dilluns, 27 de juny de 2016

Democràcia i participació.

El Roto
Si conservamos un mínimo de objetividad, hablaremos de oligarquías plutocráticas. Que haya elecciones periódicas para seleccionar gobernantes no cambia el fondo del asunto.

Con la crisis que empezó en 2007-2008 la sociedad española se ha politizado intensamente, se nos dice. Demoscópicamente ¿qué significa eso? Entre 2006 y 2015, la participación política activa (declarada en las encuestas del INE) habría crecido del 3’7% de la población al 7’9%.[1] Pero con niveles de participación tan bajos ¿puede funcionar una democracia real –esa que, parafraseando a Oscar Wilde, requiere demasiadas tardes libres?

No cabe concebir una democracia real (ni una vida bien vivida en cuanto ciudadano o ciudadana) sin militancia, sin activismo, sin la organización para la praxis sociopolítica: sin que cada cual (muchos y muchas más que el 4 ó el 8% de la población adulta) dedique las horas semanales que necesitan los asuntos comunes, en esas comunidades democráticas que queremos construir.

Sostenía Cornelius Castoriadis (en su debate con el MAUSS en 1994) que “la participación de los ciudadanos o de los miembros de cualquier colectividad –ya se trate de sindicatos, de asociaciones estudiantiles…- no es un asunto en el que baste con esperar que ocurra un milagro… Hay que trabajar para ello, hay que establecer disposiciones institucionales que la faciliten, que lleven a la gente a participar; y la pieza central de esto es lapaideía (…), la educación. Y esta educación no solamente es asunto de la escuela. La escuela es sólo una pequeña parte. Platón ya lo sabía, puesto que decía que los muros d la ciudad educan a los ciudadanos; y esto es verdad.”[2]

Jorge Riechmann, ¿vivimos en democracia?, tratar de comprender, tratar de ayudar 27/06/2016



[1] Son datos del INE en la primavera de 2016.

[2] Cornelius Castoriadis, Democracia y relativismo –debate con el MAUSS,Trotta, Madrid 2007, p. 90.