, a la altura de las personas. Es todo lo contrario de la política de los políticos. Por eso no nos representan. Este movimiento cuestiona radicalmente esa cultura consensual, desproblematizadora y despolitizadora que llamamos Cultura de la Transición. Los dos gritos más coreados son: “no nos representan” y “lo llaman democracia y no lo es”.

S. Estamos disfrutando de lo lindo y también aprendiendo, formándonos. Durante estos días he podido conocer a gente muy joven. Me ha sobrecogido su calidez, su inteligencia, sus capacidades de organización, su entrega, su amor por lo común. Todo lo contrario de esa juventud egoísta y descerebrada que nos presentan los estereotipos. Las plazas están creando buenos ciudadanos, es decir, ciudadanos problemáticos.

A. Las etiquetas son una técnica de gobierno: separan a los que protestan del resto de la población, como si no compartiesen nada. Pero las plazas han destruido con una grandísima inteligencia colectiva todos los estereotipos que nos dividen. Como se dice en uno de los miles carteles geniales que hay por todos lados, “nosotros no somos anti-sistema, el sistema es anti-nosotros”.

S. La gente es ahora el medio de comunicación más potente. Entre todos los individuos conectados estamos produciendo nuestro propio relato coral de lo que pasa y los medios convencionales vienen detrás. Yo me compré el móvil para mis comunicaciones personales, ocio o internet, pero ahora lo veo más como un arma de autodefensa.

A. Me pregunto de dónde vienen estos saberes de autoorganización desplegados en las plazas y encuentro un posible filón en la cultura de red. En los ámbitos de la cultura libre está muy arraigada la idea de comunidad como grupo de creación conjunto, cooperación entre iguales, posibilidad de tocar y modificar lo que hace otro. No sólo estamos protestando contra algo, sino que ahora somos una especie rara de comunidad.

S. La jornada de la votación no ha significado mucho para nosotros. Muchos hemos ido a votar, claro, pero estamos ya en otra cosa. Entendemos que lo nuestro es más importante y ambicioso que unas elecciones y estamos trabajando en ello. Yo creo que habría que consensuar unos mínimos comunes, lograr el máximo apoyo y luchar con fuerza por ellos. Yo me quedo con dos cosas: cambios en la ley electoral y regular el acceso a la información pública. Desde ahí podemos empezar a construir el futuro.

A. La experiencia de protagonismo colectivo, de toma de palabra y de cooperación entre personas desconocidas es ya una victoria irreversible. La mirada, la disposición y la relación con el mundo de muchísima gente se ha transformado. Ahora mismo hay un impulso por hacerse cargo de la vida en común que me parece imparable. Además, desde ahora y para siempre, como decían en Egipto, “ya conocemos el camino de regreso a la Plaza Tahrir”.

Conversación entre Stéphane M. Grueso y Amador Fernández-Savater aparecida el 28 de mayo de 2011 en Público.

dissabte, 28 de maig de 2011

L´anarquisme i la carrasca de Calaceit.

Calaceit
No fa gaire érem al Matarranya, triscant per la muntanya, quan vam topar amb un arbre colossal. Una alzina, esplèndida. Per voltar el tronc calien cinc persones agafades de la mà. Imaginem-nos un pop cap per avall: les branques, com tentacles, tenien un gruix rocós. S'estenien per damunt dels nostres caps, paral·leles al terra, cobrint-nos amb la seva escorça rugosa. I no era un arbre qualsevol: aquella alzina era una metàfora de la Guerra Civil.

Molt a prop hi havia un plafó informatiu. Com que el text no era gaire extens el puc incloure tot sencer.

"La carrasca del Mas de X es una de las de mayores dimensiones de todo Aragón. Si este monumento natural pudiera hablar nos contaría muchos de los acontecimientos que han sucedido en Calaceite a lo largo de estos últimos siglos. Quizás uno de los más críticos para la propia carrasca fue aquel día del año 1936 cuando estuvo a punto de ser talada por unos milicianos anarquistas para su aprovechamiento como leña. La intervención de un vecino de Calaceite en su favor, así como el hecho de tener que realizar la corta de tan tremendo tronco con tronzador, seguro que influyó en la decisión final de realizar tal acción" .

El Baix Aragó és l'únic lloc del món on ha triomfat una revolució anarquista. El juliol del 1936 el Matarranya va quedar en mans de la CNT-FAI, que va governar fins a l'entrada de les tropes de Franco el 1938.

Des d'un punt de vista narratiu és comprensible la fascinació que han generat els anarquistes. Pel que fa a la construcció de relats els perdedors tenen a favor la força dramàtica de la derrota. Ens sedueixen més els sioux que el general Custer, els confederats abans que els federals. Fins i tot l'ocàs grandiloqüent dels nazis genera una atracció mòrbida. En aquest sentit els anarquistes no tenen competència: perquè són els derrotats dels derrotats (per la República i després per Franco) i perquè la seva utopia era tan radical com immaculada.

Naturalment, pel que fa al registre històric les coses van ser més complexes. Al principi de la guerra la CNT va imposar-se en un procés revolucionari, que com totes les revolucions implicava vessament de sang. I no gens heroic, per cert.

Després del 18 de juliol a Calaceit es van reunir els partidaris de la dreta dirigits per uns quants guàrdies civils. En aquelles contrades el cop va fracassar i van quedar envoltats per una unitat militar fidel al govern. Van rebre un ultimàtum: o es rendien o els arrasarien amb foc de morter. Es van rendir, i els dretans van ser massacrats pels milicians que secundaven les tropes regulars. No cal dir que un any i mig després, quan els franquistes van prendre la zona, les represàlies van ser terribles. Els únics que en van sortir ben lliurats, quina ironia, van ser els guàrdies civils. Un cop es van rendir l'exèrcit va lliurar-los a les autoritats de Barcelona, que van instruir judici. El seu advocat va fer mans i mànigues per endarrerir-lo fins que el final de la guerra els va salvar.

La gran paradoxa és que al Matarranya l'anarquisme va morir d'èxit. Precisament perquè van tenir l'oportunitat de governar, els anarcosindicalistes van haver d'encarar-se amb la seva antiutopia: l'exercici del poder. Per a alguns la col·lectivització va ser un somni fet realitat; per a d'altres, un malson. Un dia un pagès rep la visita del seu millor amic: "Té, los del sindicat m'han dit que te done este paperet". Amb "lo paperet" la CNT expropiava l'home de tot el que tenia en aquest món, és a dir, un modestíssim mas que amb prou feines li donava per viure, a ell i als seus, i on la seva família havia viscut durant tres segles. Els dos homes no van perdre l'amistat i de iaios jugaven al dòmino, al bar del poble. Però cap dels dos va oblidar mai que un dia del 1937 l'un va donar a l'altre un "paperet".

Al principi he dit que aquella alzina és una metàfora de la Guerra Civil. Em referia a una memòria viva, tràgica, irresoluble.

Sabem que hi va haver una guerra, de la mateixa manera que sabem que aquest arbre és immens. Però per gran que fos la guerra, o l'arbre, és impossible que ens posem d'acord sobre què va passar a la guerra, o amb l'arbre. Perquè un dels homes del poble que ens acompanyava va llegir la nota històrica i es va indignar: "Mentida! Pels meus collons que tota aquesta lletrà és mentida!" I en efecte, si tornem a llegir-lo és evident que fa tuf. Per què hauria de voler ningú tallar aquell arbre enorme, perdut enmig del bosc? Per què haurien de voler carregar un pes tan enorme, de tornada, quan a la rodalia del poble hi sobrava llenya? Però és clar, per a algunes mentalitats és lògic que " la horda roja " es lliurés a tasques destructives, a la societat o a la natura.

Què va passar realment amb la carrasca de Calaceit? Segurament no ho sabrem mai. Només sabem que continua aquí, entre nosaltres.

En una cosa potser sí que tenia raó, el plafó, i és que un tan " tremendo tronco " no pot ser serrat així com així.

Albert Sánchez Piñol, Una alzina aragonesa, Ara, 28/05/2011

Josep Pla i la genealogia de l´escola.



No em sé estar, en el meu darrer article com a columnista d'aquesta secció, d'obsequiar el lector amb uns fragments del paper de Josep Pla, Cap a estudi, inclòs en el volum Humor, candor de l'Obra completa. Com és sabut, l'obra de l'escriptor empordanès comprèn quasi tres quarts de segle de cròniques i reflexions sobre el país i la condició humana, observada i analitzada amb un punt de sornegueria i humor, i amb un estil precís, mengívol i clar.

En l'article esmentat, Pla comença preguntant-se per la història de l'origen de les escoles, que suposa molt antiga "perquè la tendència dels pares a tancar els seus fills, intermitentment, en llocs remots, segurs i d'escamoteig difícil és més vella que els camins". Aquesta tendència Pla l'atribueix al "descobriment que les persones s'estimen en proporció a la llunyania en què viuen". Després de constatar que la proximitat no és generadora de tendresa i que la llunyania idealitza homes i coses, intueix que "les escoles nasqueren de la tendència separativa que, per mantenir viu i càlid el sentiment de l'amor, s'observa en les relacions dels pares amb els seus fills". D'aquí que, segons Pla, "les escoles són una creació típica dels pares de família". Quant als fills, l'escriptor opina que "si les criatures poguessin crearien establiments similars per als seus papàs, col·locats en una discreta llunyania, per tal de poder-los estimar amb la intensitat i l'assiduïtat que mereixen. Tanmateix, el que passa és que els pares, més previsors, s'avancen, la qual cosa fortifica el prestigi de l'amor patern".

A l'inici, explica Pla, les escoles només guardaven les criatures una estona al matí, de manera que "a la tarda, les criatures es feien pesadíssimes. 'Que pesades són aquestes criatures!', deien els papàs a les mamàs, i viceversa". I com que "el desori es féu insuportable, a mesura que augmentà, en l'home i la dona moderns, la necessitat de posseir una certa superfície social: la necessitat de relacionar-se, de fer visites, d'anar a prendre el te o l'aperitiu, d'anar de compres o al cinema", va caldre fer compatible la sociabilitat amb l'amor filial: "D'aquí nasqué la pedagogia moderna, que prengué, des del primer moment, un gran impuls. La primera conquesta d'aquesta ciència es produí a l'època de les llums, quan l'estada de les criatures a les escoles fou ampliada a les hores postmeridianes". Per això, conclou Pla, "quan es tingué la seguretat que les criatures romandrien en un lloc remot i segur de les nou del matí a les sis de la tarda, es pogué començar a parlar de bones escoles i es comprengué la importància de la pedagogia". Arribada l'hora del comiat, deguda a una mudança de dia i temàtica, és just d'agrair-te, públic lector, tanta fidelitat i comprensió envers els meus escrits, sovint esquitxats d'un excés de cordialitat i idealisme, sense cap altra malícia que la ingenuïtat sarcàstica d'un tímid somniador.

Jordi Estrada, La importància de la pedagogia, Regió 7, 28/05/2011

divendres, 27 de maig de 2011

El futbol com a coartada.

Mientras escribo estas líneas en la biblioteca parisina de una institución en cuyo patio hay tiendas de campaña con eslóganes evocativos de la madrileña Puerta del Sol y la barcelonesa Plaza de Cataluña, me llega la noticia de que el partido del Barça podría ser la coartada para justificar el desalojo de los ocupantes barceloneses. Al parecer se ha avanzado el argumento de que algunos seguidores del club podrían exteriorizar su alegría de forma violenta haciendo imposible discernir la actitud de unos y otros, por lo que, a fin de evitar la amalgama, la decisión de desalojar debería venir de los propios "ocupantes".

Escribo el viernes por la mañana y no se naturalmente si finalmente habrá o no celebración. Tampoco estoy hoy en condiciones de saber si esta idea viene de algún responsable político concreto o si meramente se ha dejado que circule. Pero simplemente quisiera manifestar que si algo hay de indignante es que una manifestación de repulsa frente a un orden social que conlleva intrinsecamente miseria y embrutecimiento de los ciudadanos, pueda ser homologada a la exteriorización de una alegría por lo aleatorio de un resultado deportivo. Los propios seguidores del club deberían denunciar esta utilización. De lo contrario se acentuaría la impresión que muchos tenemos de que el fútbol (por respetable y hasta admirable que pueda ser el esfuerzo técnico de los profesionales de este deporte) juega hoy un papel clave en la maquina de alienación que los propios ocupantes de la plaza denuncian.

Víctor Gómez Pin, Luchar por "ser una cosa que piensa", El Boomeran(g), 27/05/2011
http://www.elboomeran.com/blog-post/6/10841/victor-gomez-pin/luchar-por-ser-una-cosa-que-piensa/

La Comuna de Paris i la Comuna de la Plaça Catalunya.

Demà celebrarem l’aniversari d’un fet que va ser cabdal per a l’educació política i sentimental d’allò que se’n va dir moviment obrer. Farà 140 anys del desmantellament de la barricada de la Rue Ramponeau, al parisenc barri de Belleville, la darrera que va aguantar dempeus del fascinant experiment de la Comuna de París. L’absurda guerra amb Prússia, resolta en la carnisseria de Sedan, havia portat l’imperi d’opereta de Napoleó III a l’evaporació l’any anterior. Un París sense govern, sense exèrcit, afamat i humiliat va donar pas al primer gran fenomen d’auto­organització i de conquesta social.

L’autogestió de les fàbriques, les primeres escoles bressol per als nens de les treballadores o un sistema decisori basat en assemblees populars van ser algunes de les mesures preses, la memòria de les quals es va estendre fins al maig del 68, que, en certa manera, se’n va considerar hereu. La Comuna ha estat reivindicada tant per marxistes com per la tradició llibertària, i el seu fracàs ha estat precisament un motiu d’acusació ja centenari entre tots dos moviments. En el seu text El significat de la Comuna, Henri Lefebvre, influent autor marxista en la jungla del pensament francès dels anys seixanta, va culpar de la derrota la falta d’estructura jeràrquica. Tanmateix, Lefebvre, amb una juvenil nostàlgia, va qualificar aquells dos mesos com “una festa, la més gran del segle i dels temps moderns”. A l’altra banda, Kropot­kin, en el seu La comuna de París del 1880, la va batejar com “la revolució de la xusma anant a la conquesta dels seus drets”.

Ara que parlem de xusma, suposo que ja esbrinen cap a on vull anar a parar. Efectivament, l’aniversari de la Comuna té un modest però molt digne corol·lari a la plaça de Catalunya. Xusma els han dit, desorganitzats, innocents i altres mots carregats del verí de la condescendència. Però l’esperit, suavitzat per les toves maneres del segle, és molt semblant. La Comuna de la plaça de Catalunya comparteix amb aquella primavera una praxi que està molt allunyada de la cultura política comuna: no té cap finalitat. És a dir, que l’acte en si mateix esgota i acompleix la seva funció política. Quan es reclama a l’acampada que facin propostes concretes s’està fent el ridícul més espantós, ja que l’acampada mateixa, l’ocupació d’un espai, és alhora el reclam i el seu acompliment. “La més gran mesura social de la Comuna va ser la seva mateixa existència en acte. París tot veritat. Versalles (on residia el govern de Thiers) tot mentida”. Així definia Lefebvre la veritable importància de la Comuna. Ésser. Dins d’allò que es deia teoria de l’esdeveniment, Gilles Deleuze ja va dir que “l’esdeveniment és inseparable dels temps morts”. Per això, tot i no passar res, l’acampada crea un relat reeixit.

Quan escric aquestes línies, hi ha gent a la plaça que tem que abans de l’aniversari de la Comuna els desallotgin. No per la coincidència amb aquell fet, sinó pel futbol, que ha substituït en els nostres dies aquella passió per les idees. Topen dos espectacles. El normatiu-futboler i el metapolític. Dues multituds: la informalitat culer i la indignació organitzada. Dos espais: Canaletes com a trànsit, Catalunya com a destí. I la Comuna i el dret a recuperar el temps i l’espai com a teló de fons. Mentre sentim, això sí, com marca el Barça.

Antonio Baños, Llarga vida a la Comuna de Paris, Público, 27/05/2011

15-M: l´amenaça de la final de la Champions.



... un front de preocupació és la final de la Champions a Canaletes. Tots sabem en què acaben sempre les celebracions a la rambla de Canaletes, i tots sabem també com intentaran utilitzar els aldarulls en contra nostre, que utilitzaran el futbol, que no és més que un analgèsic perquè el poble no protesti per res, per acabar amb una manifestació política i ciutadana molt seriosa. No permetrem que ens idiotitzin, no permetrem que ens banalitzin, no permetrem que guanyi el descontrol d'uns grups de gent que es dediquen a destruir pel sol fet de destruir. Però per sobre de tot, no deixarem que ens facin fora, passi el que passi. I el millor és que ni tan sols ells saben què faran, n'estic ben segur. Perquè per una vegada, els polítics comencen a tenir por del poble. Que és exactament el que hauria de passar en qualsevol democràcia.

Álvaro Alsina, No ens faran fora, El Periódico de Catalunya, 26/05/2011
http://www.elperiodico.cat/ca/noticias/societat/20110526/ens-faran-fora/1019985.shtml

La necessitat de pensar políticament.


Hay gente que se ha indignado con los indignados. Juzgan la protesta contraproducente porque el PP ha barrido en las elecciones, al tiempo que consideran desquiciado un país en el que la izquierda toma las calles, mientras la derecha llena las urnas. No han entendido nada. La protesta de los indignados no es la causa del batacazo del PSOE, sino la consecuencia. Situados ante la disyuntiva de ratificar las políticas antisociales del PSOE o las que hará el PP, los ciudadanos han contestado que un recorte es un recorte es un recorte...

La reclamación de una regeneración democrática no es despreciable, desde luego. Pero seamos sinceros: cuánto mejor soportábamos la corrupción y la falta de democracia interna en los partidos cuando teníamos trabajo y un estatus razonable. Si los ciudadanos han clamado contra el bipartidismo es porque no ofrece alternativas reales en política económica. Y el PSOE no solo ha fracasado en ojear su presunto pedigrí socialdemócrata, sino que ha impulsado las reformas de signo neoliberal: atémonos los machos porque esto reduce su margen de crítica desde la oposición. Algunos potenciales votantes socialistas se han quedado en casa o se han decantado por otro partido (de ahí la subida de IU y UPyD) mientras los más animosos marchaban a la Puerta del Sol. El peor resultado de la historia del PSOE no se debe a un voto masivo al PP -que ha cosechado solo un tercio del millón y medio de sufragios perdido por el PSOE-, sino a que el amplio sector ciudadano con preocupaciones sociales ha visto cómo Zapatero desertaba de la inspiración socialdemócrata para encarrilarse por las vías del economicismo estrecho, el mercado sin ataduras y la irresponsabilidad de los poderes económicos y financieros.

El Movimiento 15-M, por el contrario, nos obliga a pensar políticamente, como quería Tony Judt. Algunos han tratado de encontrar en los miles de carteles de Sol un programa, cuando lo que sale de allí es un aullido. Es el grito de quienes ven encanijarse su condición de ciudadanos en una democracia autosatisfecha. Se trata de una realidad que discurría de forma subterránea y ha sacado a la luz el 15-M, pero que no se agota con estas elecciones ni lo hará con las del año que viene. Intuyo que estamos viviendo el inicio de una serie de revueltas que sacudirán toda Europa durante años.

Los gritos de los indignados se han etiquetado rápidamente con la épica revolucionaria, pero reclamaban eso tan reformista que la izquierda oficial ha soltado como si fuera un pesado lastre: el ideario socialdemócrata, según el cual el problema no es individual, sino colectivo; la política debe definir el marco jurídico, social y económico en que se desenvuelve la actividad del mercado y no a la inversa; y la función del Estado no es proporcionar a los banqueros los medios para hacerse más ricos, parafraseando a Keynes, sino impartir algo de justicia en las relaciones económicas. Mientras los partidos de izquierda se muestren temerosos de defender ese discurso, lo hará la calle.



Y lo hará con todo sentido. Porque afirmar que la derrota del PSOE se debe a la crisis encierra una de las contradicciones políticas más gloriosas de las últimas décadas. Una crisis provocada por la codicia financiera y la burbuja inmobiliaria -sendos fracasos del mercado- debería haber desembocado en una deslegiti-mación de los postulados neoliberales, un discurso que explicara las causas de la crisis y señalara a los responsables, además de no avergonzarse de pedir nuevas regulaciones para evitar futuras crisis. Sin embargo, ha ocurrido lo contrario: los mercados han renovado sus ímpetus al asumir los gobernantes con toda naturalidad sus exigencias. Con asombro, hemos visto al ministro José Blanco de gira para vender el stock inmobiliario español, en lugar de trabajar por el derecho de los españoles a una vivienda consagrado en la Constitución. Por no hablar de ese atribulado Papandreu al que solo le falta poner en venta a Zeus y todos los dioses del Olimpo.

Mientras toda la ambición política de la izquierda oficial consista en hacer méritos con el déficit para parecerse a la derecha, sus votantes contestarán como lo han hecho en estas elecciones: no con mi voto. A menos que recupere y actualice -es decir, globalice- el discurso socialdemócrata, la derecha seguirá ganando en las urnas y las calles hervirán. Se cuestionará la propia democracia, como hemos visto, porque si no hay alternativas económicas, la elección que se ofrece a los ciudadanos es, en efecto, ficticia: una triquiñuela semejante a la que se le hace a un hijo adolescente cuando se le pregunta si quiere comer con los abuelos el sábado o el domingo, para que crea estar eligiendo algo, cuando en realidad le estamos imponiendo una pesada reunión familiar. Si los mercados no están controlados por el poder democrático se hurta a los ciudadanos el autogobierno en asuntos económicos, los fundamentales. Por eso han estallado: no quieren compartir mesa con esos voraces abuelos de los mercados y encima pagarles el festín, pero no encuentran a nadie que administre su indignación.

Irene Lozano, ¿Y quién administra la indignación?, El País, 24/05/2011

15-M: Les xarxes socials contra la lucidesa.

Avui, amb el seu permís, començarem amb una faula. Temps era temps que un conillet només llegia els comentaris dels diaris digitals, els tuits dels seus amics, els murs del Facebook i coses així. De la resta no se'n refiava. No llegia les notícies, ni escoltava la ràdio, ni mirava la tele, ni tocava els llibres: deia que tot plegat era un engany del sistema, que els periodistes professionals estaven comprats pel gran capital i que el paper imprès era una cosa del segle XIX.

Diumenge passat, a quarts de vuit del vespre, un mussolet va guaitar al seu cau i li va preguntar: "Conillet, conillet, tu que et passes el sant dia enganxat a l'ADSL i disposes d'informació alternativa no contaminada pel sistema... com acabarà, això d'avui?" Amb un cert aire de suficiència, el conillet li va dir: "Com es nota que ets un ignorant! Això et passa per no estar permanentment connectat a les xarxes socials, que és on hi ha la informació de qualitat i no en tots aquests llibrots de paper que ja només fan anar els intel·lectuals" (en realitat va dir "intel·lectuals de merda", però ho treurem per si hi ha nens). "Segons he anat llegint avui, oh mussolet, passarà el següent. Primer: a Madrid hi ha centenars de milers de milions de joves revolucionaris esquerrans lluitant pels carrers. La gent els llença flors des dels balcons i després s'afegeix al combat. Això vol dir que s'ha acabat l'hegemonia del PP a Madrid. S'enfonsaran a tot Espanya, ja ho veuràs! Segon: encara que a la plaça Catalunya totes les consignes estiguin escrites en espanyol i no hi hagi ni una sola senyera, tots són patriotes catalans d'esquerres a punt de fer la revolució nacional i social contra les retallades. A més, als comentaris dels digitals només hi he vist dos grans bàndols enfrontats: els de SI, ERC, Reagrupament, etcètera, per una banda, i els de Ciutadans i UPyD per l'altra. Per tant: a l'Ajuntament de Barcelona quedaran empatats Santiago Espot i Jordi Cañas. Segur, segur. Els partits tradicionals no obtindran ni un sol regidor!", va exclamar el conillet mentre rosegava una pastanaga lliure de transgènics.

Avui, dijous, 26 de maig, hi haurà moltes persones que continuaran gaudint de les dolcíssimes mels de l'autoengany, exactament igual a com ho van fer abans de diumenge. Acostumats a viure en un món dual i esquemàtic on només hi ha la possibilitat d'assentiments marcials o bé de discrepàncies automàtiques, on el personal no dialoga sinó que creua monòlegs de 150 caràcters, els fets objectius i quantificables acaben semblant una cosa molesta i supèrflua. De fet, en un altre mes de maig, el del 1968, algú ja va dir allò de "la realitat només és un prejudici burgès".

La setmana passada vaig observar atentament la plaça Catalunya en diverses ocasions -hi passo literalment cada dia per anar a la facultat- i vaig ser incapaç de reconèixer el que s'explicava des de diversos mitjans, alternatius i no alternatius. Hi havia un relat previ molt atractiu -el de la indignació i tot això- i uns fets que no hi encaixaven ni per casualitat. Solució? És ben senzilla: deixar de banda el que tenien davant dels ulls i fantasiejar una bona història.

Amb el cridaner resultat de les eleccions ha passat una cosa semblant. Resulta que l'actual govern de la Generalitat vol desmantellar l'estat del benestar, enderrocar les escoles públiques, vendre's els quiròfans com a ferralla i rematar els malalts i obligar els avis a fer treballs forçats a les pedreres. Això és el que explicaven Hereu, Puigcercós i Gomà fins a la matinada de divendres passat, per exemple. I això és el que es repetia en el món malsà i enrarit de la piuladissa autocomplaent.

Resultat: el millor, amb diferència, de tota la història de CiU en unes municipals.

En la mesura que generen un clima autoreferencial, tancat i sense matisos, les xarxes socials no semblen ara mateix el vehicle més idoni per fer revifar la política. Són ideals per conrear els exquisits plaers de l'autoengany, sens dubte, però no la lucidesa, sempre tan amarga.

Ferran Saez, El plaer de l´autoengany, Ara, 26/05/2011

dijous, 26 de maig de 2011

Hem de seguir Ramon Llull.

Ramon Llull
Per mesurar un canvi, a mi em sembla que és millor mirar el que és diferent que no pas el que continua igual. M’explico. Per saber quines poden ser les tendències socials i polítiques que ens esperen no ens hem de fixar en les mutacions de fortuna que cíclicament castiguen els partits. Perquè, encara que percebem una variació, mai no es tracta d’un canvi. Amb una excepció molt notable. La implosió de la socialdemocràcia arreu d’Europa.


El programa de Bad Godersberg del 1959, que va marcar la doctrina del SPD alemany i va estendre la seva influència a tots els socia­listes fins avui, formalitzava un pacte. D’una banda, la renúncia al marxisme. És a dir, a qüestionar-se els aspectes nodulars del capitalisme: propietat dels mitjans de producció, plusvàlua, alienació del treball, etc. A canvi, el sistema oferia un cotxe a tots els treballadors. Bé, un cotxe, vacances pagades i aires de burgès. Benestar a canvi de no fer-se el soviètic. En acabat, ens hem trobat amb l’incompliment palmari per part del capital des del 1989. I la resposta socialista ha estat acotar el cap, no emprenyar el mercat i parafrasejar el camarada Felipe quan, en plena reconversió, va dir “més val que ho fem nosaltres que no pas la dreta”.


Però, més enllà d’aquesta evidència, podem constatar que aquestes eleccions són les primeres del que podríem anomenar el cicle argentí. Espanya viu ara una crisi de deute similar a la de les repúbliques del con sud als vuitanta. Tenint en compte que la del deute és només una de les diverses crisis superposades que patim, i si no ens aturem en les diferències, trobarem unes línies de tendència ressonants. El que deixa una crisi d’aquesta mena és semblant a l’efecte d’un cap de fibló. Arrasa el que toca i conserva intactes els extrems. En aquest cas, s’emporta les classes mitjanes mentre nodreix els rics i augmenta la massa de pobres. La Comissió Econòmica per a l’Amèrica Llatina (CEPAL) ha publicat enguany un informe en què constata la sostinguda minva del pes de la classe mitjana. Del 56% al 52% d’ençà de la crisi. A poc a poc. Tendència ferrenya. Un efecte molt similar al que tindrà la crisi de deute en el nostre teixit social. L’Argentina creix, però ho fa absolutament desequilibrada. Monocultiu de soja, terratinents i uns bracers lliurats a brots xenòfobs contra la immigració paraguaiana. Inseguretat i la seva contra: discurs de la por. Arreu, allò que els alemanys anomenen untere mittelstand, les classes menestrals que van ser el suport del nazisme als anys trenta, entren en pànic. Volen somnis i tranquil·litat.


Que el perill es diu García Albiol no en tinguin cap dubte. A Catalunya és la quota de tensió mental que amb el tema d’ETA la dreta no pot aconseguir a casa nostra. Que l’hidra de Plataforma marcarà agenda és obvi. Molts dels adults que em llegeixin saben que, en una situació apassionada, res és més destrempant i incomprensible que un discurs enraonat.

En el combat de les passions, però, també tenim opcions i si ells mostren el discurs de l’odi, nosaltres hem de seguir Ramon Llull, que en el Llibre dels mil proverbis ens aconsella: “Aytant requer intencio sauiesa, con requer bonea”. Que traslladat al debat que es gesta a les places catalanes vindria a ser: les intencions volen saviesa, però també bondat.


Antonio Baños, Les eleccions del cicle argentí, Público, 25/05/2011

Hessel, una ànima bella indignada.

Stéphane Hessel
Stéphane Hessel, un home molt gran carregat de vitalitat juvenil, ha escrit un pamflet —Indigneu-vos!, traducció de Maria Llopis, Barcelona, Destino, 2011— que sembla haver tingut certa influència en els moviments socials que es produeixen, des de fa dues setmanes, arreu del país en sentit ampli. L'opuscle de Hessel és un llibret lleugerament interessant des del punt de vista biogràfic, en especial pel que fa a la implicació de l'autor en causes tan nobles com la resistència francesa davant l'ocupació nazi, la participació en la lluita contra els alemanys, al costat del general De Gaulle, i la col.laboració en la redacció de la Declaració Universal dels Drets de l'Home: tot molt lloable des del punt de vista del vell "compromís polític".
Però sembla que, d'aquest pamflet, els lectors francesos, espanyols i catalans només n'han retingut el títol, certament atractiu, provocador i tot: Indigneu-vos! Hessel l'encerta quan localitza l'enemic número u de les democràcies del present en la mercantilització, el consumisme i, especialment, la "finançarització del món". Ara bé: tota la resta de la seva anàlisi de la situació política a Occident i de la marxa de les democràcies està tenyida d'un idealisme que fa patxoca, hereu de moviments resistents molt actius en el seu moment i força incardinats en la guerra, la brega pragmàtica i l'aldarull —des de la resposta al règim de Vichy fins als disturbis de Maig de 1968—, però que cau en el més pur platonisme quan es projecta sobre els nostres dies. Si la política, almenys des de Maquiavel, és el regne del possible i arrela en les situacions reals que la història presenta en cada moment de la seva marxa, llavors sembla clar que aquesta obreta no té gairebé res de polític, i tot de discurs pacifista carregat de bones intencions.
Com ja s'ha dit, Hessel és realista quan diu que cal instaurar "una veritable democràcia econòmica i social que suposi eliminar les grans feudalitats econòmiques i financeres de la direcció de l'economia", i també en assenyalar: "Quan alguna cosa t'indigna, com jo vaig estar indignat pel nazisme, llavors et tornes militant, fort i compromès. Vas a parar al corrent de la història, i el gran corrent de la història cal que continuï gràcies a cada persona". En això, Hessel sembla fins i tot, en aparença, seguidor de la teoria de Marx esbossada al 18 Brumari de Lluís Napoleó Bonaparte, on llegim que "els homes construeixen la història, però no la construeixen segons el seu arbitri, sota circumstàncies triades per ells mateixos, sinó sota les circumstàncies amb què es troben directament, que existeixen i que transmet el passat". Però Hessel cau obertament en la beatitud més impràctica quan, en nom de la bona fe i del pacifisme extrem, s'afilia (pàg. 29) a les teories de Hegel, per al qual la llarga història de la humanitat només té un sentit: la llibertat de l'home que progressa etapa rere etapa. Quin optimisme! Per reblar la seva bona fe, Hessel rebutja, immediatament després, la teoria de la història de Walter Benjamin, el qual és considerat, en el llibre, com un pessimista sospitós pel fet que entenia el desenvolupament històric com una successió de catàstrofes.
Hessel conclou, contra la lliçó de Benjamin i potser també contra la seva actitud en temps gloriosos, que "la història de les societats progressa i, al final, quan l'home ha assolit la seva llibertat completa, tenim l'Estat democràtic en la seva forma ideal". La conseqüència de tot plegat ha estat col.laborar a la generació d'uns moviments pacífics que han arreplegat milers d'ànimes belles (Hegel), bona gent, exaltats sense megàfon, okupes desocupats, sedentaris de l'acció política i amics dels miracles més esdolceïts. Tot el contrari del que proposava Flaubert quan les democràcies parlamentàries ja havien ensenyat les seves vergonyes, després de la revolució de 1848: "De totes les coses relatives a la política, l'única que entenc és el motí." Amotinem-nos, doncs, o creiem, ciutadans indignats com el jueu Walter Benjamin, que no es pot esperar, del nostre temps històric malastruc, res més que l'arribada del Messies.
Jordi Llovet, La indignació, Quadern Catalunya. El País, 26/05/2011

La força del pensament dèbil.

El pensamiento débil ha tenido muy mala reputación, porque débil es el posmoderno que acepta todo. Siempre digo que el pensamiento débil es una fuerte teoría de la emancipación a través de la reducción de la violencia institucional. Para reducir esta violencia se deben tener muchísimas iniciativas fuertes. El concepto de debilidad tiene que ver sobre todo con el rechazo de una actitud metafísico-definitoria de lo que es mejor.

Pienso en los límites del socialismo real soviético, que en gran medida fueron el estar rodeado de estados capitalistas que intentaban destruirlo. Nunca he creído que Stalin era este dictador sangriento, era uno realista. Para llegar al nivel de industrialización de EE.UU. en 50 años, para competir con EE.UU. en la carrera espacial, hizo violencias enormes en su país. En el stalinismo tenía el primer lugar el impulso desarrollista a todo precio. Desarrollar una gran potencia industrial era necesario ante los poderes más grandes del capitalismo, pero por otro lado, uno de los mitos que ha condenado al comunismo hoy es exactamente el del desarrollo a todo precio. Lo que también ha condenado al comunismo soviético fue admitir que la emancipación humana es abierta, y no cerrada en una visión del humanismo “como tiene que ser”.

Yo, como pensador débil, soy un antimetafísico, me opongo a que haya un ideal humano definible, una “verdad”. Creo que la verdad es una gran enemigo de toda la formación humana, porque si hay alguien que conoce la verdad tendría que confiar en él. Lo que intento hacer como pensador débil es conjugar el ideal del socialismo con el ideal de toda la metafísica obligatoria, esencialista.

El bien del hombre es no tener un bien definitivo de una vez por todas. ¿Qué me gustaría de una sociedad? Que fuera una en la que puedo vivir bien, con todos los recursos, y donde pudiera inventar estilos de vida junto a los otros. En el mundo actual Bush dice que es el bueno y obviamente no es verdad. Si lo fuera, sería un gran peligro para todos. Si fuera el Papa, sería un peligro aún más grande. Prefiero que lo diga un bandido a uno que lo cree sinceramente.

Mi idea se consolida en una posición filosófica en la cual se ve la emancipación como una disolución de los límites impasables. Incluso la realidad. ¿Qué es la realidad?, en un año espero publicar un libro sobre este tema. La realidad es lo que metafísicamente los poderosos me imponen como creencia, y pienso que la emancipación humana depende de la desaparición de sus límites objetivos. Marx pensaba que esta disolución no podía darse en la idea, sino en la práctica, y yo estoy de acuerdo.

Me gustaría hacer una revolución no para realizar un ideal positivo de hombre, sino para eliminar los límites a la invención de nuevos ideales. La liberación del hombre es una liberación de su creatividad.

Es lo que yo discuto en mi libro Ecce Comu: ¿Qué se puede hacer en la situación actual del mundo? Se puede empezar a crear islas de comunismo, pero no imaginando tomar el poder total, porque el poder nunca cambia, sino multiplicar las iniciativas. Es menos entusiasta que la idea de la revolución mundial, pero es más realista. 



Gianni Vattimo"La liberación del hombre es una liberación de su creatividad",entrevista de Johanna Puyol, La jiribilla, 17-23 febrero 2007

Noves paraules, noves realitats.

Entre los numerosos hallazgos del curso de lingüística general, de Ferdinand de Saussure, se encuentra la afirmación de que la realidad es continua en tanto que la lengua es discreta. Lo que el fundador de la lingüística moderna quería subrayar era que la existencia de dos palabras distintas en una lengua, como, por ejemplo, monte y colina, no permitía distinguir el punto exacto en el que, en la realidad, la colina dejaba de ser monte para convertirse en colina, y viceversa. Era el hablante quien, al preferir un término u otro, proyectaba sobre la realidad una diferencia que parecía enteramente objetiva. Saussure ilustraba el argumento refiriéndose a los esquimales, en cuya lengua no existía el término nieve. En su lugar, disponía de varias decenas de palabras que designaban otras tantas variedades de nieve que solo los esquimales alcanzaban simultáneamente a distinguir y a nombrar.

La observación de Saussure resulta fecunda más allá de la lingüística, y ayuda a comprender por qué el poder político, y, más aún, el poder político autoritario, empieza a manifestarse, por lo general, como una reivindicación del monopolio para designar la realidad. Nuevos términos y, a veces, nuevos significados para términos antiguos, crean nuevas realidades sobre las que, en estricta correspondencia, es preciso aplicar nuevas medidas, precisamente las que defiende el poder político. Cuando, durante la guerra contra el terror, Georges W. Bush se refirió a los detenidos en Afganistán y otros lugares como combatientes enemigos, no como prisioneros, no estaba realizando una operación lingüística inocente. Estaba creando las bases para establecer un limbo jurídico como el de Guantánamo, donde no regirían las normas de trato a los prisioneros, contenidas en las Convenciones de Ginebra, sino una legislación especial, y nueva, para la nueva categoría y, por tanto, para la nueva realidad, que representaban los combatientes enemigos.

Los artículos de Pier Paolo Pasolini incluidos en recopilaciones como Escritos corsarios (recientemente publicado en España), son un buen ejemplo de que existen formas de contestación política que siguen, respecto de la lengua, la misma estrategia que el poder autoritario. Pasolini fue acusado en no pocas ocasiones de condescendencia, incluso de complicidad ideológica, con el terrorismo. Fueran exageradas o no estas acusaciones, lo cierto es que cuando se esforzaba en definir Italia como una sociedad burguesa, la pauta de contestación que derivaba de esta caracterización convertía la confesión pública de su homosexualidad en un desafío. Definir Italia como una sociedad fascista, como también hizo Pasolini, sentaba las bases, por su parte, para legitimar un desafío de naturaleza completamente distinta, en el que buscaron cobijo ideológico las Brigadas Rojas.

Sin llegar a estos extremos, los penalistas saben la diferencia de trato legal que conlleva calificar una muerte como homicidio o como asesinato. Esa diferencia también existe cuando se define a una persona desamparada como inmigrante, náufrago o refugiado. Pero esa es, precisamente, la diferencia que se está borrando, y no de manera inocente.

José María Ridao, Palabras y poder, El País, 26/05/2011