dissabte, 27 de febrer de 2016

Escepticisme i teories conspiratives.


Que los gobiernos y las corporaciones guardan información secreta no lo duda nadie. En 2012 se estrenó Guerras sucias, un documental donde el periodista Rick Rowley demostraba con datos la existencia de un cuerpo especial de los marines que viaja a países en paza para acometer acciones de guerra. Vivimos en un mundo sometido a poderes invisibles y vemos solo la parte superior del iceberg, pero Julian Assange y Edward Snowden demostraron que estos secretos suelen ser mucho mennos fascinantes de lo que les gustaría a los miembros de Paranoias S.A. 

Poner en duda lo que diga el poder es sano, pero pasar con la ceja levantada ante la historia, la ciencia o la salud pública se convierte en un acto de enfermedad mental. Así, el escéptico puede pasar de persona inteligente a estúpido sin cambiar de comportamiento, como demuestra esa legión de padres que no vacunan a sus hijos de la polio, porque están convencidos de que la erradicación de enfermedades mortales en Occidente es poca cosa comparada con los intereses aviesos de las farmacéuticas. 

Llamadme conspiranoico, pero cuando un tipo con Internet y demasiado tiempo libre señala los hilos que mueven los títeres, yo lo que veo es su propio nudo mental. 

Juan Soto Ivars, Paranoias S.A., Tentaciones. El País marzo 2016