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Capitalisme i família.

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Melinda Cooper Karl Polanyi en La Gran Transformación (1944) sostiene que las dos fuerzas históricas que acompañan al desenvolvimiento del capitalismo son, por un lado, la expansión de los mercados tanto espacialmente como, sobre todo, a los diversos aspectos de la existencia humana que desteje progresivamente los lazos sociales, los ritos, creencias y costumbres. Por otro lado la sociedad se defiende en un movimiento de autoprotección estableciendo límites a través de diversos mecanismos, especialmente a través del Estado. Resumiendo mucho la tesis de Polanyi, la primera idea es que la autoprotección de la sociedad es externa al desarrollo del capitalismo y de la expansión de la mercantilización y, en segundo lugar, que los conflictos aparecen de formas muy variadas. La primera tesis está equivocada, a juzgar por lo que nos explica Melinda Cooper , y la segunda, la diversidad de reacciones, es correcta y explica por qué el doble proceso ha recibido tanta apreciación en un espectr...

Gramsci i el fordisme

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El Cuaderno 22, titulado “ Americanismo y fordismo ” (1934), es uno de los cuadernos que Gramsci redactó reorganizando notas anteriores. Con una perspicacia insólita explica que el fordismo es un intento de crear un nuevo tipo de ser humano y una nueva forma de hegemonía. Sorprende mucho su lectura por la importancia que le da a la “ cuestión sexual ”, en la que incluye tanto la estructura de la familia como las costumbres sexuales de los obreros y la perspectiva de la emancipación de la mujer. Todo ello relacionado con la estructura económica y la comparación entre Estados Unidos y Europa e Italia: Estados Unidos carecía del lastre histórico europeo de numerosas clases "parasitarias" sin función productiva (rentistas, pequeños propietarios absentistas, burocracia, clero y pensionistas, a quienes llama irónicamente "pensionistas de la historia"). Europa arrastraba siglos de sedimentación social que absorbían una parte enorme del excedente. Estados Unidos, en camb...

Fordisme.

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Highland Park Henry Ford (1863- 1947) no se limitó a aplicar las técnicas de gestión empresarial de Frederick W. Taylor (en The Principles of Scientific Management (1911), sino que diseñó a la vez una estructura de producción y una transformación social y cultural del trabajo y la vida de quienes participaban en su industria. Siguiendo a Taylor, En Highland Park , Ford y sus ingenieros aplicaron sus principios: fragmentaron el trabajo en operaciones mínimas y repetitivas, eliminaron la necesidad de cualificación, estandarizaron piezas y procedimientos y llevaron al extremo la separación entre quien diseña y quien ejecuta. Pero Ford llevó el orden del trabajo mucho más allá que Taylor: en primer lugar, centró la transformación en las exigencias de la tecnología. No se trataba simplemente de medir los gestos del trabajador, sino de adecuar su conducta al movimiento de la máquina (la cadena de montaje en su caso), haciendo que se incorporase a un proceso en tanto que una parte orgánic...

La lògica de la perversió segons Lacan.

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Heinrich Himmler Un auténtico político estalinista ama a la humanidad, y aun así ordena horribles purgas y ejecuciones. Se le parte el corazón cuando lo hace, pero no puede evitarlo porque es su Deber para con el Progreso de la Humanidad. Ésta es la perversa actitud que consiste en adoptar la posición de puro instrumento de la Voluntad del gran Otro : no es mi responsabilidad, no soy yo el que lo hace, sólo soy un instrumento de una Necesidad Histórica superior. Lo que produce el goce obsceno de esta situación es el hecho de que me considero exculpado por lo que estoy haciendo: soy capaz de infligirles dolor a otros con la absoluta seguridad de que no soy responsable por ello, que sólo estoy satisfaciendo la voluntad del otro. El sádico perverso responde a la pregunta “¿Cómo puedo ser culpable el sujeto si solamente está cumpliendo con una necesidad objetiva, impuesto desde el exterior?” asumiendo subjetivamente esta necesidad objetiva, gozando de lo que se le impone. Frente a la tare...

En algun racó perdut qualsevol del titil·lant univers ...

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En algun racó perdut qualsevol del titil·lant univers escampat en innumbrables sistemes solars, hi hagué una vegada un astre on animals llestos inventaren el coneixement. Aquell va ser el minut més arrogant i més fal·laç de la "història univeral": però certament va ser només un minut. Després d'unes poques alenades de la natura, l'astre es glaçà i els llestos animals hagueren de morir. Algú podria inventar una faula així, i sens dubte no hauria i·lustrat prou com de miserable, de vague i de fugitiu, d'inútil i d'arbitrari sembla l'intel·lecte humà dins de la natura; durant eternitats no va existir; quan de nou s'haja acabat, res no s'haurà esdevingut. Friedrich Nietzsche , Sobre veritat i mentida en sentit extramoral , València, Editorial Diálogo 2000 (traducció: Joan B. Llinares Chover)

La perspectiva del computisme.

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El gusto, tanto como proceso fisiológico como preferencia estética, es subjetivo. Es contextual y pertenece al individuo. En la cocina inteligente, al igual que en tantas otras iniciativas tecnológicas, este tipo de experiencia intrínsecamente personal se uniformiza (y debe uniformizarse) y se hace repetible. En otras palabras, el gusto debe convertirse en datos —transformarse en lo que el filósofo Albert Borgmann denominó un «dispositivo» que abstrae los medios y proporciona los fines con poca o ninguna intervención humana—, de modo que el esfuerzo humano (y, con él, la autonomía del cocinero aficionado) quede eliminado. Pero un horno no puede saborear. No tiene ni idea de lo que significa «darle un toque» a algo con un soplete de propano. Como escribe el diseñador Nitzan Hermon en su Substack, preguntarse si un algoritmo puede comprender algo subjetivo es un error de categoría, como preguntarle a una piedra qué películas le gustan. Es imposible experimentar el sabor de una cereza sim...

Isegoria, isonomia, drets irrenunciables de la democràcia.

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La deriva antiliberal y los autoritarismos populistas de derechas   y de izquierdas constituyen síntomas inquietantes de una enfermedad política que amenaza con hacerse crónica. La ingobernable gobernabilidad que facilita tantas veces la democracia se manifiesta en la irresoluble paradoja de que el mejor de los sistemas políticos, desde su imperfección, facilita a sus enemigos la herramienta de la libertad de expresión — parresía la llamaban los griegos— para erosionarla desde dentro.   Ya en Atenas se acusaba a Pericles de que su pareja Aspasia , propietaria de prostíbulos, dictaba realmente la política y que solo las clientelas de turno se beneficiaban corruptamente del poder. Allí Sócrates criticaba la democracia y se convertía en maestro de tiranos o políticos populistas, como Critias o Alcibíades. Oligarcas y demócratas digerían mal el grumo de la derrota electoral vociferando en la Asamblea sobre pucherazos en el recuento de votos, corrupción o subversión del orden ...