dimarts, 26 d’abril de 2016

Què és el conatus de Spinoza?


CONATUS (1)

Spinoza concluye así el Prefacio de la tercera parte de la Ética: “Trataré, pues, de la naturaleza y las fuerzas de los afectos y del poder de la mente sobre ellos con el mismo método con que he tratado anteriormente de Dios y de la mente, y consideraré las acciones humanas y los apetitos como si se tratara de líneas, planos o cuerpos”. Esta declaración marca el giro hacia el proyecto de comprender los afectos o pasiones como partes necesarias de la naturaleza y explicarlos por sus efectos en lugar de juzgarlos con prejuicios morales o teológicos. En este marco teórico, la idea de “conatus”, el esfuerzo de perseverar en el propio ser (E3p6), esto es, el deseo que sigue al orden de la naturaleza, se convertirá en la piedra angular de la teoría de los afectos de Spinoza.

¿Cómo funciona el concepto 'conatus' en la Ética? El 'conatus' no es algo peculiar del ser humano, ni siquiera de los seres animados; no es instinto ni movimiento voluntario. Tampoco describe el modo en que todo individuo de naturaleza animada actúa con el objetivo de su propia conservación y, a su vez, la conservación de la especie a la que pertenece. El 'conatus' de Spinoza es la tendencia de cualquier cosa singular, animada o inanimada, una piedra o un ser humano, a persistir como es. El 'conatus' de cada cosa singular “no es otra cosa que su esencia efectiva” (E3p7), una expresión que excluye cualquier finalidad inmanente o trascendente, es decir, la cosa no se esfuerza por realizar su esencia o su potencial. La esencia de una cosa coincide completamente con su existencia efectiva y no tiene otro sentido fuera de esa existencia, pues Spinoza entiende “por realidad y perfección... lo mismo” (E2def6)

31 de marzo de 2016



CONATUS (2)

Para complicar más las cosas, una cosa singular es “varios individuos concurriendo en una acción, de modo que son todos a un tiempo la causa del mismo efecto” (E2def7), es decir, un conjunto de otras cosas unidas por el tiempo necesario para producir un efecto. En este punto, Spinoza describe el 'conatus' como la unidad tendencial de los cuerpos de los que se compone toda cosa.

Para Spinoza, las cosas singulares se forman por un encuentro entre cuerpos capaces de unirse y estar de acuerdo simultáneamente (principios de composición y simultaneidad). Una vez compuesta por tal encuentro, la cosa persistirá indefinidamente y sólo puede ser destruida por una causa exterior (E3p4) (principio de precariedad). Entonces, el 'conatus' no es nada más que la tendencia a persistir de esa unión compuesta. Puesto que Spinoza no concibe a los hombres en la naturaleza como “un imperio dentro de otro imperio”, es decir, no están separados de la naturaleza física ni la trascienden en ningún sentido; estamos sometidos a sus determinaciones como ocurre en cualquier otra cosa que exista –animada o inanimada. Estas determinaciones, en tanto que incrementan o disminuyen el poder del cuerpo para actuar o de la mente para pensar, son los llamados “afectos”. Así, el 'conatus' sólo puede entenderse en relación con los afectos. Vivimos nuestra esencia efectiva como apetito, y en tanto que somos conscientes de este apetito, deseamos.

1 de abril de 2016

CONATUS (3)

Ahora bien, las continuas interacciones o relaciones con los cuerpos y fuerzas que le son externas (causas externas) son condición de la existencia misma de la cosa singular (principios de individuación y trans-individuación); encuentros inevitables que le acarrean tanto riesgos como beneficios. ¿Es el 'conatus' una causa interna frente a la infinidad de causas externas? Para Spinoza, no hay causas internas, sólo causas externas compatibles con nuestro ser que anteceden nuestra producción de un efecto (aumentando nuestro poder) o, por el contrario, causas externas incompatibles con nosotros, que debilitan o descomponen la concurrencia de los cuerpos de los que estamos hechos (disminuyendo nuestro poder). Así, la naturaleza incrementa tendencialmente el poder de cada individuo, “disponiendo el cuerpo para ser afectado en una mayor cantidad de modos por los cuerpos exteriores” en maneras que “lo hacen capaz de afectar a otros cuerpos”, y a su vez, somete al individuo a afectos que debilitan el cuerpo y la mente. Estas interacciones o relaciones no son otra cosa que “las afecciones del cuerpo por las cuales la potencia de obrar del cuerpo mismo es aumentada o disminuida, favorecida o reprimida, y al mismo tiempo las ideas de estas afecciones”. (E3def3) De ahí que no es posible evadirse de nuestra naturaleza: “nunca puede ocurrir que no necesitemos de lo externo para la conservación de nuestro ser ni que vivamos sin relación con las cosas que son externas a nosotros” (E4p18esc).

3 de abril de 2016

Alfredo Lucero-Montaño, Facebook