La pitxa un lio
La filosofia té fama d´enredar la troca, és a dir, fer-nos la pitxa un lio. La pitxa un lio és el principi de tot filosofar, sigui conscient o inconscient. Aquest és per a mi el sentit de la veritable filosofia, desembolicar la troca, intentar descobrir allò que contribueix a fer-nos la pitxa un lio.
diumenge 18 de març de 2012
Diàlegs amb Eugenio Trías.
Maxi Gandul Galiano, Voces de lo Matricial. Diálogos con Eugenio Trías, Revista de Letras, 12/03/2012
Etiquetes de comentaris:
filosofia
Enllaços a aquest missatge
moral autònoma (Kant).
(¿por qué es bueno?) Ésta fue la pregunta ante la cual se vieron los
representantes de la ilustración antropológica, por ejemplo Sócrates y Kant, y,
por su antagonismo contra la tradición, podía parecer plausible recurrir a una
justificación metafísica, es decir, a algo sobrenatural. Así lo hizo también
Kant al decir que en la facultad humana de razón hay un núcleo sobrenatural que
nos dicta cómo debemos actuar. Él no fue simplemente un metafísico, sino que
partió de la antropología, pero pensó que lo humano contenía un factor
sobrenatural del que se podía deducir una respuesta a la pregunta por el bien.
(…) Creo que es fácil darse cuenta de que, primero, una necesidad práctica
absoluta (la derivada del imperativo categórico) no tiene sentido y, segundo,
de que ello sólo se puede entender como teniendo su origen en la idea religiosa
de un mandamiento divino. (…) La pregunta no puede tener como meta algo
necesario, sino algo sólo posible, para lo que se pueden dar buenas razones. (Antropología como filosofía primera)
Se puede decir, creo, que en cuanto a la moral nos encontramos hoy en una
cierta desorientación. Aunque casi todos tenemos convicciones morales bastante
fuertes, en general no podemos decir en qué se basan. La razón de esta
desorientación es que, mientras antes, tanto en nuestra propia cultura como en
las demás culturas, la moral siempre tenía su base en la religión o en la
tradición, una tal justificación ya no nos convence. Morales anteriores tenían
su base en una autoridad que se aceptaba, la autoridad de Dios o de la
tradición o de ambos. Por consiguiente, la moral había sido heterónoma, no
autónoma, tenía su fundamento en una creencia y en la obediencia hacia Dios o
la tradición, no en un entendimiento y un querer propios. La desorientación en
que nos encontramos hoy parece tener su raíz en que por un lado una moral
heterónoma ya no nos convence y que, por el otro lado, todavía no tenemos un
entendimiento claro de una moral autónoma. La conciencia moral contemporánea
consiste en una mezcla de factores de distintas procedencias.
La situación es aún un poco más compleja. Primero, porque algunos piensan
con Nietzsche que, dado que una fundamentación religiosa ya no parece posible,
tendríamos que renunciar a toda moral. Esto sólo puede parecer posible si se
cree que las personas autónomas podrían vivir sin moral. Aquí aparece, como un
problema más, la pregunta: ¿por qué necesitamos una moral? ¿y qué, en primer lugar, entendemos por una moral? No
sólo no sabemos cómo debemos entender una moral autónoma, sino tampoco qué
debemos entender por una moral en general. (El problema de la moral autónoma)
La figura más destacada en esta cuestión (cómo entender una moral autónoma)
ha sido sin duda Kant, quien precisamente ha introducido en la filosofía moral
la idea de una moral autónoma. Para el pensamiento moral de Kant dos
convicciones han sido esenciales: primero, Kant es uno de aquellos filósofos
que creen que todos los hombres en todos los tiempos habían tenido una y la
misma conciencia moral, y en el caos de Kant esto dependía de que, segundo, él
creía que la conciencia moral está basad en lo que él llamó razón práctica
pura. Este concepto de una razón pura quedó muy oscuro y no corresponde a lo
que normalmente llamamos racionalidad. Yo creo que fue un mero constructo, y
concuerdo con Schopenhauer en pensar que la idea de una razón pura práctica en
realidad era un intento de secularizar la concepción de un mandamiento moral
religioso. Así que, en Kant, el intento de liberarse de una moral religiosa y
heterónoma había abortado a medio camino. Esto aparece también en la manera en
que Kant entiende la autonomía de la moral. Según él la razón es autónoma
porque en ella el hombre se da la ley moral a sí mismo. Pero si examinamos esto
de más cerca, significa en Kant que la razón da la ley moral al hombre, de modo
que en realidad la expresión “a sí mismo” es un fraude. No es el hombre que es
visto como autónomo, su voluntad empírica, sino la razón pura que se encuentra
contrapuesta a la voluntad empírica. Así como se decía en la religión que el
hombre es bueno cuando obedece a Dios, según Kant el hombre es bueno si obedece
a la razón pura, y si el mandamiento religioso había sido heterónomo, el
mandamiento de la razón también lo es. (…)
Lo que buscamos cuando preguntamos por una moral autónoma es una concepción
moral en que podamos decir qué es lo que yo mismo quiero. Para elucidar por qué
la concepción kantiana es insatisfactoria puedo imaginar la situación de un
niño precoz que quiere que sus padres le digan por qué se debe comportar según
las exigencias morales y por qué debe dar su consentimiento a estas exigencias.
Los padres religiosos contestarían: porque son mandamientos de Dios. Obviamente
esto sólo puede ser una justificación para el hijo, si cree en Dios. Los padres
podrían añadir, por ejemplo: “y Dios es nuestro padre en los cielos”. Si los
padres, en cambio, fueran kantianos, también se tendrían que articular, igual
que los padres religiosos, en dos proposiciones: primero; son mandamientos de
la razón y, segundo, la razón pura es el núcleo de nuestro ser (o algo por el
estilo). Pero esta segunda proposición no tendría que convencer al hijo más que
la segunda proposición en el caso de la justificación religiosa. ¿Por qué,
podría contestar, me tengo que identificar con esta razón pura?
Si se trata de una moral autónoma, los padres no tendrían que recurrir en
su conversación con el hijo a un núcleo religioso o metafísico en el ser
humano. Dirían simplemente: si lo piensas bien, verás que tú mismo quieres
vivir en una relación moral con los otros; no si te consideras como hijo de Dios ni tampoco si te identificas con la razón pura, sino sin un tal “si”: tú mismo
lo quieres. Sólo si pudiera hablar así, la autonomía de la moral quedaría
demostrada. (El problema de la moral autónoma)
(en la filosofía contemporánea) Sólo Kant tenía una teoría sobre el sentido
del deber moral, pero me parece errada. (El problema de la moral autónoma)
El concepte
d´una moral autónoma només es pot entendre com autonomia compartida. En Kant l´autonomia
és una autonomia de la raó i no de la persona i el seu voler empíric. En el que
jo proposo es tracta d´un sistema en el que tots se sotmeten a un conjunt de
regles en el que l´autonomia de cadascú queda limitada, però només per
l´autonomia igual de tota la resta. Per exemple, la idea d´una autonomia
compartida entre dos significaria que cap dels dos vol més poder que l´altre,
cap sotmet a l´altre o es sotmet a l´altre, sinó que es troben en una situació simétrica
respecte el poder i la submissió. Una societat moral es pot concebre de manera
anàloga. Cadascú renuncia a tanta autonomia com calgui per permetre que tota la
resta siguin igualment autònoms. (El
problema de la moral autónoma)
1. Tal vegada
em sembla que la idea d´una moral autònoma hauria de servir com estàndar per
avaluar la consciència moral contemporània.
2. Una moral serà autònoma si es
justifica de manera autònoma. (El
problema de la moral autónoma).
Ernst Tugendhat, Antropología en vez de metafísica, Gedisa editorial, Barna
2008
Etiquetes de comentaris:
diccionari Tugendhat,
Kant,
Nietzsche,
ètica
Enllaços a aquest missatge
dissabte 17 de març de 2012
Blasfèmia.
La blasfemia es un concepto extraño. De acuerdo con mi diccionario se refiere al “acto o la ofensa de hablar de forma sacrílega sobre Dios o las cosas sagradas.” Según esta definición, todos los creyentes religiosos incurren constantemente en blasfemia hacia todos los dioses en los que no creen. Podría pensarse que esta simple osbervación pone término a cualquier cháchara estúpida a cerca de legislar la blasfemia, pero estaríamos en un error espectacular. Una reciente lista de leyes sobre la blasfemia deja claro que no se encuentra sólo en los lugares obvios, Irán, Pakistán, Arabia Saudi y otras naciones igualmente poco ilustradas, sion también en la mayor parte de los países europeos, Canadá, y varios estados de EE.UU.
Para añadir ironía a la tragedia, por supuesto, Arabia Saudi -ese faro de
tolerancia- ha montado recientemente una campaña en las Naciones Unidas para
aprobar una resolución
anti-blasfemia, patrocinada (¡sorpresa, sorpresa!) por los 56 países
miembros de la Organización para la Conferencia Islámica. Porque nada habla más
claramente a favor de la tolerancia religiosa que el mundo islámicao. En Arabia
Saudí, por situarnos en el más obvio motor tras este esfuerzo, no se podria
celebrar una conferencia interreligiosa sobre blasfemia religiosa, dado que no
se permitiría que los judíos, los cristianos, e incluso los representantes no
saudíes del Islam permanecieran en el país si profesaran abiertamente sus credos
respectivos.
Los proponentes de las leyes anti-blasfemia dentro de los cuerpos
internacionales como las Naciones Unidas o la Comunidad Europea parecen ignorar
las obvias contradicciones legales (por no mencionar las morales) que tales
leyes provocan inmediatamente. En la medida en que concierne a las Naciones
Unidas, por ejemplo, las leyes sobre la blasfemia se encuentran en abierta
oposición a la Declaración de Derechos Humanos, que constituye una parte
esencial de la de la raison d’être de la ONU. En Europa, tan recientemente como
en Mayo de 2009, la Comisión
de Venecia, que es el cuerpo consultivo de la UE para temas
constitucionales, estableció claramente que la blasfemia se sitúa bajo la
libertad de expresión, protegida por la carta de la UE.
Afortunadamente, la mayoría de los países occidentales simplemente no hacen
uso de sus leyes sobre blasfemia, si bien han fracasado los intentos recientes
en Dinamarca, Finlandia u Holanda para eliminarlas. Inglaterra es una excepción
brillante y positiva: en marzo del pasado año la Casa de los Lores abolió
finalmente los estatutos anti-blasfemia con un resultado de 148 contra 87
votos. Es instructivo, sin embargo, leer el intento del conservador Detta
O’Cathain para defender lo infendible:
“La cuestión esencial es: ¿Deberemos sustituir las creencias cristianas y
reemplazarlas por creencias laicas? Durante todo el tiempo en que ha existido un
país llamado Inglaterra, siempre ha sido una nación cristiana, reconociendo
públicamente al Dios único y verdadero.” Claro, el único y verdadero Dios. A
excepción, por supuesto, de todas aquellas personas religiosas que son
ciudadanos legales británicos y resulta que creen en otros dioses. Y por
supuesto esta no es justamente la cuestión esencial: O’Cathain está cayendo en
el mismo error (posiblemente deliberado) que es común entre los cristianos
fundamentalistas de los Estados Unidos, la confusión entre la libertad de
expresión (incluyendo por supuesto a los no-teístas) y la persecución de la
propia fe. ¿No podría ser que esta paranoia persecutoria proviniera del actual
legado de intolerancia y violencia que ha caracterizado a las igleisas
cristianas a lo largo de su historia?
Pero el paso positivo de Inglaterra parece que va a ser contrarrestado por un
movimiento inusual en una cercana parte de Europa: ¡Irlanda está
considerando colocar una nueva ley sobre la blasfemia! El estatuto propuesto
afirma en un lugar que “Una persona que publica o profiere material blasfemo
será culpable de ofensa y será condenado a pagar una suma no mayor de 100,000€”
y define la blasfemia como un discurso que es “groseramente injurioso o
insultante en relación a las materias consideradas sagradas por cualquier
religión, causando en consecuencia el escándalo en un número substancial de los
practicantes de esa religión.” No estoy seguro de cuál es la diferencia entre
entre “groseramente injurioso” y simplemente injurioso, o donde está el umbral
que define a un número “substancial” de ofendidos, pero el concepto de “insulto”
es tan tenue que me pregunto seriamente cómo una ley semejante puede permitir la
preservación de la libertad de expresión como tal en Irlanda. Supongamos que
fundo una religión que sólo posee un mandamiento: no hay más dioses que la Gran
Burbuja Verde del cielo.” (Se apreciará que no esto no es tan disparatado,
considerando que una cláusula similar representa el primer mandamiento de las
tres religiones abrahámicas). Incluso desde el inicio, con sólo un miembro, mi
nueva religión poseería simultáneamente tanto el derecho a ser protegida contra
la blasfemia como el hecho de ser blasfema para todas las demás religiones.
¡Esto sí que es una contradicción lógica! El ejemplo podría parecer escandaloso,
pero se trata de una versión simple y muy obvia de lo que ya está sucediendo:
tal y como mis amigos ateos cuentan a menudo a sus contrapartes religiosos,
sólamente descreo de un dios más que tú, por lo que todo el mundo es blasfemo
por definición.
Pero por supuesto el argumento real contra las leyes sobre la blasfemia no es
una cuestión de contradicciones lógicas o de consistencia legal, es un problema
de simple decencia. Esto fué establecido con la mayor claridad por la Corte
Suprema de los EE.UU. en el caso de Burstyn contra Wilson (1952): “No es asunto
del gobierno en nuestra nación suprimir ataques reales o imaginarios contra una
doctrina religiosa particular, ya aparezcan en publicaciones, discursos o
películas.” Esto es así porque una sociedad abierta sólo puede prosperar siendo
eso: abierta. Comprendo que esto no sienta bien en las naciones teocráticas como
Arabia Saudí, pero realmente hay que ser un descerebrado para no verlo en las
democracias occidentales. Y este principio debe aplicarse también al discurso
no-religioso: Canadá y varios países europeos, por ejemplo, poseen leyes contra
la incitación al odio que convierte en ilegal (por ejemplo en Alemania) la
negación de hechos históricos como el Holocausto. Negar el holocausto es
estúpido, fanático e ignorante. Pero esto debería combatirse con la educación y
el pensamiento crítico.
Lo que necesita ser protegido no son los discursos que incitan al odio, por
supuesto, sino las acciones de odio: quemar iglesias, asesinar a médicos
abortistas o atacar las embajadas de los paises cuyos ciudadanos publican
viñetas satíricas debe ser condenado fuertemente y perseguirse mediante la ley.
Sólo hay una excepción razonable a la protección ilimitada del discurso: cuando
alguien incita directamente a los crímenes de odio. Pero en este punto las
religiones tienen un historial realmente malo. ¿No deberíamos limpiar el odio y
la violencia reales en nuestras propias casas antes de lanzarnos contra los
imaginarios que nuestra paranoia atribuye a otras personas?
Massimo Pigliucci, Leyes sobre blasfemia en el siglo XXI, Rationally Speaking, 08/06/2009
Etiquetes de comentaris:
forges,
tolerància
Enllaços a aquest missatge
Té encara futur el llibre?
Fa temps, arran dels contractes de publicació
d'alguns grans autors amb Kindle i iPad, va adquirir força el debat sobre si
aquest fet no seria el preludi de la desaparició definitiva del llibre i de les
llibreries. La discussió ocupava pàgines senceres als diaris; recordo fins i tot
que en un diari hi sortia destacada una fotografia dels bouquinistes dels
marges del Sena a París i deien que aquells venedors de llibres (vells) estaven
destinats a desaparèixer. No tenien en compte que, si de veritat es deixessin
d'imprimir llibres, floriria un mercat àvid de llibre vintage i les
paradetes com aquelles, únic lloc on seria possible trobar els llibres d'abans,
tindrien una vida renovada.
En realitat, la qüestió de l'ocàs del llibre ja va
començar amb l'arribada de l'ordinador personal (ja fa trenta anys); passat el
temps, la discussió va arribar a un punt en el qual Jean-Claude Carrière i jo
ens vam cansar de respondre a tots aquests comentaris i vam publicar una llarga
conversa en un llibre titulat provocadorament Non sperate di liberarvi dei
libri [No espereu pas alliberar-vos del llibre].
Defensar que el llibre té un llarg futur no
significa negar que certs textos de consulta són més fàcils de transportar en
una tablet , ni que un hipermetrop pot llegir millor el diari en un
suport electrònic que permet ampliar el cos tipogràfic a voluntat, ni que els
nostres fills poden evitar portar a la motxilla aquells quilos i quilos de paper
que acaben fent-los mal a l'esquena. Tampoc no pretenc defensar tant sí com no
que llegir Guerra i pau sota un para-sol és més còmode en format llibre:
jo n'estic convençut, però sobre gustos no hi ha disputes, i només desitjo que
els que tenen un gust diferent del meu no ensopeguin amb cap problema de bateria
o tall d'electricitat.
La veritable raó per la qual és evident que els llibres tindran una llarga
vida és que, com sabem, està comprovat que llibres impresos fa més de cinc-cents
anys i pergamins de fa més de dos mil anys sobreviuen en òptimes condicions. En
canvi, no tenim cap prova de la duració de cap format electrònic. En només
trenta anys, el disquet ha estat substituït pel CD, i aquest pel DVD, i aquest
per la memòria USB. Cap dels ordinadors actuals està preparat per llegir els
disquets dels anys vuitanta, de manera que no sabem si el que hi havia hauria
durat, no dic dos mil anys, sinó vint i prou. Per tant, val més guardar la
nostra memòria en paper.
A més, hi ha una gran diferència entre palpar i
fullejar un llibre fresc i amb l'olor d'impremta i tenir una memòria USB a les
mans. O entre tornar a llegir un text que vam llegir fa anys i en què resten els
nostres subratllats i les nostres notes marginals, que ens fan reviure antigues
emocions, i rellegir la mateixa obra en Times New Roman cos 12 a la pantalla de
l'ordinador. I encara que admetem que els que gaudeixen d'aquesta mena de plaers
potser són una minoria dels set mil milions (i cada vegada més) d'habitants del
planeta, sempre n'hi haurà suficients per mantenir un mercat pròsper de llibres.
I si resulta que els llibres d'un sol ús, els bestsellers per llegir al
metro, els horaris de tren o les col·leccions d'acudits sobre Totti deixen de
ser a les llibreries i només estan disponibles per a Kindle i iPad, encara
millor. Tot aquest paper que ens estalviarem.
Fa uns anys lamentava el fet que qui entrava per
curiositat en aquelles antigues llibreries, velles i ombrívoles, era
interpel·lat per un senyor sever que li demanava què buscava, i el visitant,
desconcertat i intimidat, en sortia de pressa. Em semblaven justament molt més
encoratjadores les noves llibreries catedral, on t'hi pots estar estona i anar
descobrint i fullejant tot el que vulguis. Ara, però, si els e-readers
absorbissin tot el mercat de llibre d'un sol ús, aquelles llibreries antigues
podrien adquirir una bona funció i esdevenir llocs on els aficionats anirien a
buscar els llibres que no es llencen. De fet, recordo que també en aquelles
llibreries un jove que fes amistat amb el llibreter s'hi podia quedar durant
hores investigant i badant entre les lleixes.
Per acabar, recordaré que mai en el curs dels segles un nou mitjà ha
substituït totalment el seu predecessor. Ni el martinet no ha substituït el
martell. La fotografia no ha condemnat a mort la pintura (a tot estirar, potser
ha desaconsellat el retrat i el paisatge i ha promogut l'art abstracte); el
cinema no ha pas matat la fotografia; la televisió no ha eliminat el cinema, i
el tren conviu perfectament amb l'automòbil i l'avió.
De manera que tindrem una diarquia entre la lectura en pantalla i la lectura
en paper, i en qualsevol cas augmentarà de manera astronòmica el nombre de
persones que aprendran a llegir, atès que fins i tot els SMS són una potent eina
d'alfabetització. I encara que torni a augmentar l'analfabetisme a la vella
Europa, decadent i malthusiana, hi haurà milers de milions de nous lectors a
l'Àsia i a l'Àfrica. I per a qui llegeixi assegut sobre una branca a l'ombra
d'un bosc tropical, sempre serà millor un llibre de paper que no pas un
d'electrònic.
Umberto Eco, No enterreu encara el llibre, Ara, 17/03/2012
Etiquetes de comentaris:
tecnologia i societat
Enllaços a aquest missatge
El 'Lazarillo de Tormes': la identificació amb els dèbils i els desgraciats.
Leamos un par de líneas. “Cuando nos hubimos de partir, yo fui a ver a mi
madre, y, ambos llorando, me dio su bendición y dijo: —Hijo, ya sé que no te
veré más”. Las sencillas palabras con que la pobre mujer asume la fuerza de las
cosas tienen auténtica grandeza trágica. O tomemos un largo episodio. El proceso
a través del cual Lázaro va averiguando quién es de veras el fantasioso escudero
y cuántas hambres le esperan junto a semejante amo, y va compenetrándose con él
al mismo tiempo y en la misma medida en que le descubre los puntos flacos y no
entiende sus razones, es de una sympátheia y una perspicacia
psicológica rigurosamente geniales.
“Éste” —dice del escudero— “es pobre, y nadie da lo que no tiene”. Sin
descuidar sus otras caras, Lázaro no olvida nunca presentar el mejor lado de los
infelices y humildes y salir en su defensa. El acemilero que se amontona con su
madre hurtaba el pienso y “las mantas y sábanas de los caballos” para llevarle a
ella y los suyos “pan, pedazos de carne y en el invierno leños, a que nos
calentábamos”. Pero el narrador no está dando la simple imagen de un
ladronzuelo, porque detrás de esos datos objetivos nos propone el mismo juicio
moral que medio siglo después enunciaría Guzmán de Alfarache: “Que esté proveído
el hospital de lo que se pierde en tu botillería o despensa; que tus acémilas
tienen sábanas y mantas, y allí se muere Cristo de frío; tus caballos de gordos
revientan, y se te caen los pobres muertos a la puerta de flacos”. ¿Cómo
condenar a un esclavo si “el amor le animaba a esto”?
La identificación con los débiles y desdichados va de la mano con la enemiga
hacia quienes abusan de su poder. Lázaro arremete contra “el avariento ciego y
el malaventurado mezquino clérigo” que lo maltratan y le niegan la comida que a
ellos les sobra. A “los que heredaron nobles estados” proclama nada se les debe.
Es que no cree en los dogmas voceados por la sociedad y se deja guiar sólo por
un elemental sentido de humanidad y un cristianismo sin más precepto que la
caridad. Los biempensantes creerán lo que se les antoje, pero ningún principio
vale fuera de cada camisa, es decir, si no se sustancia en beneficio de los
individuos concretos.
“¿Las cosas de la honra, en que el día de hoy está todo el caudal de los
hombres de bien?”. ¿El medro que viene de un “oficio real” en la administración?
A Lázaro le da igual lo que opinen de su matrimonio con la criada del Arcipreste
y de su modesta función de pregonero. Bien están, para quien tantas miserias ha
padecido por los caminos. ¿Que la óptica común lo mira como a un bicho? Quizá.
Pero una higa para la óptica común. Inútil cualquier pretensión de universalizar
los grandes ideales más allá de las personas. No hay valores: hay vidas,
hombres, sentimientos. Ese relativismo escéptico es también un humanismo y la
verdad última de Lázaro de Tormes.
Que el Lazarillo es enormemente divertido, una maravilla de ingenio
y buen humor, nadie podría no percibirlo. Salta a la vista la gracia de las
situaciones y de los comentarios que las puntean, por más que la sabiduría
lingüística y el don de polisemia del apócrifo autor sean tan prodigiosos, que a
mí me ha llevado medio siglo pillar ciertos juegos de palabras. Nadie podría
tampoco no disfrutar la destreza y variedad de recursos que el escritor
despliega en el arte de narrar, ya se trate de articular una serie de estampas
en apariencia sueltas (los lances con el ciego), ya de graduar magistralmente en
ritmo y clímax una acción única, en un escenario casi desnudo (la casa del
cura), o de contar lo que no se cuenta, antes bien precisamente lo que se niega
(el lío del Arcipreste con la mujer de Lázaro).
Pero acaso la misma agilidad del relato y la frescura de estilo han
encubierto que el Lazarillo, a todos los propósitos, tiene una riqueza
significativa, una profundidad humana y una fuerza emotiva no ya equiparables
sino harto superiores a las del Tartufo y el Cyrano que
Naipaul conoció también en el colegio y que nunca fueron rechazados por un
director de los Penguin Classics.
Francisco Rico, La verdad última de Lazarillo de Tormes, Babelia. El País, 17/03/2012
Etiquetes de comentaris:
sentiments morals
Enllaços a aquest missatge
Albert Camus: a favor del periodisme lliure.
![]() |
| .Albert Camus |
El 25 de noviembre de 1939, cuando Francia empezaba a gangrenarse por el
miedo a la invasión alemana y sus élites políticas y periodísticas se disponían
a entregarse sin pudor al III Reich, Albert Camus escribió un artículo para
Le Soir républicaine, el periódico de una sola página a dos caras del
que era codirector en Argel. En Francia regía la censura, y el texto no llegó a
publicarse nunca. Lógico, porque en apenas tres folios el autor de El
extranjero bordaba un alegato por la libertad de prensa. Al defender la
utilidad del oficio de informar en tiempos de guerra, Camus sostuvo el derecho
de cada ciudadano a elevarse sobre el colectivo para construir su propia
libertad, y definió los cuatro mandamientos del periodismo libre: lucidez,
desobediencia, ironía y obstinación. Son, casualmente, los puntos cardinales que
inspiraron su obra novelesca y filosófica.
El espléndido texto ha salido del agujero negro del tiempo gracias a una
colaboradora de Le Monde, Macha Séry, que lo encontró en los Archivos Nacionales
de Ultramar (Aix-en-Provence). El diario vespertino lo publicó este jueves en
sus páginas culturales, y en el Salón del Libro de París todos hablaban del
artículo y del último libro de Michel Onfray, El orden libertario, que
traza una comparación entre Camus y Jean-Paul Sartre especialmente odiosa para
el segundo.
“Es difícil evocar hoy la libertad de prensa sin ser tachado de
extravagancia, acusado de ser Mata-Hari o siendo convencido de que eres sobrino
de Stalin”. Así empieza el artículo, que enseguida sienta su tesis: la libertad
de prensa “es solo una cara más de la libertad tout court”, y la
“obstinación en defenderla” obedece a que, sin ella, “no habrá forma de ganar
realmente la guerra”.
Camus aborda la injusticia de que los grandes medios nacionales pudieran
publicar en aquellos meses artículos que en los diarios de ultramar eran
sistemáticamente censurados. Y escribe: “El hecho de que un periódico dependa de
la competencia o del humor de un hombre demuestra mejor que cualquier otra cosa
el grado de inconsciencia al que hemos llegado”.
Con la sobria sagacidad del clásico, prosigue: “Uno de los buenos preceptos
de una filosofía digna de ese nombre es el de jamás caer en lamentaciones
inútiles ante un estado de cosas que no puede ser evitado. La cuestión en
Francia no es hoy saber cómo preservar la libertad de prensa. Es la de buscar
cómo, ante la supresión de esas libertades, un periodista puede mantenerse
libre. El problema no concierne a la colectividad. Concierne al individuo”.
Los medios y condiciones para que un periodista independiente no pierda su
libertad “ante la guerra y sus servidumbres” son cuatro: lucidez, rechazo,
ironía y obstinación. La lucidez, porque “supone la resistencia a los mecanismos
del odio de la ira y el culto a la fatalidad”. Según Camus, “un periodista, en
1939, no se desespera y lucha por lo que cree verdadero como si su acción
pudiera influir en el curso de los acontecimientos. No publica nada que pueda
excitar el odio o provocar desesperanza. Todo eso está en su poder”.
“Frente a la creciente marea de la estupidez, es necesario también oponer
alguna desobediencia”, continúa Camus. “Todas las presiones del mundo no harán
que un espíritu un poco limpio acepte ser deshonesto”, decía. Y luego: “Es fácil
comprobar la autenticidad de una noticia. Y un periodista libre debe poner toda
su atención en ello. Porque, si no puede decir todo lo que piensa, puede no
decir lo que no piensa o lo que cree que es falso. Esta libertad negativa es, de
lejos, la más importante de todas”, ya que permite “servir a la verdad en la
medida humana de sus fuerzas”, o “al menos rechazar lo que ninguna fuerza le
podría hacer aceptar: servir a la mentira”.
La tercera condición para ser libres es la ironía: “No vemos a Hitler, por
poner un ejemplo entre otros posibles, utilizar la ironía socrática”, escribe
Camus. “La ironía es un arma sin precedentes contra los demasiado poderosos.
Completa a la rebeldía en el sentido de que permite no solo rechazar lo que es
falso, sino decir a menudo lo que es cierto”.
Para cumplir lo anterior, la cuarta regla indispensable es “un mínimo de
obstinación para superar los obstáculos que más desaniman”, a saber: “La
constancia en la tontería, la abulia organizada, la estupidez agresiva”.
¿Y después de la guerra?, acaba preguntándose Camus. “Hará falta probar con
un método del todo nuevo que sería la justicia y la generosidad. Pero esto solo
se expresa en los corazones ya libres y los espíritus todavía clarividentes.
Formar esos corazones y esas almas, o mejor despertarlos, será la tarea a la vez
modesta y ambiciosa que tocará al hombre independiente. La historia tendrá o no
en cuenta estos esfuerzos. Pero habrá que hacerlos”.
Quizá lo más fascinante del rescate es que, 73 años después, el manifiesto de
Camus sigue teniendo toda vigencia, humana y periodística. Francia no está en
guerra y no existe la censura, pero ahí está la actitud monárquica de sus
gobernantes ante la prensa; la promiscuidad entre las clases política,
empresarial y mediática, la uniformidad obediente y temerosa de tantos
medios.
En noviembre de 1939, Camus decía que los “artículos más valientes se
publican en Le Canard enchaîné. En marzo de 2012 sigue siendo verdad.
Como todo lo demás.
Miguel Mora, El periodismo libre, en un texto inédito de Albert Camus, El País, 16/03/2012
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/16/actualidad/1331915071_426010.html
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/16/actualidad/1331915071_426010.html
Etiquetes de comentaris:
llibertat
Enllaços a aquest missatge
divendres 16 de març de 2012
subjecte moral, individu empíric
“Kant entiende la libertad como un fenómeno trascendental, supraempírico
…”/”La libertad no es algo metafísico …”
(“No somos de alambre rígido”. El
concepto heideggeriano de “uno” (man)
y las dimensiones de profundidad de las razones)
“… la concepción de Kant- que toda máxima es moralmente reprochable de cual
no puedo querer que todos actúen así- es infeliz porque expresa solamente una
condición necesaria y no, como Kant cree, suficiente para lo moral. Existen
máximas de las cuales no podemos querer que todos las sigan y que ciertamente
no son inmorales. ¿Qué es entonces lo que tiene que ser añadido a lo que sólo
es una condición necesaria? Obviamente tenemos que ponernos en la posición de
los individuos empíricos y preguntar qué son las máximas de las cuales todos
queremos que los otros actúen según ellas. Pero esto requiere un paso
inevitable hacia lo empírico, y esto es lo que Kant quería evitar. Más
plausible parece la segunda fórmula del imperativo categórico en Kant, la
fórmula que se refiere a medios y fines. Pero el hecho de que esta fórmula
parece gustar a todos a primera vista no parece tener mucho que ver con el
concepto de razón pura, sino basarse en el hecho de que nadie quiere ser
tratado como un mero medio. Esto es un hecho empírico, y esto es lo que nos
conduce a la norma de que todos exigimos los unos a los otros que actuemos así.
(¿Cómo debemos entender la moral?)
Ernst Tugendhat, Problemas. Lenguaje, moral y trascendencia,
Biblioteca económica Gedisa, Barna 2002
Etiquetes de comentaris:
diccionari Tugendhat,
Kant,
llibertat,
ètica
Enllaços a aquest missatge
Subscriure's a:
Missatges (Atom)



