diumenge, 28 de maig de 2017

Futur imperfet.



... cuanto más áspero, ingrato e inquietante es el presente, tanto más se proyecta esa inquietud en infiernos futuristas donde se concretan los miedos, las predicciones de catástrofe. Con los escombros de las utopías anteriores, el chasqueado siglo XXI construye cárceles distópicas, ergástulas del pesimismo cuando se ha dejado de creer en la perfectibilidad del hombre.

Eugenio Fuentes, Distopías, El País 26/05/2017

Karl-Otto Apel: humanitat, filosofia i diàleg.




El 15 de mayo murió en su casa de Niedernhausen, a los 95 años, Karl-Otto Apel, uno de los mejores filósofos de los siglos XX y XXI. Nacido el 15 de marzo de 1922 en Düsseldorf, su biografía intelectual viene jalonada por estudios de historia, germanística y filosofía, con Erich Rothacker, en la Universidad de Bonn, y más tarde por la elaboración de una propuesta filosófica, que tiene por hilo conductor la atención al lenguaje como el lugar desde el que los seres humanos hacen ciencia y ética, desde el que son posibles la comprensión y la acción.
Adela Cortina, El vigor de la razón dialógica, Babelia. El País 26/05/2017

Com demostrar l'existència de Déu?


... la búsqueda de una demostración de la existencia o inexistencia de Dios es algo muy extraño. Yo puedo probar la existencia de una regla matemática para resolver un tipo de problemas utilizando la deducción. El teorema de Pitágoras puede demostrarse, dando además una demostración absolutamente irrefutable para cualquier hijo de vecino. También podemos probar la existencia de objetos empíricos con la mera observación, pero si Dios ni es una regla matemática ni es un objeto observable del mundo…. ¿tiene sentido hablar de una demostración de su existencia? Dios parece, según los teístas, encontrarse en un plano distinto, diríamos “metafísico”, en el cual no sé si tiene mucho sentido hablar de demostraciones. Si Dios no es algo físico y, menos aún, una entidad matemática, parece muy difícil establecer algún tipo de relación causal entre él y el mundo que supuestamente ha creado. 

Santiago Sánchez-Migallón Jiménez, Criptoateísmo, La máquina de von Neumann 06/05/2013

Sobre els "universals".



Plató
Una de las discusiones más abstractas de las que han ocupado y ocupan a los filósofos es el llamado “problema de los universales”: ¿qué pasa con las ideas que, como las de las matemáticas, por ejemplo, tienen un valor universal e intemporal? El gran filósofo griego Platón defendió que las ideas existen por sí mismas, independientemente del mundo físico. Según él, las ideas tendrían más realidad que el mundo material, que es más bien un sueño o, a lo sumo, una copia, nunca perfecta, del mundo de las ideas. Sin embargo, ya a su gran alumno Aristóteles no le convenció el “realismo” de su maestro acerca de las ideas. Con los pies más en el suelo, como diríamos hoy, Aristóteles se negaba a aceptar un mundo ideal independiente de este en que vivimos: según él las ideas solo son separadas por el pensamiento, en lo que llamamos “abstracción”. En el famoso cuadro de Rafael, La escuela de Atenas, Platón y Aristóteles ocupan el centro: pero mientras Platón, viejo, barbudo y algo menor de estatura, señala con su dedo hacia el cielo, Aristóteles, más joven y esbelto, le señala hacia la tierra. En estos dos gestos se resumen dos maneras muy diferentes de ver la realidad.

¿Qué piensas de este problema? ¿Crees que existen objetos ideales, o que todo es físico y las ideas son solo creaciones mentales?


Diálogos en la caverna, Platón y Aristóteles se encuentran en el limbo

Guión: Juan Antonio Negrete. Actores: Jonathan González y Víctor Bermúdez. Voces: Jonathan González y Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.

L'atractiu de la democràcia liberal.



El verdadero atractivo de la democracia liberal consiste en que quienes pierden unas elecciones no tienen por qué preocuparse de perder nada más: la derrota electoral los obligará a reorganizarse y planear la siguiente contienda, pero no tendrán que exiliarse ni pasar a la clandestinidad mientras sus bienes son confiscados. La pega a menudo olvidada de todo esto es que la democracia no permite a los ganadores disfrutar de una victoria total y definitiva. En tiempos predemocráticos —esto es, durante la mayor parte de la historia de la humanidad—, las disputas no se resolvían con debates pacíficos y apacibles cambios de gobierno. Todo se decidía por la fuerza: tanto los invasores victoriosos como los ganadores de una guerra civil podían disponer de sus enemigos derrotados para hacer con ellos lo que se les antojase. En una democracia liberal, el “conquistador” nunca obtiene esa satisfacción. La paradoja de la democracia liberal es que, aunque sus ciudadanos son libres, también se sienten impotentes.

Los partidos populistas resultan atractivos precisamente porque prometen una victoria total. Se dirigen a aquellos que ven en la separación de poderes, tan respetada por los liberales, más una coartada para que las clases dirigentes puedan incumplir sus promesas electorales que un medio para que los gobernantes tengan que rendir cuentas. Por ello, una vez llegan al poder, lo que caracteriza a los partidos populistas son sus sistemáticos esfuerzos para desmantelar el sistema de pesos y contrapesos y para tomar bajo su control todas aquellas instituciones que gocen de alguna independencia, como los tribunales, los bancos centrales, los medios de comunicación o las organizaciones de la sociedad civil. Pero estos partidos populistas no son sólo unos vencedores despiadados: también son unos perdedores mezquinos. Como están convencidos de ser los portavoces de la mayoría, tienen muchas dificultades para aceptar las derrotas electorales. La consecuencia es que aumenta el número de elecciones impugnadas y se extiende la opinión de que “unas elecciones sólo son justas si las ganamos nosotros”.

Ivan Krastev, Un futuro para las mayorías, ctxt 24/05/2017

dissabte, 27 de maig de 2017

El menyspreu pel poble.





El desprecio apenas oculto de los líderes de la UE por el "pueblo" alimenta una reacción antitodo contra esta oligarquía política que destroza la democracia que supuestamente sostiene. Los votantes se muestran indiferentes ante la política de extrema derecha, y la izquierda, también anti-establishment, no ofrece muchas alternativas. El lema del 99% versus el 1% consigue gente en las calles, pero no es la política de principios estratégicos (que ahora aparece más en el nivel municipal que en cualquier otro lugar, o en el apoyo cada vez más popular por la renta básica universal, por ejemplo). En Francia, gran parte del discurso del FN podría provenir de las bocas de Fillon, Nicolas Sarkozy y Manuel Valls. Mientras tanto, Le Pen toma el viejo concepto de laïcité y –¡abracadabra!– lo convierte en anticlericalismo dirigido contra el Islam. Le Pen efectivamente no es laica, es multiconfesional (el Estado reconoce como interlocutores políticos a todas las comunidades étnicas o religiosas) y no laica-republicana: la religión es un asunto puramente privado, y el Estado es completamente indiferente al respecto porque no reconoce como interlocutores políticos a las distintas "comunidades" de fieles, como así son llamadas.

Daniel Raventós/Julie Wark (Sin permiso), El Zeitgeist de Europa hacia la derecha, ctxt.es 24/05/2017

El lliure albir és una il.lusió.



Grandes filósofos como Rousseau o Kant, entendían la libertad como autonomía, es decir, como darse normas a uno mismo, siempre que esas normas fueran fruto de una decisión racional, es decir, hubieran sido meditadas por nuestra razón práctica. Si yo decido escoger A porque, después de pensarlo muy bien, creo que escoger A es lo mejor que puedo hacer, estaré obrando libremente. Perfecto, pero aquí hay un grave problema ¿De dónde surgen las razones mediante las cuales yo guío mi acción libre? ¿Elijo mis pensamientos, mis razonamientos, las creencias que me orientan en mi vida? Parece que no.

El psicólogo norteamericano Daniel Wegner nos invita a hacer un simplísimo juego para demostrarlo: intentad no pensar en un oso blanco. Es difícil, tarde o temprano el oso blanco volverá a emerger a nuestra memoria consciente por mucho que intentemos no pensar en él. En internet había una versión del juego llamado, con suma originalidad, the game, que consistía, precisamente, en intentar no pensar nunca en el propio juego. Lo divertido es que el ganador sería aquel que consiguiera olvidar que estaba jugando y, en cuanto a tal, jamás sabría que había ganado.

Entonces, si no elijo mis pensamientos y deseos y éstos determinan mis acciones, yo no elijo mis acciones… ¡No soy libre! Pero, ¿cómo es posible? ¡Yo siento que soy libre! Ahora mismo pienso en mover mi brazo y lo muevo… ¿cómo podríamos decir que yo no lo estoy moviendo libremente? Porque el libre albedrío es una ilusión.

Santiago Sánchez-Migallón, El día que las máquinas puedan elegir: la paradoja del libre albedrío en robots, xataka.com 25/0572017