Les noves tecnologies amenacen la democràcia.

Os dejo el vídeo de la mesa de debate que hicimos en el edificio de Elzaburu en Madrid. Cuando lo he vuelto a ver me ha parecido más interesante aún que cuando estuve allí. Y es que el plantel de expertos es bastante bueno… y si estoy ya es insuperable 😉
La idea que defendí es una de las tesis centrales de Harari en Homo Deus: el fin del liberalismo a manos de las nuevas tecnologías. El fin de nuestro sistema económico-político no va a venir de la mano de los críticos del sistema. El marxismo, con todas sus matizaciones, con todas sus variantes y reformulaciones no ha podido hacer, ni hará, ni cosquillas, al neoliberalismo. El fin de nuestro sistema vendrá por otro lado: de la mano de la revolución tecnológica ¿Cómo?
El liberalismo moderno está basado en la idea de la sacralización del individuo. Y la cualidad más esencial, y por lo tanto valiosa, de ese individuo es su capacidad de elección libre. Entonces, dicho individuo tiene que vivir en un sistema democrático (ya que ha tener la libertad de autogobernarse a sí mismo, tachando de dictatorial cualquier forma de gobierno que sacrifique al individuo en pro de alguna causa mayor como, por ejemplo, el nacionalismo en sus diferentes estilos. Curioso que hoy en día las posturas nacionalistas tengan cierta fuerza) y en un sistema capitalista (tiene que tener libertad para producir pero, sobre todo, para consumir). Por lo tanto, el sistema se fundamenta en la libertad de votantes y consumidores, y si esa desaparece el sistema se derrumba ¿Está desapareciendo?
Nosotros aceptamos que los políticos nos mientan. No nos gusta, de hecho, nos asquea profundamente y gran parte de la apatía política que hoy existe viene de ese desencanto hacia esos mentirosos profesionales que, constantemente, dicen y se desdicen en un bucle patético. Sin embargo, lo aceptamos porque pensamos que el sistema democrático nos trae una serie de ventajas que compensan, con creces, este defecto. Para mí, la principal virtud es que la democracia facilita un mecanismo no violento de alcanzar el poder. En cualquier época histórica no democrática (es decir, en casi toda la historia de la humanidad) si querías gobernar debías quitar por la fuerza al gobernador vigente, y así la historia de nuestra especie es una historia de guerras y guerras y más guerras. La democracia minimiza esto y ya por eso merece, con mucho, la pena.
Sin embargo, nuevas tecnologías están dañando la idea de libertad del sujeto. Bueno, la libertad del sujeto está ya bastante dañada, sencillamente, porque el sujeto no es, para nada, libre, como ya hemos argumentado en muchas ocasiones. No obstante, por mor de la argumentación, vamos a aceptar que el sujeto elige libremente pero que puede ser manipulado, y que un alto nivel de manipulación invalida la libre elección. Entonces, aceptamos un “poquito” de manipulación (la que hacen los políticos), pero demasiada ya no sería aceptable ya que eso significaría que el individuo ha sido engañado y que su voto, en cierto sentido, no ha sido libre ¿Y cómo daña las nuevas tecnologías esto? Aquí entra Cambridge Analytica.
Santiago Sánchez-Migallón Jiménez, Big Data: el fin del liberalismo y la falta de ética empresarial, La máquina de von Neumann 02/06/2018

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