Política: la frontera entre la moral i la norma.
Si entendemos la política no solo como la organización de los poderes públicos, sino como aquello que nos permite vivir juntos, sabremos que sin política no hay convivencia posible. Hannah Arendt lo sintetizó diciendo que la política es lo que ocurre entre nosotros. No es una propiedad del individuo, sino el espacio que se abre cuando actuamos y hablamos en común. Por eso su sentido último, recordaba ella, es la libertad. Si solo queda desconfianza, ese espacio se cierra. Uno me sostiene la escalera mientras cambio la bombilla. Otro me cede el asiento en el autobús cuando me ve embarazada. Nos pueden fallar Zapatero, Rajoy o el alcalde de Almería, pero no podemos concluir que “todos son iguales”, porque esa frase acaba reconociendo, sin querer, que “todos somos iguales”. Que no hay diferencia entre servir y servirse, entre cumplir y abusar. Hemos de ser críticos e implacables con quienes ensucian con apaños la confianza depositada en ellos. Sin duda. Pero déjenme ser ingen...