Màgia, atenció i creativitat.

En mi libro The Science of Harry Potter (La magia de Harry Potter) argumento que el cerebro es el mago más poderoso que pueda existir jamás. Y explico que los magos se aprovechan de las limitaciones del cerebro, como su incapacidad para dispersar la atención: cuando se concentra en una cosa, no puede estar pendiente de otra. Por eso los prestidigitadores reclaman la atención del cerbro hacia un lugar erróneo –la mano derecha-, mientras hacen desaparecer una moneda o un conejo con la izquierda. Psicólogos experimentales como Daniel Simons han realizado experimentos maravillosos para demostrar nuestras limitaciones. (…)




(…) la verdadera raíz de toda la magia, creo que radica en las limitaciones del cerebro humano. Incluso mientras me miras, hay dos puntos ciegos en tu campo de visión, porque el nervio óptico se une a la retina en un punto que no tiene células fotosensibles, por eso se llama punto ciego. Sin embargo, como los puntos ciegos de ambos ojos no coinciden, el cerebro consigue formar la imagen completa. En realidad, aunque cerrases un ojo tampoco podrías verlo, ya que el cerebro nos engaña y completa la imagen. De ahí que no se desvelara la existencia del punto ciego hasta el siglo XVII.

En general, vemos menos cosas de las que creemos ver, y los magos se aprovechan de la forma de funcionar de nuestro derebro, que siempre se dirige hacia lo más probable. Cuando el mago hace algo improbable, captura la atención del espectador y aprovecha ese momento para realizar sus trucos. El arma más poderosa de la magia es captar la atención y el mecanismo de la percepción. Por ello, muchas veces la persona que descubre el truco es la que pasaba por allí y no estaba siguiendo la actuación, o la que ha sido distraída por una llamada al móvil, por ejemplo. Ocurre lo mismo con la creatividad. Los instantes más creativos de los grandes científicos no suelen coincidir con sus horas de máxima concentración. Es cuando nuestra atención no está completamente concentrada en una pregunta cuando nos damos cuenta de detalles que habíamos despreciado y que, tal vez, son la clave. Precisamente por esto es mucho más difícil engañar a un animal que a un ser humano. Cuando el mago señala con su dedo a la Luna para distraer la atención, el primate -y algunos homínidos menos fantasiosos, todo sea dicho-, se fija en el dedo.


Roger Highfield en Eduardo Punset, Cara a cara con la vida, la mente y el Universo, Círculo de Lectores, Barna 2005

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