dissabte, 23 d’abril de 2016

La llibertat, condició del pensament per a Aristòtil.

Aristòtil
Reflexionando en uno de sus libros sobre una cuestión estrictamente científica (las bases de la teoría dela relatividad) el interlocutor mayor de Einstein que fue el Nobel Max Born introduce una digresión para indicar que la explicación de los fenómenos, el lograr asentarlos sobre suelo firme, sería una pulsión omnipresente en el ser humano y de alguna forma irrenunciable. Así, también para este eminente científico el deseo de dar cuenta de las cosas es propio de todas las mentes pensantes, no meramente de una élite social, religiosa o intelectual. Tesis de resonancias aristotélicas, que hace inmediatamente pensar en las citadas primeras líneas de la Metafísica. Casi como mero corolario de esta concepción (que me atrevo a calificar de antídoto contra el nihilismo y condición de todo proyecto verdaderamente humanista), Aristóteles nos mueve a entender las tremendas consecuencias de la ausencia de las condiciones materiales y sociales de que tal sea nuestro destino. Pues el deseo de simbolizar y conocer, el deseo de actualizar en uno mismo lo singular de la especie humana, solo prima cuando precisamente está resuelto lo relativo a la subsistencia, es decir, a la necesidad animal. Y de hecho ni siquiera eso basta: Aristóteles precisa que las cosas verdaderamente propias del hombre, cosas como la representación trágica (síntesis de música y poesía de la cual estaban excluidos los esclavos) y la matemática, solo son posibles cuando están solventadas no solo las cuestiones relativas a la necesidad, sino también las relativas a la distracción, el ornato y hasta la belleza. A lo cual se añade algo aun más importante: solo en condiciones de libertad pueden los humanos practicar aquello a lo que su naturaleza específica les llama. 

“Y así, cuando las técnicas proliferaron, unas al servicio de las necesidades de la vida, otras con vistas al recreo y ornato de la misma, los inventores de las últimas eran con toda justicia considerados más sabios, dado que su conocer no se subordinaba a la utilidad. Mas solo cuando tanto las primeras técnicas como las segundas estaban ya dominadas, surgieron las disciplinas que no tenían como objetivo ni el ornamentar la vida ni el satisfacer sus necesidades, Y ello aconteció en los lugares donde algunos hombres empezaron a gozar de libertad. Razón por la cual las matemáticas fructificaron en Egipto, pues la casta de los sacerdotes no era esclava del trabajo”. (Metafísica A 981a- 981b-25) 

La libertad era a tal punto considerada por Aristóteles como condición de la realización del ser humano que llegó a considerar que el esclavo se hallaba por definición apartado de la humanidad. Afirmación que tuvo gran eco en Marx, para quien mostrar lo deshumanizador de la esclavitud era mucho más movilizador que pensar, como el estoico, que en las propias cadenas se es rey. Actualizando el problema cabría decir que tal realización del ser humano pasa por abolir las condiciones sociales que solo dejan lugar a modalidades embrutecedoras de subsistencia. 

Y es muy significativo que el primer ejemplo que Aristóteles nos da sea el de la matemática, una ciencia que Aristóteles considera como una disciplina esencialmente teorética (es decir, absolutamente ajena a objetivos que no sean los derivados de sus propias construcciones). Desde luego somos tan poco fieles a la concepción aristotélica del saber como algo en lo que el hombre encuentra su realización (y que en consecuencia ha de valer por sí mismo), que la matemática es hoy socialmente concebida como mero instrumento para disciplinas con finalidades prácticas, e incluso instrumentalizada al servicio de la selección social. En todo caso, esta libertad de la que es expresión la matemática no sería para el Estagirita más que una etapa, casi preliminar o propedéutica, en relación a la práctica que supondría la filosofía.

Supongamos pues que efectivamente las cuestiones de subsistencia no son ya una preocupación de los humanos. Supongamos asimismo que cada uno de nosotros tiene garantizado un entorno decente para proseguir su vida: Un entorno salubre mas también un entorno armonioso, un entorno que responde a la exigencia de ornato inscrita en nuestra condición natural. Se hallaría así en situación de pensar... libremente, es decir, no sometiendo al pensamiento a otras obediencias y finalidades que las que impone el propio pensamiento. 

El pensamiento es sin duda tensión, pero en el individuo humano no domesticado o reducido se trata de una tensión natural (piénsese en que también para el águila es tensión el volar, sin que por ello renuncie a hacerlo..., salvo obviamente cuando las fuerzas abandonan). Esa tensión del espíritu conduce a la filosofía, disciplina de la que el Estagirita tiene una concepción tan noble que, cabe decir, es sustentándose en la misma que los organizadores del Congreso Mundial de Filosofía a celebrar en Pekín en 2018 pueden dar al evento el título general de “Learning to be Human”. Sin embargo la filosofía no es nunca el punto de arranque, la filosofía supone para el espíritu una larga secuencia de retos previos, retos de conocimiento, pero no solo de conocimiento, que Aristóteles asumió y por lo cual puede ser considerado simplemente El Pensador: Aristóteles pionero en la ciencia, registrador de las dificultades de la misma, concretamente de la física y, en consecuencia de ello, explorador tras la física, literalmente meta-físico.

Víctor Gómez Pin, El legado de Aristóteles, Claves de razón práctica nº 245 Marzo/Abril 2016