text 108: Antoni Gutiérrez-Rubí, Coronavirus y ‘reset’ de la política



Nadie estaba preparado. Y esta es la primera tragedia de esta pandemia. La política ha fracasado en su capacidad preventiva, anticipatoria, protectora. Es cierto que la crisis provocada por el Covid-19 es una crisis sin precedentes en nuestro pasado reciente, pero sí ha habido crisis que podrían parecer similares, como la del SARS o la del Ébola.
A veces, la única certeza es la incertidumbre de cómo se va a desarrollar la crisis, pero liderar es tener y transmitir la convicción de que todo lo que sea necesario, prioritario, se llevará a cabo. Si es necesario, se tomarán medidas duras, y cuanto más duras sean las medidas más amables y empáticos deben ser los mensajes. En tiempos de crisis, los equipos técnicos tienen un rol muy importante, pero la presencia de la máxima autoridad política es indisociable de la certeza de quién lleva el timón.
De la invulnerabilidad a la fragilidad. El efecto narcótico de la potencia tecnológica creó un espejismo de invencibilidad. La arrogancia tecnocrática nos embriagó de seguridades. Nuestro talón de Aquiles no es solo el virus: es la falta de previsión ante los riesgos, la falta de control de sus efectos, y la falta de coordinación de los recursos. Tanto hablar de viral y no supimos entender los virus.
Esta crisis desvelará, con toda su crudeza, la diferencia entre liderazgo y poder. Líderes sin poder. Poderes sin liderazgo. Vamos a necesitar faros inspiradores que sean capaces de ejercer su autoridad, no solo por la fuerza de sus competencias. Dirigir es iluminar, orientar y dar sentido. El confinamiento global pone a debate los atributos de distancia y proximidad física y digital. Cerca y lejos no es solo un concepto físico.  Esta crisis crea nuevos marcos mentales. Las palabras importan. Y los atributos cambian. La política se quedó dando tumbos entre la responsabilidad de la respuesta y la incapacidad para hacerse todas las preguntas.
El confinamiento global pone a debate los atributos de tiempo, espacio y movilidad. La concepción —y experiencias— de estas dimensiones son diversas según la renta, la edad, la geografía, la tecnología y la cultura. #LoQueViene no es un «continuará», es un «reset» total. La política no será igual, porque el mundo no lo será.
Todavía con los ecos de la incapacidad para domar el caballo financiero desbocado del 2008, la política (líderes, partidos, instituciones o sistemas) se enfrenta a un gran desafío de comprensión. Medir emociones será más relevante que medir solo opiniones. Estudiar los comportamientos dará más información. Analizar las relaciones y las reacciones asociadas será más estratégico. Vamos a necesitar otra demoscopia, otra mirada, otra lectura de la sociedad nerviosa.
Entender de psicología social y de neurociencia será competencia clave para un mundo agitado. Hiperconectados con el mundo, pero desconectados de nosotros mismos. Sobreexpuestos a la información, pero con atención limitada, frágil, espasmódica. Oferta abundante de datos, pero con creciente atonía vital. De la distopía tecnológica a la posible distonía cívica y personal
Si no supimos anticipar lo que venía, quizás podríamos no entender lo que sigue. Reset.
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