Protegir la naturalesa i protegir-se de la naturalesa.


El simple hecho de respirar supone ya inserción en ese ciclo de transformación, emergencia y destrucción que es siempre la vida.
Desde luego la generalización de una moralidad que extendiera sin más el imperativo kantiano de no instrumentalización de los seres humanos al resto de los animales (no digamos ya si se trata de la vida en general, vegetales incluidos) entraría en contradicción con la exigencia de conservación de la especie humana. 
Por ello además de que es legitimo eliminar los animales dañinos, tampoco puede ser contrario a la moralidad el buscar las formas de alimentación más beneficiosas para el sano mantenimiento de nuestra especie, considerada en el momento presente o en el ciclo de las generaciones. Y no estoy tomando partido en la controversia sobre si una dieta vegetariana hubiera sido suficientemente rica en proteínas y calorías como para permitir el desarrollo del cerebro, o más bien fueron necesarias proteínas de origen animal. Creo que no es necesario entrar en ello. En ocasiones podemos quizás permitirnos una dieta vegetariana, pero no siempre es así y desde luego supone una subordinación de los intereses de nuestra especie el renunciar a modalidades de alimentación a las que otras especies no tienen (¡no pueden tener!) escrúpulos en recurrir.

Víctor Gómez Pin, La causa de la naturaleza y la causa del animal de razón (VII): proteger la naturaleza y protegerse de la naturaleza, El Boomeran(g) 01/04/2020

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