dissabte, 30 d’abril de 2016

La inspiració és sempre la millor estratègia?

by Thomas Fuchs

Los momentos de inspiración son gratificantes porque parecen muy acertados; se diría que todas las piezas del rompecabezas encajan sin esfuerzo. Pero ¿puede uno fiarse de esas soluciones súbitas? Según una nueva investigación publicada en Thinking & Reasoning, sí. Los resultados avalan la opinión arraigada de que ese tipo de ideas brindan respuestas acertadas a problemas difíciles.

En cuatro experimentos, Carola Salvi, investigadora posdoctoral de la Universidad Noroccidental, John Kounios, psicólogo de la Universidad Drexel, y sus colaboradores presentaron a estudiantes universitarios pruebas de ingenio, como anagramas y jeroglíficos. Al término del tiempo cronometrado, se les preguntó a los probandos si habían llegado a la respuesta dando vueltas al problema y procediendo paso a paso (resolución analítica) o si la solución les había venido a la mente de repente (inspiración).

En los cuatro experimentos, las soluciones «¡eureka!» eran más correctas que las resultantes del razonamiento deliberado. De este modo, en uno de los experimentos en que se pidió a 38 participantes que pensaran en una sola palabra con la que componer una frase con otras tres palabras indicadas previamente (como «manzana» y el trío «cangrejo», «pino» y «salsa»), las soluciones intuitivas fueron acertadas en el 94 por ciento de las ocasiones, en comparación con el 78 por ciento de las soluciones analíticas.

Este resultado podría explicarse por el modo en que el cerebro genera las ideas. Como el proceso ocurre en su mayor parte sin que el individuo sea consciente de ello, parece ser un lance a todo o nada: la solución plena viene a la mente o no. La hipótesis la refrendan los electroencefalogramas y las resonancias magnéticas funcionales; en estudios anteriores, estas pruebas revelaron que, justo antes de que la idea inspiradora acuda a la mente, la corteza occipital, la responsable del procesamiento visual, se «apaga» momentáneamente o «parpadea», de modo que las ideas parecen surgir de la nada, afirma Kounios. Por eso es menos probable que sean incorrectas. El pensamiento analítico, en cambio, sucede conscientemente y, por lo tanto, está más sometido a las prisas y a los lapsus en el razonamiento.

Ello no significa que la inspiración constituya siempre la mejor estrategia. Los experimentos de Salvi y Kounios plantean rompecabezas cuyas respuestas, correctas o no, son inequívocas. Así que los resultados no siempre son extrapolables a las situaciones cotidianas, donde los problemas suelen ser sumamente complejos y requieren días, meses o años para hallar una solución.

De hecho, las preguntas difíciles exigen a menudo varias estrategias distintas para llegar a una solución, afirma Janet Metcalfe, responsable del Laboratorio de Metacognición y Memoria de la Universidad de Columbia. La experta, que no participó en el estudio, añade: «No siempre hay una solución perfecta para cada problema».

Roni Jacobson, ¿Debemos fiarnos de la inspiración?, Investigación y Ciencia nº 476 Mayo 2016