Pot pensar una màquina?


 

¿Puede pensar una máquina? ¿Puede una máquina tener pensamientos conscientes en el mismo y preciso sentido en que los tenemos usted y yo? Si entendemos por máquina un sistema material capaz de desempeñar ciertas funciones (¿y qué otra cosa podría si no significar?), resulta que los humanos somos máquinas de una clase biológica especial y como los humanos piensan, por lo tanto es cierto que hay máquinas capaces de pensar. Y quién sabe si será posible producir máquinas pensantes que se valgan de materiales totalmente distintos, máquinas que utilicen -es un decir- microcircuitos de silicio o válvulas termoiónicas. Tal vez se demuestre que ello es imposible pero ciertamente eso es hoy por hoy una cosa que no sabemos. 


Sin embargo, en los últimos decenios la cuestión de si las máquinas podrían pensar ha recibido una interpretación enteramente distinta. La cuestión planteada en su lugar es: ¿Podría una máquina pensar justamente en virtud de que ejecuta un programa informático? ¿Es el programa en sí mismo constitutivo de pensamiento? Se trata de una cuestión completamente diferente, porque no se ocupa de las propiedades físicas causales de sistemas materiales actuales o potenciales, sino que atañe por el contrario a las propiedades abstractas computacionales, de programas informáticos formales que podrían realizarse en cualquier clase de sustancia, sin otra condición que la que ésta sea capaz de ejecutar el programa. 

No son pocos los investigadores en inteligencia artificial (IA) convencidos de que esta segunda pregunta tiene una respuesta afirmativa, es decir, creen que al diseñar los programas adecuados y dotándolos de los oportunos ingresos y salidas están literalmente creando mentes. Creen además, disponer de un criterio científico para determinar si han triunfado o fracasado en tal empresa, a saber el test de Turing ideado por Alan M. Turing, padre fundador de la inteligencia artificial. El test de Turing en la forma en que actualmente se comprende, consiste sencillamente en esto: si un ordenador puede actuar de modo que un experto sea incapaz de distinguir la actuación del ordenador de la de un humano provisto de cierta dificultad cognitiva -la capacidad de sumar o de comprender el idioma chino, por ejemplo, entonces el ordenador posee también esa dificultad. El objetivo consiste pues en diseñar programas que simulen de tal forma la cognición humana y que logren superar la prueba de Turing. Más aun, tal programa no sería un mero modelo de la mente, sería una mente en sentido literal en el mismo sentido en que una mente humana lo es. 

La IA fuerte es una tesis insólita en las teorías de la mente en dos aspectos; cuando menos puede ser formulada claramente y admite una refutación sencilla y decisiva, ésta es tal que cualquier persona puede juzgarla por sí misma. Reza como sigue: tomemos un idioma que no comprendemos, en mi caso tal idioma puede ser el chino. Por lo que a mi se refiere, un escrito en chino me parece una serie de garabatos ininteligibles. Supongamos ahora que me instalan en una habitación que contiene cestas repletas de símbolos chinos. Supongamos también que me proporcionan un libro de instrucciones en español con reglas que estipulan cómo han de emparejarse unos símbolos chinos con otros. Las reglas permiten reconocer los símbolos puramente por su forma y no requieren que yo los comprenda. Las reglas podrían estipular cosas como: "Tome un signo gargarabato de la cesta número uno y colóquelo al lado de un signo gargarabis tomado de la cesta número dos."

Imaginemos que personas situadas fuera de la habitación y que sí comprenden el chino, me van entregando pequeños grupos de símbolos, y que en respuesta yo manipulo los símbolos de acuerdo con las reglas del libro y les entrego pequeños grupos de símbolos. Ahora, el libro de instrucciones es el programa informático, las personas que lo escribieron son los programadores y yo soy el ordenador. Los cestos llenos de símbolos constituyen la base de datos, los pequeños grupos que me son entregados son preguntas y los grupos que yo entrego, las respuestas. 

Supongamos ahora que el libro de instrucciones esté escrito de modo que mis respuestas a las preguntas resulten indistinguibles de las de un chino nativo. Por ejemplo, la gente del exterior podría entregarme ciertos símbolos desconocidos que significan: "¿Cuál es su color favorito?", y que tras consultar las instrucciones del libro yo devuelvo símbolos, también desconocidos por mí, que significan: "Mi favorito es el azul, pero también me gusto mucho el verde." Estoy superando el test de Turing en lo que a comprender el chino concierne. Y al mismo tiempo ignoro totalmente el chino. Y en el sistema que estoy describiendo no hay forma de que yo llegue a comprender el chino, pues no hay forma de que yo pueda aprender los significados de los símbolos. Estoy manipulando símbolos, lo mismo que un ordenador pero sin adscribir significado a los símbolos. 

El propósito de este experimento mental es el siguiente: si yo no comprendo el chino basándome solamente en el funcionamiento de un programa informático, entonces tampoco lo comprenderá ningún ordenador digital. Los ordenadores digitales se limitan a manipular símbolos de acuerdo con las reglas del programa. 

Lo dicho: para el chino vale igual que para otras formas de cognición. La mera manipulación de símbolos no basta por sí misma para garantizar la cognición, la percepción, la comprensión, el pensamiento, y así sucesivamente. Y dado que los ordenadores, en su cualidad de tales, son dispositivos de manipulación de símbolos, la mera ejecución del programa no basta para garantizar la cognición.

John R. Searle, Un debate sobre inteligencia artificial: ¿Es la mente un programa informático?, Investigación y Ciencia, Temas, Abril/Junio 2012, nº 68

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