Isegoria, isonomia, drets irrenunciables de la democràcia.
La deriva antiliberal y los autoritarismos populistas de derechas y de izquierdas constituyen síntomas inquietantes de una enfermedad política que amenaza con hacerse crónica. La ingobernable gobernabilidad que facilita tantas veces la democracia se manifiesta en la irresoluble paradoja de que el mejor de los sistemas políticos, desde su imperfección, facilita a sus enemigos la herramienta de la libertad de expresión — parresía la llamaban los griegos— para erosionarla desde dentro. Ya en Atenas se acusaba a Pericles de que su pareja Aspasia , propietaria de prostíbulos, dictaba realmente la política y que solo las clientelas de turno se beneficiaban corruptamente del poder. Allí Sócrates criticaba la democracia y se convertía en maestro de tiranos o políticos populistas, como Critias o Alcibíades. Oligarcas y demócratas digerían mal el grumo de la derrota electoral vociferando en la Asamblea sobre pucherazos en el recuento de votos, corrupción o subversión del orden ...