Causalitat o casualitat?
La ilusión de causalidad se da cuando a una posible causa le sigue un posible
efecto y vinculamos ambos erróneamente. Es lo que pasa cuando, en determinadas
situaciones, vestimos una prenda o seguimos un ritual convencidos de que,
siempre que lo hacemos, nos va bien. En realidad, muchas veces no nos va tan
bien, pero tendemos a recordar los éxitos y olvidar los fracasos, algo de lo que
se aprovechan los adivinos, los curanderos y los fabricantes de productos
milagro.
La detección de causalidad precisa de la contigüidad temporal -dos fenómenos
que ocurren seguidos tienden a estar relacionados- y de la contingencia, “que la
probabilidad del efecto sea mayor o menor en presencia de la causa, pero nunca
igual”, explica la investigadora vizcaína. A menudo, nos conformamos únicamente
con la sucesión temporal para atribuir causalidad: “Si nos sentimos mal después
de comer algo, inferimos que ha sido la causa y no lo volvemos a tomar. Es un
proceder intuitivo que, en un porcentaje alto de las situaciones, da resultados
correctos y es muy útil para el día a día”. Pero, cuando realmente necesitamos
saber si algo es la causa de algo, debemos tener en cuenta la contingencia.
Una ilusión poderosa
La falsa
percepción de causalidad está en el origen del éxito de los productos milagro y
del curanderismo, indican Matute y sus colaboradores Ion Yarritu y Miguel A.
Vadillo en su artículo, titulado Illusions
of causality at the heart of pseudoscience (Ilusiones de causalidad en
el corazón de la pseudociencia). Y es muy poderosa. Así, aunque se haya
demostrado experimentalmente que una pulsera mágica carece de toda efectividad,
puede parecernos que funciona y que, gracias a ella, nos duele menos la espalda
o dormimos mejor.
¿Hay algún modo de reducir esa ilusión y frenar el avance del pensamiento
mágico y la pseudociencia? Los psicólogos vascos han hecho un experimento que
demuestra que sí. Para ello, se inventaron los resultados de unas pruebas de un
medicamento ficticio que supuestamente curaba una enfermedad también ficticia, y
se los presentaron a 108 internautas que visitaron el laboratorio virtual que
dirige Matute. “Estudios previos han demostrado que los resultados de un
experimento hecho a través de Internet son muy parecidos a los obtenidos en el
laboratorio tradicional”, asegura.
Pretendían replicar en los internautas la ilusión de causalidad que se
transmite al espectador “a través de anuncios y testimonios de personas que han
seguido un tratamiento y se sienten mejor”, algo típico de la teletienda.
Además, iban a tratar de reducir esa percepción errónea mediante dos
estratagemas: presentando información de lo que pasaba a pacientes que no habían
seguido el tratamiento y haciendo a los sujetos una pregunta causal directa:
“¿Hasta qué punto crees que el Batatrim -nombre del fármaco ficticio- es la
causa de la curación de las crisis de los pacientes que has visto?”.
“Sospechábamos que hacer una pregunta así reduciría la ilusión”, indica
Matute.
Curanderismo en línea
Crearon dos grupos de 100 pacientes ficticios. En uno, el 80% había seguido
el tratamiento y el 20% no; en el otro, al revés. En ambos colectivos, el 80% de
los pacientes se sentía al final mejor, lo que implicaba que el medicamento no
servía para nada y la dolencia en realidad desaparecía siempre por sí sola. Los
investigadores expusieron a 52 internautas a los resultados del primer grupo y a
los 56 restantes, a los del segundo. Para cada enfermo, el sujeto veía tres
paneles en la pantalla de su ordenador: el primero le informaba de si había
tomado la medicina o no (causa presente o ausente); en el segundo se le
preguntaba si creía que el paciente iba a sentirse mejor; y el tercero, que
aparecía inmediatamente tras responder el anterior, revelaba si se había
recuperado.
La ilusión de que el Batatrim curaba la enfermedad se produjo en todos los
casos; pero fue mucho menor entre los sujetos expuestos a los resultados del
grupo en el que la mayoría de los pacientes no había seguido el tratamiento.
“Esto significa que, cuando a la gente le presentas todos los resultados sin
sesgos, desciende la ilusión de causalidad. Si las autoridades obligaran a los
fabricantes a exponer en sus anuncios información de todos los casos, incluidos
los de quienes se sienten mejor sin seguir su tratamiento y no sólo
aquéllos en los que está presente el remedio que venden, bajaría el éxito de los
productos milagro”. Además, en los dos grupos de internautas se reducía
significativamente la ilusión cuando se les preguntaba directamente si creían
que el fármaco era la causa de la curación.
Luis Alfonso Gámez, ¿Está seguro de que a usted le funciona?, magonia, 10/12/2010
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