El cavall més llest.


Estamos en un patio rodeado de edificios altos, en un barrio al norte de Berlín, durante los primeros años del siglo XX. Es mediodía y una multitud se agolpa alrededor de un caballo y un hombre con un sombrero chambergo en la cabeza. El hombre se llama Wilhem Von Osten, al caballo se le conoce en toda la ciudad como Kluge Hans, “Hans el listo”. El apodo no le viene por casualidad. Cuando Von Osten le pregunta cuánto suman dos y tres, Hans levanta su pata derecha y golpea cinco veces en el suelo. Si la pregunta es cuánto es cuatro por dos, Hans no lo duda y golpea ocho veces el suelo. A cada respuesta correcta, Von Osten premia al animal con algunas zanahorias que saca del bolsillo. Pero Hans no solo resuelve operaciones aritméticas. Con ayuda de una pizarra con letras y sílabas, es capaz de deletrear palabras o componerlas para responder a preguntas como “¿qué lleva ese señor en la mano?”. Si se le enseña un reloj, sabe decir qué hora es. Si lo que se le muestra es una moneda, sabe decir su valor. Se sabe el calendario de memoria y puede decir en qué día de la semana cae cualquier fecha del año. En lo que respecta a la música, Hans no solo tiene oído absoluto, sino que identifica correctamente intervalos y notas disonantes en acordes. Sus golpes de pata son tan elocuentes como palabras.



¿Cómo lo hace? Nadie lo sabe seguro.



Ignacio Amigo, El secreto de Hans, Cuaderno de Cultura Científica 27/06/2016

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