Internet i el vincle traumàtic.
Circulaba esta semana por la Red una escena de un libro de Ursula K. LeGuin — The Tombs of Atuan — en la que unas jóvenes hambrientas tratan de convencer a un mago de que use sus poderes para conseguir comida. Puedo llamar a un conejo y vendría, les dice él. “Pero ¿serías capaz de atrapar, despellejar y asar a un conejo al que hubieras llamado de ese modo? Quizá si te estuvieras muriendo de hambre. Pero creo que sería una traición a la confianza”. Las chicas no quieren matar a nadie, sólo quieren que haga aparecer una cena. El mago podría hacerlo, les dice. “Incluso servirla en platos de oro, si así lo prefieres. Pero eso sería una ilusión, y cuando te alimentas de ilusiones, acabas con más hambre que antes”. La metáfora es tan pertinente que parece ad hoc : el contenido sintético está diseñado para excitar tus papilas gustativas pero no tiene fibra, vitaminas, proteínas o aminoácidos esenciales. Cuanto más comes más hambre te da. Esta insatisfacción, que debería ser motivo suficie...