L'ésser humà i l'actualització de la naturalesa.

 

Como el lenguaje corriente indica, frente a las cosas naturales se sitúan las cosas artificiales, es decir, los productos de la técnica y del arte (las dos vertientes de lo designado por el término griego technè). Polaridad que indica simplemente la imposibilidad de que las cosas artificiales surjan de la naturaleza directamente, es decir, sin mediación del ser humano.

Impotente para generar sin el hombre un monumento o un útil práctico, la naturaleza es también impotente para evitar que el fuego se desplace hacia "lo alto" cuando se halla en "lo bajo" (aristotélico lugar de la tierra, como lo alto lo es del fuego, aspecto que en la reflexión de hoy carece de importancia). En tal sentido, el escultor, el artesano que forja un elemental carro y el héroe que da el fuego a los hombres (es decir les permite retenerlo) se hallan unificados por el empeño de arrancar la necesidad natural a la inmediatez: utilizan la propia complejidad de la naturaleza para hacer surgir posibilidades que sólo el hombre contempla.

Vemos así, la enorme trascendencia de lo que significó en la historia evolutiva la aparición del animal humano. Cabe decir que en esta auténtica emergencia (en el sentido técnico del que aquí será cuestión más adelante) la naturaleza se abrió a su propio potencial, incluido ciertamente el potencial de destrucción. La technè es tanto contrapunto de la naturaleza, como abismal culminación de la misma. Pues si en ausencia del hombre la naturaleza está cercenada en su potencia, con el hombre alcanza también la dimensión más letal de su despliegue. Si en la historia evolutiva no se hubiera dado el animal humano, la naturaleza mantendría ciertamente su potencialidad de llegar a desplegarse en la formación de la ciudad de Venecia y en la explosión de Hiroshima, pero tal potencia... simplemente no se hubiera nunca actualizado. El hombre, el ser de razón, lenguaje y técnica, es pues el eslabón en la historia natural que otorga a la naturaleza la ocasión de revelarse. No es este un rasgo menor de su singularidad y me atrevo a decir de su grandeza.

Víctor Gómez Pin, Asuntos metafísicos 17, El Boomeran(g), 15/10/2013

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