Sobre la mort voluntària,
Sin duda, tanto la eutanasia como el suicidio asistido provocan tensión social. De entrada, desgarro en las personas ‘‘con un intenso vínculo afectivo’’ (expresión del alto tribunal), las cuales, aun entendiendo la petición de acabar con el sufrimiento (psíquico o físico), sienten quedar privadas de un ser humano próximo, o confían en que, por dramática que sea la situación, si no tira la toalla, la persona hoy carente de amor a la vida, acabará encontrando razones para estimarla. Esta tensión se extiende a los ciudadanos en general, pero sobre todo a las instancias jurídicas y legislativas, sometidas a razones contrapuestas. Pues aun haciendo abstracción de eventuales convicciones religiosas (con peso jurídico otrora, pero sin sentido en un estado formalmente laico) según los cuales solo quien nos dio la vida tiene derecho a quitárnosla, el dilema está entre el respeto a la voluntad individual y un argumento sin duda de peso: el ser humano es un animal social, en el sentido más rad...