Què és un genocidi?
| Luigi Ferrajoli |
Durante años he sido muy crítico con el uso indiscriminado y puramente emocional del término “genocidio”, que es un tipo penal y no un estado de ánimo. Hay que tener cuidado con las palabras, no malgastarlas, conservar su poder denotativo, porque, a fuerza de emplearlas mal, acabamos inutilizándolas. Hemos usado tantas veces el término “democracia” para defender leyes liberticidas que ahora su pérdida nos afecta poco; hemos usado tantas veces el término “fascista” como una explosión de cólera que ahora que vuelve el fascismo su nombre no nos dice nada; hemos usado tantas veces el término “genocidio” para sintetizar nuestra indignación y nuestro dolor que ahora que asistimos a uno en directo nos hemos quedado sin palabras para describir lo que vemos.
El tipo penal “genocidio” nada tiene que ver con nuestro dolor, pero tampoco con el número de víctimas. Según la Convención de la ONU, en su declaración de diciembre de 1948, se entiende por genocidio cualquier acto criminal “cometido con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal”. Eso quiere decir que matar a seis millones de judíos es igualmente grave, desde el punto de vista penal, que matar a un solo mapuche si se mata al mapuche por serlo y con la intención de acabar con todos los mapuches. Un ejemplo reciente: el 13 de noviembre de 2025, Sammy Djedou, un yihadista del Estado Islámico en Siria, fue declarado culpable por un tribunal belga de los delitos de genocidio y crímenes contra la humanidad por haber violado, secuestrado, golpeado y reducido a la esclavitud a tres jóvenes yazidíes durante dos años, entre 2014 y 2016. Estos crímenes individuales y pequeños (por contraste numérico con el Holocausto) se inscribían, sin embargo, en un plan de exterminio de la población yazidí de Siria. Como bien aclara el texto de las Naciones Unidas, esta agresión ontológica (dirigida al ser mismo de la víctima) puede adoptar distintas formas concretas: a) matanza de miembros del grupo; b) lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; d) medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo, y e) traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.
No hay un solo crimen, de entre todos los citados por la ONU, que Israel no haya cometido y que, a menor escala o de manera algo más sigilosa que en 2024 y 2025, no siga cometiendo mientras escribo estas líneas. Como hemos visto más arriba, esta voluntad genocida forma parte inalienable del proyecto colonial sionista, que desde su nacimiento contempló la limpieza étnica, el exterminio y la desaparición física de los palestinos de Palestina como un “deber existencial”. Los 20.000 niños asesinados en los tres últimos años no son más que una “actualización” del programa fundacional. (…) Llamarlo genocidio es fundamental por dos motivos: porque jurídicamente lo es, o así se lo parece a la mayor parte de los juristas y organizaciones consultadas, y porque —más importante aún— llamarlo por su nombre impide que Israel siga legitimando su existencia, de manera fraudulenta, a partir de la identidad entre el judaísmo sufriente en Auschwitz y la construcción de un “Estado judío” en una tierra ajena.
El genocidio nazi sirvió para que sobre el sufrimiento judío (y gitano y humano en general) se edificase el derecho internacional que nos ha guiado renqueante durante 80 años y que hoy vemos sucumbir bajo el embate de los niños nocturnos. El genocidio israelí debería servir para que sobre el sufrimiento palestino (y humano en general) se construya, y no al contrario, un nuevo derecho internacional reformado, siguiendo, por ejemplo, la sugerencia de Luigi Ferrajoli, el gran jurista italiano, de una Constitución de la Tierra, un orden basado, por tanto, en la descolonización de las relaciones internacionales y en el imperio de la igualdad económica y civil de los seres humanos.
Santiago Alba Rico, Sí, podemos hablar de genocidio, El País 01/09/2026
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