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Del mite al logos (nova versió) II

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Heràclit La abstracción nos ha hecho dueños del mundo material.   Pero, tal vez, al leer a Homero hoy, sentimos una punzada de nostalgia por aquello que perdimos . Perdimos la inmediatez. Perdimos esa conexión galvánica donde mirar un amanecer no era solo un fenómeno óptico, sino un acto de conexión con el entorno. Nuestra cognición actual, analítica y distante, es el precio que pagamos por la emancipación de la superstición. Somos los hijos de esa ruptura, herederos de una mirada que aprendió a enfriarse para poder comprender, transformando el mundo vivido y encarnado en un espectáculo teórico. Una vez que la mente griega se separó del abrazo inmediato de la naturaleza, nos sentimos repentinamente huérfanos. Más empoderados, sí, pero también más expuestos.   Y, entonces, comenzó una búsqueda obsesiva por la seguridad, la certeza y las categorías claras . Nuestra capacidad de tolerar los matices, la ambigüedad y la intermitencia se redujo ostensiblemente.   El problema e...

Lucreci i el renaixement de la ciència.

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Muchos grandes pintores recrean la imagen de Demócrito riendo, sin embargo, fue Epicuro el primero que relacionó los átomos con la alegría de vivir. La historia de esta extraña concordancia, tan sorprendente este tórrido verano cuyo colofón ha sido la tremenda película sobre Oppenheimer , seguramente la inició Zenón de Elea al poner de manifiesto que ni el espacio ni el tiempo podían dividirse infinitamente. El atlético héroe Aquiles jamás alcanzaría a la parsimoniosa tortuga. Primero Leucipo y luego Demócrito concluyeron que con la materia debería suceder lo mismo, y lo mínimo en que se podía dividir se denominaría átomo. Y, lógicamente, tiene que haber un vacío en el que se muevan esos átomos. El tiempo permite que estos generen paso a paso o, mejor, golpe a golpe entre ellos, todo lo que llamamos mundo. Estamos entre 400 y 500 años antes de Cristo. Un siglo más tarde, Epicuro estableció una relación pasmosa: los átomos permitían alcanzar la ansiada alegría de vivir. Al morir, el cue...

Parmènides i les tres vies.

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  La revelación de la que participa el poeta es una verdad tan simple como abrumadora: «Espíritu y ser son uno y lo mismo». La realidad tiene una naturaleza espiritual y el pensamiento puede mejorar el mundo. Siendo así, el hombre ha de elegir entre dos vías: la recta es la del ser; la equivocada, la del no-ser. Hay una tercera vía, la que recorren los ignorantes, quienes en su perplejidad creen que tanto el ser como el no-ser tienen una existencia real. Son individuos sordos y ciegos («hombres de dos cabezas») que creen que una cosa puede existir primero y luego dejar de existir. (129) Desde un primer momento, «lo que es» constituye el centro de la investigación. El ser tiene ciertas propiedades constitutivas. No se ha generado nunca y nunca desaparecerá. Se encuentra al margen del movimiento y la multiplicidad, y nada tiene que ver con el no-ser, que de hecho es inconcebible. De un modo muy oriental, Parménides hace surgir el mundo de la apariencia de la oposición entre la luz ...

Pitàgores, música i números.

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  Pitágoras descubrió un vínculo esencial entre la música y el espacio, entre la altura de los sonidos y las longitudes de las cuerdas de la lira. De esa relación extrajo una idea fundamental de su filosofía: el concepto de «armonía». Las escalas musicales podían aplicarse a los diferentes ámbitos de la realidad, tanto al cuerpo humano como al movimiento de las estrellas. Su descubrimiento era esencialmente práctico: la sabiduría consistiría en la capacidad de restablecer el equilibrio allí donde se hubiera roto. Siendo la música la expresión más perfecta de la naturaleza armónica de la realidad, podría utilizarse para purificar el alma. Y puesto que el alma armonizaba las pasiones del cuerpo, la música era la mejor medicina. (78) Los números pasaron a considerarse los principios o elementos constituyentes de lo real, pues no eran únicamente cuantitativos, sino que poseían propiedades cualitativas y una significación moral. Todo número tenía asociada una perfección...