La igualtat no és un horitzó, està en l'origen (Alicia García Ruiz).



Lo social es el terreno de la contingencia, la escena de una representación, como sostiene Rancière, donde tienen lugar esfuerzos por producir aperturas de nuevos mundos comunes en a tensión entre dos contingencias: una, que afirma que la dominación no es natural e inevitable, y otra, que afirma que el proceso histórico de emancipación tampoco es necesario, sino que podría perderse, podría no ocurrir nunca ... El rasgo igualitario que guía los procesos emancipatorios es por tanto frágil e inconsistente (en el sentido de no tener aún una consistencia o forma política), está amenazado permanentemente por la posibilidad de no llegar a ser puesto en práctica. Por eso sus casos han de ser construido, una y otra vez, sin descanso. Ahora bien, no hay que confundir este esfuerzo con una simple cultura de la reivindicación, advierte Rancière. La igualdad no es un horizonte inalcanzable al que haya que intentar arribar. En realidad, siempre ha estado ahí, es una igualdad en el origen. La política que la reclama "no es una reivindicación de igualdad, sino una afirmación de la misma". No se trata de un simple "somos iguales y vamos a actualizar este enunciado". Lo que hay en juego no es una protesta moral, sino la demostración de una capacidad (política). Aquí no se corrobora algo ya reconocido, lo que hay es una demostración retroactiva de algo que se negaba: "Los hombres libres e iguales en derechos ya siempre deben existir para poder ser reclamados y para que pueda forzarse su inscripción legal".

Alicia García Ruiz, Impedir que el mundo se deshaga, Los libros de la catarata, Madrid 2016

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