dissabte, 31 de maig de 2014

La creatividad a tu alcance.

Milestone Project 2014
Creativitat i neurociència inclou una exposició i una conferència de pensament contemporani que abordaran els controvertits avançaments que s'estan actualment realitzant en el camps de la neurociència, concretament, l'estimulació de la creativitat de manera artificial per generar nous individus amb aptituds creatives. Així es mostra el costat més extrem de la personalitat humana mitjançant un tema candent d'avui dia: Creativitat i Neurociència o com forçar cada vegada més la societat a explorar els seus propis limits personals en detriment de l'explotació productiva.

L'exhibició, que es mostrarà del 12 al 20 de juny en el Centre Cultural de la Mercè, ha estat dirigida per Manuel Villar, Oriol Leira i Daniel Inglada, assistits per Javier Maciá i Ignacio Moltó, i que comptarà també, de nou, amb la inestimable participació de Ignacio Castro Rey, un dels filòsofs més destacats del panorama estatal.

Entrevista amb Manuel Villar Pujol:

Milestone Project- El concepto imaginación y su asociado, la creatividad, siempre han tenido connotaciones positivas. Si una persona quiere que su ego se eleve, lo mejor es decirle que es imaginativa y creativa.  ¿Pueden estos conceptos que en un principio son positivos ocultar una faceta oscura o unos efectos perversos?

Manuel Villar- En la actualidad, en cualquier oficina, fábrica, lugar de trabajo, escuela o universidad la creatividad se ha convertido en una exigencia que no afecta al político sino al subordinado. Generar esta necesidad en la ciudadanía ha sido una de las grandes invenciones del estado moderno, una de las más sutiles formas de dominación. No se trata de decir “tú debes obedecerme” sino que “si quieres, puedes”. En realidad no es estrictamente un imperativo, es una sugerencia, un juicio hipotético. Está en tus manos ser un genio o un poeta. Si no lo eres, es tu responsabilidad no serlo. En cambio, el político se convierte en un simple gestor. La responsabilidad del político es cuadrar balances. La responsabilidad del ciudadano es ser lo más creativo posible.

MP- ¿Realmente el ser humano es un ser creativo? Hay mucha gente que cree que no lo es. Son personas sin iniciativa y pasivas. Y además lo aceptan sin ninguna vergüenza. Esperan que otros piensen por ellos, que les digan lo que tienen que vestir, lo que tienen que escuchar o lo que tienen que ver.

MV- Nuestra mente crea el mundo que tenemos delante. Esta es una convicción propia de la modernidad. Desde el Renacimiento se ha insistido en la capacidad inventiva del ser humano. No somos seres pasivos que reaccionamos ante estímulos que nos impone la realidad extra-mental. Son las categorías mentales las que modelan el mundo, la realidad.  

Estas reflexiones filosóficas curiosamente en la actualidad han sido refrendadas por los neurocientíficos actuales. “Todo lo que experimentamos es una simulación. El hecho de que la conciencia ofrezca una transcripción sólida, resistente y abundante en detalles de la realidad es una de las ilusiones que nuestro cerebro crea por sí mismo”, concluyen. “El cerebro crea, construye realidades inexistentes”. “Lo que vemos es, invariablemente, lo que construye nuestra inteligencia. No es una cuestión de recepción pasiva, nuestra visión es el resultado de un proceso inteligente de construcción activa”. Se propone la hipótesis, nada inverosímil, que la percepción humana, ajustándose a reglas universales, nos permite creer que compartimos una experiencia común de una realidad objetiva, cuando en el fondo es el fruto de una construcción subjetiva.

MP- ¿Pero qué tiene de malo o de perverso el hecho de que todos los humanos compartamos la capacidad de crear?

MV- Si en algún momento la creatividad pudo ser tildada de sospechosa, propia de una minoría asocial, excéntrica y rebelde, escogida por los dioses, ahora se ha convertido en un concepto emblemático al que todo el mundo, fuera de la tradición ideológica que fuera, de la situación económica que fuera, incluso de su coeficiente intelectual, por ínfimo que fuera, tiene acceso. A partir de ese momento, nadie queda al margen. Todos, por el hecho de pertenecer a la raza humana, somos poetas en potencia. Ahora todo el mundo cree que la creatividad puede ser el bálsamo que puede resolver las contradicciones que este mundo global ha ido generando. Si aparece un problema, sólo hay que ponerle imaginación para resolverlo. Incluso se ha convertido en un imperativo moral al que todo individuo concierne. Si estas exigencias hace unos años se hacían desde abajo para reorientar a su favor las políticas de los que gobiernan (necesitamos políticas imaginativas), ahora es el poder quien, desde arriba, las lanza, como sugerencias no como imposiciones, a los que son gobernados (necesitamos gente con ideas, creativa, imaginativa, emprendedora ...).

Cuando se nos emplaza a todos sin excepción a contribuir con nuestras destrezas intelectuales a mejorar el mundo (la democratización del don prometeico) puede que signifique para algunos un chute reforzado de autoestima proveniente del experto que ha estudiado a fondo el tema (“ves al final no eres tan tonto como pensabas”) o puede que se ha llegado a un punto crítico en el cual los profesionales dedicados a la generación de ideas,  muy vinculados a órganos internacionales del poder y de la economía, reconocen que su imaginación está dando síntomas de agotamiento. Nadie tiene la menor idea de cómo funciona el mundo, aunque paradójicamente en parte seamos nosotros responsables de su existencia.

MP- A pesar de que hay gente que no se puede considerar como creativa, hay que reconocer también que hay gente creativa que no ha tenido suerte con sus creaciones. Sus creaciones no han sido reconocidas  en absoluto o sólo de una forma insuficiente ¿Existe un criterio para determinar cuál es el tipo de creatividad que exige el sistema?

MV- La creatividad hoy es un híbrido entre idea y mercado. La creatividad entendida como innovación, según Adela Cortina, se introduce como un producto, servicio o procedimiento con la finalidad de ser vendida en el mercado. Innovar significa poner valor a una idea. Lo que obliga a hacerla suficientemente atractiva como para que alguien la quiera comprar.

MP- ¿Cómo se puede conseguir un tipo de creatividad armonice con el mercado? ¿De qué mecanismos dispone la humanidad hoy en día para conseguir este objetivo?

MV- La paradoja en la que vivimos hoy en día es que por un lado la creatividad se ha democratizado pero por otro lado se nos dice que la inteligencia común, la convencional, no sirve para generar ideas atractivas y innovadoras. Algunos abominan de la lógica clásica i del pensamiento analítico o convergente, otros mantienen la teoría que somos esclavos de la rutina y de nuestras expectativas basadas en la experiencia y  otros sostienen que hay que cambiar radicalmente los sistemas educativos porque la escuela mata la creatividad.

MP- Entonces, ¿cuál es el papel que pueden tener las neurociencias en el desarrollo y potenciación de la creatividad humana?

MP- Tal vez la solución más radical a las urgencias de un presente con un horizonte incierto es la que plantean las neurociencias. Desde que de los ámbitos académicos se ha insistido en que lo psíquico surge de lo físico, que lo mental es una emergencia del cerebro, se está dando el paso definitivo para intervenir directamente sobre este órgano, ya que en definitiva la consigna que prevalece es que lo que nos hace fundamentalmente humanos es el cerebro. Es el paso del psi al neuro.

Si el cerebro se entiende como un mecanismo, si tiene como una de sus propiedades básicas la plasticidad y si además disponemos de neuroimágenes que nos permiten detectar biomarcadores sobre futuras enfermedades o conductas antisociales, la posibilidad de modificarlo para conseguir eliminar o mitigar determinadas disfunciones futuras o futuros comportamientos que se pueden catalogar como antisociales. Desde un punto de vista biopolítico parece, a partir de lo que hemos expresado anteriormente, que el potenciamiento de los dispositivos cerebrales que han sido considerados como los motores de los comportamientos creativos es uno de los objetivos más urgentes.

MP- Existe una tendencia dentro de la neurología que insiste en el estudio de las inteligencias diferentes. Es decir, de personas con ciertas llamadas deficiencias psíquicas (pacientes aquejados de autismo o síndrome de Asperger)  que sin embargo son capaces de dar respuestas geniales a cuestiones que las personas, llamadas normales no tendrían. ¿Qué piensas sobre esto?

MV- La estimulación magnética transcraneal es una de las técnicas más utilizadas y de la que se espera mayores avances sobre todo en la modificación del comportamiento (sociopatías, adicciones) y en la mejora de las habilidades mentales. Es un método no invasivo, ya que no necesita de la administración de fármacos ni del uso de la cirugía.

En líneas generales, el método consiste en colocar un imán muy potente sobre una parte definida del cerebro que perturba el flujo normal de las señales eléctricas de las neuronas.

El pionero de esta técnica es el doctor Allan W. Snyder. Su origen, confiesa el científico que trabaja en Sydney, parte de su experiencia con individuos con alteraciones cerebrales, aquejados de lo que se llama síndrome del sabio o savants.”Estos pacientes, afirma,  poseen destrezas extraordinarias en campos específicos, aunque experimentan dificultades serias para desarrollar otras.”

La figura de Hans Asperger, cuyo nombre está asociado con el trastorno epónimo, sirve también a Snyder como inspiración a su trabajo. Este médico austríaco defendía que la genialidad podía consistir en “un toque de autismo”. Los savants, en su mayoría integrantes del espectro autista, disponen de habilidades intelectuales menos conceptuales y menos literales. Los estudios realizados en este campo indican que los savants presentan alguna forma de disfunción en el hemisferio cerebral izquierdo, combinado con la potenciación inusual del hemisferio derecho.

Con la estimulación magnética transcraneal se puede reducir la actividad neuronal del hemisferio izquierdo en personas sanas, consiguiendo los mismos estados creativos de los savants. Los efectos desaparecen al cabo de una hora, volviendo el individuo a la cognición normal.

En el fondo de lo que se trata es de reducir la dominancia que ejerce el hemisferio izquierdo, lugar del pensamiento lógico y del lenguaje, sobre el derecho, lugar del sentido artístico. Se produce así un relajamiento de las reglas que limitan el pensamiento creativo, y el individuo puede ejercitar su imaginación con mayor libertad.  Lo que pretende con esta técnica es liberar al genio que todos llevamos dentro.

MP- ¿Qué consecuencias crees que podría tener la extensión generalizada de esta tecnología?

MV- Los descubrimientos de Snyder actualizan las reflexiones que Peter Sloterdijk realizó en su polémico panfleto Normas para el parque humano. De forma resumida creo que la preocupación básica del pensador alemán es que la humanidad debe tomar decisiones transcendentes “en términos de política de especie”. De ellas dependerá “el destino del hombre del futuro”. Las antropoctécnicas (la neurotécnica entre ellas) sacan a la luz un conflicto básico que se ha mantenido oculto, mejor dicho olvidado, a lo largo de la historia humana: el conflicto básico entre diferentes programas de crianza. El dominante hasta ahora, protagonizado por los ideales humanistas (el libro como eje educativo principal), que dirigen lo humano hacia lo pequeño, por una parte. El alternativo, que propone objetivos transhumanistas o posthumanos, que proyectan la evolución humana hacia lo grande (superhombres), por otra.

Las técnicas neurológicas tal como las interpreta y usa Snyder estarían a favor del planteamiento alternativo.  Sloterdijk sugiere que la humanidad en estos momentos no puede “apartar la mirada” de las posibilidades de mejora que nos ofrecen las biotecnologías y que la mejor decisión debía caer del lado de tomar un protagonismo más activo a la hora de ponerlas a prueba y potenciar su uso.

Otro aspecto a tener en cuenta, que no está demasiado alejado de lo que plantea Sloterdijk, es la puesta en entredicho del concepto de normalidad psicológica. La neurotécnica deja en manos de la locura el futuro de la humanidad (quién lo iba a decir). El psicópata se convierte en modelo del normópata, el individuo con predominio del hemisferio izquierdo. Nada nuevo puede  esperar la sociedad de ese último, resultado de un proceso de selección y cría orientado a la docilidad, semejante a la del animal doméstico. Lo nuevo, lo creativo surge de esta especie de locura transitoria dispensada por dispositivos neuronales que, se supone, con el tiempo estarían al alcance de todo aquel que necesite de la ayuda de un “dopaje neuronal”.




Distingir el senyal i el soroll.



El autor de La señal y el ruido (Península. Barcelona, 2014), Nate Silver, es la última incorporación al plantel de ensayistas que dominan la divulgación científica contemporánea. Se trata de escritores relativamente jóvenes, con una trayectoria de éxito científico, técnico o profesional a sus espaldas que se adentran en el terreno del ensayo de un modo inofensivamente irreverente, a caballo entre lo refrescante y lo narcisista. Al igual que Dan Ariely en psicología, Jaron Lanier en informática o Steven Levitt en economía, Silver es una figura de referencia en el campo de la estadística aplicada. Se dio a conocer en Estados Unidos con un sistema de predicción del rendimiento de los jugadores de la liga profesional de béisbol y, sobre todo, saltó a la fama en 2008, cuando inauguró FiveThirtyEight, una web dedicada al análisis político que logró predecir correctamente el vencedor de 49 de los 50 Estados norteamericanos en las elecciones presidenciales que ganó Barack Obama. Silver sigue todos los cánones del best selling y opta por un estilo de escritura informal, recurriendo con frecuencia al relato autobiográfico y sustituyendo las referencias teóricas tradicionales por entrevistas con expertos en los distintos campos que analiza.

La señal y el ruido propone una evaluación crítica, comprensible y sofisticada de nuestra capacidad predictiva en ámbitos como la economía, la meteorología o la política, en los que estamos arrojados a la incertidumbre y debemos confiar en herramientas probabilísticas. Al igual que en nuestra vida cotidiana, el reto es distinguir lo que sabemos de lo que creemos saber, la información significativa escasa (la señal) de una gran cantidad de interferencias cognitivas aparentemente relevantes (el ruido). Por eso la sobreabundancia de información puede tener el efecto paradójico de empeorar nuestra capacidad para realizar pronósticos fiables.

La señal y el ruido aparece en un momento ambiguo. Por un lado, la crisis económica y el declive del orden político internacional del siglo pasado han inducido una fuerte bajamar predictiva en las ciencias sociales contemporáneas, en las que más bien predominan las metáforas relacionadas con la fragilidad, la fluidez y el riesgo. Por otro lado, la revolución digital ha hecho aumentar exponencialmente la información disponible y la capacidad de gestionarla. Para los más optimistas, en la inminente era del big data lograremos una mejora sustancial de nuestra capacidad de realizar diagnósticos y pronósticos fiables en numerosas áreas de la vida social. En esta coyuntura, Silver trata de adoptar una posición prudente. Aunque considera que el compromiso con la predicción es un rasgo posible, deseable e incluso insustituible de la buena ciencia social, se muestra escéptico respecto a las promesas de la computación masiva de datos. El volumen de información ha aumentado de un modo vertiginoso, pero puede que la relación entre la señal y el ruido esté decreciendo.

En la primera parte del ensayo se estudian algunos ejemplos recientes de pronósticos fallidos y, más en general, ámbitos de la realidad sensibles por su grado de incertidumbre y su alto impacto social, empezando por los fabulosos errores de valoración de las dinámicas financieras globales previas a la crisis de 2008. Silver interpreta la burbuja inmobiliaria como un fallo predictivo de los propietarios, inversores y agencias de calificación, que ignoraron elementos clave —como el riesgo de impago hipotecario o la fragilidad del sistema financiero— de la realidad económica, y compara esas evaluaciones con los malos resultados que obtienen tanto los analistas políticos de los medios de comunicación como algunos expertos deportivos. Su objetivo es extrapolar su propia experiencia personal exitosa en estos dos últimos campos y cotejarla con las estrategias que emplean los meteorólogos, sismólogos y epidemiólogos para lidiar con sistemas dinámicos complejos. La moraleja que extrae es razonable: en las predicciones desempeña un papel crucial la capacidad para detectar una estructura empírica subyacente, más allá de las operaciones matemáticas. La única forma de distinguir el ruido y la señal es organizar una historia causal que tome en cuenta tanto los factores contextuales como la verosimilitud de las hipótesis. Y para eso es necesario introducir ajustes de criterio —lo que técnicamente son sesgos— en los procedimientos formales.

La segunda parte de La señal y el ruido es al mismo tiempo más modesta y más controvertida. Según Silver, nuestra capacidad predictiva puede mejorar a través de una aplicación generalizada del teorema de Bayes, es decir, mediante una comprensión de la racionalidad como un proceso intrínsecamente probabilístico. Esta especie de falsacionismo mundano saca a la luz las mayores limitaciones de su propuesta. En primer lugar, hay un claro cortocircuito en el modo en que, por una parte, reivindica la importancia del contexto para la perspectiva bayesiana y, por otro, desactiva las dimensiones políticas de esa estrategia a través de una perspectiva profundamente consensual. Sin ir más lejos, ¿la burbuja inmobiliaria fue el resultado de un sesgo cognitivo o más bien la consecuencia de un proyecto político exitoso impulsado por las élites económicas? En segundo lugar, Silver se muestra leal a las ciencias sociales ortodoxas y lucha denodadamente por evitar apartarse de posiciones cercanas a la teoría de la elección racional. Este doble conformismo mella el filo de su crítica, que acaba recordando un poco a una versión estadística de los tratados barrocos de urbanidad, un Gracián 2.0 para brokers y analistas políticos que aspiran a mejorar sus aptitudes predictivas.

César Rendueles, Nate Silver contra el big data, Babelia. El país, 31/05/2014

Sentiments i reivindicacions polítiques.



La apelación nacionalista a los sentimientos es constitutiva. Sucede con ideas fundamentales, como identidad (“yo me siento más catalán que español”), y también con otras más circunstanciales, como desafección (“no nos sentimos queridos”). Un uso peculiar del lenguaje. Querer a pueblos enteros me parece una desmesura para la que me reconozco incapaz. Tampoco lo demando. Resignadamente, sólo aspiro a que me quieran mi pareja y algún amigo. De mis conciudadanos espero que defiendan mis derechos y consideren mis opiniones. Por otra parte, para lo que importa, yo soy catalán, español, europeo y, puestos a precisar, terrícola. No estoy orgulloso de tales títulos que no he hecho nada para merecer. Por lo mismo, no le doy mayores vueltas a la idea de sentirme catalán, español, europeo o terrícola. Si mi vecino me dice que se siente americano o marciano, me parece raro, pero no le concedo a su sentimiento relevancia política, por más que no deje de preguntarme qué sentirá exactamente. Me empiezo a preocupar cuando quiere levantar fronteras a partir de tales extravagancias. No me gusta que los sentimientos de algunos decidan la ciudadanía de otros. Por ejemplo, no contemplo que los españoles, sintiéndonos explotados por —y distintos de— los gallegos, pudiéramos votar su expulsión.

Pocos testimonios más elocuentes de la función de las emociones en el relato nacionalista que la defensa en el Congreso del referéndum por parte de la representante de ERC, Marta Rovira: en Cataluña hay un sentimiento generalizado de desafecto por España que ha conducido a apostar por la independencia, un proyecto engrescado (emocionante) que supone un reto al actual marco político español y al que, con “voluntad política”, estamos obligados a buscar una salida.

La exposición de Rovira mostró con suprema eficacia y hasta brillantez dramática el busilis de la retórica nacionalista: las emociones como argumentos. En principio, no hay nada raro en ello. Las emociones pueden funcionar como explicaciones, al menos del comportamiento ajeno. Sin ir más lejos, muchos arruinan su vida por amor. Incluso apelamos a las emociones en primera persona, para explicar nuestras acciones, como sucede cuando un criminal afirma: “Por celos maté a mi mujer”. Sostiene que se cegó, que la emoción le venció. Se explica a sí mismo, como si lo que le sucede fuera ajeno a su voluntad. Eso sí, aunque con esa explicación busca disculparse o justificarse, no la invoca como principio, como sí hace aquel otro que dice: “la maté porque era mía”. En este caso, o en el del niño que no da otra razón para coger una cosa que su simple deseo (“es que lo quiero”), hay algo más: los sentimientos operan como fuente de legitimidad.

Lo mismo sucede con el nacionalismo. El sentimiento actúa como principio último. Se atribuye calidad moral a la emoción. Resulta valiosa por sí misma y no necesita justificación ulterior. La argumentación se apuntala en tres premisas: la primera sirve para liberarse de responsabilidad (“yo lo siento así”, “son mis sentimientos”); la segunda, para evitar la discusión (“son emociones, no razones”); la tercera, para imponer silencio sobre las emociones (“se han de respetar mis sentimientos”). De ahí, con cierta naturalidad, concluye: “No cabe pedirme explicaciones de aquello que rige mi conducta”. En esas condiciones, a los demás no nos queda otra que entender, comprender y, de facto, someternos a las emociones. Cualquier crítica resulta una afrenta, un agravio a la identidad. Rajoy y Rubalcaba, en sus intervenciones parlamentarias, parecían instalados en esa perspectiva: evitaban la crítica y, para “no ofender”, comprendían. “Tienes motivos, pero no te pongas así”, venían a decir.

La argumentación es eficaz, pero endeble. Aunque una emoción no es una razón se puede tasar racionalmente. Primero, en su base empírica. Si me dices que hay un león, experimento miedo. Cuando descubro que no hay tal, el miedo desaparece. No sólo eso: puedo pedirte responsabilidades, sobre todo si esa emoción me ha conducido a un comportamiento temerario como saltar por una ventana.

Las emociones no sólo se pueden evaluar por su realismo, sino también por su contenido. Las emociones del Ku Klux Klan o de quienes aplauden a los asesinos etarras son miserables, no merecen respecto. No podemos ignorarlas si hacemos política, pero eso es distinto de asumir que están justificadas, de aprobarlas.

En el caso de Cataluña, la retórica nacionalista apela a una aspiración de autogobierno que, al quedar insatisfecha, ha desatado la emoción “de sentirnos injustamente tratados” y, a la postre, el independentismo reactivo, el “España me ha hecho así”. Nuestro deber consistiría en buscar una “solución política” a ese “problema”. El derecho a decidir sería el primer paso.

Hay varios problemas aquí. El fundamental: sueños y sentimientos no justifican derechos. Si un derecho está justificado, tanto da que se reclame. Los derechos de los niños no dependen de manifestaciones de bebés. Y si el derecho no está justificado, los sentimientos no mejoran su calidad: los ricos del mundo se sienten injustamente tratados por el fisco. Su sentimiento es cierto; su reclamación, un disparate.

En todo caso, lo primero es averiguar si son correctos los supuestos empíricos de las emociones. Que no parece. Algún día habrá que entretenerse en sistematizar las fabulaciones de todo este tiempo, incluido ese mantra de que “la sentencia del Constitucional colmó el vaso”. De momento baste con recordar que en el 2006 sólo un 6% de los catalanes quería la reforma del Estatuto, que éste apenas recibió el refrendo —sobre el censo— del 35% de los catalanes y que la gota tardó en colmar el vaso: en las elecciones autonómicas que siguieron a la sentencia el independentismo explícito no sólo no aumentó, sino que pasó del 16,59% al 7% del voto total. Sencillamente es falso que hubiera reacción a una aspiración: ni había aspiración ni hubo reacción. Si las cosas cambiaron no fue por generación espontánea. En ello ha tenido mucho que ver la catarata de falsedades y promesas sin fundamento repetida a diario por los medios nacionalistas: sobre balanzas fiscales oficiales, sobre la Unión Europea, sobre el expolio, sobre sentencias del Tribunal de La Haya, sobre los límites a la solidaridad en los Estados federales y mil cosas más. Quimeras y mentiras muy precisas que están pendientes de explicación y de responsabilidades. Porque no había león y estamos a punto de saltar por la ventana.

Los datos son falsos, pero no podemos negar los sentimientos desatados, sea cual sea su alcance. Pero el número no los mejora. La historia está llena de sentimientos ciertos e indecentes que han servido para levantar fronteras y expulsar poblaciones, lo que, en el fondo, no es muy diferente. Reconocer que las emociones son ciertas no quiere decir que sean indiscutibles, que no nos quede otra que aceptar la moraleja nacionalista: hay que asumirlas y darles satisfacción. No hay que asumirlas por su trasfondo moral: una minoría decide excluir a los demás de la comunidad de decisión. Ni tampoco por pragmatismo, que alguna vez habrá que acabar con la estrategia siempre ganadora del nacionalismo, ese chantaje de “la independencia o algo a cambio” en el que, para colmo, al final, parece que todos debamos quedar agradecidos a los nacionalistas, por su tolerancia y voluntad pactista, y ellos tan ofendidos como siempre porque, a pesar de nuestra obstinación, “nos hemos visto obligados a darles la razón”. Y hasta la próxima. “Poner voluntad política”, que dicen algunos.

La solución tiene que ser política, pero en un sentido muy diferente. Consiste en discutir las emociones, evaluarlas, examinar cómo se han formado y su base moral y empírica. Como hacemos con el machismo, por ejemplo. Solo así se encaran los problemas. Cuando la recreación radiofónica de la Guerra de los mundos puso a miles de norteamericanos en las calles, las autoridades no movilizaron a las fuerzas aéreas para hacer frente al miedo y a los marcianos, sino que comenzaron por desmentir la invasión extraterrestre. El primero que tuvo que aclarar las cosas fue Orson Welles, el responsable. Pues eso. El primer paso para una solución realmente política consiste en desmontar las mentiras que propiciaron las emociones. Y deben darlo quienes las levantaron y azuzaron, los responsables. Cuestión de “voluntad política”.

Félix Ovejero, Emociones y razones, El País, 30/05/2014

Què fan els científics?

¿I què deixa de ser-ho? Es diria que cada disciplina científica té la seva pròpia metodologia i que cada investigador té la seva personal manera d'enfrontar-se a la realitat. ¿Què tenen a veure les maneres d'un astrònom amb les d'un psiquiatre, les d'un naturalista amb les d'un físic de partícules o les d'un arqueòleg amb les d'un oncòleg? Ni tan sols és clar el que cadascuna d'aquestes disciplines entén per comprendre. Efectivament, els físics busquen lleis (com més universals i fonamentals millor) i somien reunir teories particulars en altres de més universals. Els químics busquen estructures moleculars, els biòlegs més aviat mecanismes. Geòlegs, paleontòlegs, historiadors, arqueòlegs i paleoantropòlegs excaven i furguen en les restes i rastres dels nostres ancestres amb la il·lusió de reconstruir el temps perdut, mentre que la preocupació dels enginyers és anticipar el temps futur. Als metges, per altra banda, els encanta encreuar estadístiques per identificar factors de risc i implicacions mútues. ¿Com treure alguna cosa clara d'un bosc tan divers en prioritats, pràctiques i enfocaments?
Hi ha una manera que es desprèn directament de la bona filosofia de la ciència: indagar si totes aquestes diferents metodologies tenen res en comú. Perquè si fos així, llavors aquesta cosa compartida podria dir-se, perfectament, el mètode científic. La revista Biological Theoryde l'Institut Konrad Lorenz de Klosterneuburg (Àustria) publica aquest mes un extens article amb un títol deliberadament provocador: Sobre l'existència i unicitat del mètode científic. O sigui: primer proposa un mètode (només per això ja existeix) i després intenta convèncer que aquest mètode a més és únic. Es tracta de dir-ne ciència de tot el coneixement que sigui compatible amb tres principis fonamentals.

La proposta té el seu atractiu, perquè recomana més el que no s'ha de fer que el que sí que s'ha de fer. Funciona, doncs, com un codi penal que no obliga a seguir una ruta concreta sinó que planta senyals de prohibit el pas en l'accés a alguns camins. D'això es dedueix, pel mateix preu, la demarcació de què és científic, una definició dels seus límits. L'essència de les 16 denses pàgines d'aquest treball cap en menys de mitja pàgina. Consta de tres conceptes de partida, tres hipòtesis de treball, tres principis fonamentals i, per postres, els tres beneficis que premien la fidelitat al mètode.

La finalitat última de la ciència és comprendre la realitat, per aquest motiu els tres grans conceptes són la realitat (1), la seva comprensió (3) i, entre tots dos, l'observació (2). Les hipòtesis no són verdaderes ni falses, simplement s'accepten o no s'accepten. N'hi ha una per a cadascun dels tres conceptes: la realitat existeix i és observable (1), l'observació (de la realitat) és comprensible (2) i la comprensió (de l'observació de la realitat) és sensible a les contradiccions amb la realitat (i 3). O sigui: no es pot fer ciència sobre una realitat no observable (per exemple: no es pot fer ciència sobre una experiència mística malgrat que l'experiència existeixi i es percebi); tampoc es pot fer ciència amb una observació inintel·ligible (per exemple: els resultats de tots els partits de futbol jugats durant els últims 50 anys); i tampoc es pot esperar que un coneixement blindat contra tot el que passi en la realitat arribi a ser científic (per exemple: una creença religiosa). Cadascuna d'aquestes hipòtesis sosté un principi fonamental i cada principi arriba amb un pa sota el braç:

-Principi d'objectivitat. S'escull la manera d'observar que afecti menys la mateixa observació (tant per a l'observador com per a allò que s'observa). El premi per ser objectiu és la universalitat de la ciència (depèn mínimament de la ideologia del seu autor i estén al màxim el seu domini de vigència).

-Principi d'intel·ligibilitat. S'escull com a comprensió la mínima expressió del màxim compartit en l'observació. El premi per respectar aquest principi és, ni més ni menys, que anticipar la incertesa del món, sens dubte la millor estratègia per sobreviure.

-Principi dialèctic. S'escull entre les comprensions la més falsable: si el que veig contradiu el que crec, llavors o canvio la meva manera de creure o canvio la meva manera de mirar; si no comprenc el que veig, llavors busco una comprensió; i si no veig el que comprenc, llavors busco una observació. El premi a la dialèctica és que, gràcies a ella, la ciència necessàriament progressa.

El mètode, intersecció de totes les metodologies, és imprescindible no solament per crear ciència sinó també per ensenyar-la i difondre-la: el primer principi confia en el gaudi intel·lectual per la conversa, el segon en el gaudi intel·lectual per la comprensió i el tercer en el gaudi intel·lectual per la paradoxa.

Jorge Wagensberg, ¿Què és ciència?, el periodico.cat, 03/05/2014

divendres, 30 de maig de 2014

El triangle màgic: talent, entusiame i determinació.

El ser humano podría ser explicado en base a un sencillo binomio: razón-emoción. Todos tenemos nuestra parte racional, a la vez que nuestra parte emocional. De hecho, muchos conflictos internos personales derivan de situaciones en las que nuestra razón nos dirige en una dirección mientras que nuestras emociones se encaminan hacia la dirección opuesta, por ejemplo, al enamoramos de quien sabemos que no nos conviene. Las personas más equilibradas lo son, en gran medida, porque su razón y sus emociones han firmado un armisticio. Las emociones juegan un papel extraordinariamente importante en todo lo que hacemos como personas, y también en todo lo que hacemos como grupos de personas, es decir, en las organizaciones. Su impacto y posibilidades se encuentra a dos niveles principales: a nivel interno (empleados) y a nivel externo (clientes).

Empleados felices: Talento + Entusiasmo + Determinación

El entusiasmo está detrás todos los grandes logros de nuestra Historia, en cualquier campo. Pero en esos logros no está sólo, le acompañan dos buenos compañeros de viaje: una dosis razonable de talento y la fuerza de la determinación.

Cuando el talento, el entusiasmo y la determinación se unen, forman un triángulo mágico e imbatible que constituye la fórmula del éxito.

En esa fórmula el talento es una capacidad, una potencialidad fruto de la herencia genética de cada cual. Y el entusiasmo, como toda emoción, es un acto reflejo, pero es pura energía. El entusiasmo es el combustible que moviliza al talento para alcanzar un objetivo.

Sólo podemos estar orgullosos de nuestra determinación, puesto que es el único elemento que involucra nuestra voluntad. Es la única verdadera decisión que tomamos.

El talento, contrariamente al pensamiento generalizado, está muy bien repartido. Cada persona tiene talento para algo, la cuestión es encontrar para qué. La inteligencia humana no es de una única clase, sino de varias naturalezas y cada persona tiene sus propias y naturales virtudes donde destaca y brilla por encima del resto.

El este sentido, el reto para las organizaciones es triple:
Atraer a las personas con las inteligencias o talentos adecuados
Lograr que encajen con las necesidades y retos de la organización
Proporcionarles un entorno que estimule su entusiasmo y facilite que germine su determinación.

Así, si una organización consigue:
Contar con los talentos adecuados (múltiples y diversos),
Ser ágil y flexible para identificar cada talento personal y otorgarle las funciones más adecuadas,
Encender la llama del entusiasmo y la determinación en sus corazones.

De este modo estará en posición de funcionar como un equipo de alto rendimiento, capaz de logros inimaginables.

De clientes a fans

Cada vez más empresas se han dado cuenta de que no quieren tener clientes que mañana puedan ser ex clientes. Debe existir un vínculo emocional del cliente con nuestros productos y marcas. Si no existe no habrá compromiso que lo retenga.

Se dice que habitualmente nuestra razón guía, pero que son nuestras emociones las que deciden. Y luego, la razón se encarga de construir un argumento que justifique las decisiones tomadas por nuestro corazón.

Y si hay algo que encanta a los seres humanos es sentir emociones. Mucho de lo que hacemos con ilusión en la vida lo hacemos para sentir emociones. Desde subir a una montaña rusa, a ver una película de terror o un concierto de rock. Las emociones nos impulsan constantemente.

Cuando sentimos una emoción que nos gusta, tratamos de compartirla porque así se amplifica. Y en eso se basa, precisamente, la estrategia para convertir a nuestros clientes en fans: en el contagio emocional.

Para convertir a los clientes en fans, es necesario adoptar una visión panorámica; cuidar al máximo cada detalle de nuestro producto y de toda la cadena de valor por la que pasará desde nuestras fábricas hasta sus manos, hasta su nevera y su mesa. Hemos de tener esa visión panorámica, temporal, completa, que nos impulse a optimizar todos los momentos de la verdad, grandes y pequeños, que tienen que ver con la experiencia del usuario, para que la emoción conjunta sea positiva e impactante, para que el usuario la viva como si fuera nueva y tenga ganas de compartirla. Así conseguiremos generar emociones y que se produzca el contagio emocional.

¿Y qué es el contagio emocional sino una faceta más del entusiasmo? Efectivamente, ya lo tenemos, hay que gestionar la energía interna (entusiasmo) y la energía externa (emociones, contagio emocional). De ese modo tendremos al talento interno trabajando con entusiasmo, y a los clientes contagiados de la emoción que les producimos, convertidos ya en fans.

Al final, todo se resume en un mismo concepto: el éxito consiste en gestionar energías y emociones.

Salva López, ¿En qué puede ayudar la gestión de las emociones a las empresas del siglo XXI?, Idearium, 28/05/2014
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Salva López, es autor de “ROCKvolución Empresarial: lecciones del mundo de la música para directivos y emprendedores” (Editorial Empresa Activa) y “Persiguiendo la Excelencia”. El próximo 12 de junio estará en concierto en el Café Royale de Barcelona. Más información en: www.rockynegocios.com

"La reciprocitat i l'empatia són la base del nostre sentit de la justícia" (Frans de Waal)

Nací en los Países Bajos y vivo en Atlanta (EE. UU. ) desde hace 30 años. Soy profesor de Psicología en la Universidad de Emory. Casado, sin hijos. Debemos regular el capitalismo y releer el libro sobre la empatía de Adam Smith. Para mí la pregunta es por qué existen religiones

Moral biológica

Frans de Waal
Los estudios de comportamiento animal, afirma De Waal, dejan claro que la ayuda mutua, la empatía, el altruismo y también la angustia por la muerte de un congénere no son excepción en la conducta de muchas especies, sino la regla. Y no lo dice cualquiera: De Wall está considerado una eminencia en su especialidad, la inteligencia social de los primates. En su último libro, El bonobo y los diez mandamientos, que publica la colección Metatemas de Tusquets para celebrar los 30 años del sello, argumenta con estudios muy solventes cómo los primates distinguen entre lo correcto y lo incorrecto; por tanto, la moral humana es parte de nuestra historia natural, de la biología.

Oímos a Pepito Grillo cuando actuamos bien, pero no cuando actuamos mal.
Yo no oigo voces, ¿usted las oye?

¿Es humor holandés?
Cuando un perro ha hecho algo malo lo sabe: agacha las orejas, se pone patas arriba... Pero creemos que lo que está haciendo es anticiparse al castigo que recibirá.

La anticipación es una interiorización.
Sí, pero no sabemos si el perro se sentiría mal si tú no estuvieras cerca para castigarlo; sin embargo, los seres humanos se autocastigan. Hay un experimento interesante: dejas al perro junto a un plato de sabrosa carne y le dices: "No toques la carne", y te vas.

Y lo espías a través de un monitor.
Dependiendo de la raza, unos van inmediatamente a la carne en cuanto te das media vuelta. Otros se sientan durante media hora sin mirar la carne y no se la comen. Pero no sé si eso es consciencia.

Llámelo como quiera.
La diferencia con la culpabilidad humana sólo es gradual. Sacaron al macho alfa de un grupo de monos. Los del escalafón inferior rápidamente intentaron tener sexo con las hembras (no pueden hacerlo en presencia del alfa). Cuando reintrodujeron al alfa, el resto de los machos se mostraron extremadamente sometidos, como si tuvieran conciencia de haber hecho algo malo.

¿Usted qué cree?
¿Anticiparon los problemas que su acto les podía acarrear o se sintieron culpables? Lo que está claro es que no se sintieron culpables mientras estaban con las hembras.

Igualito que los humanos.
Es que creo que la culpabilidad humana se exagera.

¿Qué fue primero, la moral o la religión?
Nuestras religiones actuales son muy jóvenes: 3.000 o 4.000 años de antigüedad. Sabemos que nuestros ancestros, los neandertales por ejemplo, cuidaban de sus viejos, sus deformes y sus disminuidos. Seguro que tenían todo tipo de reglas sociales de comportamiento sobre lo que era aceptable.

La moralidad vino primero.
Sí, y la religión es un sistema que puede reforzar esa moralidad biológica adaptativa.

¿En qué lo basa?
Al analizar otros animales, especialmente los primates, vemos muchas tendencias sobre las que se han construido nuestros sistemas morales. Y las dos esenciales son la empatía y la reciprocidad, que son la base de nuestro sentido de la justicia, de la equidad.

Cuénteme.
Ante un individuo que está triste o estresado, los estudios que hemos realizado con bonobos demuestran que tienen la misma respuesta que los humanos: le abrazan, le dan besos, intentan calmarlo.

La empatía es necesaria para la supervivencia.
Sin ella ningún mamífero cuidaría de sus crías ni podría vivir en comunidad, y por lo tanto moriría. Chimpancés, elefantes, delfines, bonobos, perros, y todo tipo de mamíferos, tienen la capacidad cognitiva de intentar entender la situación del otro.

Deme un ejemplo de reciprocidad.
En un grupo de chimpancés observamos quién acicala a quién y durante cuánto tiempo. Horas más tarde les damos una sandía que pueden compartir o transportar y comérsela a solas.

La comparten con quien los ha mimado.
Sí, y eso implica memoria y gratitud.

Si somos seres morales, ¿por qué tenemos religiones?
Como el resto de los primates, mientras vivíamos en comunidades pequeñas nos vigilábamos unos a otros y castigábamos al individuo que se salía de la norma. Pero con millones de personas ese sistema ya no funciona y creamos a un Dios que nos vigila a todos.

¿Qué busca usted?
Estoy trabajando en el tema de la justicia, la cooperación y la reacción ante una división de recompensas desigual; un tema importantísimo en nuestra sociedad con una división cada vez más desigual de recursos. Nuestros estudios de primates indican una reacción emocional negativa muy fuerte ante la desigualdad.

¿No hay diferencia en el sentido de la justicia entre chimpancés y humanos?
Estamos obteniendo las mismas respuestas.

Si vamos más allá de los primates, ¿hasta qué punto es aplicable la cooperación?
Los elefantes y los delfines están en el mismo nivel de cooperación que los chimpancés según los experimentos, las mismas pruebas que yo hago. Creo que los chimpancés son únicos en su similitud con nosotros, pero no desde el punto de vista de su inteligencia.

Cuénteme.
Tenemos buena prueba de elevadísimos niveles de inteligencia también en córvidos, loros, delfines, ballenas y elefantes.

¿Dónde se establece la barrera entre los humanos y los otros animales?
No estoy seguro de que exista una barrera: cuanto más sabemos, más se desdibuja. El reconocimiento ante el espejo, que implica autoconciencia, ya se ha demostrado con delfines, elefantes y hasta urracas.


Imma Sanchis, "El altruismo y la ayuda mutua son ley entre muchas especies" (Frans de Waal), La Vanguardia, 30/05/2014

Cosmos. Capítol 12 (documental).

Podem.

Podemos es la primera persona del plural del presente de indicativo del verbo poder y también la primera del plural del presente de subjuntivo del verbo podar. La palabra Podemos genera, pues, una red de significados que activa la malla neuronal, como si fuera nueva. Al aislarla, se transforma en una especie de juguete, quizá en la pieza de un mecano a completar en la cabeza de cada uno. El sujeto elíptico de Podemos es nosotros. Nosotros Podemos. ¿Podemos qué? Aquí se debe añadir el complemento que más plazca al usuario. Podemos detener los desahucios. Podemos parar los pies a los poderes financieros. Podemos aminorar las desigualdades. Podemos dotar a la política de un sentido más noble. Podemos nacionalizar la electricidad, el gas, el agua. Podemos sanear el ambiente. Podemos podar. Podemos, en fin, es una oración gramatical.

El PSOE se fue al carajo cuando dijo No Podemos. No podemos negar a los bancos su derecho a dejarte sin casa, ni a las eléctricas el suyo a quitarte la luz, ni a las gasísticas el de cortarte la calefacción. No podemos, “cueste lo que cueste yme cueste lo que me cueste”, desoír las órdenes del Ibex 35. Aquel No Podemos fundacional de Zapatero marcó el rumbo a Rajoy. No Podemos dejar de pagar la deuda, No Podemos perseguir a los defraudadores fiscales, No Podemos meter en la cárcel a nuestros amigos corruptos, No Podemos evitar que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres…

Estamos gobernados, en efecto, por la lógica del No Podemos (en el doble sentido de poder y podar). Una lógica desde la que una clase corrompida trabaja para sí y para los especuladores que la recogen más tarde en sus Consejos de Administración. El éxito de Podemos es por ahora de carácter sintáctico más que político. Pero la sintaxis no es mal sitio para empezar a hacer política.

Juan José Millás, Éxito gramatical, El País, 30/05/2014

dijous, 29 de maig de 2014

Creativitat i Neurociència (Milestone Project 2014)

Milestone Project 2014 (Pensament)

La tercera edició del MILESTONE PROJECT avança vers la unificació de l'art,
el pensament i la societat en la ciutat de GIRONA. Del 9 al 21 de juny, Girona
s'exposarà i es pensarà.

MILESTONE PROJECT és un nou concepte de festival a Girona. Durant dos setmanes
podràs gaudir dels artistes urbans més reconeguts internacionalment, del pensament
més necessari, així com de tallers i exhibicions dirigits pels mateixos artistes i
pensadors MILESTONE, per gaudir de l'art com a mitjà d'expressió i del pensament com
una via de desenvolupament.


Creativitat i Neurociència.

El caràcter creatiu de la ment humana ha arribat a ser el lloc comú a on convergeixen diferents sabers: 'La nostra consciencia es consciencia creadora del món'. La creativitat humana, abans monopolitzada per una minoria de excèntrics tocats per les muses, passa ara a ser un patrimoni de tots.

Aquesta democratització de l'habilitat creadora contrasta, no obstant, amb els resultats de diferents estudis de la intel·ligència, segons els quals, en el camps de la creativitat el pensament convencional fracassa. Seria necessari, doncs, conèixer els mecanismes mentals que fan possible els moments Eureka i, si és possible, provocar-los artificialment.

Els últims descobriments de la neurociència semblen avançar en aquest sentit. La humanitat està a punt de reeixir, mitjançant les noves neurotècniques, les desitjades espurnes de ingeni, estimulant certes parts del cervell i inhibint d'altres.

El nostre objectiu és convidar la ciutadania a reflexionar sobre les possibles conseqüències que podria tenir l'aplicació d'aquestes tècniques, més enllà de la creació, en àmbits com la moral, l'educació, l'economia i la política.

Inauguració de l'exposició
Dijous 12 de Juny a les 18:00 al Centre Cultural la Mercè

Creativitat i neurociència inclou una exposició i una conferència de pensament contemporani que abordaran els controvertits avançaments que s'estan actualment realitzant en el camps de la neurociència, concretament, l'estimulació de la creativitat de manera artificial per generar nous individus amb aptituds creatives. Així es mostra el costat més extrem de la personalitat humana mitjançant un tema candent d'avui dia: Creativitat i Neurociència o com forçar cada vegada més la societat a explorar els seus propis limits personals en detriment de l'explotació productiva.

L'exhibició, que es mostrarà del 12 al 20 de juny en el Centre Cultural de la Mercè, ha estat dirigida per Manuel Villar, Oriol Leira i Daniel Inglada, assistits per Javier Maciá i Ignacio Moltó, i que comptarà també, de nou, amb la inestimable participació de Ignacio Castro Rey, un dels filòsofs més destacats del panorama estatal.

Conferències
Divendres 13 de Juny a les 18:00 al Centre Cultural la Mercè

Ponents


PARTICIPANTS

DANIEL INGLADA | Milestone ProjectDaniel Inglada i Carratalà (Barcelona 1965) es llicenciat en Filosofia per la Universitat de Barcelona. Combina la docència amb la participació a la vida social i política de la seva ciutat, i la reflexió. És professor de Filosofia en un centre de Secundària i Batxillerat. Va ser membre fundador de l’Associació de Joves Estudiants de Catalunya (AJEC), membre del consell de redacció i també director de la revista GENERACIÓ, i també fou membre del consell de redacció de la revista BARCELONA METROPOLIS. Ha participat en diverses iniciatives en l’àmbit artístic –tant teatrals com d’arts plàstiques– des del punt de vista de la reflexió estètica i també de la pedagògica, en intentar traslladar el món de la creació i la reflexió a la ciutadania i, particularment, als adolescents. En aquest sentit ha participat en cursos sobre filosofia i teatre a la Universitat Internacional Menéndez Pelayo, així com en diversos centres de formació teatral, a la vegada que ha col·laborat en la presentació d’exposicions d’artistes plàstics. Juntament amb altres persones, en l’actualitat el seu centre d’interès gira al voltant de la filosofia política, fonamentalment en la revisió a la qual s’està sotmetent el concepte de democràcia.



IGNACIO CASTRO | Milestone ProjectIgnacio Castro Rey és doctor en Filosofia per la Universidad Autónoma de Madrid, ciutat on exerceix d’assagista, crític d’art i professor. Seguint una línia d’ombra que va des Nietzsche fins a Agamben, de Baudrillard a Sokurov, Ignacio Castro escriu en diferents mitjans (Silè, Anthropos, Arxipèlag, El vell talp, Lletra Internacional, Minerva i FronteraD) sobre filosofia, cinema, política i art contemporani. Ha pronunciat conferències a tot l’Estat i en diverses institucions i universitats estrangeres. Com a gestor cultural ha dirigit cursos en nombroses institucions, amb la publicació posterior de set volums col·lectius, entre els quals s’hi inclouen: Informe sobre l’estat del lloc (1998), Al costat de Jünger (1996) i Un altre marc per a la creació (1995). Entre els seves últimes llibres cal destacar: Societat i barbàrie (Barcelona, 2012), La depressió informativa del subjecte (Buenos Aires, 2011), Vots de riquesa (Madrid, 2007), La sexualitat i la seva ombra (Buenos Aires, 2004), Crítica de la raó sexual (Barcelona, 2002) i L’explotació dels cossos (Madrid, 2002).



ORIOL LEIRA | Milestone Project
Oriol Leira Berenguer és llicenciat en Filosofia per la Universitat de Barcelona. Ha combinat la docència, l’activisme social i la reflexió. Exerceix com a professor de Filosofia i Ciències Socials en un centre de Secundària i Batxillerat on també és responsable de la coordinació pedagògica. La seva trajectòria com a activista en els moviments socials ha transcorregut pel moviment per la pau (MOC, Moviment d’Objectors de Consciència), ecologista (Acció ecologista), moviment pel decreixement i de defensa de comunitats minoritàries i llengües minoritzades (CIEMEN, Centre internacional Escarré per a les minories ètniques i les Nacions sense estat). Ha col·laborat en diverses publicacions (Mientras tanto, Ecología Política, Nous Horitzons, Anuario de la fundación Betiko), desenvolupant el seu treball de reflexió política i filosòfica, i ha estat cofundador i membre de la redacció de la revista Illacrua, actualitat i alternatives, considerada pionera de la premsa alternativa.


MANUEL VILLAR PUJOL | Milestone ProjectManuel Villar Pujol. Nascut a Barcelona l’any 1961. El 1985 obtingué una llicenciatura en Filosofia en la Universitat Central de Barcelona. Va realitzar cursos de doctorat i va presentar una tesina sobre la obra de David Hume i el seu escepticisme religiós. Més endavant, dedicat plenament a la docència en instituts de secundària, va obtenir dos premis Arnau de Vilanova en els següents treballs: Valors, tecnologia i medi ambient (2001) i Deliberació i civisme (2010).

Es guanya la vida impartint classes com a catedràtic de filosofia a l’Institut Guillem Catà de Manresa. Ha impartit conferències com Filosofía, democracia y despolitización, Arriesgarse a caminar sobre un campo de minas i Los sofistas y la crisis financiera. Ha escrit articles en revistes com Illacrua i Fent Història.

Actualment intenta mantenir viu el seu blog la pitxa un lio, i donar accés lliure a la ciutadania perquè gaudeixi (o no) de la filosofia en dues Websites: cavernícoles i conviccions, les mínimes.



Super-humans.

La genètica invaeix l'escola.



En fechas recientes, la revista científica Plos One publicó un artículo con los resultados de una investigación según la cuál las diferencias en rendimiento escolar en el Reino Unido tienen, en un porcentaje muy importante (superior al 50%) origen hereditario. Los autores afirmaban que el sistema educativo británico es muy homogéneo y que, por ello, las diferencias que se pudieran producir entre centros escolares, distritos o regiones son muy pequeñas; eso explicaría que las diferencias que subsisten se deban, sobre todo, a factores genéticos. Además, sostienen que las diferencias asociadas a la herencia son las que explican que el desempeño varíe entre unos individuos y otros dentro de una misma aula. Se da la circunstancia de que el investigador que lidera el grupo, Robert Plomin, ha publicado hace poco, junto con la pedagoga Kathryn Asbury, un libro titulado G is for Genes-The impact of genetics on education and achievement, en el que defienden la idea de que la existencia de un modelo educativo único para todos los estudiantes británicos es negativa porque no permite adaptarse a las aptitudes de cada uno, que serían diferentes en función, precisamente, de su herencia genética. Según ese punto de vista, los educadores deberían garantizar la adquisición por todos los estudiantes de unos mínimos básicos, a la vez que promoverían el desarrollo de las capacidades específicas de cada uno en las disciplinas para las que estén mejor dotados. La propuesta de Plomin y Asbury ha provocado controversia. Muchos genetistas son críticos con algunos de estos conceptos, como el de heredabilidad, así como con los métodos utilizados. Y esgrimen resultados de otras investigaciones y, en concreto, los de una reciente publicada en la revista Science en la que, trabajando con una muestra de 127.000 personas, identificaron variantes genéticas que explicaban una diferencia en resultados académicos de un… ¡0’02%! o lo que es lo mismo, el equivalente a un mes de escolarización en toda la educación obligatoria. Así pues, no parece que las cosas estén nada claras en el terreno científico. Los educadores, por su parte, temen que en vez de utilizar la información genética para mejorar la formación de todos, acabe sirviendo para mejorar, sobre todo, la de los estudiantes aventajados. Y se han mostrado especialmente preocupados por el hecho de que Robert Plomin haya sido consultado por Dominic Cummings, asesor del ministro de Educación británico, Michael Gove, y autor de un controvertido informe para el Ministerio el pasado mes de octubre en el que se mostraba partidario de la investigación en genética para su aplicación a la educación. Del estudio de Plomin y colaboradores me ha extrañado, sobre todo, la afirmación de que el sistema educativo británico ofrece resultados muy homogéneos, pues las evaluaciones realizadas en el marco del conocido programa PISA dan cuenta de la existencia de importantes diferencias entre áreas geográficas en el Reino Unido. Y lo más lógico es que tales diferencias tengan, como ocurre en otros casos, relación con el nivel socioeconómico y cultural medio de las distintas zonas. Por esa razón, y por las dudas que suscita a una parte importante de la comunidad científica, se me antoja, cuando menos, imprudente tratar de llevar a la práctica educativa conclusiones extraídas de estudios tan problemáticos. El filósofo escocés David Hume dejó escrito que “afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias”. Pues bien, este es un ejemplo magnífico de la pertinencia de esa cautela y de la necesidad de extremar el escepticismo al valorar los resultados e implicaciones de un trabajo de investigación científica, máxime tratándose, como en este caso, de un asunto muy delicado y de gran impacto social.

Juan Ignacio Pérez, Genética en las aulas, Cuaderno de Cultura Científica, 25/05/2014



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Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

dimecres, 28 de maig de 2014

Milestone Project: pintar i pensar la ciutat de Girona.

La tercera edició del festival Milestone Project  tindrà lloc entre el 9 i el 21 de juny a Girona.  Es tracta d’un projecte cultural multidisciplinar sustentat en dos pilars: L’Art i el Pensament. El passat 21 de maig els directors del festival, Xavier Masó i Ignacio Moltó, van presentar l’edició d’aquest 2014 que va comptar amb la presència de Marta Madrenas, tinent d’alcalde de Promoció Econòmica de l’ajuntament de Girona.
Milestone Project
Art i Pensament: aquestes són les dues directrius principals que defineixen el Milestone Project, un festival contracultural que va veure la llum per primera vegada l’any 2012. La consolidació que ha experimentat aquest esdeveniment ha sigut fulgurant, de manera que aquest 2014 l’organització presenta un cartell que inclou figures de primera línia internacional en detriment d’actuacions musicals, que havien tingut la seva rellevància en les anteriors edicions del festival.
Milestone Project entén que l’Art Urbà té una especial incidència en la societat, ja que és capaç de transformar indrets en desús en llocs de trobada. Es tracta d’un tipus d’art que, mitjançant el seu accés lliure, reconverteix l’entorn social alhora que estimula el pensament positiu pel que fa la transformació d’aquests espais. És en aquest context on el festival troba un altre punt de suport en el pensament i en l’educació com a mitjà de desenvolupament social. “La idea principal del festival és portar a Girona un projecte artístic transversal on tothom hi pugui participar”, afirma Xavier Masó.

Els Autors

L’organització del festival ha traçat tres línies per on s’estructurarà la programació del Milestone Project d’enguany: un mostra de les obres originals dels artistes d’art urbà més importants a nivell internacional; una selecció artística d’accions a la ciutat, que en aquesta edició gira al voltant de l’art abstracte; i l’elaboració de quatre tallers amb els artistes Sam3, Akay & Brad Downing, Delphine Delas i Angelo Milano.
A més d’aquests autors esmentats, el festival comptarà amb els treballs de Boris Hoppek, Momo, Cyop & Kaf, 108 i Interesni Kazki, catalogats per Ignacio Moltó com “uns autèntics caps de cartell que sovint se’ls compara, ni més ni menys, que amb Dalí”.
Pel que fa al pensament, el Milestone Project ha organitzat una conferència a càrrec de Manuel Villar Pujol, Ignacio Castro Rey, Oriol Leira i Daniel Inglada, amb la voluntat de reflexionar al voltant de la Creativitat i la Neurociència.
En aquesta múltiple conferència és posarà de rellevància la transformació que ha experimentat una creativitat que, en èpoques pretèrites, havia estat monopolitzada per una minoria excèntrica però que, actualment, ha passat a ser patrimoni de tots. Per tant, podem afirmar que la creativitat ha experimentat un procés de democratització social, i és en aquest context on la neurociència es presenta com l’element clau, capaç d’extreure la creativitat de cada individu.
L’espai de la Mercè de Girona, que inclou el centre cultural, el claustre i els jardins, serà el punt de trobada de les diferents propostes que presenta el Milestone Project 2014.
En paraules de Marta Madrenas, ”la celebració d’aquest esdeveniment representa un pas més en la configuració d’una ciutat abocada a la cultura. Aquest festival ens permet recordar, novament, al món que Girona és un epicentre cultural, també en art urbà, ja que els millors artistes internacionals estaran aquí.”
Gerard Olivé, Milestone Project: pintar i pensar la ciutat de Girona, Núvol, el digital de cultura, 22/05/2014

"Se dejaba llevar" (Antonio Vega)

Un mico en Wall Street.



Las teorías económicas, sociológicas, políticas, pedagógicas y psicológicas han jugado un papel importante en algunas de las principales transformaciones políticas de la modernidad. A menudo se ha solicitado el concurso directo o indirecto de científicos sociales en la organización de la justicia, la regulación de la economía y las relaciones laborales, la educación, la estrategia militar o la asistencia social. Sin embargo, muy rara vez se ha pedido cuentas a las distintas teorías sociales por los paupérrimos resultados obtenidos, que suelen ser claramente inferiores a los que se hubieran logrado si sencillamente se hubiera aplicado el sentido común o se hubiera continuado con las prácticas acostumbradas, no informadas por criterios supuestamente técnicos. En un conocido experimento informal el Wall Street Journal hizo que un mono con los ojos vendados lanzara dardos a una diana en la que habían colocado las cotizaciones bursátiles. La cartera de acciones del mono consiguió mejores resultados que el 85% de las gestoras de fondos estadounidenses.

En efecto, los economistas han convertido su especialidad en una rama de la matemática aplicada cuya relación con la subsistencia material, los procesos productivos y los intercambios en las sociedades es extremadamente remota. Como afirmaba el politólogo Peter Gowan, el saber acumulado de los expertos en finanzas a menudo es una rémora para entender la realidad económica. Los especialistas perpetran de forma recurrente propuestas prácticas que atentan contra el más elemental sentido de la prudencia. El fracaso sistemático de estas ideas no ha quebrantado la vehemencia con la que defienden su validez. Que Karl Popper, un pensador obsesionado con la verificabilidad de las teorías científicas, sea prácticament el único filósofo de la ciencia cuyas obras se leen en las facultades de economía no hace sino añadir ironía a esta especie de ensueño idealista que a menudo se confunde con el rigor de los matemáticos.

César Rendueles, Sociofobia, Capitán Swing, Madrid 2013

dimarts, 27 de maig de 2014

Cosmos. Capítol 11 (documental).

La trampa del "dret a decidir".



Estos días he leído dos ideas en torno a los derechos humanos que suenan a paradoja pero quizá no lo sean tanto. Liborio Hierro, uno de nuestros más serios investigadores sobre el tema, advierte en un libro reciente, Autonomía individual frente a autonomía colectiva, que también puede darse el caso de que ciertos “poderes viejos” hagan suyo el lenguaje de los derechos para revestirse de una legitimación nueva y volver a dominar a las personas. Por su parte, Joshua Greene, en un libro muy discutido, Moral Tribes, desliza la idea de que los derechos pueden ser esgrimidos también como un arma que nos permite blindar nuestros sentimientos como si fueran hechos concluyentes, no negociables. Si tengo derecho a algo, el asunto está zanjado: no caben más argumentos. Me parece que ambos tienen razón: invocar los derechos puede ser una estrategia de ciertos poderes sociales para controlar a las personas de otra manera, y apelar a ellos hace difícilmente negociables los desacuerdos morales y políticos en los que esos derechos anidan.

Esas dos advertencias son aún más pertinentes cuando el lenguaje de los derechos no es usado para referirse a personas individuales sino a supuestas entidades colectivas, como las minorías, las naciones o los “pueblos”. En este caso, las distorsiones tienden a incrementarse por dos razones: en primer lugar, los poderes y sus intereses disimulan su verdadera condición mediante el subterfugio de presentarse como la voz de la entidad colectiva: no soy yo el que habla, es la nación, el pueblo y sus derechos, lo que habla a través de mí. En segundo lugar, los ciudadanos son empujados a un ejercicio sentimental de traslación de su identidad a la entidad moral superior y muchos acaban por creer que lo mejor o lo más importante de lo que son se lo deben a su pertenencia al todo. Si se pone en cuestión la entidad colectiva se ponen en cuestión sus derechos y hasta su propia identidad personal.

Esa representación mágica que pretenden algunos voceros del nacionalismo es, naturalmente, una impostura, pero tiene unos efectos demoledores sobre la deliberación de los problemas públicos. Quienes la detentan parecen creerse autorizados para imprimir un turbio sesgo a su favor en el debate público y promueven para ello una vergonzosa parcialidad en los medios que administran. La justificación que esgrimen se presenta como algo natural: si se pone en cuestión el derecho colectivo se pone en cuestión la patria. Y por lo que respecta al mensaje que se proyecta sobre el ciudadano, lo que se busca es que quienes habitan ese espacio se abandonen al sentimiento colectivo y estén dispuestos a sacrificar sus derechos individuales ante el altar de la entidad moral superior. Distorsionado así el debate público sobre los derechos que se tienen, y entregados los ciudadanos a la identidad enajenada, el lenguaje de los derechos se torna, en efecto, en un instrumento de dominación y queda blindado ante cualquier negociación. Lamento tener que decirlo, pero la atmósfera de la discusión es hoy francamente irrespirable en Cataluña, y está lejos de lo que debe ser una deliberación pública libre.

En ese marco deformante es donde hay que examinar esa reivindicación del llamado “derecho a decidir” que está prendiendo demasiado en Cataluña. Se presenta, con actitud desafiante, como expresión natural e innegociable del principio democrático y los derechos que lleva consigo, de forma que aquellos que discuten la existencia de tal derecho o no apoyan su ejercicio sin límites han de ser tenidos irremediablemente por anti-demócratas y desconocedores de los derechos más elementales del ciudadano. Lo que está sucediendo en Cataluña, la postulación colectiva del “derecho a decidir”, no puede ser limitado ni detenido por meras leyes, ni siquiera por la Constitución o por decisiones del Tribunal Constitucional, porque eso traicionaría el derecho básico a tomar parte en las decisiones, que el demócrata tiene que defender ante todo. Algunos de quienes apelan a este argumento, incluso desde la sedicente “izquierda” —¡cosas veredes, Sancho!— lo llaman “radicalidad democrática”. Deploro tener que decir que no hay tal cosa. Tan sólo es un argumento engañoso revestido de una legitimidad impostada. Si hurgamos un poco en sus adentros veremos enseguida que tiene ingredientes poco o nada democráticos y alguno bastante oscuro.

Hay, en efecto, en esa propuesta, como en todo procedimiento de decisión mediante el voto de una pluralidad de actores, al menos cinco momentos en los que no aparece para nada el principio democrático, es decir, en los que el proceso que se promueve carece de alcance democrático porque no se expresa en él la voluntad de los ciudadanos. En esos cinco momentos, por tanto, el derecho a decidir no es democrático ni expresión de democracia alguna, sino producto de decisiones políticas no consultadas con pueblo alguno. El primero es la resolución misma de consultar o no consultar al electorado. Es lo que se llama en la jerga politológica el control de la agenda. El segundo, como recordaba en estas páginas hace días José Álvarez Junco, la determinación e identificación del cuerpo electoral, del demos que ha de decidir. Un tercero es la cuestión sobre la que ha de decidirse, es decir el objeto de la decisión. El cuarto es la formulación de la pregunta o interrogante que se somete a ese demos. Y el último es el momento temporal —la fecha— en que se va a proceder a realizar la operación. Es palmario que ninguna de esas cinco materias tan importantes para el proceso democrático le ha sido consultada a nadie para que pudiera ejercer sobre ella el famoso derecho a decidir. Han sido resoluciones tomadas de antemano, es decir, impuestas desde la Generalitat, más allá seguramente de sus competencias legales, y con el fin, al parecer, de que se ponga en marcha ese proceso con tantas ínfulas democráticas. Pero ellas mismas no son resoluciones democráticas. No hay que escandalizarse por ello, porque se trata de extremos que no pueden ser decididos democráticamente por razones lógicas. Si se consulta o no a los ciudadanos, quién constituye el demos o cuerpo electoral, cuál es el objeto de la decisión o cuál la fórmula de la pregunta, y cuándo se va a realizar la consulta, son asuntos que se imponen al proceso democrático desde fuera, y tienen que imponerse desde fuera. No puede ser de otra manera. Si nos propusiéramos consultar esos extremos incurriríamos necesariamente en argumentos circulares o regresos al infinito, es decir, en razonamientos inconcluyentes. Esto sólo nos tiene que llevar a una convicción importante: que el derecho a decidir no es, como se pretende, la quintaesencia de la democracia, sino sólo un momento importante de ella rodeado por decisiones no democráticas. Y es a esas decisiones a las que hay que interrogar por si esconden alguna trampa.

Sobre las competencias legales para convocar o decidir un tema semejante, o sobre la naturaleza alambicada de la pregunta ya se han escrito demasiadas cosas. A mi juicio, sin embargo, la cuestión que crea una distorsión más espesa en el debate es la contenida en el primer principio de la declaración del Parlament. Esa que dice que el pueblo de Cataluña es un “sujeto político y jurídico”. Dejemos a un lado lo de “soberano”, porque esa es una cuestión ulterior. Pues bien, lamentaría que alguien se ofendiera, pero esa afirmación tan solemne es simplemente la fabulación voluntarista de una entelequia. Y en ella, me parece, está casi toda la trampa. Cuando advertimos que una pluralidad de individuos tiene algunas propiedades comunes: creencias religiosas, el uso de una lengua, pautas culturales, tradiciones, etc. nos sentimos tentados con frecuencia a articular esas propiedades en forma unitaria e hipostasiarlas en una entidad nueva y distinta de los individuos que las comparten. De ahí nacen los entes colectivos y las abstracciones sociológicas que parecen erigirse ante nosotros demandando que las tratemos como seres vivos con personalidad, rasgos mentales (intenciones, voliciones, etc.) y derechos. Es decir, que las consideremos “sujetos”. Pero esto no es más que una manera de hablar, una ficción que a veces es útil y a veces engañosa. Y siempre es ética y políticamente peligrosa. No existe ningún pueblo catalán en el nombre del que nadie pueda hablar, y por tanto ni tiene ni puede tener derechos, ni históricos ni actuales, ni jurídicos ni morales. Ni cabe que como tal sujeto ficticio exprese un deseo de tener “un Estado propio” como si de adquirir un traje nuevo se tratara. Todo eso no son sino fabulaciones y patrañas que solo pueden desembocar en una nueva forma de limitar los derechos de los individuos y hacer emocionalmente imposible la solución de las controversias.

Francisco J. Laporta, La distorsión del "derecho a decidir", EL País, 26/05/2014

dilluns, 26 de maig de 2014

El radar de les mancances i el comportament altruista.

No son tiempos favorables para la filantropía. Los robos a gran escala desde las más altas esferas del poder, los recientes engaños políticos, las corruptelas varias, y hasta los asesinatos nos trasladan una imagen negativa del ser humano y hacen difícil ver una realidad contrastable: nuestra especie ha sido y es una de las más cooperativas que existen en el planeta Tierra. Pero, ¿y si toda esta agresividad y mentiras fueran sólo una pequeña parte de la historia? ¿Y si algunos árboles tóxicos no nos dejaran ver el maravilloso bosque?
Hasta hace muy poco, el modelo mental según el cual el egoísmo y la competición extrema reinaban en la naturaleza colonizaron nuestras mentes. La idea de que "la ley de la selva" y el "todos contra todos" regían los comportamientos de todos los animales, incluidos nosotros, se extendió a muchos ámbitos: la economía, la política, la sociedad, el mercado, etc. El filósofo Thomas Hobbes y otros pesimistas antropológicos habían ganado la batalla. El hombre era un lobo para sí mismo porque su psicología le impulsaba a cometer atrocidades contra otros miembros de su especie. Éste fue el caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de una de las teorías más crueles en la Historia: el darwinismo social. Según esta línea de pensamiento, sólo sobreviven los más aptos, algo que supieron aprovechar muy bien los nazis para justificar sus barbaridades. Lo que se le olvidó a sus creadores, Herbert Spencer y Joseph Fisher, es que el altruismo y la ayuda también son formas de adaptación muy importantes. Es más, parece ser una de las mejores estrategias para el éxito jamás concebida. 
Hace no mucho tiempo, el Homo sapiens compartió territorio con otros homínidos: el Homo erectus en la zona de la actual china y el Homo neanderthalensis en Europa. Durante décadas no han existido hipótesis fiables que explicaran la extinción de nuestros antiguos compañeros de evolución, pero análisis recientes de la vida social de las tres especies revelan algunos datos apasionantes. Todos eran seres muy inteligentes, pero los humanos poseían una fortaleza que los otros homínidos no: la cooperación extrema y el trabajo en equipo como llave para la supervivencia. En los yacimientos arqueológicos de Atapuerca (Burgos) y la Cueva del Castillo (Cantabria) se han encontrado restos humanos de ancianos, enfermos y minusválidos que sólo pudieron sobrevivir gracias a la ayuda de otros congéneres. En primates sucede tres cuartos de lo mismo. Se ha documentado el caso de una macaca que nació sin manos ni pies, pero que gracias al cuidado de los compañeros sobrevivió largos años y tuvo descendencia. Hechos difíciles de explicar para los que llevaron las tesis de Darwin al extremo. 
Los estudios realizados durante la última década están destruyendo el mito de una naturaleza cruel en la que los individuos sólo miran por sí mismos. Por ejemplo, en varios estudios con niños llevados a cabo por el psicólogo Felix Warneken, un investigador adulto fingía tener problemas bajo la atenta mirada de niños menores de 15 meses de edad. Los resultados demostraron la existencia de una fuerte tendencia a la ayuda sin obtener recompensa alguna, ya que 22 de los 23 niños ayudaron de manera incondicional. Cuando se repitieron las pruebas con bobonos y chimpancés, los resultados fueron idénticos, lo que sugiere un origen innato y biológico del altruismo. 
Quizá el problema no está en el exterior sino en el interior de nuestra mente. Los seres humanos somos expertos en detectar lo negativo, aquello que falla, pero nos cuesta imaginar cosas nuevas a no ser que hayan ocurrido antes.  En otras palabras, nos fijamos de manera sistemática en lo que no tenemos o se hace mal, ya sea de nosotros o de nuestro alrededor. Ello implica a personas, eventos, objetos y otro tipo de elementos. Este modelo mental incide en la percepción que tenemos de nosotros mismos y en la interpretación del comportamiento de quien nos rodea, lo que dificulta establecer vínculos de calidad porque nos juzgamos por lo peor que hacen un pequeño porcentaje de la población. Sí, claro que hay ladrones, mentirosos y corruptos. Free riders o agentes libres los llamamos desde la biología evolutiva. Por ejemplo, tipos como Bárcenas, Berlusconi o Madoff son claramente free riders. Humanos a los que no les importa el resto y sólo miran por su interés. Pero la mayoría no somos así. 
Paul Rozin y Edward B. Royman, de la Universidad de Pensilvania, creen que tanto los animales como los humanos estamos condicionados por predisposiciones innatas que nos empujan a interpretar el mundo centrándonos en lo negativo. El psicólogo Guido Peters lo denominó "la asimetría entre lo positivo y lo negativo". Peeters cree que durante la evolución fue más adaptativo fijarse en lo negativo y estar siempre alerta a lo que no iba bien. Hace miles o millones de años, los que estaban concentrados en lo que iba mal sobrevivían más. El "radar de carencias", como me gusta llamarlo, se desarrolló en aquella época y se centra en lo negativo o en lo que no poseemos.
Por lo tanto, no dejemos que un puñado de indeseables nos impida ver los actos más bellos y nobles que forman parte nosotros desde hace millones de años. La mirada centrada en lo negativo, esto es, pesimista respecto a la verdadera naturaleza de nuestra especie, además de ser errónea, nos impide ser felices y acudir de nuevo a la que fue, es y será siempre la llave para nuestra supervivencia: la cooperación y la ayuda mutua.
Pablo Herreros, El mito de la "ley de la selva", Yo mono, 24/05/2014