Víctor Gómez Pin i la necessitat de retornar a Aristòtil

Víctor Gómez Pin
Me han gustado tanto algunos comentarios que los lectores han tenido la amabilidad de enviar a mi artículo anterior (aquel sobre la filosofía y la ciencia) que no puedo por menos de recomendar dos lecturas a los partidarios de la religión (científica u otra) que asoman la nariz en dichos mensajes.



La primera es la reciente edición en España de la Filosofía natural de Paul Feyerabend (Debate) y en especial el capítulo titulado: «Aspectos fundamentales de las concepciones de la realidad y del lenguaje de la ciencia». Es este un curiosísimo trabajo del célebre físico que se dio por perdido y ha sido hallado en los archivos de la universidad de Constanza, aunque en modo fragmentario. Su finalidad era contraponer los mitos religiosos y los mitos científicos. Data de los tiempos de Levi-Strauss y de Althusser, por lo que leerlo suscita una cierta añoranza tornasolada, como la música de Debussy. Es importante porque permite entender su evolución en asunto tan peliagudo.


No es que yo sea muy partidario de Feyerabend, más bien tiendo a creer que su relativismo anarquizante puede conducir a estupideces como las que se vienen cometiendo en universidades irresponsables (sobre todo norteamericanas) en las que se pone en igualdad de condiciones los orígenes mitológicos del mundo según los Bororo y los trabajos de la astrofísica contemporánea. Su ideología no me parece seria, es verdad, pero sí muy conveniente para adentrarse y profundizar en las ambigüedades de una «realidad» que los discípulos de la religión científica toman por indiscutible. Conviene dar algo más de peso a la duda. Conviene apartar a los científicos de la especulación metafísica. Dejen eso para los filósofos.


La segunda recomendación es el conjunto de columnas que viene publicando Víctor Gómez Pin en el blog del Boomeran(g) bajo el título «Asuntos metafísicos». Va por la número once. Aunque es catedrático de Ontología, el objeto de estudio de Pin en la última década es la física cuántica, de la que es un experto. No por eso ha descuidado el aprieto intelectual de que la filosofía sea la única capaz de definir un marco para esa «realidad» que la propia física no puede definir, que quizás convenga no definir, o que sea imposible de definir. No en vano Pin (ya me perdonará la reducción) viene explicando, desde su tesis doctoral en la Sorbona hace cuarenta años, que hay que regresar una y otra vez a Aristóteles.


Es muy frecuente en este país que la mera suposición de una diferencia se tome como un agravio, por ejemplo, que la filosofía, pero no la ciencia, se ocupe de la definición de «realidad». Aquí todos hemos de ser o de papá o de mamá, o fachas o paleomarxistas. Sin considerar que quizás es mejor que la ciencia no se ocupe de este asunto porque el concepto de realidad es una categoría metafísica. De ahí que la frase «la ciencia no piensa, solo describe» (que, por cierto, es de Heidegger), está en la base de la grandeza y dignidad de la ciencia aunque haya sido tomada por algunos novicios con la tonsura aún fresca como un insulto al señor obispo.


Pero en la actualidad incluso el papa se llama, simplemente, Francisco.

Félix de Azúa, Insisto, jot down, 26/09/2013

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