L'idiota és l'heretge modern (Byung-Chul Han).



Es una función de la filosofía representar el papel de idiota. Desde un comienzo, la filosofía está muy unida al idiotismo. Todo filósofo que genera un nuevo idioma, una nueva lengua, un nuevo pensamiento, habrá sido necesariamente un idiota. Solo el idiota tiene acceso a lo totalmente otro. El idiotismo descubre al pensamiento un campo inmanente de acontecimientos y singularidades que escapa a toda subjetivización y psicologización.

La historia de la filosofía es una historia de los idiotismos. Sócrates, que solo sabe que no … sabe nada, es un idiota. También es un idiota Descartes, que pone todo en duda. Cogito ergo sum es un idiotismo. Una contracción interna del pensamiento hace posible otro comienzo. Descartes piensa al pensar el pensamiento. El pensamiento recupera el estado virginal al relacionarse consigo mismo.

Hoy parece que el tipo del marginado, del loco o del idiota ha desaparecido prácticamente de la sociedad. La total conexión en red y la comunicación digitales aumentan la coacción a la conformidad considerablemente. La violencia del consenso reprime los idiotismos.

A la vista de la coacción a la comunicación y a la conformidad, el idiotismo representa una praxis de la libertad. El idiota es por esencia el desligado, el desconectado, el desinformado.

El idiota es un hereje moderno. Herejía significa elección. El herético es quien dispone de una elección libre. Tiene el valor de desviarse de la ortodoxia. Con valentía se libera de la coacción a la conformidad. El idiota como hereje es una figura de la resistencia contra la violencia del consenso. Salva la magia del marginado. Frente a la creciente coacción a la conformidad sería hoy más urgente que nunca aguzar la conciencia herética.

No la individualidad o la subjetividad, sino la singularidad distingue a los idiotas. En su esencia es similar a los niños, que todavía no son un individuo, una persona. No constituyen su existencia cualidades personales, sino acontecimientos impersonales:

El nivel de inmanencia al que tiene acceso el idiota es la matriz de la des-subjetivización y de la des-psicologización. Es la negatividad, que arranca al sujeto de sí mismo y lo libera «en la inconmensurabilidad del tiempo vacío» (Gilles Deleuze). El idiota no es ningún sujeto: «Más bien una existencia floral: simple apertura hacia la luz» (Gilles Deleuze).

Idiotismo

Byung-Chul Han, Psicopolítica, Herder, Barcelona 2014

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