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La circularitat escandalosa de l'argument ontològic (Ignacio Castro Rey)

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“Yo concibo a Dios mediante la misma facultad con la que me concibo a mí mismo”. Descartes se refiere a lo que hay de incalculable en el sujeto que todo lo conoce y de nadie es conocido ( Meditaciones metafísicas , III). El concepto de Dios –“comprensión” infinita y “extensión” igual a uno– en Descartes, Spinoza y Leibniz ha intentado pensar el fondo incalculable que permite potencialmente una ilimitada calculabilidad y, por tanto, que la matemática fuese el modelo del conocimiento. Dios es el subsuelo irreductible del sujeto metafísico ( Wittgenstein ), el límite incesante del mundo y de cualquier conocimiento. De ahí la escandalosa circularidad del argumento ontológico , según la cual Dios es sólo la existencia de la esencia, la esencia de la existencia. Tal argumento, que irritaba al ilustrado Kant , se apoya en la necesidad absoluta de que lo intelectual y lo material, el pensamiento y la existencia, sean –a la manera de Berkeley o de Schopenhauer – dos lados de la misma exper...

Les tres respostes al problema de Hume.

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La pregunta de Hume puede formularse así: ¿se puede demostrar que la ciencia experimental será posible mañana tal como es posible hoy? A esta pregunta, bien comprendida, parece que hasta hoy solo se le han presentado tres respuestas: 1) Una respuesta metafísica a la pregunta de Hume consistiría en demostrar la existencia de un principio absoluto que gobierna nuestro mundo. Se podría proceder, por ejemplo, a la manera de un discípulo de Leibniz : demostrar primero la existencia necesaria de un Dios perfecto, luego inferir de ello el hecho de que semejante Dios no pudo crear sino el mejor de los mundos posibles , el nuestro. La eternidad de nuestro mundo, o al menos de los principios que lo rigen, estará así garantizada por la eternidad de la perfección divina misma. Sería una demostración que podemos llamar directa e incondicional de la necesidad causal : demuestro positivamente que la existencia de Dios es incondicionalmente necesaria (que procede de su sola esencia, y no de una condi...

El problema de Hume (Quentin Meillassoux)

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David Hume Formulado de un modo clásico, se enuncia de la siguiente manera: ¿es posible demostrar que de las mismas causas se seguirán en el futuro, ceteris paribus , los mismos efectos; es decir cosas que, por otro lado, son iguales? Dicho de otra manera: ¿podemos establecer que, en circunstancias idénticas, las sucesiones fenoménicas futuras serán idénticas a las sucesiones presentes? La pregunta que plantea Hume concierne entonces a nuestra capacidad de demostrar que las leyes físicas seguirán siendo en el futuro lo que son hoy, o incluso a nuestra capacidad de demostrar la necesidad de la conexión causal. (137-138) Quentin Meillassoux , Después de la finitud. Ensayo sobre la necesidad de la contingencia , Caja Negra, Buenos Aires 2016

Entrevista al psiquiatra lacanià Miquel Bassols.

 

La paradoxa de Russell (vídeo)

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Bertrand Russell https://youtu.be/J-voJm6tNJY?si=QQDfu29rlFYW9n1p

Teorema de Cantor (vídeo)

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  Georg Cantor https://youtu.be/ehlXpfFuLvI?si=9rdeWMnq-ObQuekR

Nèmesi.

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Los griegos llamaban  hybris   a la locura que se desata cuando alguien, enfebrecido por el poder, sufre un arrebato de arrogancia; cuando ejerce intimidación y violencia sobre los demás, quebrantando las leyes humanas y divinas. El individuo infatuado y que cree merecerlo todo —pensaban— rompe los equilibrios universales que rigen el mundo. En una espiral sin retorno, el soberbio era poseído por la ofuscación y las ideas necias, y después Némesis —diosa de la justicia distributiva, la solidaridad y la venganza— le aplicaba el castigo destinado a quienes ultrajan a los demás. Némesis era una antigua divinidad, la santa patrona de la colaboración y la indignación, encargada de suprimir la desmesura. Su nombre viene de   némein , “dar a cada cual lo que corresponde, repartir”. Cuando un hombre se jactaba de sus riquezas sin aliviar la pobreza del prójimo, Némesis intervenía para reprenderlo. Arrastró al rey Creso, ufano de sus lujos, convencido de su grandeza y demasiado se...