dimecres, 26 d’abril de 2017

L'Estat i la teoria del contracte social.



El individuo se quiere a sí mismo, quiere ser libre, es ambicioso y teme a la muerte. La combinación de todas estas pulsiones, y la racionalización de las mismas, le obliga a pactar con sus semejantes y a delegar algunos poderes en un poder central que es el poder político. (...)

La justificación del estado, que limita las libertades individuales, pero, al mismo tiempo, las garantiza, es obra de la razón. En efecto, es la razón la que mueve al individuo a salir de un estado, hipotético pero posible, de "guerra de todos contra todos". El estado de guerra -el estado de naturaleza- es una ficción, pero una ficción que se haría real si no existiera la ley de la espada, que obliga a cumplir la ley. (...) Cierto que existen unas leyes naturales, pero son insuficientes para garantizar la seguridad de todos y cada uno. De ahí la necesidad de transferir el poder al estado y "reducir todas las voluntades a una sola". (...)

La teoría del contrato social fue, de hecho, la filosofía que inspiró la constitución de la democracia en América. En especial, el pensamiento de Locke, más optimista y confiado en las capacidades de la naturaleza humana que Hobbes (...). No es ya el peligro y la amenaza latente en los conflictos sociales de regresar a un estado de guerra originario y terrible, sino la convicción racional de que vivimos en un mundo de recursos escasos, en el que es difícil que todos tengan lo imprescindible si no existe el propósito explícito de asegurar los derechos naturales básicos. éstos son el derecho a la vida y el derecho a la propiedad, fruto del trabajo de cada uno. Las leyes protegen esos derechos. El pacto de la sociedad civil tiene como fin garantizarlos. (...)

El contrato social es pura teoría, Hume no se equivoca. Pero ha sido la forma más convincente -más racional, ¿por qué no?- de justificar el poder del estado. Tres siglos después de las primeras teorías del contrato, se vuelve a ellas para legitimar no sólo el poder de un estado, sino un cierto modelo de estado: el estado de bienestar. (...) En definitiva, la idea de un pacto tácito entre los humanos -un pacto que todos subscribirían si fueran capaces de pensar racional y sosegadamente qué ocurriría en el caso de que no lo hicieran- ha sido la única demostración filosófica de que no hay más remedio que ordenar la convivencia porque la vida en solitario no es ni posible, ni saludable, ni buena. (28-3)

Victoria Camps, Introducción a la filosofía política, Crítica, Barcelona 2001