Al servei de la pròpia humanitat.

 Como en el mito bíblico de Noé, el hombre cuida (hasta el extremo de erigirse en garantía de su subsistencia) aquellas especies que le son beneficiosas, e incluso aquellas que potencialmente amenazantes son necesarias al equilibrio natural. Pues deseando la preservación de su propia especie el hombre ama naturalmente la variedad y complejidad del orden natural que es condición de su existencia. En suma: Infracción a la causa ecológica es (en términos kantianos) tener un comportamiento que no responde a la máxima subjetiva de acción de mantener la salud y fertilidad del orden natural, dado que ello es corolario del primer imperativo moral de contribuir a la plenitud de la propia especie humana.

Algunas de las especies potencialmente dañinas para el hombre, como es el caso de ciertos predadores, pueden ser puesta a su servicio en el proceso de domesticación al que arriba me he referido. Y ha de enfatizarse el hecho de que hay una domesticación compatible con la afirmación de las especies en lo que tienen de genuino y otra muy diferente cuyo resultado ( a veces ni siquiera explícitamente buscado) es un animal en el que ya no cabe reconocer las características que singularizan a su especie. Sólo esta segunda es nociva desde el punto de vista de la exigencia ecológica de preservación de la naturaleza en su intrínseca variedad.
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Es por afirmación de la propia especie humana que toda especie animal que contribuya al saludable equilibrio del orden natural ha de ser objeto de atención y cuidado del hombre. Mas cuando el objeto es la propia especie humana no basta con garantizar las potencialidades que comparte con otras especies; el cuidado del hombre toma forma de respeto, es decir, conlleva el imperativo de su no instrumentalización. Un individuo de la especie humana no puede estar al servicio de otra especie animal, pero tampoco puede estar al servicio de otro individuo de la propia especie. El individuo de la especie humana sólo puede estar al servicio de la propia humanidad.

Víctor Gómez Pin, El imperativo ecológico y la causa del hombre, El Boomeran(g), 24/01/2013

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