El poder es basa en fer les coses fàcils.
Uno se pregunta: ¿es posible un uso humano de la tecnología denominada Inteligencia Artificial? Esta pregunta es doblemente errónea. En primer lugar, las tecnologías no son herramientas que podamos “usar”. En segundo lugar, no está claro qué queremos decir con la palabra “humano”. Lejos de ser meras herramientas, las tecnologías son modificadores del entorno (físico y mental) en el que nos movemos como organismos conscientes. Si la rueda, el vapor y la electricidad cambiaron el entorno físico de los organismos conscientes, la escritura, la imprenta y las tecnologías comunicativas y cognitivas cambian el entorno con el que interactúa la mente, y por tanto mutan la mente misma.
En cuanto al concepto de humano, desde el Renacimiento en adelante lo hemos definido en términos de libertad ontológica (la acción humana no está gobernada por ningún ser superior, sino solo por el libre albedrío) y de creatividad lingüística (capacidad de construir mundos simbólicos y de comunicarlos, haciéndolos así compartibles, habitables en sentido propio). En las últimas décadas, el lenguaje y la volición se han visto envueltos en una doble transformación: las tecnologías de la inteligencia han modificado en primer lugar la relación entre individuos hablantes, construyendo la red en la que la acción comunicativa se multiplica pero también queda enjaulada. La celularización ha producido un efecto de descorporeización de la comunicación social, cuyos efectos políticos, éticos, eróticos y psíquicos son ya bastante conocidos: soledad existencial, aislamiento político, depresión, narcisismo. Ahora la evolución técnica tiende a involucrar la propia actividad cognitiva, a mutarla según líneas que apenas podemos entrever.
La tecnología de IA se basa en la capacidad del autómata para simular y sustituir los procesos del lenguaje con series preconcebidas dotadas de sentido, y también para sustituir los procesos de elaboración cognitiva que estamos acostumbrados a llamar “pensamiento”. En términos de antropología evolutiva, el uso sistemático de dispositivos capaces de sustituir el lenguaje y el pensamiento tiende a atrofiar la creatividad lingüística y el pensamiento mismo. La generación que se forma en el universo contemporáneo tiene la oportunidad de delegar en la máquina la producción de enunciados y su concatenación en forma lógica. Cada vez con más frecuencia se le pide al chatbot que escriba en nuestro lugar, ya que el poder de penetración de las tecnologías (de cualquier tecnología, mecánica o mental) depende de su capacidad para facilitar las cosas, según la máxima: “power is based on making things easy” (el poder se basa en hacer las cosas fáciles).
La singularidad de la conciencia (ética, estética, emotiva) funciona, de hecho, como un ralentizador de la decisión inteligente. Una inteligencia depurada de las lentitudes de la singularidad ética, estética y emotiva es funcionalmente más rápida, más eficiente, más competitiva. Más despiadada, diría yo. La (auto)constitución del Autómata Cognitivo parece imparable, al igual que su penetración en las mentes individuales. ¿Podemos plantear la hipótesis de que los humanos serán progresivamente sustituidos por terminales del Autómata cognitivo reticular? Quizás incluso podamos desearlo.
¿Serán felices los autómatas? El autómata perfecto estará finalmente curado de la sensibilidad al placer y al dolor, a la tristeza y a la felicidad. La sensibilidad es la imperfección humana. La automatización del lenguaje está curando al mundo de esta impureza.
Franco "Bifo" Berardi, ¿Serán felices los autómatas?, bloghemia.com 26/07/2026
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