Què puc fer jo per millorar l'educació?

El filósofo José Antonio Marina.
Juan Antonio Marina

Suele decir que para educar a un niño hace falta la tribu entera. ¿A qué se refiere?

Todos educamos queramos o no. Por lo que decimos, por lo que hacemos, por cómo nos comportamos en la calle. Esta frase es un proverbio africano que yo completo así: "Para educar bien a un niño hace falta una buena tribu". Cada uno tiene su responsabilidad: los padres, la escuela, los políticos, la Policía, los empleados del Ayuntamiento, los médicos, los cantineros. Todos están dando una información que influye en nosotros. Siempre decimos que la educación está fatal, pero tenemos que preguntarnos: ¿Y yo qué puedo hacer para mejorarla?
"Algunos de los que han hecho la ley Wert hubieran tenido que suspender primero de Pedagogía" 


¿Qué pueden hacer los padres?

La influencia de los padres en la educación de sus hijos es absolutamente fundamental. La correlación que hay entre ciertos comportamientos de los padres con el colegio y el desarrollo del talento de los niños es realmente muy directa. Están influyendo de una manera decisiva en que el niño adquiera el capital educativo que le asegure su futuro. Durante los primeros años, los padres son los que favorecen la seguridad básica del niño. Logran que tenga una mentalidad de crecimiento, que sepa que él puede progresar, tienen que aplaudir las cosas que hace. Nos tenemos que dar cuenta de que más importante que los resultados objetivos es cuánto se esforzó este niño. Hay que fijarse en el progreso. Hay que seguir fomentando la curiosidad del niño. Cuando el niño entra a la escuela lo que quiere es aprender, pero cuando sale, en muchos casos, lo que le interesa es aprobar. Ahí se ha perdido algo realmente importante, se ha perdido el gusto por aprender. Y los padres ahí pueden influir de manera decisiva. Por ejemplo, hay una relación muy directa entre el número de las palabras que se utilizan en una familia y el desarrollo de la inteligencia del niño. Hablar con los hijos es absolutamente fundamental para su inteligencia. No vale lo que se oiga por televisión, sólo cuenta la interacción lingüística.

Ustedes enseñan a los padres que hay cuatro aspectos que, si no se resuelven antes de los 12 años, pueden convertirse en problemas: la comprensión lectora, la timidez, la agresividad y la preocupación excesiva por el aspecto físico. ¿Por qué la escuela no se encarga de ello?

Porque tenemos unos currículos desmesurados. Mucho más cargados que los de los países que son primeros en PISA. Queremos que lo aprendan todo y luego al final no aprenden nada. Se somete al profesor a mucha tensión por cubrir todo el programa y se descuidan los métodos. Por ejemplo, no se puede dar a un niño una información nueva si no se deja un espacio de cinco minutos después de la anterior porque no la guarda, no la entiende. En esos cinco minutos —que se pueden dedicar a otra cosa, a jugar, correr, a repasar la primera idea— estamos permitiendo que el conocimiento pase a la memoria a largo plazo y no se pierda. El niño necesita tiempo para pensar. Cuando le hacemos una pregunta a un niño, queremos que nos conteste inmediatamente y eso es un error. Tenemos que enseñar al niño a que reflexione sobre sus procesos de aprendizaje porque ahí la eficacia da un salto muy grande.
"Cuando un niño suspende en la escuela, no toda la culpa es del niño" 


¿Las reválidas que establece la LOMCE fomentan esa reflexión?

Las evaluaciones externas sirven para ver los resultados obtenidos de un alumno, pero no para evaluar su progreso. El problema de las reválidas es que en el curso en que los alumnos tienen que pasarlas puede dejarse de fomentar el progreso porque todo el mundo está obsesionado en pasar la reválida. Cuando un niño suspende, no toda la culpa es del niño. Los niños no son vagos. La pereza es el resultado de otra serie de cosas y, por lo tanto, cuando tenemos que enseñar a aprender a un niño con dificultades tenemos que ver por qué ese niño no quiere estudiar. No interesa lo que los profesores enseñen, lo que interesa es que los alumnos aprendan. Todo niño puede aprender y nuestra profesión es ver cómo podemos hacer que lo consigan.

José Antonio Marina, "Con la ley Wert se desprestigia la oportunidad de generar talento", entrevista de Anna Flotats, Público, 28/09/2014

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