text 110:Annie Ernaux, No dejaremos nunca más que nos roben nuestra vida




… en este momento son los servicios públicos los que aseguran mayoritariamente el funcionamiento del país: los hospitales, la Educación Nacional, y sus miles de profesores, de maestros tan mal pagados, la EDF (Electricidad De Francia), Correos, el metro y la compañía de ferrocarriles SNCF. Y esos de quienes dijo usted en otro tiempo que no eran nada, ahora lo son todo, ellos siguen vaciando las basuras, cobrando en las cajas registradoras, repartiendo pizzas a domicilio, garantizando, en suma, esa vida tan indispensable como la intelectual, la vida material.
Extraña palabra la elegida por usted, “resiliencia”, que significa reconstrucción tras un traumatismo. No hemos llegado a ese punto. Tenga cuidado, señor presidente, con los efectos de este tiempo de confinamiento, de cambio del curso de las cosas. Es un tiempo propicio para los cuestionamientos. Un tiempo para desear un nuevo mundo. ¡El suyo no! No ese mundo donde los decididores y financieros relanzan sin pudor la cantinela del “trabajar más”, hasta 60 horas por semana. Somos muchos los que ya no queremos un mundo cuya epidemia revela las desigualdades escandalosas, muchos los que, al contrario, queremos un mundo donde las necesidades esenciales, alimentarse sanamente, cuidar la salud, alojarse, educarse, cultivarse, estén garantizadas para todos, un mundo que las solidaridades actuales muestran como posible. Sepa usted, señor presidente, que no dejaremos nunca más que nos roben nuestra vida, solo nos queda eso, y “nada vale una vida” —otra canción, esta de Alain Souchon—. Ni amordazar prolongadamente nuestras libertades democráticas, hoy restringidas, libertad que permite que mi carta —al contrario de la de Boris Vian, cuya difusión radiofónica fue prohibida— pueda ser leída en las ondas de una radio nacional.

Annie Ernaux

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