Pobresa i creativitat.




Puede que solo dos estados de ánimo constante hagan que la vida valga la pena ser vivida. Yo diría el noble goce de una pasión creadora o el desamparo de perderla. Me refiero a esa pasión que punza y arrastra y que nos motiva a anteponer el de- seo frente al inmovilismo, el hacer frente al tener, una práctica creativa frente a, por ejemplo, un trabajo alienante, esa sensación que perturba «profundamente» frente a la que re- signa o reconforta.
Y en esta pulsión primera me parece que no debiera ser tan determinante su instrumento –palabra, tecla, cuerpo o pincel–, sino que algo trastoca la posibilidad de esta pasión cuando de la práctica creativa llevada por el entusiasmo pueden derivarse trabajos capaces de proyectarse como futuro, es decir, trabajos de los que se puede vivir y trabajos de los que no. Cuando sentida y buscada esta pasión no puede ser ejercida y late el desamparo de verla aplazada permanentemente. Creo que muchos de los nuevos pobres que hablan de la época de hoy (y cuya genealogía fundiría sus raíces en formas feminizadas de trabajo) habitan ahí, donde la «forma capilar de existencia» del poder y la expectativa –propia y ajena– vulnerabiliza silenciosamente y limita a las personas en sus tiempos y en sus medios.

El contexto de estos sujetos creadores estaría definido por su infiltración en trabajos y prácticas temporales y en vidas permanentemente conectadas. Sujetos envueltos en precariedad y travestidos de un entusiasmo fingido, usado para aumentar su productividad a cambio de pagos simbólicos o de esperanza de vida pospuesta. Un entusiasmo que encontraría sus máximas expresiones de júbilo forzado en trabajos culturales, creativos y cada vez más en el contexto académico. Miro alrededor y observo que esto acontece hoy. Como si la pareja «pobreza y creación» actualizara, en un giro y engarce temporal, aquella época anterior a la invención de la imprenta en la que, sugería Smith,1 «estudioso y pordiosero» eran palabras casi sinónimas. 

Remedios Zafra, El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital, Editorial Anagrama, Barcelona 2017

1. «Antes de inventarse la imprenta, estudioso y pordiosero eran vocablos casi sinónimos. Parece que con anterioridad los rectores de las universidades otorgaban a menudo a sus estudiantes un permiso para mendigar», A. Smith (1776), La riqueza de las naciones, Alianza, Madrid, 2011, pp. 113-114. 

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