A favor del Leviatán.
Barack Obama ganó las elecciones de 2008 sobre la base de la mayor
expansión del Estado en EEUU desde los años 60. Lo inició George W.
Bush y lo acabó Obama, cuando entre septiembre de 2008 y junio de 2009, el
Estado de EEUU rescató al sector privado, sobre todo a Wall Street y a la
industria del automóvil.
Obama afronta las elecciones de 2012 sobre la base de otro rescate
por parte del estado: el de Nueva York y New Jersey de la tormenta tropical
'Sandy'.

La Biblia habla del Leviatán y del Behemoth como criaturas
míticas, gigantescas y terribles. Posiblemente es la forma en la que los
antiguos hebreos se referían a los elefantes y a las ballenas, en una época en
que había esos animales en el Mediterráneo. En el siglo XVII, Thomas
Hobbes habló del Leviatán para referirse al Estado: un monstruo que
evite que lo peor de cada uno salga adelante y que la sociedad estalle en la
anarquía.
El Estado puede ser un Leviatán destructivo. Un ejemplo:
ahora mismo se cumplen 50 años del Gran Salto Adelante, un intento de ingeniería
social y económica en China para imponer un sistema colectivista en ese país. El
resultado fueron 50 millones de muertos.
Pero un Estado pequeño y eficiente es necesario. Un Estado
que protege el bien común. Como con 'Sandy'. Como con los elefantes y las
ballenas. Demasiados elefantes pueden arrasar un espacio natural (como Tsavo en
Kenia o Chobe en Botsuana) pero, si la población no es excesiva, estos animales
limpian de maleza la sabana, consolidan los lagos con sus pisadas. Las ballenas
abonan el mar, y las algas cuyo crecimiento favorecen sus heces se 'comen'
CO2.
Mitt Romney, sin embargo, quería privatizar Fema, el
servicio de protección civil de EEUU. El recuerdo de Fema bajo dirección
republicana se resume en una sola palabra: Katrina.
Al salvar a la economía de EEUU, Obama salvó en primer término a un grupo
social: los financieros de Wall Street. La reacción de éstos, sin embargo, ha
sido feroz.
En 2010, Stephen Schwarzman, de Blackstone, que ha hecho una fortuna de unos
3.600 millones de euros comprando y vendiendo empresas, dijo que la
intención de Obama de subir los impuestos sobre los fondos de
'private-equity', como el suyo (y como Bain, fundado y dirigido por
Mitt Romney) es "como cuando Hitler invadió Polonia".
Ese mismo año, Leon Cooperman (800 millones de euros de patrimonio)
comparó a Obama con Adolf Hitler. En mayo pasado Cooperman
suavizó un poco su posición: "El país más grande y más grandioso del mundo
libre, puso a un tipo de 47 años que no había trabajado un día en su vida (...)
. No es totalmente diferente de lo que Alemania hizo con Hitler porque los
alemanes no estaban satisfechos con la economía. Obama no es Hitler, nunca quise
decir algo así, pero es destacable que la falta de satisfacción del propulacho
sea tan grande que le haga apostar por un individuo que no ha sido probado en la
práctica".
Esos empresarios acusan a Obama de haberles declarado la guerra. Lo que no
deja de ser curioso en un país cuyas empresas tienen 1,2 billones de euros en el
extranjero y no los repatrian ni los invierten ni los dan como dividendos porque
tendrían que pagar un 30% de impuestos.
Pero hay frases de Obama que les han indignado. Como cuando el presidente de
EEUU les dijo "ustedes no han construido eso", en referencia a, por
ejemplo, las infraestructuras. Obama, sin embargo, tenía razón.
El 'fracking' -la técnica de extracción del petróleo y del gas natural que
está cambiando el mercado energético mundial- nació con ayudas del Gobierno.
Internet nació en el Departamento de Defensa.
Las autopistas interestatales de EEUU fueron creadas por Eisenhower en los
años 50, con el objetivo de, entre otras cosas, tener un sistema de transporte
rápido que permitiera una gran movilización general en caso de una guerra con la
Unión Soviética. Las grandes universidades de Estados Unidos nacieron en
el siglo XIX gracias a leyes que les daban un favorable tratamiento
fiscal. La industria del petróleo paga pocos impuestos. La famosa clase
media de EEUU (en torno al 94% de los estadounidenses consideran que pertenecen
a la clase media, aunque eso es estadísticamente imposible) surgió en gran
medida de la G.I. Bill, una ley que permitía el acceso a la Universidad de los
veteranos de la Segunda Guerra Mundial.
Si liquidamos el Estado, deberíamos liquidar los semáforos y los
pasos de cebra porque son una forma de regulación. Pero todos sabemos
que ésa no es la solución. La experiencia de Wall Street en 2008 y de 'Sandy' en
2012 ha vuelto a dejar claro que el Leviatán es necesario.
Pablo Pardo, La necesidad del Leviatán, La semana económica. El Mundo, 04/11/2012
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