dilluns, 25 d’abril de 2016

No hi ha veritat, només percepció.

“No hay verdad. Solo hay percepción”. Gustave Flaubert

Puede que hayamos visto las mismas imágenes pero, según los prejuicios o las simpatías de cada uno, nuestros cerebros las interpretan de diferentes maneras. Que vemos lo que queremos ver es una verdad tan obvia como ignorada por el grueso de la humanidad, sin excluir a los aficionados de fútbol, o incluso del fútbol americano.

La falacia en el concepto de la objetividad fue expuesto en el año 1954 por un par de investigadores estadounidenses tras examinar lo que llamaron “las percepciones selectivas” de los aficionados rivales cuando vieron una grabación de un partido entre las universidades de Dartmouth y Princeton. Sus interpretaciones de lo que ocurrió en el campo, por ejemplo sobre cuál de los dos equipos jugó más sucio, dependieron abrumadoramente del equipo con el que iban. Costó creer que ambos grupos habían visto el mismo partido.

Los investigadores concluyeron que nadie mintió: que las dos radicalmente opuestas versiones de los hechos eran igual de sinceras y de reales para ambos grupos. Todos estaban convencidos de que basaban sus juicios en una fría visión de los hechos; todos los que no estaban de acuerdo eran o ciegos o tontos.

He aquí los procesos mentales de los que valoramos o despreciamos a un partido político, o una ideología, o una creencia religiosa, o un equipo de fútbol, o, simplemente, a un ser humano. Un ser humano como, por ejemplo, Pep Guardiola, que para unos es un genio, un visionario y un gran tipo y, para otros, es un falso, un bluff que simplemente ha tenido la suerte de heredar dos equipos, el Barcelona y el Bayern Munich, dotados de grandes jugadores. ¿No es obvio?, dirán estos: mi abuela los podría haber hecho campeones.

En cuanto a la lectura de las jugadas, en un Barça-Madrid, por ejemplo, hay dos grupos, cada uno compuesto de millones de personas, que parecen que están viendo el mismo partido pero en realidad están viendo dos. Uno ve roja, el otro ve amarilla; uno ve una falta, el otro ve una legítima entrada; uno cree que Marcelo se merece un Oscar, el otro que Busquets. (...)

Buena parte de los males del mundo procede de la insistencia de los seres humanos en creer que poseen toda la verdad cuando a lo más que se puede aspirar es a tener un punto de vista. Menos mal que el fútbol es solo fútbol y no conduce —o no mucho— a guerras o a muertes trágicas. Como bien decía Dani Alves en un vídeo el día después de la eliminación de su equipo, el Barcelona, de la Champions League, “Es un partido de futbol. No pasa nada, La vida sigue”. (...)

John Carlin, Percepciones selectivas, El País 24/04/2016