divendres, 30 de març de 2012

La modernitat: un món sense escombraries.


Así pues, aquí no basta con hablar de “crisis de la modernidad” si no se dice al mismo tiempo que lo que ha entrado en crisis es la utopía de un mundo sin basura —un mundo ordenado, en el cual cada cosa esté en su sitio—; que la modernidad, a pesar de ser la sociedad del excedente, del despilfarro, del derroche y de la “inmensa acumulación de basuras”, era también la sociedad que soñaba con un reciclaje completo de los desperdicios, con una recuperación exhaustiva de lo desgastado, con un aprovechamiento íntegro de los residuos: la ética protestante del ascetismo y el ahorro siempre fue afín a la ontología capitalista del derroche. O sea, que la sociedad moderna, no menos que la sociedad tradicional o pre-industrial, también quiere “imitar a la naturaleza” (en la cual, según decían los clásicos, “nada se hace en vano”, es decir, todo tiene una finalidad y, por tanto, nada se desaprovecha, no hay basura propiamente dicha) y aún “imitar a la divinidad” (pues los dioses no padecen desgaste y, por tanto, no generan desperdicios), aunque tenga que hacerlo por medios mecánicos. Es la modernidad la que ha pensado la naturaleza como una máquina (una máquina perfecta, en la cual cada pieza cumple una función y no hay deterioro) y la que, al identificar lo “natural” con lo “racional”, se ha convencido de que, puesto que la naturaleza no deja residuos, esto mismo —el no dejar residuos— es una de las señas distintivas de la racionalidad (de ahí que haya percibido al mismo tiempo como “anti-modernos” y “anti-racionales” a quienes presentan otra imagen de la naturaleza en donde la máquina tiene fallos y produce basura en forma de monstruos, prodigios y excepciones sin destino, sin porvenir ni finalidad) que también debe presidir las construcciones sociales. Esta no es únicamente una idea de ingeniero —una máquina cuyas piezas no se desgastan con el uso o que, al menos, pueden regenerarse y reutilizarse indefinidamente—, sino ante todo una idea de contable: la bestia negra del empresario es justamente el desgaste, el comprobar cómo en cada ciclo productivo el activo se convierte en pasivo, en deuda, en carga, en números negativos que es preciso compensar con las ganancias y que requieren nuevas inversiones, y por lo tanto su ideal es el de un negocio sin pérdidas, el de un balance de resultados siempre equilibrado; en tiempos de inflación galopante, este es también el infierno del comerciante, que ve cómo cada ganancia obtenida —cada vez que vende un producto a cambio de dinero— se convierte inmediatamente en pérdida, porque la moneda se deprecia de inmediato , y tiene que gastar inmediatamente lo ganado en un nuevo producto para vender, con el que le sucederá implacablemente lo mismo; y es también la pesadilla del consumidor, que experimenta cómo todo lo que compra comienza a perder valor desde el momento preciso en que es adquirido, a perder actualidad, a pasar de moda y a exigir ser rápidamente sustituido por una nueva adquisición que comenzará a descender por la pendiente de la obsolescencia en cuanto pase del escaparate a sus manos... 


José Luis PardoNunca fue tan hermosa la basura, Revista Observaciones filosóficas, nº 12, 2011

El carrer.


La calle, en fin, y he aquí otro cambio de época, suplió como centro de posicionamiento y discusión a los dos Parlamentos disponibles, sometidos a mayorías absolutas, en una época, además, en la que la democracia se ha deslocalizado a otras instituciones no democráticas (como la UE, que impone leyes como la laboral). El Estado, único lugar en el que la democracia fue posible, ya no es la instancia de decisión democrática.

En la calle, no obstante, suceden cosas propias de la calle, como la violencia. Conforme el día avanzó, tuvieron lugar diversos actos violentos, hasta que los Mossos transformaron un altercado en un conflicto sin final, del que no supieron salir y que afectó al transcurso de la manifestación mayoritaria. La facilidad con que los Mossos amplían los conceptos violencia y represión debería llevar a algún parlamentario a interesarse por la policía que hemos creado en las últimas décadas... y por esa especie de cuartel sudamericano edificado en Sabadell que parece centralizar y aislar a los mossos, que salen periódicamente a pegar a ciudadanos que protestan por la descomposición democrática. El portavoz Homs, a su vez, utilizó en su declaraciones estadísticas facilitadas por la patronal que minimizaban el día histórico de ayer hasta reducirlo a “jornada normal”, si bien no solo no fue detenido ningún cargo de la Diputación, sino que hubo una huelga general. No ver la realidad es una región de la violencia, quizá la más peligrosa y contagiosa. El 29-M fue, de hecho, un intento colectivo para que un Gobierno observara la realidad. Una realidad absolutamente violenta: la desaparición del Estado de bienestar, la columna vertebral del Estado de derecho. No hay uno sin otro. Y uno está desapareciendo.

Guillem Martínez, Una huelga exitosa y algo más, El País, 30/03/2012
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/03/29/catalunya/1333054196_534756.html

Allò que ens apropa a Grècia.




Cuando las palabras, tan sonoras, se alejan demasiado de la realidad, tan muda, resulta más elocuente la realidad que las palabras. Ese vídeo del ministerio de Trabajo, por ejemplo, en el que se asegura que la reforma laboral protege al trabajador, se ha vuelto contra el PP en Andalucía. Si van a seguir protegiéndonos de este modo, pensaron los votantes, mejor desobedecer a las encuestas. Entonces llega Miguel Martín, que es el presidente de la patronal bancaria, y proclama que la huelga general nos acerca más a Grecia que a Alemania. Pues no, lo que nos acerca a Grecia, o a lo que usted ha pretendido metaforizar al citarla, son las prácticas financieras llevadas a cabo por los chiringuitos que usted preside. Antes de abrir la boca, debería usted haber considerado que el ciudadano es consciente del dinero público que les estamos inyectando para salvar su salario de usted, su culo de usted, su sillón de usted, sus retribuciones especiales de usted, su automóvil con chófer de usted y su jubilación multimillonaria de usted, entre otras bagatelas de usted. Debería haber sido más prudente sabiendo, como sabe, que les estamos prestando dinero público al 1% para que lo inviertan en deuda pública al 5%, una práctica parecida al tráfico ilegal de órganos. Debería incluso callarse si tenemos en cuenta que ahora mismo, cuando el banco llama a un cliente, lo primero que éste hace es esconder la cartera. Y es que usted, como asegura Felipe González, un hombre del sistema donde los haya, no dirige una organización bancaria sino un casino sin reglas. Eso es lo que nos retrotrae a la noche de los tiempos, eso y el pensamiento de Gallardón sobre la mujer y el de Guindos sobre los derechos de los trabajadores… De ahí el éxito de la huelga, que es el éxito de la realidad muda frente al despliegue verbal y policial del Gobierno.

Juan José Millás, Palabrería, El País, 30/03/2012

dijous, 29 de març de 2012

Dignitat.


TOTS ELS ÉSSERS HUMANS NEIXEN LLIURES I IGUALS EN DIGNITAT I DRETS ...

Què he après, doncs, que pugui formular i transmetre? Abans que res, que és necessari i possible rebutjar l'inacceptable. Els que durant dècades s'havien doblegatconsiderant que no hi havia res a fer, tant els oponents incapaços d'unir-se abans de prendre el poder com els no resistents després de la victòria de les forces assassinesels que havien renunciat, considerant el combat perdut per endavant, no tenien una cosa fonamental, una cosa que distingeix a l'home en la seva dignitat.

Aquesta és la paraula que buscava. Quan en 1948 els redactors de la Declaració Universal dels Drets Humans van intentar caracteritzar la persona humana, el terme que van triar perquè forma part de totes les religions i totes les filosofies és «dignitat».

És el concepte que inspira l'article 1 d'aquesta Declaració i el que als meus ulls resumeix tota la problemàtica del nostre món contemporani: «Tots els éssers humans neixen lliures i iguals en dignitat i drets i, dotats de raó i consciència, han comportar-se fraternalment els uns amb els altres ».

El inacceptable és que s'atempti contra la dignitat. Aquest atemptat de vegades' emmascara amb un rebuig de l'altre perquè li falta alguna cosa, perquè és massa diferent, massa incapaç, perquè legalment  menys privilegis. Però legítimament ningú no pot ser mai tractat com inferior. Aquest tractament és inacceptable. I és legítim indignar.

Aquí és on la indignació ha de trobar la seva via i conduir a un veritable compromís. Si es queda en pur rebuig es debilita, es converteix en còlera, en cruixit de dents. Trobar què és el que mereix indignació és la primera vocació que he de transmetre als qui s'enfrontaran amb aquest nou món tan greument amenaçat.

És una qüestió de consciència


Stéphane Hessel, En resumen ... o casi, Aguilar, Madrid 2012

El que tenen en comú les escombraries i els migrants.


Precisamente por eso, las sociedades modernas, por estar presididas por una suerte de principio malthusiano según el cual la basura crece más rápidamente que los medios para reciclarla de modo tradicional, necesitan disponer de tierras baldías, vertederos y escombreras en donde depositar las basuras para quitarlas de en medio y poder seguir viviendo, seguir desperdiciando sin ahogarse entre sus propios residuos. Y junto a estos no-lugares urbanos (por utilizar la afortunada terminología del antropólogo Marc Augé, sobre la que en seguida volveré) es preciso también disponer de no-lugares sociales a los que pueda trasladarse la población sobrante que los sistemas productivos y consuntivos no pueden absorber (suburbios, chabolas, favelas, ghettos, campamentos, etc.). “Basura” es lo que no tiene lugar, lo que no está en su sitio y, por tanto, lo que hay que trasladar a otro sitio con la esperanza de que allí pueda desaparecer como basura, reactivarse, reciclarse, extinguirse: lo que busca otro lugar para poder progresar. En su obra Wasted Lives (cuyo título propongo traducir al castellano como “Vidas-basura”), el veterano sociólogo Zygmunt Bauman ha explicado que la actual crisis de la modernidad se expresa al mismo tiempo de estas dos maneras: por una parte, los problemas de contaminación (y especialmente, por su simbolismo, el problema que representan los residuos de origen nuclear) han alcanzado un punto de inflexión en el momento en el que se ha descubierto que el planeta estaba lleno, que ya no había más Waste Lands adonde trasladar los residuos para quitarlos de en medio; por otra parte, la emigración, que era la salida tradicional para las poblaciones residuales a las que el progreso industrial y post-industrial desplazaba y dejaba sin papel alguno que representar, ha dejado de ser una solución practicable, porque ahora todos los lugares sociales del mundo están ocupados, no hay puestos libres en donde colocar a los que están de más.

Los movimientos migratorios y los traslados de basura tienen, por tanto, esto en común: se trata de encontrar un sitio —en otro lugar— para aquello que no lo tiene —en este lugar—. Por tanto, el presupuesto de estos movimientos de traslación es que cada cosa tiene su sitio y que hay un sitio para cada cosa. Rafael Sánchez Ferlosio ha propuesto llamar al orden generado por este presupuesto el orden del destino, y esta propuesta tiene una doble pertinencia. Por una parte, nos recuerda el significado originario del vocablo “destino”, que es precisamente ese: un esquema en el cual a cada cosa se le asigna un lugar —su destino, el lote que le corresponde por designio de los dioses, de la Moira, de las Parcas o de la naturaleza— que es su porvenir ineludible, su fin fatal. Por otra, esta designación es coherente en primer lugar con el hecho de que las regiones a donde se trasladan los emigrantes se denominan “países de destino”, no solamente en el sentido trivial de que allí es adonde se dirigen, sino también en el sentido de que allí es donde podrán “labrarse un porvenir”, de que van a sus lugares de destino en busca de un porvenir que les está negado en sus lugares de procedencia. Van allí, por tanto, en busca de su identidad, para llegar a ser quienes son (cosa que todavía no saben y que nunca descubrirán si se quedan en donde no tienen porvenir). Y la denominación sigue siendo coherente, en segundo lugar, con las basuras industriales: no se las puede dejar allí donde se generan porque allí no están en su sitio ni tienen porvenir ninguno. Es preciso trasladarlas a una tierra baldía en donde tengan porvenir, en donde puedan regenerarse, reactivarse, reciclarse, integrarse, en donde puedan llegar a ser otra cosa que lo que son —basuras, desperdicios—, en donde puedan recuperar la identidad que han perdido, en donde puedan crecer las lilas en la tierra muerta y en donde la lluvia primaveral remueva las raíces mas secas. Sí, aunque cueste aceptarlo en principio, “basura” significa también esto: lo que tiene un destino, un porvenir, una identidad secreta y oculta, y que tiene que hacer un viaje para descubrirla, como el príncipe encantado para dejar de ser rana y convertirse en príncipe, como la bestia para vencer el hechizo y volver a ser bella. La observación de Bauman sobre la crisis de la modernidad tardía puede, por tanto, reformularse en estos términos: ¿qué ocurre cuando ya no se puede encontrar un lugar para trasladar aquello que aquí no lo tiene, cuando ya no hay un “país de destino” al que emigrar o en donde labrarse un porvenir? ¿Qué ocurre con la basura cuando se ha quedado sin porvenir, sin esperanza de reciclaje o regeneración, y qué con aquellas poblaciones que han de resignarse a vivir sin esperanza social, cuando la rana comprende que ya nunca será príncipe y la bestia que ya nunca será bella? 


José Luis PardoNunca fue tan hermosa la basura, Revista Observaciones filosóficas, nº 12, 2011

dimecres, 28 de març de 2012

Jorge Riechmann: vaga i poesia.


La última huelga general también tuvo lugar un día 29, el de septiembre de 2010. Ya entonces contamos que la literatura tiene un capítulo –o doce tomos- dedicado a eso que el eufemismo llama conflictos laborales. Las letras de la lucha final se titulaba la crónica. En dos años las cosas han cambiado poco. En la literatura. En lo que respecta al trabajo ya saben cómo ha cambiado todo. En aquel repaso de urgencia aparecía el título de un poema de Jorge Riechmann, incluido en su libro Conversaciones entre alquimistas (Tusquets, 2007). El poema es este:

LA BELLEZA DE LA HUELGA GENERAL
Con independencia de todos los valores ético-políticos que pueda tener una huelga en una situación determinada, en ella hay algo valioso en cuanto tal, más allá de las circunstancias concretas que la enmarcan: su carácter de interrupción del curso maquinal de las cosas.

Es un corte potencialmente capaz de romper el desastre hacia el que se encamina el mundo. En el universo del tardocapitalismo, lo maquinal es el principio de muerte, y tenemos que saludar la discontinuidad como una afirmación de vida.

Frente a la dictadura del “tiempo real”, la demora.

Frente a la brutal coacción de lo inmediato, la articulada delicadeza de las mediaciones.

Frente al abaratamiento de la palabra (condicionado por las mejoras técnicas en el campo de las telecomunicaciones), el valor de la reticencia y el silencio.

Frente a la falsa autoridad de la imagen, la dignidad del hueco.

Frente a la tiranía del trabajo muerto, frente a la demagogia de la normalidad, la restallante belleza de la huelga general.

En noviembre pasado Riechmann publicó uno de los grandes libros del año: El común de los mortales (Tusquets, 2011). Allí dice que “Para ver / la puerta abierta / has de pensar que la puerta / puede abrirse”. Me temo que lo difícil de una huelga que se celebra en 29 -el de marzo, el próximo jueves- está en el día 30. Por si acaso, El común de los mortales se abre con un poema que parece que habla del día siguiente. O del minuto siguiente.

APENAS LLUVIA
Esta mañana algunas gotas de lluvia, apenas
un rastro de humedad sobre la piel polvorienta
de las cosas, como caricia apenas esbozada

El aire de septiembre amplifica ese olor. La tensa tierra
aguardaba más, necesitaba más, pero
quien corría como un lobo ha de aprender
a no desdeñar el pausado trotecito

El tiempo pasa, murmura
la lluvia, y aún estamos vivos

Aspiremos a fondo la fragancia
de tanto acontecer. Como una
manera de presentir apenas la justicia
entre la prieta oscuridad, como una mano
apenas mojada que siguiera buscando y rebuscando

y completase a lo lejos la caricia
 


Javier Rodríguez Marcos, Poema de la huelga general, Letra pequeña, El País, 26/03/2012

dimarts, 27 de març de 2012

Subsistència i potencialitats humanes.


 
Las expresiones de lo cabalmente humano surgen, indica Aristóteles, cuando está resuelto todo lo relativo no sólo a la subsistencia, sino también al ornato de la vida, es decir, resuelto también lo que hoy denominaríamos dignidad del entorno, empezando por la propia casa. Como todo animal, el hombre tiende a desplegar las capacidades con las que se halla dotado por naturaleza. El asunto es determinar bien cuáles son las que caracterizan al hombre en el seno de la animalidad, pues si es frenado en estas, el eventual desarrollo de otras, no impedirá que ese animal quede mutilado en su especificidad. Obviamente si la lucha por la subsistencia se convierte para el ser humano en casi exclusivo fin, entonces, a la vez que es mutilado en su capacidad de conocer es mutilado en su capacidad de simbolizar.

Pues bien, precisamente cuando las medidas económicas apagan el alma de los ciudadanos, cuando la sumisión a agotadoras jornadas laborales tiene doloroso contrapunto en la ausencia de trabajo (o en el pánico a perderlo), se impone como exigencia política el restaurar la pregunta sobre la esencia de la condición humana y la tarea que respondería a tal condición. ¿Está el ser humano condenado a pensar que subsistir es ya mucho y así condenado a esa tortura a la que para algunos remitiría (por razones más o menos etimológicas) el término mismo trabajo, o es pensable una sociedad en la que la tarea esencial de todos y cada uno sea aquella en la que se fertilizan las facultades que nos caracterizan como especie singular entre otras especies de seres vivos y animados?

Se ha dicho muchas veces que los niños dan muestras de gran curiosidad analítica e inclinación a explorar y descubrir, las cuales a menudo quedan ulteriormente paliadas, o simplemente abolidas. Me atrevo a conjeturar que cuando mostraba tal disposición el niño no hacía otra cosa que responder a nuestra específica naturaleza animal. El animal humano tiende a nutrir y desplegar sus facultades cognoscitivas y creativas, ni más ni menos que como el águila o el caballo tienden a activar sus capacidades innatas para el vuelo o el galope.


El hombre ha domesticado individuos de la especie canis-lupus canalizando y utilizando las facultades naturales de los mismos hasta hacer de ellos aliados y cómplices en la lucha contra la adversidad del entorno. Mas tanto para ser eficaz vigilante de las tierras o el rebaño, como para ser auxiliar en la caza, el lobo-perro ha de permanecer tal, ha de mantener la agudeza de sus facultades, ha de conservar rasgos esenciales de su condición específica, cosa que no ocurre cuando es confinado en un ámbito de exposición o en un angosto espacio urbano. Pues el individuo que no despliega las potencialidades de su especie queda subsumido en lo genérico, reducido a mero animal, o incluso a mero ser vivo.

Lo tremendo es, sin embargo, cuando tal reducción, tal mutilación en la propia naturaleza, se efectúa con el propio ser humano. Y ello ocurre cuando desaparece de su horizonte, de su ámbito cotidiano de vida, el objetivo de fertilizar y desplegar las facultades de razón y de lenguaje que hacen su especificidad animal. Enorme regresión no ya respecto a los proyectos emancipatorios de la modernidad, sino también respecto a la concepción del ciudadano que tenían los griegos.

En el momento en el que se critica con demagogia la existencia de subvenciones para los teatros líricos no es ocioso recordar que en la Grecia que mantenía abismales jerarquías sociales, los ciudadanos con menos recursos recibían una ayuda para que pudieran asistir a las representaciones trágicas, señalando así la frontera que les separaba de los esclavos, excluidos del teatro, como signo terrible de que la condición de esclavitud deshumaniza, de ahí el imperativo absoluto de abolirla en sus formas encubiertas. Tragedia versus esclavitud, cabría decir.Toda forma de esclavitud, impide al ser humano tanto la lúcida asunción del conflicto trágico inherente a su condición como reconocer en sí mismo la exigencia de conocimiento desinteresado, eso que algún político presenta como propio propio de exquisitos ociosos. La tesis que estoy defendiendo es muy clara: esa disposición de espíritu que conduce al arte, a la ciencia y a la filosofía es algo de lo que nadie puede hallarse radicalmente privado sin verse amenazado en su humanidad.

Por eso es tan urgente denunciar las teorías pragmáticas que presentan como único bien al que colectivamente podamos aspirar la posibilidad de que alguna disminución de la amenaza laboral alivie un tanto el ofensivo terror al que los trabajadores se ven sometidos. Es simplemente insoportable que la polaridad entre trabajo embrutecedor y pavor a perder tal vínculo esclavo se haya convertido en el problema subjetivo esencial, en el problema mayor de la existencia. El tiránico orden social que posibilita tal cosa no es in-humano (sólo los humanos son susceptibles de forjar prisiones físicas o espirituales) sino literalmente des-humanizador, una máquina para impedir que los humanos seamos cabalmente tales.

Víctor Gómez-Pin, Reducción del animal humano, El País, 27/03/2012

La teoria de la Joveneta, una forma de disseccionar el capitalisme.


 
El capitalismo no está ahí fuera: en el FMI, la OMC o el BCE. El capitalismo es una promesa de paraíso en la tierra, una idea de éxito y realización, un poder de fascinación.

Tiqqun le pone nombre y le da figura: la Jovencita. La Jovencita no es mujer ni hombre, sino una imagen, un modelo, un ideal. Eterna juventud, seducción ilimitada, placer indiferente, amor asegurado contra todo riesgo, control de las apariencias, cero defectos.

Impersonal, implacable, impecable, impermeable e imposible, la Jovencita se apodera de nuestra mirada, de nuestro deseo y de nuestro imaginario. Es una máquina de guerra. No se deja tocar y nunca pierde.

Tiqqun dibuja el campo de batalla: nos lo hace ver. De qué modo un bolso, un culo, una sonrisa, un perfume, unas botas o unos bíceps pueden ser armas en una guerra. Librada entre nosotros y en el interior de cada uno. Una guerra contra el azar y los encuentros sin garantías, la belleza y la sensualidad singulares, el tiempo de toda duración, la violencia del abandono y la entrega. Contra el amor verdadero.

Fragmento a fragmento, Tiqqun disecciona a la Jovencita. Sin piedad, porque hay que conjurar su poder de fascinación. El hechizo que nos hace ver la realidad repleta de arrugas, fracasos, peligros, grasas y ataduras. Brutalmente, porque el objetivo es desvelar la verdad que esconde su promesa de paraíso: vulgaridad, angustia y soledad.

Y al trasluz de la crítica, nos propone una nueva educación sentimental.

Amador Fernández-Savater, Deseo de capitalismo, Público, 26/03/2012
http://blogs.publico.es/fueradelugar/2032/deseo-de-capitalismo 

dilluns, 26 de març de 2012

L´acudit i els mecanismes del populisme.

Berlusconi
Hay en el mercado un volumen altamente recomendable, una obra que todo político en ciernes o en sazón debería leer. Más aún, es un libro que cualquier elector debería consultar antes de depositar su voto. Se titula El show de Berlusconi (2012) en la edición española de Errata naturae.

El original italiano tiene un rótulo menos llamativo, pero más exacto: Il Re che ride. Simone Barillari es su autor, un estudioso literario, experto cultural.

¿Y por qué es recomendable dicha obra? Se recopilan todos los chistes de Berlusconi de los que se tiene constancia documental. El autor del libro los data indicando la fuente de la que los extrae.

Es una historia de Italia a través del esperpento: la historia de un país grande, de cultura antigua y honda, que eligió a Silvio Berlusconi como primer mandatario.

Berlusconi empezó su carrera como animador de fiestas, como contador de chistes, como cantante. Era lo que se dice un showman. Después, conforme fue prosperando con sus negocios, dejó el mundo del espectáculo para dedicarse al empresariado y finalmente a la política.

Bien mirado, no es así: Berlusconi nunca dejó el espectáculo y los chistes eran un recurso habitual de su discurso público y privado. Con ellos demostraba su agudeza --o eso creía-- y demostraba su habilidad dialéctica: eran un instrumento con el que atacaba a los adversarios o con el que hacía autobombo.

El autor del volumen reproduce la versión original --o más primitiva-- del chiste y luego glosa el sentido que Berlusconi le quiso dar y el contexto de la ocurrencia. Es un libro gracioso y repulsivo. Da risa y da mucha pena: uno descubre o confirma el perfil ordinario de Berlusconi, orgullosamente ordinario. Pero sobre todo uno descubre o confirma cómo funciona cierto lenguaje político: el del populismo.

¿Y qué es el populismo? Es la política de la demagogia. Es decirle al pueblo lo que supuestamente desea escuchar. Es hacerle gestos de campechanía, de cercanía. ¿Con qué objeto? Con el fin de que ese pueblo tome al político como un líder accesible y plebeyo, como un dirigente próximo. Parafraseemos.

Yo me presento ante vosotros tal cual soy: sin ambages, sin maquillajes, incluso zafio. Por eso simpatizo y bromeo. De hecho, soy como vosotros y mi cuna no es la de una gran señor, pues no soy hijo de potentado. Nadie me ha regalado nada: si tengo bienes o propiedades, es gracias a mi perseverancia y, quizá, a algo de inteligencia. No he venido a robaros, sino a enriqueceros. Si una persona como yo ha podido llegar a la más alta magistratura, ¿cómo no os va a servir mi ejemplo? Soy el espejo en el que miraros y soy el líder que necesitáis. Pienso como vosotros y lo que hago no tiene otro fin: vuestro beneficio.

Pude analizar la figura de Berlusconi tiempo atrás. Lo inquietante es que su ejemplo empieza a cundir... Pero el populismo no es sólo la falsa campechanía. Es también la dureza representada. Es la eficacia expeditiva. Es igualmente la autoridad impostada del líder suspicaz: soluciones fáciles para cuestiones abstrusas; salidas sencillas para problemas complicados. Y todo ello con puesta en escena patriótica.

Cada vez que veo en pantalla a Nicolas Sarkozy me acuerdo de ese otro rasgo del populismo. Repaso un libro del actual presidente francés. Lo leí hace tiempo y confirmo ahora, en plena campaña electoral y en plena conmoción, el diagnóstico.

El volumen de Sarkozy se titula La República, las religiones, la esperanza. La edición española contiene un prólogo de José María Aznar. No es casualidad. “La esperanza espiritual también necesita alimentarse con la escenificación”, decía Sarkozy. “El hombre necesita alimentar su imaginario con representación, teatralización y algo de folclore”, concluía.

No sé si Sarkozy sabe contar chistes; no sé si bromea con tanta desenvoltura como Berlusconi, pero comparte con él y con Aznar un narcisismo inflamado: a poco que te descuides se crecen o se coronan.
¿Hay más? No me tiren de la lengua. Ahora, ustedes pongan los nombres locales, los linajes de los reyes autonómicos.  

Justo Serna, Los reyes del populismo, Presente contínuo, 25/03/2012

Residus 1.


 
El Libro primero de El Capital, de Marx, comienza diciendo: «La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como “una inmensa acumulación de mercancías”». Nosotros tendríamos que decir, hoy, que la riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como una inmensa acumulación de basuras. En efecto, ninguna otra forma de sociedad anterior o exterior a la moderna ha producido basuras en una cantidad, calidad y velocidad comparables a las de las nuestras. Ninguna otra ha llegado a alcanzar el punto que han alcanzado las nuestras, es decir, el punto en el que la basura ha llegado a convertirse en una amenaza para la propia sociedad. Y no es que las sociedades pre-industriales no generasen desperdicios, pero sus basuras eran predominantemente orgánicas, y la naturaleza, los animales urbanos y los vagabundos las hacían desaparecer —las reciclaban o las digerían— a un ritmo razonable (aunque sobre esto nos hacemos, también a menudo, ideas muy idílicas). Las ciudades industriales modernas, en cambio, se caracterizan por una acumulación sin precedentes de población y por la aparición masiva de un nuevo tipo de residuos, de carácter industrial, y ambos factores constituyen la obsolescencia de los modos tradicionales, casi inconscientes, de tratamiento de las basuras. Hay en ellas, al mismo tiempo, una enorme proporción de desechos cuyo reciclaje no puede abandonarse en manos de procesos espontáneos o naturales, y una parte significativa de la población que no consigue integrarse directa ni indirectamente en los procesos productivos y consuntivos, que carece de lugar social, que ha perdido el estatuto del que disfrutaba o que padecía en las formas tradicionales de organización política. Y esto, como dice la cita de Marx con la que he comenzado, ha de entenderse sin duda como “síntoma de riqueza”. Nietzsche decía aún más, decía que «los desechos, los escombros, los desperdicios no son algo que haya que condenar en sí: son una consecuencia necesaria de la vida. El fenómeno de la décadence es tan necesario como cualquier progreso y avance de la vida: no está en nuestras manos eliminarlo (...) E incluso en medio de su mejor fuerza, [una sociedad] tiene que producir basura y materiales de desecho» (Fragmentos Póstumos de la primavera de 1888). Y tantos más desechos —en cantidad y en calidad— cuanto más rica, más enérgica y más audaz sea... Sí, la basura es un síntoma de riqueza. Porque riqueza significa despilfarro, derroche, excedente (y, al contrario, las sociedades sin basura —las ciudades tradicionales de las que acabamos de hablar— revelan una economía de subsistencia, de escasez, en la cual nada sobra y todo se aprovecha).

José Luis Pardo, Nunca fue tan hermosa la basura, Revista Observaciones filosóficas, nº 12, 2011
 http://www.observacionesfilosoficas.net/nuncafuetanhermosa.htm

L´essència del capitalisme, segons Zizek.




http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=7038

El Leviatan té moltes excuses.


 
Al dibujar al Estado como una perversa bestia de los mares, feroz e implacable, Hobbes no exageraba. Si nuestra especie ha debido valerse de su cruento poder, ha sido por una necesidad extrema: limitar los excesos que nosotros mismos, lobos humanos, cometemos unos contra otros. Pero ese monstruo necesita, a su vez, de ataduras que moderen sus tentaciones asesinas y lo tornen predecible: las leyes. Al Estado tendríamos que verlo, pues, como a una ballena hambrienta y sanguinaria que, bien encausada por medio de estas redes y arpones, nos protege de nuestros lados más oscuros.

Los gobernantes democráticos, por ello, han de ser particularmente cuidadosos a la hora de montar al monstruo y conducir su andadura: si, en vez de domarlo, el jinete libera sus instintos, éste puede regresar a su estado salvaje y destruir todo lo que halla a su paso. No se equivoca Giorgio Agamben al señalar que el "estado de excepción" es el mayor atentando a la legalidad que puede concebirse en nuestro tiempo. Al suspender o reducir los derechos individuales -al consentir que el Leviatán se desboque-, aduciendo excusas siempre a la mano, los ciudadanos quedan desprotegidos o, peor aún, amenazados por ese terrible guardián que en teoría debía cuidar de ellos. 

Lo peor es que este "estado de excepción" no necesita ser declarado públicamente: basta con que el gobernante aduzca una condición de emergencia -una amenaza inminente por parte de terroristas o narcotraficantes, por ejemplo-, para que los distintos órganos del Estado, y en especial sus fuerzas de seguridad, encuentren una justificación ideal a sus abusos. Así ha ocurrido en los Estados Unidos de Bush y, tristemente, también en los de Obama: para el primero, la amenaza islamista hizo válida la guerra preventiva y, para el segundo, los asesinatos extrajudiciales de supuestos terroristas, incluidos los ciudadanos de aquel país.

Jorge Volpi, La estrategia de Leviatán, El Boomeran(g), 25/03/2012
http://www.elboomeran.com/blog/12/blog-de-jorge-volpi/ 

diumenge, 25 de març de 2012

Antonio Tabucchi: "Si el poder fa també carnaval, ¿què li queda al poble?"


Antonio Tabucchi, en una fotografia de marzo del 2010. FERRAN NADEU
Antonio Tabucchi
Hoy tengo que hablar del futuro. El futuro es una casualidad y en ningún modo es proyectable. En lo que a mí respecta, desde un punto de vista kantiano, el futuro existe en tanto que incluye el pasado. En este momento estamos viviendo un presente absoluto, eterno, y en este presente no veo mucha luz. Veo mucho ruido y mucha oscuridad. No tengo una bola de cristal. El futuro lo predicen los teólogos y los políticos, que repiten eso de: construyamos el futuro.

Keynes decía que lo inevitable no sucede nunca y otros piensan que lo inesperado tampoco. Hay una confusión de roles. En nuestra sociedad occidental teníamos el periodo del año normal y después el carnaval. Durante el carnaval, los roles se cambiaban y el pueblo se convertía en el payaso, pero con una fuerte carga simbólica. El problema es que hoy en día, Berlusconi, por ejemplo, es al mismo tiempo el dictador y el payaso. Si el poder hace también el carnaval, ¿qué le queda al pueblo? Nada, el papel del espectador.

El pensamiento debe estructurar una realidad y exprimir un deseo, una invocación, una evocación. Creo que la única cosa que actualmente puede nutrir una corriente de pensamiento es la ciencia, con toda la ambigüedad que la ciencia presenta. Es curioso que lo diga yo, que soy un escritor, pero la ciencia tiene algo de seguro porque es experimental. Debemos observarlos y controlarlos, pero los científicos, por lo menos, explican el funcionamiento del mundo en términos reales, es decir, de la costra del mundo. Me viene a la mente Martin Luther King que sale a una ventana y dice "I have a dream" [tengo un sueño]; el pensamiento expresado con la palabra. En la ventana de enfrente hay un señor que también tiene un sueño y además un fusil. Y gana.

Antonio Tabucchi, "Vivimos el presente absoluto", extracto entrevista realizada por J. M. Martí Font, El País, 16/03/2010
http://elpais.com/diario/2010/03/16/cultura/1268694004_850215.html 

Els refranys serveixen per acabar converses, els aforismes per encendre-les.


 
L'enyorat científic Ramon Margalef solia dir que sospitava de qualsevol llei biològica expressada per una fórmula de més de 10 centímetres. A la broma no li falta fonament. En ciència, comprendre és buscar la forma més compacta compartida pel màxim nombre de casos. La comprensió (de comprendre) no és altra cosa que la compressió (de comprimir). Comprendre és reduir per decantació de tot el que és superflu, de tot el que no es comparteix, de tot el que és més matís que essència. Quan la fórmula científica és tan llarga com la mateixa observació, llavors estem davant una cosa totalment incomprensible. La intel·ligibilitat és un mínim capaç d'evocar un màxim. Però el mateix es diria de qualsevol obra d'art. És el mèrit sublim d'una llei de la física, d'un dibuix, d'una frase musical, d'un poema.


Borges, Bach o Picasso són grans artistes i, a més a més, creadors amb un talent científic. Kafka, Chopin o Van Gogh, en canvi, no tenien aquest tarannà però no per això deixen de ser uns artistes gegants. Per a un artista, el mètode científic és una opció, no una obligació.

Tot art té creadors i gèneres que són més o menys científics. Parlem per exemple de gèneres literaris. Hi ha novel·les de més de mil pàgines i novel·les de 300, hi ha contes, hi ha poemes i hi ha aforismes.
Atenent només al pes, un poema ja és més científic que un conte, un conte ho és més que una novel·la i un aforisme, el coneixement més compacte, seria llavors el gènere literari més científic. Vegem fins on arriba aquesta idea si atenem altres propietats de la ciència com la universalitat, el sentit crític o l'ús dels errors i les contradiccions.

La universalitat d'una llei científica es mesura pel nombre de casos reals als quals es pot aplicar. Una llei es pot deduir d'uns quants casos, però la gràcia rau en el fet que es pugui aplicar a molts altres. Als bons aforismes els passa el mateix perquè aconsegueixen emancipar-se del text al qual potser van pertànyer originalment. Un bon aforisme mai pot ser acusat o disculpat per estar fora de context. Això dóna peu a un aforisme cacofònic sobre el mateix aforisme: Un aforisme és un pretext per a un text sense context. Així arribem a un altre detall característic d'un bon aforisme: la ironia. El científic practica l'humor com a primer exercici d'autocrítica. La ironia és la vacuna més eficaç contra el dogma. Tot bon aforisme traspua una aroma irònica. Vet aquí un aforisme que desesperaria qualsevol amant gelós de la literalitat: Tota resposta té dret a canviar de pregunta.


El mètode científic disfruta amb la contradicció: si el que veig contradiu el que crec, llavors em trobo davant d'un dilema: o canvio la meva manera de mirar o canvio la meva manera de creure. Una bona contradicció és presagi de nou coneixement. Els bons aforismes contenen una contradicció, una contradicció aparent, com totes les contradiccions científiques. Carl Sagan va deixar la següent joia: És possible que existeixi intel·ligència extraterrestre i és possible que no, però qualsevol de les dues alternatives resulta sorprenent. Una altra contradicció breu i musculosa, que bé podria servir com a lema del mètode científic, sona així: Només es pot tenir fe en el dubte. A vegades n'hi ha prou que l'aforisme soni a contradicció: Infantilitzar és adulterar. En fi, una contradicció, tant en ciència com en art, és un estímul per a la reflexió. Les contradiccions solen tenir certa bellesa (cert ritme, certa harmonia) que les protegeix contra l'oblit.

Del concentrat o comprimit d'idea en una o dues frases se'n pot dir de diverses maneres: adagi, parèmia, refrany, proverbi, wellerisme, aforisme, però jo reservaria una d'aquestes paraules, diguem que aforisme, per condecorar aquelles frases que en veritat aconsegueixen emancipar-se de qualsevol context, no només les que aconsegueixen fugar-se o que aconsegueixen ser segrestades.

Els refranys i la resta de frases populars o tradicionals, amb pretensió de llarga vida, solen fallar perquè fallen també en aquestes propietats que li donen caràcter científic. El dubtós prestigi que encara tenen els aforismes per a molts lectors i per a tants escriptors resideix en la facilitat amb la qual es pot elaborar un aforisme dolent.

Jo només anomenaria aforisme els aforismes bons, és a dir, els que es perpetuen solament mentre segueixen vigents. En el mateix sentit, es pot dir que no hi ha ciència dolenta: la ciència està vigent o ja no és ciència. Un refrany, en canvi, es perpetua i es difon més aviat per tradició, és a dir, encara que ja sigui flagrantment fals. Un refrany es repeteix com una pregària fins que comprendre es confon amb estar habituat a. Els refranys es fan servir per acabar converses, els aforismes per encendre-les. Un refrany liquida la reflexió, un aforisme l'obre. Un refranyer congela la realitat, una bona col·lecció d'aforismes serveix per navegar-hi.

Jorge Wagensberg, Aforismes per navegar per la realitat, El Periódico, 24/03/2012

dissabte, 24 de març de 2012

Mea culpa.


Sí, lo confieso, soy un empleado público. Antes de relatar todas las fechorías que gentes como yo hemos cometido, y que nos han llevado a la actual situación de emergencia nacional, quiero pedir perdón. En primer lugar, a la clase política, por su honradez, valentía, dedicación y espíritu de sacrificio. Al Gobierno, por su altura de miras, su precisión en el diagnóstico y su firmeza en la gestión del bien común y los intereses generales. A sus señorías, por su justa justicia, su independencia y su recta rectitud. A la banca, por su generosidad y altruismo. Y, finalmente, a las gentes de bien, que confiaron en nosotros y a quienes tan groseramente hemos engañado y mentido.
Me acuso, y me declaro culpable, de la barrumbada de cientos de millones de euros repartidos entre los amiguetes para obras sin sentido: puertos sin barcos, aeropuertos sin pasajeros, ciudades de la cultura sin cultura, formación sin objetivos y sin contenido... Me acuso, igualmente, de crear todo tipo de chiringuitos para colocar a familiares, primos, vecinos y demás parentela. Me acuso de los cientos de asistencias técnicas que he sorteado para temas tan enjundiosos como “La salchicha castellana pasado, presente y futuro”, “¿Hay vida en Marte?”… En fin, podría seguir y seguir pero ya conocen ustedes la realidad.
No pido ni perdón, ni comprensión, ni compasión; yo, funcionario español, soy el causante de las crisis financiera, económica y política que nos asola, y así lo reconozco; dejo en sus manos el castigo. Muchas gracias y buen juicio.
 F. Javier Santos, Yo me acuso, Santiago de Compostela, A Coruña. Cartas al Director, El País, 24/03/2012

Per què s´ha d´aplicar la tasa del Diòxid de Carboni (co2)??


 
Los cataclismos que los expertos predicen por culpa del cambio climático no parecen ser suficientes para mantener las espadas en alto contra el calentamiento global. A estas alturas del siglo XXI, esta batalla está a punto de perderse. Porque si la Unión Europea, el único actor a nivel global dispuesto a batirse el cobre incluso en solitario, se topa con obstáculos insalvables, entonces quizá todo esté irremediablemente perdido. Los últimos acontecimientos no son halagüeños. Polonia, cuya electricidad procede en un 90% del carbón, acaba de bloquear el pacto comunitario que pretendía nuevos recortes de emisiones de gases de efecto invernadero para 2020 y las aerolíneas se han rebelado contra la tasa CO2 que desde el 1 de enero deben pagar por contaminar con sus vuelos el aire europeo. En protesta, China ha dejado en suspenso un contrato ya firmado con Airbus por valor de 12.000 millones de dólares (9.000 millones de euros) y otros países, como Rusia o EE UU, reclaman anular dicha tasa. ¿Resistirán los líderes europeos, acosados por la crisis económica, las presiones de la importante industria aeronáutica?

La soledad de Europa debilita su hasta ahora decidida política verde. El problema es que la nueva tasa, al aplicarse a los vuelos con origen o destino en Europa, penaliza especialmente a la industria europea y eso, dicen con sensatez las aerolíneas, lastra su competitividad frente a las firmas chinas, rusas o australianas. Pero la tasa CO2 es, al tiempo, una cuestión de justicia: responde al principio de que quien contamina paga y es un gravamen que incentiva el ahorro de combustible y, por tanto, el recorte de emisiones. Las compañías, de hecho, ya están en ello. Los sistemas más utilizados son reducir la velocidad, renovar sus flotas, usar rutas más directas, exigir un mejor control aéreo que evite rodeos innecesarios o probar biocombustibles. Con la tasa, el ahorro es doble: gastan menos queroseno y, además, reducen la cuantía del nuevo impuesto, que, obviamente, se paga en proporción al combustible consumido. Aun así, las compañías se quejan de los desembolsos millonarios que deberán afrontar y que, si bien a veces suponen una mínima parte de sus beneficios, es verdad que les obliga a competir en desigualdad de condiciones con las firmas no comunitarias.

Hay dos posibles soluciones: que los viajeros premien a las compañías más ecológicas optando por sus vuelos aunque los billetes sean más caros o que todo el sector, a nivel mundial, afronte la misma tasa. La primera hipótesis es poco verosímil. La segunda, prácticamente imposible si se tienen en cuenta los sonados fracasos de las últimas cumbres del clima en las que todos los bloques defienden con uñas y dientes el desarrollo de sus respectivas industrias y el derecho a contaminar como lo han venido haciendo los europeos hasta ahora. A corto y medio plazo la industria aeronáutica exige simple y llanamente que la UE renuncie a su maldita tasa.

Así es como la batalla contra el cambio climático en la que sigue empeñada la UE, pero también, impotente, la ONU, corre el riesgo de convertirse, como el 0,7% del PIB para cooperación, en un objetivo tan incumplido como obsoleto.

Pagaremos cara tanta miopía. Ya lo estamos haciendo. Hace tiempo que los ejércitos de EE UU y Reino Unido preparan a sus tropas para afrontar las sequías, inundaciones y olas migratorias que auguran los expertos por culpa del cambio climático. Francia ha empezado a hacer lo mismo. De este modo, puede que los políticos impidan el necesario desarrollo de la economía verde y, en su lugar, den un nuevo impulso a la industria militar. Sin embargo, resultaría muy esperanzador que la lucha contra el cambio climático retomara las armas antes de tener que recurrir a los soldados y antes de que sea la escasez de petróleo la que nos imponga nuevas reglas.

Gabriela Cañas, Maldita tasa, El País, 24/03/2012