"L'adversari polític no desapareixerà" (Daniel Innerarity)


Una cámara de eco es la metáfora que se suele utilizar cuando se habla de los medios de comunicación que potencian un sistema cerrado, en el que audiencia y emisor se retroalimentan con una única perspectiva. Al efecto homogeneizante que produce (solo consumimos información que coincide con nuestra cosmovisión) se le suele llamar, también, “tribalismo cultural”.
¿Cuántas veces hemos empezado un artículo sabiendo qué iba a decir exactamente y, aún así, lo hemos leído? ¿Cuándo es la última vez que, sin renunciar a nuestros criterios y valores, nos hemos dejado tocar por una mirada divergente de alguien al que considerábamos adversario político?
Es por eso que Daniel Innerarity recomienda, en momentos en los que triunfa más que nunca la mercadotecnia política y la rotundidad de la simplificación, una “dieta variada de información”.
Daniel Innerarity considera que la democracia “es un régimen de opinión, no de objetividades”. Es por ello que apuesta por sofisticar los sistemas democráticos, superando las categorías binarias (derecha/izquierda, arriba/abajo, nosotros/ellos). Considera el filósofo que estamos focalizando demasiado en las personas (los líderes) y muy poco en los procedimientos (en las reglas del sistema). “La democracia, si es útil, puede superar el paso de los malos políticos”, sostiene.
En “sociedades potencialmente catastróficas”, dice Innerarity, la amenaza ya no es exterior. Por eso hay que aprender a convivir con la aparente paradoja de que cada vez es más difícil anticiparse a lo que vendrá y, al mismo tiempo, cada vez es más necesario para combatir la perplejidad en la que nos hemos instaurado.
¿Cómo hacerlo? El autor afirma que, más allá de gestionar el día a día, el político ha de prestar atención a lo latente. “La política solo recoge zascas”, y los zascas son conservadores porque solo atienden a la lógica de la acción y la reacción (además de revelar una cierta tendencia al show business que algunos tienen, podríamos añadir).
Desde esa retórica de la cámara de eco, consumiendo información únicamente para alimentar la autocomplacencia, podemos analizar, también, algunas de las cosas que han ocurrido en Catalunya, según el ensayista. En primer lugar, no podemos obviar el complejo dilema sobre quién encarna el demos (el grupo de gente que se declara competente para decidir o no). Pero, además, hay que aceptar que “el otro es irreductible”. “El adversario político no se va a disolver ni va a desaparecer”, nos advierte Innerarity, quien apuesta por abrir en cuanto antes espacios de negociación.
Lo más importante para el ensayista es cumplir, en cualquier circunstancia, el “principio de reciprocidad”. “No podemos exigir al otro lo que no nos exigimos a nosotros mismos. Hay que mantener, siempre, un especial respeto a la pluralidad y a las minorías”. Y es que lo que oímos a lo lejos no es nuestro eco. Es el vecino, que está tan cerca y tan lejos. ¿Seremos capaces, a pesar del ruido y los agravios, de acercarnos sin adjetivos? ¿Lograremos ver en él lo que tiene de enigma y no lo que contiene de estigma? ¿Encontraremos otras reglas de juego que no sean las banderas de la victoria o de la derrota?
Albert Lladó, No es el eco lo que oyes a lo lejos, Revista de Letras 24/05/2018

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