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| Michel Foucault |
En el fondo de nosotros mismos sabemos que todos los hombres deben morir. La
meta inevitable hacia la cual nos dirigimos desde el momento en que nacemos
queda entonces demostrada. De todas formas, la opinión común parece ser
diferente: todos los hombres se sienten inmortales. ¿Por qué, si no, seguirían
los ricos abultando sus cuentas bancarias y haciéndose construir suntuosas
viviendas? La inmortalidad parecería ser la preocupación del momento. Por
ejemplo, algunos científicos están muy atareados en calcular, por medio de
máquinas de alta tecnología, acontecimientos que deberían verificarse dentro de
millares de años. En los Estados Unidos hay un interés creciente por la
hibernación del cuerpo humano, al que en una época ulterior debería volver a
llevarse a la temperatura normal. Cada año la preocupación por la inmortalidad
aumenta, aunque una cantidad cada vez más grande de personas mueran de un
infarto a causa del tabaco y la alimentación excesiva. Los faraones nunca
encontraron la solución al problema de la inmortalidad, ni siquiera cuando se
hicieron enterrar con sus riquezas, que esperaban llevar consigo. Dudo mucho de
que seamos nosotros quienes resolvamos ese problema. Algunas palabras bien
escogidas pueden ser más inmortales que una masa de ectoplasma congelado?
Alcanzar la inmortalidad es la máxima aspiración del poder. El hombre sabe
que es destructible y corruptible. Se trata de taras que ni siquiera la mente
más lógica podría racionalizar. Por eso el hombre se vuelve hacia otras formas
de comportamiento que lo hacen sentirse omnipotente. A menudo son de naturaleza
sexual.
Comentaris
Interesante enfoque. Pero me parece que el Ivan Ilich de Tolstoi genera una sensación de dicha ilusión de inmortalidad, porque "la muerte siempre es de los otros". ¿Quien pudiera precursar su muerte y tener una vida propia?
Aqui algo sobre Ivan Ilich ( www.peliemxic.com/muerte )