Els graus de la realitat.

Lo importante no es demarcar lo real de lo irreal, sino definir diversos grados de realidad y, a poder ser, delimitarlos. Ulises Moulines afirmó que «son filosóficamente relevantes las distinciones conceptuales que atienden solo a diferencias de grado y no a diferencias absolutas en el objeto o dominio de estudio» (Exploraciones metaéticas, Alianza, Madrid 1987, p. 32). Aplicado este principio de gradualidad al tema que estamos comentando, resulta que el concepto «realidad» solo será relevante si distinguimos grados de realidad. Mientras nos empeñemos en oponer lo real y lo ficticio como el blanco y el negro, nuestra reflexión no avanzará. Otro tanto cabe decir de la oposición objetivo/ subjetivo. En cambio, en la medida en que distingamos grados de realidad (e irrealidad) y de objetividad o subjetividad, la reflexión filosófica podrá proseguir. Todo ello concuerda bien con nuestra constatación anterior, según la cual el término «realidad» (y «objetividad») es usado como un concepto valorativo. En conclusión: vamos a formular (y a afirmar) el teorema de gradualidad: «los bienes y los males satisfacen (o disatisfacen) valores en grados diferentes» (J. Echeverría, Ciencia del bien y del mal, Herder, Barna 2007, p.566). Puesto que «realidad», «objetividad» y otros conceptos similares tienen connotaciones valorativas, cuando son usados axiológicamente han de admitir una gradación, y a veces incluso una escala para medirlos.

El modelo ontológico piramidal, típico de los filósofos neoplátonicos (árbol de Porfirio) es de uso habitual precisamente porque aporta una jerarquía, lo cual es muy útil para la afirmación y mantenimiento de un orden social. sin embargo, ese modelo jerárquico-piramidal no es el único posible en la esfera de los valores, que es muy distinta a la esfera del ser. El modelo basado en la racionalidad axiológica acotada supone una alternativa, y a ella nos atendremos. Por tanto, asumiremos que el valor «realidad» puede ser satisfecho por unos u otros objetos, sucesos o relaciones en grados mayores o menores, pero también que hay un límite a partir del cual dicho valor deviene un disvalor, precisamente cuando algo es o parece «demasiado real» (y «demasiado irreal», o «demasiado imaginario»). A los demás valores les ocurre lo mismo, sus grados de satisfacción son limitados. Dicho de otra manera: nada es real (ni objetivo) al 100%. O también: no hay vértice en la pirámide de la realidad, de los mundos o de la objetividad. Podríamos ir más lejos y decir: ni siquiera hay pirámide. la racionalidad también es plural y atiende a varios modelos de racionalidad. El modelo piramidal con vértice no tiene el monopolio de la racionalidad.

Conclusión: contrariamente a lo que podríamos denominar concepción heredada en ontología, según la cual la diferencia entre lo real y lo irreal (o entre lo objetivo y lo subjetivo) implica una dicotomía, afirmaremos que hay grados de realidad (y de irrealidad, objetividad, y subjetividad) (pàgs. 92-95).

Javier Echeverría, Entre cavernas. De Platón al cerebro, pasando por Internet, Triacastella, Madrid 2013



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