dilluns, 31 d’octubre de 2011

Manipulació.


Nunca la manipulación ha tenido un significado etimológico más apropiado. Con los dedos de la mano a través de un teclado se ha cohesionado hoy el movimiento global de los indignados. Basta con apretar una tecla y las plazas de medio mundo se llenan de jóvenes, de momento sin himno, ni bandera y ni gritos de rigor que marquen un destino en lo universal a su desazón convulsa, como en los años treinta lo hizo el brazo en alto con la palma abierta o con el puño muy apretado. Se dice que la indignación de los jóvenes contiene mucha emoción y ningún pensamiento. Una ideología no se cohesiona ni se expande si no lo hace sobre un campo magnético generado por la estética. Si esto se llega a producir, entonces la indignación de los jóvenes caerá en poder de poetas y visionarios para convertirse en un ideal de belleza que pondrá al mundo de nuevo patas arriba. Solo con los dedos de la mano.

Manuel Vicent, Manipular, El País, 30/10/2011
http://www.elpais.com/articulo/ultima/Manipular/elpepiult/20111030elpepiult_1/Tes?print=1


L´època dels drets s´ha acabat.


Segons llegeixo als diaris l'empresari Isak Andic ha dit: "L'època dels drets s'ha acabat. Ara cal pagar la festa". Ho va dir en el marc d'una reunió de l'Institut de l'Empresa Familiar, del qual és president i que té fama de ser una de les organitzacions mes moderades del món empresarial. Segur que estava convençut de recollir l'opinió dels col·legues: molts fa temps que pensen que els treballadors en aquest país tenen massa protecció i privilegis.
De drets n'hi ha de moltes menes. La sentència de l'empresari no distingeix. S'ha acabat l'època dels drets, diu. ¿Quins? No crec que sigui de tots. La propietat privada, per exemple, és un dret reconegut. No crec que el senyor Andic pensi a suprimir-la. Ni Warren Buffet ha arribat a aquest nivell de despreniment. Tampoc me l'imagino anant contra el dret universal al vot, encara que darrerament entre els que creuen que tenen més accions d'aquest món que els altres, està de moda dir que s'hauria d'exigir una certa qualificació per anar a votar.

Als humans mai ens molesten els drets nostres, els considerem tan naturals que ni recordem que algun dia van ser conquerits i que ens podrien ser usurpats, que és l'especialitat de dictadors i autòcrates. Ens molesten els drets dels altres, en aquest cas dels treballadors. I una manera de posar-los en dubte és confrontar-los amb obligacions. Ara toca "obligacions i esforç", va dir Andic. Com si hi hagués drets que no comportessin obligacions: per a qui el té i per als altres.

La segona frase tampoc es queda curta: s'han acabat els drets, cal pagar la festa. Com si els drets no fossin sinó un premi per a temps de bonança. Com si es tractés d'una concessió que es pot donar o treure a discreció. Els empresaris haurien de saber que es poden reduir prestacions (començant per les primes als executius) però no eliminar drets, perquè en un món on el progrés moral no existeix, el progrés jurídic és l'única cosa que separa la civilització de la barbàrie: Europa de la Xina, per exemple.

Josep Ramoneda, Drets, Ara, 30/10/2011

diumenge, 30 d’octubre de 2011

Lloc buit.

Claude Lefort

Claude Lefort fue quien forjó esta expresión sugestiva (“lloc buit”) para destacar que no se puede definir la democracia solamente como el régimen basado en la idea de que el poder no puede ser acaparado por nadie (a semejanza del poder señorial, concebido como un  dominum, o del poder eclesiástico, definido como un ministerium), sino que sólo puede resultar de una libre obligación (La autogestión). En efecto, existen dos maneras de efectuar esta necesaria “desapropiación” (…). La primera consiste en decir que el poder no puede ser sino el de la comunidad entera de ciudadanos; que es la propiedad indivisa de un sujeto llamado “el pueblo” o “la nación”. Pero el problema consiste en que ese sujeto siempre es virtual, que nunca es uno en su sustancialidad, que siempre está atravesado por la divergencia de los intereses y de las opiniones. De ahí la imposibilidad de atenerse a tal enfoque, al que podríamos calificar como positivo, de la apropiación colectiva del poder. Si bien continúa siendo casi insoslayable, se debe recordar continuamente su carácter incompleto (lo que se expresa por su reducción al principio mayoritario en un universo donde el sufragio es estructuralmente dependiente de la manifestación de los antagonismos políticos). La expresión de la socialización del poder bajo una forma negativa constituye, pues, la corrección necesaria de su imposible cumplimiento positivo. A esto corresponde la noción de poder democrático como designación de un lugar vacío. (142)

Pierre Rosanvallon, La legitimidad democrática, Paidós, Madrid 2010

Halloween.

Forges

Antisistemes.

by Alfons Lopez

dissabte, 29 d’octubre de 2011

Trigolitos


L´home i els animals 4.


L´home i els animals 3.


L´home i els animals 2.


Qui ha sigut?


Si algún día escribiera un libro titulado La vulgaridad explicada a mi hijo, empezaría con un análisis del "yo no he sido" y de la tendencia yonohesidista a la autoexoneración de responsabilidad, que supone la previa distinción entre deuda (la mía) y responsabilidad (la del otro que ha de responder por mí). Esa distinción existió en el Derecho romano antiguo. Un pater familias pedía algo en préstamo a otro y entregaba como garantía a su propio hijo. El deudor era ese primer pater, pero la responsabilidad de la deuda recaía en el rehén, el verdadero "obligado", llamado así porque permanecía materialmente atado o ligado (ob-ligatus) a merced del acreedor quien, si era satisfecho, liberaba al rehén (solutio), pero en caso contrario, tenía derecho a matarlo o a venderlo trans Tiberim como esclavo. La importancia de la histórica Lex Poetelia Papiria (326 antes de Cristo) es doble: por un lado, estableció que mientras los delitos penales pueden ser castigados con sanciones físicas o con restricciones a la libertad, de las deudas civiles, en cambio, sólo responde el patrimonio; y segundo y principal, unió para siempre en la misma cabeza las figuras del deudor y del responsable. En ese momento -escribe el gran romanista Bonfante- nace la obligación moderna.

Javier Gomá Lanzón, Yo no he sido, Babelia. El País, 29/10/2011
http://www.elpais.com/articulo/portada/he/sido/elpepuculbab/20111029elpbabpor_23/Tes?print=1

divendres, 28 d’octubre de 2011

L´home i els animals 1.


La imatge modificada de la humanitat.


   Desde el final del siglo pasado asistimos a un cambio de paradigma científico dominante. En el estudio del hombre, hemos pasado del paradigma de las “ciencias humanas” (que ha dominado el siglo XX) –etnología, antropología cultural, etcétera- a un paradigma biológico. Las ciencias humanas se basaban en la idea de que el hombre tenía una especificidad que le distinguía del resto de la naturaleza, una especificidad de objeto que permitía justificar la especificidad de los métodos y los conceptos de dichas ciencias: por tanto, la historia humana se basaba en su oposición a la noción de evolución natural, el psicoanálisis en la especificidad de lo subconsciente y de lo simbólico propiamente humano, las ciencias sociales en la oposición entre instinto y institución, la antropología cultural en la oposición entre naturaleza y cultura, la lingüística en la oposición entre lenguaje humano y comunicación animal. Así pues, según el postulado epistemológico fundacional de esas ciencias, el hombre se oponía al resto de la naturaleza, en particular a la animal.

Por el contrario, el actual paradigma dominante es naturalista, incluido en el ámbito del estudio de los fenómenos humanos: es la conjunción de las teorías del evolucionismo neo-darwinista, de la biología molecular, de las neurociencias, de las ciencias cognitivas, etcétera. Evidentemente ese paradigma tiende a negar toda especificidad humana por motivos simétricos a los precedentes. Se trata de justificar unos métodos y unos conceptos en sí mismos naturalizados en el estudio de los seres naturales, de los que forman parte los hombres, exactamente con el mismo rango que los animales. Por consiguiente, las oposiciones de antaño (hombre-animal, naturaleza-cultura) se han visto reemplazadas por una visión unitaria del mundo natural donde el hombre no es más que un elemento, un ser vivo adaptado a su medio, un animal como los demás. 

Francis Wolff, ¿Ha dicho usted derechos de los animales?, Claves de razón práctica nº 210. Marzo 2011



La generalitat negativa (imparcialitat)



La legitimidad electoral se apoya en un reconocimiento popular. Descansa, pues, en un tipo de generalidad concebida de modo agregativo, que esboza una magnitud social. La imparcialidad, por su parte, está referida a una generalidad de otra naturaleza: es una generalidad negativa, constituida por el hecho de que nadie se puede beneficiar con una ventaja o un privilegio. En un mundo dividido, donde el proyecto de una generalidad de identificación positivo-agregativa ha dejado de tener sentido evidente, donde la definición del interés general continúa siendo incierta, siempre sometida a la presión de múltiples grupos, el apego a una forma de generalidad procedimental-negativa se fortalece. Cada vez se presta más atención a que la sociedad esté gobernada por principios y procedimientos basados en el proyecto de la destrucción de las ventajas particulares y de los acaparamientos partidarios. En ese marco, la distancia que se adopte con los intereses particulares es la que garantiza más adecuadamente la prosecución del interés general. (…)

En un mundo más individualizado, concuerda ante todo con la aspiración de cada ciudadano a ser tratado de un modo equitativo, basado en el rechazo a las discriminaciones tanto como a los tratos de favor. (…) La expectativa de imparcialidad y la importancia otorgada a la generalidad negativa derivan, en segundo lugar, de las condiciones de conjunto del funcionamiento social. Al respecto, las sociedades contemporáneas están saturadas de particularidades, cada vez más divididas por razones diversas. (…) El peso de los intereses especiales y de los grupos de presión ha aumentado estructuralmente. Para enmarcarlos y limitar su influencia cada vez más amenazadora, la estrategia más eficaz consiste, de ahora en adelante, en instaurar instancias guardianas de la generalidad negativa, pues ya no se puede pensar, como antes, que este mundo pueda ser simplemente dominado al ser absorbido en una totalidad positiva. (140-142)

Pierre Rosanvallon, La legitimidad democrática, Paidós, Madrid 2010

dijous, 27 d’octubre de 2011

La ideologia perfecta


No deja de ser interesante que la obra de Foucault emergiera en los años de la Guerra Fría: es decir, de la confrontación ideológica por antonomasia, una época en la que la noción de ideología se estilizó hasta el extremo de configurar dos visiones contrapuestas de la realidad que exigían la movilización total del individuo y sus emociones,  aunque cada una desde luego a su modo, pero al hacerlo confluían en una única obsesión compartida, la de un poder que debía ser absoluto, pues lo característico de ese período peculiar fue precisamente la supuesta capacidad de destrucción, que como tal ha de ser considerada la máxima expresión del poder. Foucault se desmarcó de ambas, y si es cierto que eso le valió el reproche por parte de ideólogos de una y otra tendencia, no lo es menos que al hacerlo marcó un nuevo rumbo respecto del enfoque de los análisis del poder, que se desplazó desde el análisis del Estado al ámbito de los afectos y su producción. (…) Lo que la fase final de la Guerra Fría puso de manifiesto es que las ideologías contrapuestas compartían la misma pretensión y eran hijas del mismo principio moderno, pero la victoria final de una de ellas sobre la otra expresó también que el mecanismo mediante el que una de ellas organizaba su pretensión totalizadora era infinitamente superior al de la otra. El llamado bloque soviético se mostró incapaz de encontrar mecanismos para gobernar los afectos, para lograr la obediencia, como se mostraron igualmente incapaces de hacerlo el fenómeno nazi y las demás manifestaciones agrupadas bajo el término fascismo.

La ideología perfecta es aquella que aspira a dejar de aparecer como tal y que en esa medida no necesitaría aparatos de represión, o al menos, sólo en última instancia, para imponerse. (…) (La inferioridad del bloque soviético) se debe a que no comprendió lo fundamental del mecanismo moderno, por lo que se convirtió en una deformación monstruosa del mismo. Este principio moderno es precisamente el que vimos que expresó Foucault: el gobierno lo es sobre los afectos y, lo que es más importante, mediante los afectos. Pero los afectos no se modifican por la fuerza o mediante la simple represión, porque en ese caso lo que hacen es forzar un nuevo afecto básico que será el que domine sobre los demás: el miedo, la angustia o el dolor. Pero si ese afecto es el dominante y no lo es la voluntad de poder, el poder no encuentra la forma de instalarse en las conciencias. Lo que derrumbó el mudo soviético fue el miedo, el hecho de que la voluntad de poder estuviera en el mejor de los casos en los dirigentes, pero no repartida de modo masivo en la población, a la que de hecho se educó en la obediencia y en el temor.

Si nuestra hipótesis es cierta, una ideología como esa que llamamos triunfante debe (…) incorporar todos los demás afectos en el interior del afecto dominante que es la voluntad de poder. No puede ahogarlos como hacía el universo soviético, sino sólo reorganizarlos, jerarquizarlos. Para ello, entre otras cosas, sabrá colocar las aspiraciones a la justicia a las que no supo dar solución el otro modelo. La emergencia de esos extraños artefactos como la ética de la empresa y la mayor parte de las llamadas éticas aplicadas que han florecido en las décadas finales del siglo XX parecen confirmarlo. Como también parece confirmarlo la subsistencia e incluso inusitada vitalidad de las otras formaciones ideológicas de rango inferior, es decir, no omniabarcantes, a las que podríamos llamar microideologías y que conviven en el seno de la verdadera ideología omniabarcante pero invisible, y uno de de cuyos rasgos es precisamente el pluralismo, es decir, el admitir en su seno el juego de esas microideologías.  (163-168)

Vicente Serrano, La herida de Spinoza, Anagrama, Barna 2011

De Tales a Demòcrit.


Hauria estat imperdonable que aquesta secció esperés més temps a parlar d'una de les publicacions més importants, en llengua catalana, de tot el que portem d'any: De Tales a Demòcrit. El pensament presocràtic. Fragments i testimonis, edició i traducció de Joan Ferrer Gràcia, Girona, Edicions de la ela geminada, 2011.

L'anecdotari al voltant d'aquesta florida de pensadors —els primers que van desplegar una activitat pròpiament filosòfica a Occident; els uns de les regions de Jònia, els altres assentats a la Magna Grècia— és tan clar i abundós com més críptic i indesxifrable és el que ens van llegar: fragments recollits per autors de la tradició, incloent-hi els pares del cristianisme, i testimonis reportats per molts dels seus contemporanis o per generacions no gaire allunyades d'ells, com les que trobem a Plató i a Aristòtil. Entre les llegendes, tothom recorda aquella que diu que Tales, el veritable fundador de la filosofia grega, va caure un dia en un pou perquè caminava entotsolat guaitant la volta de l'univers. També Tales, diuen, va comprar molins per premsar l'oli en un moment de magres collites, i que després, en arribar l'abundor d'olives, els va sotsarrendar a preu d'or, tot precisant —diuen— que sempre havia preferit la vida contemplativa a la vida dels negocis. Àdhuc se'ns ennova en el llegendari grec, i posterior, que Empèdocles va tirar-se a l'Etna en erupció, i que del volcà només en va sortir, llançada amb fúria, una sandàlia: de l'altra, mai no se n'ha sabut res. I així amb tots els presocràtics, la foscor dels quals, com queda dit, i la manca de poemes o de proses prou completes ha mogut a l'admiració tant com a la perplexitat davant paraules i girs estrambòtics massa foscos: opacs, entre altres raons, a causa de la distància que hi ha entre la seva llengua i el grec clàssic, i difícils, quan es tracta de prosa, perquè és un híbrid, si es pot dir així, de llenguatge barroc i Mallarmé avant la lettre.

Com va escriure Bertrand Russell en la seva imprescindible, llegidora Història de la Filosofia, considerem els filòsofs presocràtics "una mica infantils d'antuvi", però, al mateix temps, creadors d'unes teories que "han tingut prou solidesa per sobreviure i desenvolupar-se en el curs de més de dos mil anys". Joan Ferrer no ha fet altra cosa de llevar tant com ha pogut [aletheia] la complicació d'aquestes teories —unes quantes tirant a ingènues, com les de Tales, les d'Anaxímenes o les d'Empèdocles mateix—, d'altres carregades de la semença que obriria el pas, després de la primera sofística, a la dialèctica socràtica i a la teoria del coneixement, del cosmos i de l'ànima segons Plató: així Pitàgores, Parmènides i Demòcrit. Sempre devem alguna cosa als avantpassats, en el sentit que sigui, i la gran filosofia grega dels segles V i IV té un deute impagable amb aquesta dotzena de pensadors que partien, tan sols, de l'èpica homèrica, de la idea senzilla dels déus i de l'home que tenien els seus congèneres, i de les creences del comú, tant o més poderoses —encara que n'hem perdut la traça— que les dels aristòcrates.

Destacarem dues coses de l'estudi preliminar de Ferrer: l'evolució sencera del pensament presocràtic oscil·la entre la physis (realitat, naturalesa de les coses) i el logos (el discurs encara no del tot organitzat dels precedents de Sòcrates); i el fet —pura filologia— que el concepte de psyché dels grecs va patir una transformació com ara no podem ni calibrar: en principi, psyché només té a veure amb el caràcter animat de tot ésser viu, però al capdavall, ja al segle V, va passar a designar allò mateix (o força semblant) al que actualment en diem ànima per oposició al cos. Mortalitat i immortalitat, ser i no ser, i els elements constitutius de tot el creat des de sempre o des d'un dia —aire, aigua, terra i foc— tenen el seu lloc en aquesta dèria.

Les traduccions —que parteixen de la canònica edició de Diels i Kranz— estan tan amarades (o més) de llengua grega que les de Riba, però això no ha d'importar-nos: molt més complicat és entendre res del poema de Parmènides en llengua original.

Jordi Llovet, Presocràtics, Cuadern de Catalunya. El País, 27/10/2011


dimecres, 26 d’octubre de 2011

Emilio Lledó 2 (pienso, luego existo).





Quan un polític ha de parlar clar és perquè es veu forçat al populisme. Als governants no se’ls ha de demanar mai que parlin clar. Perquè, amb la poca pràctica que hi tenen, passen del discurs a l’arenga, del consens a l’insult i de la retòrica a la grolleria.

Antonio Baños, Què us passa res, Josep Antoni?, Público, 25/10/2011

http://blogs.publico.es/antonio-banos/316/que-us-passa-res-josep-antoni/

Emilio Lledó 1 (pienso, luego existo)

Hiperacceleració i destrucció.

El Roto


La superaceleración es el infierno de la producción. Los cuerpos orgánicos alcanzan la muerte acelerando su proximidad en los últimos momentos del dolor y las economías llegan a la destrucción (y al paro) cuando la hiperaceleración de sus movimientos colapsan la circulación.

Tanto a comienzos del siglo XX como a principios del siglo XXI la profusión de nuevos inventos materiales, los progresos en la comunicación global y la acrecentada velocidad del dinero circulante han desembocado en las dos grandes crisis de mayor gravedad.

La economía material fue haciéndose economía financiera desde la década de los ochenta y su vertiginosa aceleración en los últimos años convirtió su posible realidad en la creciente figura de la especulación. Las idas y venidas de capitales cruzando el mundo a una velocidad que la tasa Tobin trataba de sofrenar, han conducido a la destrucción del trabajo, el fin de la prosperidad y al aniquilamiento de la ciencia económica que se debate hoy entre fórmulas opuestas, a cuál más ineficiente, para salvar la situación.

Pero entretanto, en la física, una investigación italiana llamada Opera proclama (23-9-2011) que los neutrinos (partículas elementales) viajan a una velocidad por encima de la supuestamente insuperable velocidad de la luz. Las chispas que nos iluminaban son remontadas por los neutrinos que con su celeridad nos ciegan. "La velocidad de las tinieblas es mayor que la velocidad de la luz", decía la misma viñeta de El Roto en el EL PAÍS de ayer.

La destrucción creadora de Schumpeter ha perdido, en consecuencia, el compás y la mayor velocidad del primer término respecto al segundo ha creado este desajuste, déficit o deuda gigante que tratan de abordar las autoridades económicas mediante cortes y duros ajustes. Medidas brutales, físicas todas ellas, puesto que un tratamiento de mayor precisión no llegaría a tiempo ni hallaría, en todo caso, el verdadero punto crítico, el tipping point que desencadenó la fiebre de la hiperaceleración.

El paso del siglo XIX al XX presentó algunos síntomas parecidos a los actuales. Apareció el coche, el teléfono, la electricidad, el cine o el avión. De golpe, en apenas una década, la velocidad de las fábricas y las comunicaciones incrementó el número de artículos y de clientes que, al cabo, como ahora, acabó estallando en la Gran Depresión.

Una diferencia, sin embargo, es importante. Las invenciones que aceleraron el mundo hace 100 años se componían mayoritariamente de artefactos industriales pero lo más característico de las actuales innovaciones es que se centran directamente (como ha mostrado el duelo universal por Steve Jobs) en las peripecias íntimas de los ciudadanos.

La economía no es tan solo los bancos, las cajas, los agiotistas, las hipotecas y los fondos de inversión. Inversamente, la economía es la vida explícita y general. Y así como la hipótesis de Gaia asume que la Tierra es un organismo vivo que siente y padece, la sociedad, que también es otro organismo parecido, contrae enfermedades, sufre epidemias, volcanes y terremotos.

Una vana actitud racionalista sigue intentado explicar lo que sucede basándose en la ciencia económica o el pensamiento lógico. Solo las malditas agencias de rating, Moody's, Fitch o Standard & Poor's actúan con la arbitrariedad satánica propia de los infiernos o del mundo criminal en llamas.

Tiempos en los que la humanidad arde en una formidable hoguera provocada por el roce entre dos conspicuos pedernales: el afán de la hiperriqueza dineraria y el anhelo de la nueva hiperriqueza de la comunicación interpersonal.

En su ecuación matemática, la aceleración es igual a la variación de la velocidad partida por el tiempo y, justamente, en el intervalo de unos días, hemos conocido que si, de una parte, los neutrinos superan a la supuestamente invencible velocidad de la luz, el Nobel de Física premia a los descubridores de la llamada "energía oscura". Una energía de las tinieblas (como suponía El Roto) que provoca, en la continua expansión del universo, un suplementario espasmo, una temible expiración letal.

Vicente Verdú, La aceleración que nos mata, El País, 08/10/2011

Llengües esmolades.


Gerard Quintana


M'he llevat fa poc. El dia abans no vaig poder dormir gaire. Després de l'emissió d'El convidat, la nit va ser moguda. El telèfon i l'ordinador semblava que tenien vida pròpia i cada vegada més mala llet. L'Ana es despertava sovint. Va somiar que l'entrevistaven en català i que ella responia en castellà. Fins que va arribar una velleta amable i lluminosa i es van posar a parlar sense idioma. El nen s'ha despertat diverses vegades. Ahir va ser el seu vuitè aniversari. Dissabte ho celebrarem amb els seus amics. Torno cap a Barcelona a mitja tarda. L'alcalde de Girona m'envia un SMS. Hem de canviar la trobada del matí. Li ha sorgit una reunió imprevista arran del corredor mediterrani amb el president Mas. Em podria haver quedat a casa fins demà i acabar de celebrar el dia. Però ho aprofito per mirar el correu i veig una allau de missatges. El Twitter també en va ple, com el Facebook. Molta gent donant el seu suport. D'altres, argumentant les seves divergències. I més dels que voldria traspassant la linia del respecte i entrant directament a la lapidació verbal. Fins i tot he vist un tio apostant al Twitter que m'ho he fet amb la meva fillastra. Apago l'ordinador i me'n vaig a dormir. La sensació és d'una certa tristesa. Fa temps que no crec en l'espècie humana, ni en els col·lectius en què les persones deleguen la seva identitat envers un ens invisible. I es bestialitzen, nus de responsabilitats. Ho explica molt bé Elias Canetti al seu llibre Masa y poder i The Chase d'Arthur Penn protagonitzada per Marlon Brando.

Encara m'estic traient les lleganyes quan sona el mòbil. L'agafo i respon la Montse Girona, productora d'El món a RAC1 del Jordi Bastè. Com que no sé dir que no, acabo en antena al cap d'uns minuts. No crec que hagi de justificar res. Sé quin és el preu de no ajustar-te a cap dels clixés d'una realitat polaritzada. Al mig hi ha un món divers i mestís que viu en terra de ningú. I que sovint no se sent representat en aquest joc d'identitats enfrontades i de llengües que s'esmolen com armes, les unes contra les altres. Després de la trucada torno a mirar el correu. M'escriu un noi de família andalusa. La seva mare és de Granada. A casa seva parlen castellà. Em diu que són independentistes però que no ho poden dir a ningú perquè ningú no els entén. També llegeixo a les xarxes socials que no parlo en català als meus fills. A casa es parlen sovint més de tres llengües en qualsevol sobretaula.


La sensació és que has obert la porta del teu cau més sagrat i que la gent s'hi entra a cagar a dintre. És estrany d'explicar. Em truca l'Albert Om i també parlo amb l'Eloi Vila, el guionista del programa. Els sap molt greu tot plegat. L'Albert em diu que potser el més positiu de la història és que s'ha obert un debat pendent. Si aquest país aspira a la indepedència ha de tenir un esperit integrador. Si comencem assumint postures tan excloents vol dir que no reconeixem el monstre que ens mira des del mirall. Jo vull viure en un país lliure format per persones lliures. Potser ja és hora que pensem com volem ser un cop arribem a l'horitzó.


Gerard Quintana, Vull viure en un país lliure amb gent lliure, El Periódico, 20/10/2011

Grècia i la desobediència civil.



A través de su escandalosa obra satírica Aquí no paga nadie (Non si paga! Non si paga!, en el original), el dramaturgo Dario Fo incitaba a la audiencia a repensar sus responsabilidades políticas. Durante los dos últimos años, Grecia ha asistido a una aplicación espontánea del título de Fo. Comenzó en las carreteras de la nación, cuando los conductores se negaron a detenerse en los peajes, exigiendo que se les permitiese atravesar las barreras sin pagar. Su desafío fue impulsado por la aparición de reportajes en los que se informaba de que el Gobierno anterior había vendido los futuros ingresos de los peajes a inversores privados usando complejos productos financieros derivados que se habían negociado con el banco Goldman Sachs. La idea de que el dinero que los conductores griegos deberían pagar al Estado durante los próximos años para mantener las carreteras había sido usurpado por políticos y financieros despertó la ira que impulsó estas protestas.

Más tarde llegaron los continuos atracos contra los ahorros menguantes de la población decididos por un Gobierno al que el pánico ante su propia bancarrota le ha llevado a perder cualquier sentido del decoro. Todos los hogares, también los de bajos ingresos, han recibido notificaciones fiscales en las que se les exige impuestos adicionales con carácter retroactivo; sin ninguna justificación, y de una forma que cualquier tribunal decente habría declarado ilegal. Y cuando, como consecuencia de la destrucción de empleos y de los recortes salariales, a mucha gente le resultó imposible realizar estos pagos, ¿qué se le ocurrió hacer a este Gobierno socialista? El brillante plan de implantar nuevos impuestos, esta vez a través de la factura de la electricidad, con la que se chantajeaba a familias a las que se les decía que si no soltaban la pasta, tendrían que cocinar con carbón de las estufas mientras sus hijos harían los deberes iluminados con velas.

En este clima de quiebra total del contrato social entre el Gobierno y los gobernados, a los ciudadanos les resulta fácil decir que la justicia requiere desobediencia fiscal y civil. Este movimiento no comienza como algo político. El no voy a pagar es sobre todo el resultado de una triste y simple incapacidad para hacer frente al desembolso de más tasas. Pero cuando el Estado reacciona con agresividad y sin escrúpulos, la ira se acumula y, espontáneamente, toma la forma de un entusiasmo moral para desafiar al Estado depredador.

Es probable que no ayude a resolver nada. Pero por lo menos la desobediencia de la que estamos siendo testigos en todas partes, desde los patios de las escuelas de la nación a los peajes en las autopistas, desde la sede de la empresa eléctrica a la plaza Sintagma de Atenas frente al Parlamento, bien podría ser el único recurso que tienen los ciudadanos para reclamar parte de su dignidad robada.

Yanis Varufakis, El último recurso de la dignidad robada, El País, 25/10/2011

dimarts, 25 d’octubre de 2011

Incivisme i espai públic.




El premier David Cameron va afirmar fa uns mesos que “la manca de civisme és tan negativa com el racisme”. S’afegia així a la tendència a assenyalar la falta d’amabilitat i cortesia com el principal problema que fa malbé la convivència a les ciutats i als seus espais públics. A Barcelona, i més tard en altres ciutats del país, es va aprovar l’any 2006 l’anomenada ordenança de civisme. En la web de l’Ajuntament encara es pot trobar la justificació de la mesura: “L’espai públic (…) és escenari de conductes que sovint tenen poc a veure amb el respecte a les altres persones i als béns, ja siguin públics o privats (…), el carrer és lloc de situacions de trencament de la convivència ciutadana” (bit.ly/npqimi). El debat sobre el civisme en l’espai públic s’ha anat estenent i acostuma a situar certs col·lectius en el punt de mira de les mesures per evitar el seu deteriorament. Així, prostitutes, captaires, immigrants i joves acostumen a ser els principals focus de les mesures i sancions que preveuen les normatives aprovades. Alguns dels diaris que s’editen a la ciutat acostumen a alimentar aquesta mena de debat, i van denunciant la presència de trilers, de prostitutes en acció, de joves fent botellón o de venedors informals com a elements que distorsionen el que s’entén com a normalitat desitjable en carrers i places.

En un recent estudi fet en supermercats, centres de transport i sales d’espera, la Young Foundation (www.youngfoundation.org) assenyala que, a diferència del que es pensa, no són precisament els joves ni els llocs on hi ha més dificultats econòmiques els factors on podem trobar les causes dels problemes. I més aviat les situacions i persones que generen tensió són molt més generals i imprevisibles. Manuel Delgado, en el seu darrer llibre (El espacio público como ideología, Catarata), apunta que no podem esperar que els espais públics siguin espais on no existeixin els antagonismes socials, i que es pugui eliminar la pobresa i l’exclusió a base d’incentivar la bona conducta com un principi civilitzador abstracte. Tal com anem, no ens hauríem de sorprendre si augmenta la conflictivitat social arreu, i no sembla clar que es pugui resoldre només demanant més urbanitat i cortesia.


Joan Subirats, Els tòpics sobre l´incivisme, Púablico, 24/10/2011

L´administració de les coses.


by Erlich

Si la moral tiene que ver con los criterios de las personas a la hora de tomar decisiones, la crisis fue posible porque muchas personas tomaron decisiones que beneficiaban a unos pocos y perjudicaban a una gran mayoría, con plena conciencia de ello. Se negaron a tomar en serio las consideraciones que les advertían del desastre venidero. Y los más avispados completaron beneficios vendiendo en vigilias del estallido. Pero se ha impuesto una lectura economicista de la crisis, que no reconoce errores personales y que parte del interesado e infamante principio de que todos vivimos por encima de nuestras posibilidades. Culpar a todos para que nadie sea responsable.

El economicismo ha hecho estragos en la configuración del horizonte ideológico contemporáneo. Tanto criticar el principio de determinación económica en última instancia que divulgó el marxismo y ahora resulta que vivimos rodeados de un discurso que nos presenta la crisis como algo inexorable -una astucia de la razón, dirían los más cínicos- y se pretende que su salida responda solo a criterios presuntamente técnicos, no políticos. Como si ya hubiésemos alcanzado la fase final de la historia, en la que, según Marx, la política dejaría paso a la administración de las cosas.

En su libro La torre de la arrogancia, Xose Carlos Arias y Antón Costas dicen que del ciclo de hegemonía conservadora que se inicia en la década de 1980 y que culmina con la crisis hay que olvidar para siempre dos principios: el de la plena racionalidad de los mercados y el de la perversión intrínseca de la política. Hay que olvidarlos porque son falsos.

La presunta racionalidad de los mercados es una fuente de error y de ignorancia porque olvida la complejidad de la economía humana del deseo y deja de lado los componentes culturales y morales, que también existen. Por eso es nihilista esta crisis. Hay un doble error en esta idea: creer que los actores económicos se comportan racionalmente y creer que lo racional es optimizar el máximo interés en beneficio estrictamente propio. Visitando, en Londres, una exposición sobre La muerte del posmodernismo, me costaba creer que no nos hubiéramos dado cuenta antes de que estábamos envueltos por una cultura de la burbuja, de la apariencia, de la ornamentación, de utopía de fin de la historia, que es perfectamente coherente con la letal ligereza del economicismo reinante.

El desprestigio sistemático de la política ha sido el complemento ideológico para el saqueo de la sociedad que, ahora sí, pagamos todos. A esta cultura pertenece la grotesca figura de los gestores independientes, como si depender del poder político fuera un estigma y depender del dinero fuera un mérito. De la política a la tecnocracia nos hemos metido en un gran lodazal en el que los límites entre poder político y dinero cada vez son menos claros. Hay que defender la política para sostener la democracia, porque cuando los políticos reportan a los mercados y no a los ciudadanos, algo falla. Por eso lo que se decida en Bruselas es de capital importancia. Por el impacto de las medidas que se tomen sobre nuestro día a día, pero también porque es una oportunidad para que la política empiece a recuperar el mando. Política democrática o caos, esta es la disyuntiva.

Josep Ramoneda, Política o caos, El País, 25/10/2011

dilluns, 24 d’octubre de 2011

Servei discret i professional.



"La prostitución masculina para mujeres es un negocio emergente". Ante esta frase se produjo una ola de arqueos de ceja en un porche mediteráneo a mediados de julio. La razón de esta inesperada consecuencia de la indpendencia económica femenina se podría encontrar en las declaraciones de Jack Nicholson durante el juicio de la madame hollywodiense Heide Fleiss. Al preguntarle el juez por qué un hombre de su situación necesitaba pagar par aconseguir favores sexuales Jack respondió: "Usted no comprende. No les pago para que vengan sino para que se vayan". Servicio discreto y profesional. Claro que, entre los bohemios, una forma de trangresión se ha buscado tradicionalmente en los burdeles. Ahí está el mito encarnado en numerosas obras maestras del cine y la literatura (Bell de Jour mi favorita) y ya lo dice Bolaño en su libro Los detectives salvajes: "El lumpenismo es la enfermedad infantil de los intelectuales". La realidad parece mucho más sórdida y desde luego nada romántica. Nadie parece haber encontrado una solución para este oficio, al parecer el más viejo del mundo: en Suecia persiguen a los clientes, en Holanda pagan impuestos, en el resto de Europa queda en el limbo de la legalidad, en España encuentras anuncios de contactos en una página de periódico y noticias sobre redes de tráfico humano en la siguiente, porque lo cierto es que prostitución y crimen (organizado o no) parecen azúcar y café. No hay burdeles de comercio justo. Detrás de cada puta hay un drama, o por lo menos una falta de alternativas dignas de trabajo. Son el escalón más bajo de la sociedad, testigos y víctimas de su lado más oscuro. En estas condiciones es difícil imaginar que una persona elija libremente ser teraPUTA (¿no es lo que son, al fin y al cabo?). Mejor vivir de otra cosa y regalar tu cuerpo a quien te apetezca.

Christina Rosenvinge, Relaciones sexuales de pago, SModa, El País, 22/10/2011

L´aprofitat.


Desarrollo1

Un gorrón es aquel que se beneficia de un bien público sin contribuir a su provisión. ¿Qué es un bien público? Un faro es un bien público: todos los barcos se benefician del servicio que presta independientemente de que contribuyan o no a su financiación. Los bienes públicos se caracterizan por la no rivalidad en el consumo y por la imposibilidad de exclusión. Esto quiere decir que la cantidad disponible del bien en cuestión no se ve afectada por el número de usuarios que lo disfrutan y que, además, es muy difícil o imposible excluir de su disfrute a aquellos que no han participado en su provisión. Como no se puede fijar un precio ni regular el consumo, el mercado carece de incentivos para proveer ese bien así que es el Estado el que tiene que encargarse de hacerlo. La defensa es un bien público. Pagues o no impuestos para sostener las Fuerzas Armadas, te beneficias igualmente de vivir en un país seguro. Lo mismo ocurre con la cooperación al desarrollo: pagues o no tu cuota, te beneficias igual de vivir en un mundo más equitativo.

Pues bien, como se ve en el gráfico de arriba, Europa es el mayor donante de ayuda oficial al desarrollo del mundo, con casi 60.000 millones de dólares, una cantidad que duplica con creces a la ayuda estadounidense (25.000 millones de dólares). En este ámbito, parece evidente que Europa es una superpotencia. Esta generosidad europea es sin duda un motivo de orgullo, y una buena noticia en medio de tantas malas noticias sobre Europa. Pero, aquí viene el matiz, la buena fama de Europa esconde unas asimetrías considerables. Como se observa en el siguiente gráfico, en el barco europeo de la cooperación al desarrollo viajan algunos gorrones con nombre y apellidos.


Desarrollo2


Si trazamos una línea en torno al 0.7% de la RNB, que es el objetivo fijado por Naciones Unidas y al que se han comprometido los miembros de la UE, vemos que en el año 2009, sólo los escandinavos, Luxemburgo y los Países Bajos alcanzaban este umbral. Otros, entre los que se encuentra España, quedaban algo rezagados, situándose entre el 0.4 y 0.5%. Pero a quien desde luego hay que "felicitar" es a la Italia de Berlusconi, que pese a beneficiarse de un puesto de primera fila en los organismo internacionales (como el G-8) sólo saca pecho para protestar contra los inmigrantes que llegan a sus costas, pero no parece considerar que la ayuda al desarrollo sea una buena idea o que tenga relación alguna con los flujos de inmigración. Premio pues para Italia, el perfecto polizón de la ayuda al desarrollo europea. Y premio también para Estados Unidos y Japón, que pese a su riqueza, miran para otro lado cuando se trata de la ayuda.

Ignacio Torreblanca, Gorrones del desarrollo, Café Steiner, 24/10/2011
http://blogs.elpais.com/cafe-steiner/2011/10/gorrones-del-desarrollo.html

Més enllà del contracte social.

La decepción de nuestros días ha erosionado el contrato social y los compromisos morales Saben aquel que diu...? Se levanta el telón y, en total oscuridad, se escucha una voz profunda que dice: "Soy un optimista nato. Allí donde otros ven riesgos, yo veo oportunidades". El escenario se ilumina poco a poco, hasta que vemos al autor de la declaración: en lo alto de un pico montañoso, se dibuja la siniestra y a la vez esbelta figura de un gran buitre). De pronto, la psicología parece haber pasado a primer plano. Los hechos, otrora punto de anclaje de una realidad incontrovertible, se han vuelto tan enigmáticos y volubles debido a la fluctuación de los valores financieros que los estados de ánimo se han convertido en una variable independiente: si alguien puede modificar el precio de una mercancía -a veces desde millones de kilómetros de distancia- únicamente con la energía mental de sus expectativas de futuro, ¿por qué no podríamos contribuir a mejorar nuestras propias posibilidades simplemente creyendo muchísimo en ellas? Es una causa basada en nada, como decía Max Stirner, pero, ¿no es en eso mismo -o sea, en nada- en lo que se basaban nuestras esperanzas de crecimiento hace sólo unos años, según hemos descubierto repentinamente en los últimos tiempos? ¿No fue una causa con el mismo fundamento -es decir, ninguno en absoluto- la que hizo grandes a Lehman Brothers y a tantos otros? ¿Por qué no podríamos volver a inflar la burbuja deshinchada de nuestro porvenir con una inyección reforzada de autoestima? La realidad se nos resiste, sin duda, y quienes nos aseguran ahora que nos dicen la verdad desnuda sobre ella no dejan de constatar nuestra quiebra y nuestro naufragio en todos los órdenes, pero los indicadores de los que se sirven para ello no los pone la terca realidad, que como antaño gusta de ocultarse a nuestros ojos, sino aquellos mismos -los calificadores profesionales del riesgo- que nos aseguraban hasta hace poco que lo real era tan elástico como nuestros deseos y que la verdad dependía estrechamente de nuestra mirada sobre el mundo. Incluso en los peores momentos y ante las más drásticas medidas de reajuste presupuestario, la naturaleza psicológica de las políticas de austeridad parece innegable: se diría que no se toman tales medidas para restaurar la solvencia perdida o para recuperar el equilibrio contable, sino para convencer a nuestros acreedores de que podremos pagarles o para recobrar la credibilidad perdida en los mercados, sin que la cruda realidad parezca tener nada que ver con ello. Y es incluso así como se calcula (de acuerdo con el efecto psicológico que pueden causar en los inversores) la oportunidad de las convocatorias electorales, las iniciativas parlamentarias, las sentencias judiciales o los titulares de prensa. Llevamos muchos años oyendo que la incertidumbre era el signo mayor de nuestra época, que se jactaba de haber derribado todas las seguridades antes tenidas por inquebrantables, y que debíamos asumir gozosa y festivamente esa inseguridad en lugar de dejarnos arrastrar por el espíritu reaccionario hacia la nostalgia de las firmezas metafísicas del pasado; hemos oído que debíamos olvidarnos felizmente de cosas tales como las newtonianas y pre-cuánticas cadenas de la estabilidad laboral, de la rigidez jurídica del Estado de derecho o de los dogmas atávicos de las ciencias deterministas y mecánicas. Así que la gran decepción de nuestros días ha consistido en descubrir que los promotores de esta doctrina de la incertidumbre gloriosa, los propagandistas de la ilimitada flexibilidad de nuestras vidas, de nuestras moradas, de nuestros empleos, de nuestras familias y de nuestras propiedades, tenían una agenda oculta y un as en la manga: con toda esa defensa de la inconsistencia, de la variabilidad, no buscaban en el fondo más que una sola cosa: seguridad absoluta para sus beneficios. Pero su búsqueda ha sido tan afanosa y desmedida, tan irrestricta, que ha acabado por erosionar aquello mismo que, como ya sabía Hobbes, es la fuente principal de las seguridades humanas -incluida la del retorno de las ganancias esperadas-: el contrato social que nos hacía preferible vivir políticamente vinculados a nuestros semejantes que hacerlo en estado de guerra de todos contra todos. Ahora va a resultar muy difícil convencernos de que renunciemos a nuestros apetitos, porque ellos se han puesto por encima de cualquier otro compromiso moral y civil, incluido el que los gobiernos democráticamente elegidos tenían con sus soberanos legítimos, los ciudadanos.

José Luis Pardo, Incertidumbre, Babelia. El País, 22/10/2011

Com una cinta de Moebius.


M.C. Escher
¿Cómo coexistimos en el mismo país, en el mismo planeta, incluso en la misma habitación, con alguien que nos ha provocado un daño irreparable? ¿Cómo rechazar la tentación amarga y dulce de la venganza si el causante de ese dolor se desliza a unos pasos de una posible retribución?
Son preguntas que por primera vez afronté con urgencia en mi obra La muerte y la doncella, escrita en 1990, a principios de la transición a la democracia en Chile y que preferí dejar abiertas como una herida en esa ocasión.
Si no ofrecí una clara resolución a esas interrogantes se debió a que no tenía entonces, como tampoco la tengo ahora, una respuesta definitiva al dilema de cómo romper el ciclo de la violencia, cómo evitamos imitar al enemigo, evitamos convertirnos en el espejo de nuestro enemigo. Seguí, no obstante, sondeando la realidad histórica y escudriñando mi propio corazón para ver si sobrevenía alguna iluminación.
Hasta que, de pronto, un día fui visitado por una imagen tan súbita y terca que fue imposible desterrarla. Se trataba de un hombre y una mujer encerrados en una sala austera, tal vez un hospital, o algo más aterrador. Ella quería escapar y él tenía la llave y estaba dispuesto a ayudarle, pero había algo que ese hombre ocultaba, y ella también, ella escondía una violencia que al principio no quería admitir. Y ambos habían estado en esa pieza hace mucho tiempo, jugando a las escondidas.
¿Y quiénes eran? Sólo me constaba que venían desde culturas y países en conflicto. Y también que ese hombre y esa mujer se habían lastimado el uno al otro de una manera temible, y no iban a poder sustraerse del Huis clos de aquella cámara sin llevar a cabo un viaje hacia el propio interior, hacia el pasado compartido. De a poco, me di cuenta de que ese enfrentamiento terminal se llevaba a cabo en el más allá donde ninguno de ellos iba a poder reencarnarse en algún cuerpo futuro más acogedor sin haber antes comprendido la propia trasgresión, sin haber perdonado la trasgresión del rival. Y era también imprescindible, por razones dramáticas y casi metafísicas, que esta perpetua escaramuza se diera sin que cada uno de ellos conociera la identidad, personal y mítica y geográfica, de la persona contraria, sin saber que ese contrincante era, en realidad, su anterior adversario y amante. Quise, entonces, que ambos personajes, atrapados en un tiempo que se torcía como una cinta de Moebius, se interrogaran y simultáneamente tuvieran que sanarse, que uno fuera el terapeuta para la liberación de la otra (o el artífice de su condena), que los dos se transfiguraran en coincidentes guardianes del Cielo y del Infierno.
Lo que me intrigaba acerca de estas reglas que impuse a mis protagonistas era que me permitían superar el reino inmediatamente político y contingente de La muerte y la doncella y otras obras mías. En vez de agentes del Estado inflingiendo sus pesadillas a hombres y mujeres inocentes y distantes, pretendí que los dos miembros de la pareja de ese Purgatorio, se relacionaran de una manera íntima y familiar. ¿Qué es lo peor que una mujer le puede hacer al padre de sus hijos? ¿Y lo peor que un marido le puede hacer a su mujer cuando ella está a la deriva, clamando por alguna ayuda? ¿Es posible la redención y la misericordia en tales circunstancias? Quise asegurarme que, cogidos en ese vínculo privado y claustrofóbico, ellos no pudiesen desvanecer su propia responsabilidad adjudicando la culpa a un Gobierno o a la historia o a la Maldad, que tuviesen que habitar en el paisaje éticamente turbio donde residen y aman y se pelean la mayoría de las parejas. Porque cuando se viola el derecho de alguien, siempre se trata de un ser humano concreto que perpetra en la carne de otro ser humano algo inexcusable, es ahí, en el arte o en la vida, que la inequidad comienza y se verifica, entre dos personas, frente a frente, a veces cara a cara.
La política, por cierto, terminó introduciéndose en los sótanos y desvanes de Purgatorio. Vivimos en una época de miedo y mentiras y desconfianza, cuando nada podría ser más perentorio que preguntarnos cómo reaccionaríamos ante una devastación monstruosa de nuestra existencia, nada más imperativo que la necesidad de comprender lo fácil que es para la víctima volverse ángel exterminador, nada más difícil que encontrar justicia y verdad en un mundo lleno de incertidumbre y recelo, nada más urgente que desnudarnos hasta que nos duela.
Es un acto de desabrigo y purgación y tanteo que espero que, junto a mis protagonistas, junto conmigo y con los actores y el director de Purgatorio, termine llevando a cabo cada miembro del público que acuda al Teatro Español. Durante una hora y media los invito a que se encierren, como lo hice yo, en el más allá de sí mismos adonde, despojados de toda defensa y toda máscara, se pregunten cómo puede nuestra especie escapar del ciclo persistente de odio y recriminación en el que nos debatimos y naufragamos desde hace demasiado tiempo.
Ariel Dorfman, Un purgatorio en busca de autor, Babelia. El País, 22/10/2011

diumenge, 23 d’octubre de 2011

Les conseqüències de la deslocalització agrària.


A la tierra le duele el capitalismo. Al menos su versión actual, en la que ha decidido que todo es susceptible de ser empaquetado como activo y enviado a los mercados financieros. Nada es ajeno a la fiebre de las plusvalías. Incluso las tierras de labor, vitales para la condición humana, están sufriendo enorme presión. En los últimos tres años, entre 60 y 80 millones de hectáreas (una superficie similar a la mitad de Francia) han cambiado de manos. Incluso hay quienes, como la firma independiente Global Land Project, sitúan esta cifra solo para África en 63 millones. Por si no bastara, el Banco Mundial revela que, en 2010, los inversores extranjeros "han expresado su interés" en 56 millones de hectáreas de tierra de cultivo en todo el mundo. E Intermón Oxfam habla de 67 millones confirmadas. Pues uno de los problemas es "la falta de transparencia. Ya que se ocultan datos e informes", avisa Lourdes Benavides, responsable de Justicia Económica de esta ONG.
Es imposible que este acoso no tenga consecuencias. La primera es una deslocalización agraria, como antes hubo una industrial y otra del sector servicios. Medio mundo se ha lanzado a comprar tierras fuera de su país de origen. Arabia Saudí (que en 2008 tuvo que cancelar un programa de explotación intensiva de trigo, que buscaba el autoabastecimiento, porque era insostenible desde el punto de vista de consumo de agua), India, China y Holanda están comprando o arrendando importantes extensiones en África, Asia y América Latina. Y lo hacen a través de instrumentos financieros o empresas nacionales. Todos quieren asegurarse los alimentos y sus ganancias. Pero este movimiento plantea una gran inquietud: "Si dejas que este proceso de deslocalización siga su curso, habrá millones de personas desplazadas, perdidas y con hambre", advierte Henk Hobbelink, coordinador de la ONG Grain.
Desde luego, a los mercados y a los especuladores, esta advertencia les llega con la fuerza de un susurro. Sus cuentas están hechas. La Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) estima que la producción de alimentos ha de crecer un 50% hasta 2050 para satisfacer la demanda mundial, y esto supone, se vista como se vista, un negocio cautivo.
Pero lo inesperado no es que se especule con las tierras, sino quiénes lo hacen. Los fondos de pensiones están destinando entre 5.000 y 15.000 millones de dólares a la compra de fincas de cultivo, afirma un trabajo publicado por Grain. Ya no son solo los fondos de inversión o de private equity los que buscan esos beneficios, ahora, grandes fondos estatales suecos, estadounidenses, daneses y holandeses han visto la posibilidad de negocio. Y, claro, a muchos les rechina, desde una mirada ética, que instrumentos pensados para asegurar la jubilación de trabajadores terminen buscando ganancias en esas tierras.
Tal vez rechine aún más que universidades como Harvard, Spelman o Vanderbilt estén en este negocio. Así lo ha evidenciado el think tank Okland Intitute en un informe de conclusiones inquietantes. Asegura que fondos de pensiones, hedge funds (vehículos de alto riesgo) y especuladores europeos y americanos están comprando enormes extensiones agrícolas en el continente africano. Muchas de ellas se destinan a la producción de biocombustibles o flor cortada en vez de alimentación básica. En Mozambique, según el periódico The Guardian, de las 433.000 hectáreas aprobadas para inversión agrícola entre 2007 y 2009, solo 32.000 se destinaron al cultivo de alimentos.
Por si fuera poco, parece que algunas lecciones no se terminan de aprender. "Las mismas compañías financieras que nos metieron en una recesión global inflando la burbuja inmobiliaria con arriesgadas maniobras ahora están haciendo lo mismo con el suministro mundial de alimentos", afirma, en una clara alusión a multinacionales y bancos de inversión, a través de una nota, Anuradha Mittal, director ejecutivo del Okland Institute.
Miguel Ángel García Vega, Pelea por nuevas tierras, Negocios. El País, 23/10/2011
http://www.elpais.com/articulo/economia/global/Pelea/nuevas/tierras/elpepueconeg/20111023elpnegeco_1/Tes?print=1

Embús social.


Estar atrapado en el tráfico es más tolerable si los coches en los otros carriles avanzan. Ver a los demás moverse abre la esperanza de que, tarde o temprano, a nosotros también nos llegará el turno de avanzar. Y al revés, si todos los carriles permanecen atascados durante mucho tiempo, la paciencia se agota y los ánimos se caldean. Y si, además, la policía llega y permite a unos cuantos coches muy seleccionados salir de su carril y avanzar por un camino especial abierto sólo para ellos, la furia de los demás será inevitable.
Esta metáfora, que ilustra las consecuencias políticas de la movilidad social, fue propuesta originalmente en 1973 por el profesor Albert Hirschman para explicar la sorprendente tolerancia a la desigualdad en los países pobres. La idea es tan sencilla como interesante: en los países pobres, tan solo un atisbo al ascenso económico de otros le aporta mucho apoyo político al régimen de turno. El crecimiento siempre termina por hacer progresar a algunos, y esto aviva las esperanzas de sus familiares, amigos y vecinos, que piensan: "Pronto me tocará a mí también". Esta es la expectativa que nutre la paciencia política que vemos en muchos lugares.
La metáfora de Hirschman se refiere a los países pobres, pero también es útil para entender lo que sucede en algunas de las naciones más ricas del mundo. Salvo que en este caso, los indignados de todas partes y los manifestantes que chocan con la policía antidisturbios no se movilizan solo porque ven sus carriles de tráfico horriblemente atascados. Es, más bien, porque están siendo forzados a retroceder y porque ahora están prestando más atención al hecho de que otros están avanzando gracias a lo que ellos perciben como trucos, trampas y privilegios.
Hace más de un siglo, Alexis de Tocqueville escribió que los estadounidenses mostraban una mayor tolerancia que los europeos hacia la desigualdad económica. Según él, esto se debía a que en Estados Unidos la movilidad social era mayor que en el viejo continente.
Esto se acabó. En estos tiempos, la larga convivencia pacífica con la desigualdad económica ya no forma parte del panorama político norteamericano. Los estadounidenses están furiosos porque los ejecutivos de las mayores empresas de ese país ganan 343 veces más que un trabajador medio, y porque el 1% de los más ricos concentra más riqueza que todo el resto. Si bien las cifras son alarmantes y en los últimos años las disparidades de ingresos en EE UU se han agudizado, nada de esto es nuevo. La novedad es la intolerancia al hecho de que la riqueza se concentra en unas pocas manos y a que los ricos no se han visto afectados por la crisis. Algunos, por el contrario, se han beneficiado de los rescates de empresas y otras medidas de estímulo a la economía. Y claro está, son inmunes a la austeridad fiscal que los gobiernos de los países más endeudados están adoptando.
Y nada hace salir a la gente a protestar en la calle tanto como los recortes en el gasto público. Sobre esto vale la pena recordar los resultados del estudio de Jacopo Ponticelli y Hans-Joachim Voth, profesores de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Utilizando una vasta base de datos que les permitió cuantificar los actos de violencia política ocurridos en 26 países europeos entre 1919-2009, los profesores encontraron que "los recortes en el gasto público aumentaron significativamente la frecuencia de disturbios, marchas anti-gobierno, huelgas generales, asesinatos políticos e intentos de derrocar el orden establecido. Si bien estos son eventos de baja probabilidad en años normales, son mucho más comunes cuando se implementan medidas de austeridad".
En estos días basta encender el televisor para comprobar cuán válida es esta conclusión. En el caso de EE UU, se hace obvia la nueva realidad política cuando Mitt Romney, el candidato con mayor opción de ser elegido por el Partido Republicano para enfrentarse a Barack Obama en las presidenciales de año próximo, dice: "Veo lo que está pasando en Wall Street y entiendo bien cómo se siente esa gente... La gente en este país está muy molesta".
Así es. La gente está molesta. De hecho, muchos están furiosos. Y lo seguirán estando hasta que sus carriles no comiencen a moverse de nuevo. O, como diría Hirschman, hasta que vean que los de sus familiares, amigos y vecinos comienzan a moverse.
Moisés Naím, Hacia la furia política, El País, 23/10/2011

El perdó com a única venjança.



En la playa de Saturrarán, en Mutriku, hubo una cárcel de mujeres en la posguerra. Allí murieron cientos de mujeres y niños. Fue una realidad largamente silenciada, casi nadie sabía, años más tarde, de aquella realidad. Ahora mismo, no hay ningún rastro del antiguo presidio. Donde antes había barracones y garitas, ahora hay un aparcamiento y un merendero. Tan solo una placa con la lista de las personas que murieron allí nos recuerda su oscuro pasado. En aquellos duros años, la gente del pueblo solía llevar comida a las presas. Era un acto totalmente solidario, porque apenas conocían a las personas allí recluidas. Los niños eran los encargados de llevar la comida a la cárcel. Sus madres les preparaban las tarteras con comida y solían ir caminando en grupo hasta la cárcel. Un día hablé con una de estas niñas. Me contó que muchas veces la comida no llegaba completa, pues hacían una parada de descanso por el camino y miraban dentro de las tarteras. Si era potaje, no lo probaban. Pero si eran croquetas, la mitad de ellas
desaparecían. Al fin y al cabo, los niños también pasaban hambre en aquella época. También me contó que sabían a qué monja le debían de dar la comida. “Todas eran malísimas, menos una”, me dijo. Y me habló de un joven soldado que les hacía la vista gorda, un soldado que, al final, acabó casándose con una muchacha de Mutriku. Aquella mujer, aquella niña que llevaba la comida a las presas, ya entrada en años, acabó su relato con una sentencia: “Siempre hay alguien bueno”.



Me gustó el punto de vista de aquella mujer. Cómo supo ver el lado humano de aquella monja y de aquel guardián. Aun en los momentos más duros, aun sabiendo que moría mucha gente en aquella cárcel. Supo ir más allá de aquel hábito blanco y de aquel uniforme verde oliva. David Grossman, escritor israelí comprometido con la paz en Oriente Medio, un escritor que perdió a su hijo mayor en la Segunda Guerra del Líbano cuando cumplía el servicio militar, escribió: “Para mí, el impulso primero que motiva la escritura es la voluntad de inventar y contar una historia, de conocerse. Pero cuanto más escribo, más siento la intensidad del impulso que se suma, colabora y completa la voluntad de conocer al otro desde su interior, la voluntad de sobreponerse al miedo que antes he mencionado, de intentar sentir de verdad qué significa ser otro, de conseguir percibir, y no solo por un instante, la fibra de la llama que arde en el interior del otro”.

Coincido completamente con David Grossman. He de confesar que esa voluntad de conocer al otro me llevó a escribir la novela Bilbao-New York-Bilbao, una novela en la que los personajes tratan de establecer nexos entre diferentes en las situaciones más difíciles. Tratan de encontrar aquello que los une, por encima de ideologías o visiones de país opuestas. Hay dos escenas de la novela que he tenido en mente durante estos últimos días. Primero, la escena en la que mi abuela materna, nacionalista, lee la prensa franquista a mi abuelo paterno, conservador, mientras este último yace en la cama enfermo de cáncer. “Pero qué sarta mentiras contáis. Nunca más te voy a volver a leer estas cosas”, le dice la abuela. Mi abuelo sonríe, pues sabe que la tarde siguiente allí volverá, como cada tarde, a leerle su periódico. Y sonríe, tal vez también, porque en el fondo sabe que a la abuela no le falta razón. Porque él mismo no se cree del todo lo que cuentan aquellos papeles y lo verdaderamente importante es estar con su consuegra, escuchar su voz y, por qué no, reír juntos. Aunque sean de bandos diferentes. La segunda escena que viene a mi mente es la del arquitecto Ricardo Bastida, que tras muchos años se encontró por la calle con la persona que lo delató, y le dijo con tranquilidad: “No te apures, el perdón será mi única venganza”.

Van pasando los días desde el anuncio del fin de la actividad de ETA. La emoción va dejando paso a la reflexión y a la esperanza. Al deseo de que sepamos cerrar bien este episodio de nuestra historia. No podemos fallar esta vez. Es importante que, como dice Grossman, tratemos de conocer al otro por dentro, que nos preguntemos por su situación, por sus sentimientos, por su visión de la vida. No es necesario que la compartamos, pero tratar de ponerse en la piel del otro es ya recorrer un trecho. En este sentido, es importante que, a partir de ahora, nadie se sienta desplazado, ignorado. Pienso que, por ejemplo, un gesto para con las víctimas de ETA por parte de la izquierda abertzale, y una revisión de la política penitenciaria (liberación de presos enfermos, acercamiento a su lugar de origen…) serían grandes pasos para rebajar la tensión, para empezar a caminar, poco a poco, hacia la reconciliación. Es importante que no se silencie lo que ha ocurrido. No puede pasar como con aquellas mujeres de Saturrarán. Pero, sin duda, también hace falta una visión como la de aquella niña que les llevaba la comida, una visión humana y conciliadora.

Hay un dicho vasco que dice que las brujas desaparecieron del País Vasco cuando en Mondragón comenzaron a fabricar armas. La tecnología trajo la destrucción de las viejas creencias. Pero yo me quedo con otra lectura. Las armas hicieron desaparecer la capacidad de imaginar otros mundos. Ahora que ya no hay armas podemos empezar a imaginar otra sociedad. Una sociedad libre y basada en el respeto al otro, donde nadie se sienta olvidado y donde nadie nunca tenga, nunca más, la tentación de coger las armas.

Kirmen Uribe, Alguien bueno, Público, 23/10/2011

dissabte, 22 d’octubre de 2011

La salut i el poder.


El fastuós rei Sol, Lluís XIV de França, un bon dia va aparèixer per Versalles caminant d'una manera d'allò més insòlita. El rei es mou amb estranyes contorsions, els genolls molt junts i els malucs fent giravolts. La notícia aviat s'escampa: Lluís pateix una dolorosíssima fístula anal.
Feia temps que el rei es queixava d'un "lleuger dolor al perineu". El 1686 aquell "lleuger dolor" ja és del tot insuportable. Només queda una solució: operar. I en l'època anterior a l'anestèsia s'entendrà que era una solució extrema. El rei és estès en una postura molt poc sobirana mentre pel recte li introdueixen un llarg i ganxut bisturí de plata. Durant tot el procés no para de xisclar: "Mon Dieu, mon Dieu". Els seus precs són escoltats, l'operació serà un èxit absolut. El rei es recupera i uns mesos després ja pot caminar amb normalitat.
Fins aquí no hi ha res d'anòmal ni destacable: un rei que supera una malaltia. El que és extraordinari, el que és astorador, és el que va passar l'endemà mateix a Versalles. De cop i volta els seus passadissos i jardins es van omplir d'aristòcrates que caminaven torçats, retorçats, i amb greus expressions de dolor al rostre: asseguraven que patien una fístula anal.
Fascina la capacitat del poder per emetre significats, fins i tot els més perniciosos, i escampar-los pel món. Que aquells aristòcrates patissin realment una fístula o no és irrellevant. La qüestió és que van sentir-se forçats a imitar el rei, no en la seva grandesa, sinó en les seves misèries més sòrdides. La història és plena d'exemples similars: no se segueix l'estela del poderós perquè sigui virtuós, sinó perquè és poderós; no es pren el que ve de dalt perquè sigui bo, sinó, simplement, perquè cau de dalt. Un altre exemple: a l'antiga Roma la barba estava considerada un element bàrbar. Cap romà, doncs, duia barba fins que l'emperador Adrià arriba al poder. Amb Adrià el cesarisme esdevé un poder tan absolut com el que exercirà Lluís XIV segles després. Un filòsof va mantenir certa discussió retòrica amb l'emperador, i el filòsof va donar-li la raó tot i que no la tenia. Quan els seus amics li van recriminar aquella concessió, el filòsof es va disculpar: "En aquesta mena de debats l'amo de cent legions acostuma a tenir la raó". Bé, doncs, Adrià patia una lletja malaltia dèrmica, així que per dissimular les taques de la cara es va deixar barba. La moda va fer furor. Però altre cop el detall demolidor: molts patricis duien una barba postissa. Així, quan se la treien podien mostrar, per sota, un maquillatge que imitava les taques d'Adrià.
Però és possible que el cas més excepcional de les relacions entre poder i salut provingui de la Xina. Segons una vella llegenda xinesa, un antic emperador es va enamorar d'una bruixa. Van mantenir unes relacions apassionades fins que un dia, ai, l'home se'n va cansar. Despitada, la bruixa es va aliar amb forces infernals per enviar-li una malaltia. I es convindrà que va ser una malaltia terrorífica. Cada matí l'emperador es despertava amb la titola una mica més petita que el dia anterior, fins que el membre es va desintegrar i l'home va morir entre uns dolors espantosos.
Des de les nostres latituds pot semblar un relat a mig camí delgore i la comicitat, però als malalts de la síndrome de Koro (així es diu) no els fa cap gràcia. I com que al món hi ha més víctimes de Koro que catalans (l'última estadística parlava d'uns set milions i mig d'afectats), devem estar d'acord que no és un tema gens graciós. L'afectat de la síndrome de Koro, en efecte, creu que el seu penis disminueix de grandària dia a dia perquè se li està introduint lentament a l'abdomen, i el dia que aquest procés es consumi morirà patint uns dolors horripilants. El Koro és una malaltia epidèmica i exclusiva de l'Extrem Orient. És a dir, si vostè és de cultura catalana, o búlgara, mai no el patirà, només afecta orientals.
D'acord, en el cas del Koro no sabem si la llegenda va crear la malaltia o la malaltia la llegenda. En qualsevol cas el significat del mite és prou clar: el poder es relaciona amb males companyies i acaba escampant mals pel món. Per als orientals, doncs, els individus són simples víctimes del poder. Per als occidentals, víctimes i còmplices feliços. O sigui, que a sobre la gent està contenta de dur la cara tacada de verola, o un gra al cul tan monstruós que t'obliga a caminar com un ànec.
Mirin, jo no sé vostès, però ara que s'apropa el 20-N cada cop que Rajoy surt per la tele me'l miro del dret i del revés, i me'l torno a mirar de cap a peus, i el que penso és ai ai, ai ai ai, i aquest per on ens petarà?
Albert Sánchez Piñol, Les malalties del poder, Ara, 22/10/2011