És necessària la religió per a la moralitat?
Parafraseando a Katherine Hepburn en la
película La reina de África, la religión nos permite elevarnos por encima de la
perversa madre naturaleza, al brindarnos una moral. Sin embargo, abundan los
problemas que se le plantean a la opinión de que la moralidad procede de Dios.
Uno es el de que no podemos decir simultáneamente, sin caer en la tautología, que Dios
es bueno y que nos dio la capacidad para discernir entre el bien y el mal, pues
en ese caso lo único que decimos es que Dios cumple sus normas. Un segundo
problema es el de que no hay principios morales que compartan todas las personas
religiosas, independientemente de sus creencias concretas, pero no los
agnósticos y los ateos. De hecho, los ateos y los agnósticos no actúan menos
moralmente que los creyentes religiosos.
Con frecuencia los no creyentes tienen un
discernimiento tan intenso y correcto del bien y del mal como cualquiera y han
laborado en pro de la abolición de la esclavitud y han contribuido a otros
esfuerzos para aliviar el sufrimiento humano. Lo opuesto también es cierto. La
religión ha incitado a personas a la comisión de una larga letanía de crímenes
horrendos: la Inquisición, los innumerables conflictos entre musulmanes suníes y
chiíes y quienes cometen atentados suicidas con bombas, convencidos de que irán
al Paraíso.
La tercera dificultad para la opinión de
que la raíz de la moralidad es la religión es la de que algunos elementos
parecen universales, pese a las profundas diferencias doctrinales entre las más
importantes religiones del mundo. De hecho, esos elementos se dan incluso en
culturas como la de China. Tal vez un creador divino nos brindara esos elementos
universales en el momento de la creación, pero otra explicación es que a lo
largo de millones de años hemos obtenido una facultad moral que infunde
intuiciones sobre el bien y el mal. Partiendo de argumentos teóricos procedentes
de la filosofía moral, permite resolver la antigua controversia sobre el origen
y la naturaleza de la moralidad.
Examine el lector
los tres casos hipotéticos siguientes. En cada uno de ellos, rellene el espacio
en blanco con obligatorio,permisible o prohibido.
1. Un vagón de carga
descontrolado está a punto de atropellar a cinco personas que caminan por la
vía. Un trabajador ferroviario está junto a un cambio de vías que puede desviar
el vagón a otra vía, en la que matará a una persona, pero las otras cinco
sobrevivirán. Accionar el cambio de vías es…
2. Pasa usted junto
a una niña pequeña que está ahogándose en un estanque poco profundo. Si saca a
la niña, ésta sobrevivirá y sus pantalones se pondrán perdidos. Rescatarla
es…
3. Cinco personas
acaban de ser llevadas a toda prisa al hospital en estado crítico y cada uno de
ellas necesita un órgano para sobrevivir. No hay tiempo suficiente para pedir
órganos de fuera del hospital, pero hay una persona sana en la sala de espera
del hospital. Si el cirujano obtiene los cinco órganos de esa persona, ésta
morirá, pero las cinco que están en estado crítico sobrevivirán. Obtener los
órganos de la persona sana es …
Si el lector
ha considerado el caso 1 permisible, el caso 2 obligatorio y el caso 3
prohibido, han hecho lo mismo que las 1.500 personas del mundo entero que
respondieron a esos dilemas planteados en nuestros tests sobre el sentido moral,
que figuran en una página web http://moral.wjh.harvard.edu/
Si la moralidad es
palabra de Dios, los ateos deberían juzgar esos casos de forma diferente a la de
las personas religiosas y sus respuestas deberían deberse a justificaciones
diferentes.
Por ejemplo, como
los ateos carecen supuestamente de una brújula moral, deberían guiarse por el
puro y simple interés personal y pasar de largo ante la niña que está
ahogándose, pero no había diferencias estadísticas significativas entre los
sujetos con una formación religiosa y los carentes de ella, pues el 90%,
aproximadamente dijeron que es permisible accionar el cambio de vías, el 97% que
es obligatorio rescatar a la niña y el 97% que está prohibido obtener los
órganos de la persona sana.
Cuando se les pide
que justifiquen por qué algunos casos son permisibles y otros están prohibidos,
los sujetos no saben hacerlo u ofrecen explicaciones que no dan cuenta de las
diferencias pertinentes. Es importante destacar que entre los que tienen una
formación religiosa haya tantos que no responden o dan explicaciones
incoherentes como entre los ateos.
Esos estudios dan
soporte empírico a la idea de que, como otras facultades psicológicas de la
mente, incluidos el lenguaje y las matemáticas, estamos dotados de una facultad
moral que guía nuestros juicios intuitivos sobre el bien y el mal. Lo que fue
bueno para nuestros antepasados puede no serlo hoy, pero las apreciaciones sobre
el paisaje moral en transformación, en el que cuestiones como las de los
derechos de los animales, el aborto, la eutanasia y la ayuda internacional han
pasado a primer plano, no procedían de la religión, sino de la reflexión
profunda sobre la humanidad y lo que consideramos una vida apropiada.
A ese respecto, es
importante que conozcamos el conjunto universal de intuiciones morales para que
podamos reflexionar sobre ellas y, si así lo decidimos, no respetarlas. Podemos
hacerlo sin blasfemar, porque es nuestra propia naturaleza, no la de Dios, la
que es el origen de la moralidad.
¿Es necesaria la religión para la moralidad?
Muchas personas consideran escandaloso, blasfemo incluso, negar el origen divino
de la moralidad. O bien un ser divino creó nuestro sentido moral o bien lo
adquirimos a partir de las enseñanzas de la religión organizada. En cualquiera
de los dos casos, necesitamos la religión para poner coto a los vicios de la
naturaleza.
Marc Hauser-Peter Singer, Moralidad sin Dios, Biblioteca Escéptica, 21/09/2008
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