Spinoza: necessitat de l'estat i teoria de la subversió.
"El hombre que se guía por la razón es más libre en el Estado,
donde vive según leyes que obligan a todos, que en la soledad, donde solo se
obedece a sí mismo". Así argumentaba Spinoza ( Ética, IV,
LXXIII) su defensa del Estado como engranaje político de convivencia asociado al
progreso humano frente a un "estado de naturaleza", anterior al pacto social.
Coetáneo de Hobbes, del que se diferencia, y antesala de lo que luego será la
teoría del contrato social de Rousseau (hasta llegar a Rawls y Habermas), esta
senda de progreso civil es la que hoy está recorriendo, en sentido inverso, el
neoliberalismo. Defensor de lo público, entendido como lo común, lo colectivo,
es decir, lo que une por la base a los individuos entre sí en una sociedad, la
reivindicación del pensamiento político de Spinoza, su idea de la necesidad de
una colectividad crítica (aquí su engarce con Maquiavelo) se hace más necesaria
que nunca en sociedades de hiperconsumo donde el único vector social es la
satisfacción instantánea. Spinoza piensa en un Estado firme y seguro, soberano,
apoyado en las decisiones populares, defensor de los individuos (y sus
libertades) que vele, a su vez, por el destino de la multitud (y sus derechos).
Esta doble misión, protección de las libertades individuales y colectivas, y
pervivencia del Estado como garantía de estos derechos, es lo que hace
imprescindible la revisión detenida de sus obras.
| Spinoza |
Las naciones soberanas (aunque formen, en el mundo global,
entidades supranacionales) son aquellas cuya soberanía popular está viva y
reconstruye, con el control sobre las instituciones, su identidad política. Solo
una multitud creativa y espontánea, libre, puede formular, dotándose de
instituciones fuertes pero flexibles, una verdadera teoría democrática del poder
que incluya, necesariamente, una teoría de la subversión. Spinoza marcó los
límites con dramática precisión en su Tratado Político,
Cap.4, 6: "No cabe duda que los contratos o leyes, por los que la multitud
transfiere su derecho a un Consejo o a un hombre, deben ser violados, cuando el
bien común así lo exige".
Cuando el Gobierno da la espalada a la ciudadanía, a las clases más
desfavorecidas, es lícito romper los acuerdos de cesión del poder. Las
elecciones (generales o autonómicas, en nuestro caso) son el instante de
expresión de la soberanía, argumentarán los partidarios del sistema de partidos
y de la democracia de mercado. Sabido es que el hastío que siente el cuerpo
social hacia las formas políticas tradicionales hace de este "momento
democrático" una rutina más dentro del sistema político. (...)
"Por
lo demás, aquella sociedad, cuya paz depende de la inercia de unos súbditos que
se comportan como ganado, porque sólo saben actuar como esclavos, merece más
bien el nombre de soledad que de sociedad", recuerda Spinoza, mediados del siglo
XVII, enfurecido ante las diferentes formas de apatía social y política, en su
Tratado Político, cap. V, 4.
Una vuelta a una especie de "estado de naturaleza", al que el
neoliberalismo quiere arrastrar a las sociedades modernas, es el nuevo campo de
batalla, el sorprendente espacio de acción donde los cantos de sirena de la
plural subjetividad desaparecen y la identidad, la pertenencia a un sujeto
histórico determinado (hoy múltiple), debe adquirir, renovada, la dimensión de
discurso político. Sólo en la Historia, entendida como narración de la
experiencia y acción, puede la ciudadanía recuperar su ser, su potencia
soberana. Y es en esta reconstrucción de las relaciones afectivas entre mujeres
y hombres libres e iguales, entendidas como relaciones políticas, al decir de
Spinoza, donde se encuentra el tejido social-emocional -armazón de la soberanía
popular- desaparecido bajo la jerarquía de valores (y trampas) del capitalismo.
"De una sociedad cuyos súbditos no empuñan las armas, porque son presa del
terror, no cabe decir que goce de paz, sino más bien que no está en guerra" ( Tratado Político, cap.V, 4). Spinoza, pese a sus sucesivas
derrotas (sufrió un intento de asesinato, fue expulsado de la Sinagoga por ateo,
sus libros fueron prohibidos), insistía en la cohesión como único antídoto
contra la molicie. "No son las armas las que vencen los ánimos, sino el amor y
la generosidad".
Este holandés de lejano origen ibérico, cuyas ideas parecen
escritas para esta crisis, destaca por materialista frente a propuestas
religiosas o místicas; por radical, frente a la tibieza del cálculo del consenso
y por revolucionario, puesto que plantea una formulación de la multitud, la
comunidad consciente, como soberanía vigilante. De ahí su importancia, teórica y
práctica, para devolver, en tiempos de secuestro, la democracia a la
ciudadanía.
Manuel Fernández-Cuesta, Spinoza y la necesidad de lo colectivo, eldiario.es, 05/11/2012
http://www.eldiario.es/zonacritica/Spinoza-necesidad-colectivo_6_65853427.html
http://www.eldiario.es/zonacritica/Spinoza-necesidad-colectivo_6_65853427.html
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