La influència col·lectiva i l'anell de Giges
Aunque existen algunos precedentes en el mundo animal, la conducta moral genuinamente humana expresa públicamente nuestros valores y nuestros juicios y depende de la observación, la reputación y las sanciones del grupo al que pertenecemos. Y, entre Sócrates y Glaucón, la ciencia parece advertir que esta estructura valorativa se ha interiorizado hasta negar que toda moralidad desaparezca en privado. Las personas mantienen conductas prosociales anónimas y desarrollan sentimientos de culpa en soledad y anonimato. La conciencia moral funciona, en parte, como una audiencia social incorporada. La tribu acaba instalando un pequeño tribunal dentro de nuestras cabezas. En cierto modo, el superyó del que hablara Freud. Hay diversos trabajos que han corroborado esta idea. Por ejemplo, el de Haley y Fessler experimentaba con varios juegos del dictador , en los que la presencia de unos ojos esquemáticos aumentaba las cantidades que los participantes entregaban de forma altru...