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Crisi del fordisme.

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Fredick W. Taylor La agencia híbrida es el término con el que se designa la composición de la acción humana, individual y colectiva, con una especie de exoesqueleto formado por artefactos con una cierta autonomía que no tienen las simples herramientas. Agencia híbrida es, por ejemplo, el complejo formado por una persona conductora, un automóvil y el sistema de vías (carreteras, calles, señales de conducción, gasolineras, etc.). No hay límites precisos del contexto que define la agencia híbrida. Como el ejemplo del automóvil muestra, podemos restringir la agencia híbrida al simple hecho de la conducción o ampliarlo al sistema completo de la ecología de la era del automóvil. Comencemos por esta extensión de la agencia híbrida situándola en el modelo socioeconómico, de hecho civilizatorio, que llamamos fordismo . El tiempo de la máquina. La era de la herramienta dio paso a la era de la máquina, de la cibernética y del artefacto. El orden mundial se configuró a imagen y semejanza de las i...

Calcular l'incalculable.

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En mi ensayo Civilización artificial (2024) hablaba de que el futuro de la IA pasaba por ir del brazo incómodo de la teología . Después de la encíclica Magnifica humanitas de León XIV tendrá que hacerse necesariamente si la humanidad no quiere ser cancelada. Baste decir ahora que Trump ha perdido la guerra a pesar de la abrumadora superioridad de sus sistemas de IA porque no ha podido calcular lo incalculable : ¿qué pesa geopolíticamente el alma? O, si se prefiere, ¿qué valor tienen los datos que deja la espiritualidad que arraiga en la sustancia metafísica de la condición humana ? Un factor que no puede descomponerse en datos ni resignificarse con algoritmos, pero que, siendo extraordinariamente significativo, es inaprensible. medida que la IA progresa como algo diseñado para ser alguien consciente pero sin conciencia, que es como la definí en el ensayo que citaba, lo importante para los humanos dejará de estar en la consciencia para desplazarse a la conciencia. Una distinción m...

Democràcia i profecies.

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Nunca habíamos tenido a nuestro alcance tantas herramientas que nos permiten predecir el futuro. Y, sin embargo, nunca habíamos vivido con tanta incertidumbre. Los antiguos consultaban oráculos; nosotros consultamos algoritmos. Cambian los instrumentos, no la necesidad de encontrar certezas. Pero, ¿y si el problema no fuera que las predicciones fallan, sino el poder que les otorgamos? Vivimos rodeados de pronósticos. Predicciones económicas, electorales, demográficas o tecnológicas compiten por ofrecernos la ilusión de que el mañana puede calcularse. La inteligencia artificial ha elevado esa expectativa a una nueva escala. Su capacidad para detectar patrones nos deslumbra hasta el punto de olvidar que correlación no significa comprensión. Los modelos estadísticos reconocen regularidades, pero no conocen las razones profundas de las cosas. Quizá por eso convenga desconfiar de una cultura obsesionada con acertar el futuro. La historia avanza precisamente porque siempre termina desmintien...

Acabar amb el misteri significa treure-li la seva bellesa i la seva màgia?

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Riachos Feynman Somos, como especie, resolvedores de misterios. Llevamos en la cabeza una máquina de predicción que se enfrenta permanentemente a la incertidumbre. Sin embargo, hay una duda, una intriga que parece querer mantenerse a salvo de cualquier experimento o hipótesis: el más allá, el concepto de Dios , lo sagrado. ¿Tiene que ser así? Entender algo, robarle secretos a la naturaleza, no le quita magia o belleza; por el contrario, es profundamente mágico y bello. Partimos de la base de que todo tiene una explicación, aunque nos cueste encontrarla, aunque los instrumentos para entender el universo aún nos queden cortos. Pero que esa explicación esté lejana no significa que no debamos comenzar a buscarla. La gran pregunta –o una de las grandes preguntas– sigue siendo si las necesitamos, si necesitamos esa fe y esas religiones para ser humanos, para portarnos bien, para ayudarnos, para maravillarnos con la vida y sus encrucijadas. La historia parece decirnos que sí, que ...

Què significa ser just?

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¿Quiénes son los justos? ¿Qué significa ser justo? Desde luego, no se trata de una cualidad de un sujeto, de un atributo de este o aquel hombre, de esta o aquella mujer. La justicia —escribió Benjamin— es un estado del mundo, una dimensión del ser, no de la voluntad ni de la intención. Las cosas son justas, decía Spinoza, cuando no las ves en un determinado tiempo o en un determinado lugar, sino cuando las ves en Dios. Por eso la justicia es algo que nunca puedes poseer, sino únicamente contemplar. Y, sin embargo, cuando ves las cosas tal como son en Dios, el ser flor de esa flor, el ser sonrisa de esa sonrisa, el ser inocente de ese inocente, entonces experimentas una exigencia de la que no puedes sustraerte, una exigencia que no te pide ni te ordena nada, sino que actúa en ti más allá de toda voluntad o de toda intención: es así, y no hay nada más que hacer. Nunca olvidaré las palabras de una joven que formaba parte de una organización de la resistencia en un país ocupado por los naz...

Amenaces a la democràcia: entre la tendència tecnocrática i la tendència etnocràtica.

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En el debate sobre eso que se llama «retorno de la religión» habría que tener presente algo que es ya casi estructural en nuestra contemporaneidad, la relación entre técnica, religión y nihilismo o vaciamiento de todos los valores. Bien puede decirse que cuando la técnica misma se convierte en un absoluto en función del cual lo demás se dispone y se legitima, entonces no solo cumple funciones ideológicas sino que en sí misma se torna en religión, adopta caracteres de sacralidad. Un sociólogo y teólogo como Jacques Ellul decía, muy acertadamente, que la técnica se tornaba religión a partir de su propia estructura, pues la técnica significa a partir de un momento un entorno total, no solo es el instrumento técnico, y entonces ella es la proveedora de orientación, de ritos, de salvación; ofrece lo que toda religión y su única Ley y mandamiento es la eficiencia. Mucho antes, Max Weber nos había mostrado cómo la racionalización y tecnologización del mundo había sido una forma de su desenc...

Una nova era: el Muskisme.

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En La gran transformación , publicado en 1944, el economista húngaro Karl Polanyi describió el mercado mundial como semejante a un «autómata colosal». Los pueblos de la Tierra habían sido arrancados de raíz de sus lugares de origen y convertidos en unidades movibles, arrastrados a través de océanos y desplazados del campo a la ciudad como fuerza de trabajo. Los recursos y los materiales del mundo se extraían del suelo y se recombinaban a distancias muy lejanas: se refinaban, se fundían, se clavaban y se atornillaban creando formas nuevas. Los sistemas de pago empujaban el dinero por las tuberías del autómata, estabilizado por un patrón oro controlado por diales y palancas en las ciudadelas financieras de Londres y Nueva York. La globalización había articulado a la gente, los productos y los lugares en una especie de humanoide misceláneo. En otro texto, Polanyi empleó una metáfora procedente de su tradición, la judía: el mercado era un gólem creado por los humanos, pero se escapa...