La vida s'assembla més al pòquer que als escacs.
Que soñamos, buscamos estatus, imitamos al grupo, defendemos ideas y tomamos decisiones creyendo que somos autónomos, cuando en realidad operamos dentro de arquitecturas cognitivas y culturales muy específicas sostenidas por incentivos. Que la mente no es un espacio neutro, sino un taller en funcionamiento continuo, incluso cuando dormimos. Soñar, decidir o desear no son epifenómenos románticos, sino funciones adaptativas que conectan información dispersa, refuerzan identidades y optimizan la supervivencia individual y grupal. Y hete aquí que hay un momento en el que uno siente el impulso de salir de la cueva de Platón . Descubrir la estructura ilusoria del mundo, desnudar el relato de la meritocracia , del libre albedrío , del amor, del destino. Y, de pronto, todo se vuelve representación. Puro teatro. Y uno cree haber visto la tramoya. Pero nadie sale realmente de la cueva. Quienes sobreviven en el exterior lo hacen pagando el precio de la cordura. Porque ...