La centralita de l'epistemologia en la guerra cultural.

Epistemología: qué es, definición y significado - Enciclopedia Significados

La filosofía de la ciencia y la epistemología se han convertido sin pretenderlo en el territorio en conflicto cultural del siglo XXI, como la estética y la gran cultura lo fue en el siglo pasado en la era posmodernista. No es por casualidad. Los poderes del mundo han aprendido el mantra de la "construcción social de la verdad" y ahora desean poner el edificio en sus tierras. Nunca fue tan urgente la necesidad de repensar el lugar del conocimiento en la vida humana y en la constitución de la sociedad. Nunca fue tan necesario situar la experiencia y la evidencia en el centro de gravedad de la esfera de la comunicación. Slobodian lo explica bien en su libro del año pasado Hayek's BastardsRace, Gold, IQ and the Capitalism of the Far Right. El neoliberalismo tradicional (“neoliberalismo” es un adjetivo que se adscribió a sí mismo el movimiento promovido por la Mont Pelerin Society fundada en 1947 por Friedrich Hayek para luchar contra la planificación estatal y el comunismo en general), el neoliberalismo tradicional, digo, entrañaba una idea de “metamercado”: el mercado es un sistema de información insuficiente, que funciona bien si nadie tiene demasiado conocimiento, si se actúa básicamente por las prescripciones de la situación económica y los intereses inmediatos. Es muy eficiente produciendo equilibrios de Nash, pero no sobrevive por sí mismo. Necesita un Estado poderoso orientado a la defensa del mercado con todos sus poderes. La catástrofe, sostenía estaba en la utopía de la planificación y en el intento de resolver por arriba los “problemas sociales”, básicamente la desigualdad en sus muchas formas. Respecto a las formas de vida el neoliberalismo era bastante liberal en ideas religiosas, y costumbres cotidianas. En cierta forma se oponía a estilos de estatismo ultraderechista o fascista, que caerían cerca de sus críticas al socialismo. Coincidía con el pensamiento ultraconservador en la defensa de la familia y la comunidad, siempre dentro de un orden social respetuoso con la ciencia, e incluso, como defendían Popper y Michael Polanyi (el hermano conservador de Karl Polanyi, el autor del gran análisis del capitalismo La gran transformación), la “república de las ciencias” era el mejor modelo de orden social, basado en la mezcla de crítica y autoridad.

Las muchas teorizaciones de la izquierda contra la “naturalización” y en pro de la construcción cultural y social se mostrarían ahora como reacciones anticiencia, como irracionalidades. El neofusionismo entre neoliberalismo y ultraconservadurismo, ahora tenía ya un proyecto político. Faltaba el uso de los mismos instrumentos que habían nacido en la izquierda y que recibían la herencia de Gramsci: era necesaria una convergencia de todo el poder tecnológico, mediático en la construcción de un nuevo intelectual orgánico. La Iglesia, las iglesias, tal como Gramsci había pensado en Italia, ahora ya eran solamente un pequeño instrumento, cada vez reducidas más al público adicto o a la desmovilización de la emigración a través de las técnicas emocionales evangélicas y de otros movimientos similares. Se compraron cadenas de prensa, radio, televisión, se pagaron generosamente a divulgadores científicos, a periodistas e influencers, se pusieron en marcha bots y multitudes de trols, se creó en una década y media un movimiento mundial en el que, primero, la caricatura de lo wok, después, su manipulación científica, más tarde la instrumentación a través de conspiraciones internas en los aparatos de los Estados sirvió, sirve, como estrategias de reacción y prevención de la agencia de los de abajo. Desde el Tea Party, MAGA, a la escalada al poder político de la ultraderecha, el nuevo movimiento cultural se unió la desmontaje de la parte de la globalización que sobraba.

Lo woke ahora ya se trata como “socialismo” o “comunismo”. Se usan la geoestrategia y competición tecnológica como un instrumento de reconstrucción del orden mundial. La vuelta a un segregacionismo cultural entre “ellos” y “nosotros”, en una inmensa división de trabajo de castas (supremacía blanca-blanca, supremacía blanca-morena, supremacía cristiana, hebrea, hindú,…).

La centralidad de la epistemología en la guerra cultural, sin embargo, tiene nuevas ventanas de posibilidad: como en otros tiempos, como en el Renacimiento y Barroco, el escepticismo, el pesimismo sin esperanza pero con fe, la duda metódica son instrumentos también centrales frente al dogmatismo de la fusión y la metamorfosis neoliberal. Un pesimismo sin esperanza no está ayuno de fe, al contrario, es parte esencial de la dialéctica del sujeto en la nueva situación, en la reivindicación de lo que también ha explicado la antropología, etnología y paleontología: que la solidaridad fue un rasgo natural y evolutivo de la especie humana que permitió salir de los cuellos de botella evolutivos. Nunca se ha hecho más necesario que ahora el consejo de Lorenzo Milani a sus alumnos pobres y malditos de Barbiana: “cuando eres de abajo, estudia, estudia, lenguas y matemáticas”. Ahora biología, antropología, palentología. Necesitamos una nueva fusión de Maquiavelo, Galileo y Dante, ahora de la mano de Rachel Carson, Lynn Margulis, y de Wendy Brown o Melinda Cooper en lugar de Maquiavelo. Recordar una y otra vez la fusión urbi et orbi: somos el 99%, que incluye la variedad de la vida amenazada.

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